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Ay, Ana Mía - Capítulo 14

Cambio de HabitosCambio de Habitos Gonzalo de Berceo s.XIII
editado mayo 2011 en Narrativa
[FONT=&quot]14[/FONT]
[FONT=&quot]Hoy fue un día distinto, no seduje a ninguna mujer, ella vino sola a mi encuentro. Era una fría tarde de Mayo y yo me encontraba repasando algunos informes de pacientes en el bar de enfrente de la clínica. [/FONT]
[FONT=&quot]Al ingresar a la cafetería ella se presentó y balbuceó un nombre. En el primer momento no lo recordé, pero sonó bello, dulce, y agradable a mis oídos ¿Para que pedir mas?[/FONT]
[FONT=&quot]No se sobresaltó al verme, ni al descubrir la pobreza de mi presencia. Estaba próxima a recibirse de psicóloga y había sido seleccionada para realizar una pasantía de algunos meses. A todo dijo sí, quizás porque no le pedí nada extraordinario. Alguien le sugirió que me viera a mí pero también le advirtió que no sería fácil la aprobación. [/FONT]
[FONT=&quot] Miraba alrededor con sus ojos entrecerrados, como si temiera que se escaparan por sus cuencas o como si el sol estuviera todo al tiempo agrediéndolos. Para analizarme, los entreabrió un poco más y descubrí que eran de color verde deliciosos.[/FONT]
[FONT=&quot]Se quedó callada. Esa actitud me desconcertó. Durante unos minutos permanecimos en silencio, un silencio pleno de sonidos, en donde juro que llegué a escuchar el correr de su sangre como si fuera un torrente ¿Acaso la sangre no grita?[/FONT]
[FONT=&quot]Para que pudiera acomodarse tranquilamente en mi mundo le expliqué cuáles eran mis motivos, el por qué de mis impulsos, y que fin perseguía. Ella escuchaba atenta sin perderse ni una sílaba.[/FONT]
[FONT=&quot]Malena, (ahora recuerdo que así se llamaba) se me antojó una mujer distinta a las demás. Mantenía a su alrededor una atmósfera de secretos y callaba cuando debía callar. Para seguirla hacía falta una tranquilidad absoluta, no rebelarse ante sus silencios y aprender a quitar del medio el dramatismo de sus oscuros comentarios. Nuestros saludos y miradas fueron desapareciendo durante un tiempo y debo reconocer que después de aquel primer encuentro cara a cara, volví a sentirme cohibido, casi no me animaba a dirigirle la palabra fuera del consultorio y seguramente de no haber continuado ella con el acercamiento, yo hubiese dado por terminada la relación extracurricular.[/FONT]
[FONT=&quot]Al tenerla cerca, llegué a la definición de que aún era muy joven pues, careciendo de maquillaje, mostraba los ojos brillantes, las mejillas tersas y los labios suaves.[/FONT]
[FONT=&quot]Una tarde la acompañé hasta su casa porque ya estaba anocheciendo y tenía miedo de caminar sola por la ciudad. Vivía en un departamento moderno a pocas calles de la institución pagado con el dinero que sus padres le enviaban todos los meses y que ella utilizaba para solventar todos sus gastos hasta que pudiera terminar los estudios.[/FONT]
[FONT=&quot]-¿Quiere pasar? – murmuró mirándome fijamente –vivo sola y nadie me controla, si bien el portero es un chusma, le tengo prohibido que se entrometa en mi vida- sonrió[/FONT]
[FONT=&quot]-Está bien, pero sólo un minuto – respondí mientras mi sangre se aceleraba haciéndome sentir calor y frío a un mismo tiempo. [/FONT]
[FONT=&quot]Atravesamos un enorme hall y nos cruzamos con el encargado que de manera muy obvia se hizo el distraído y se puso a limpiar los espejos. El espacio que habitaba en el octavo piso era pequeño, modesto y con vista a la calle. En un rincón había un sofá gris, en el dormitorio se veía un somier de dos plazas y a su lado una mesa de luz de vidrio. Arriba justo en el centro de la pared, estaba el retrato de una pareja joven con una bebé en brazos que imaginé, sería Malena. Abajo una alfombra negra nueva, por detrás un ropero diminuto. Tenía cuatro sillas nada mas y todo estaba ordenado y limpio. La habitación, los muebles, las paredes, todo olía a incienso. De repente recordé a mi madre, siempre me pasaba lo mismo; su imagen estaba cubierta por un velo que sólo se corría muy de vez en cuando y llevado casi siempre de la mano de otra mujer. Siendo un niño, ella me había llevado a una iglesia y mientras pasábamos frente a los altares, iba dándome el nombre de cada santo. En aquel lugar santo se respiraban aromas de incienso.[/FONT]
[FONT=&quot]La muchacha se sentó en el sofá al tiempo que me invitaba a imitarla.[/FONT]
[FONT=&quot]-¿Quiere un poco de café?[/FONT]
[FONT=&quot]-Bueno, si usted me acompaña.[/FONT]
[FONT=&quot]Mientras hablaba, se despojó de su sacón gris dejando al descubierto un sweater del mismo color, muy adherido al cuerpo. Estaba linda y hasta algo sensual, por eso creo que me ofrecí a ayudarla.[/FONT]
[FONT=&quot]-Quédese ahí y cuénteme algo de usted porque sé muy poco.[/FONT]
[FONT=&quot]Un rato después me sorprendí a mí mismo contando cosas que nadie, ni siquiera mi conciencia recordaba; parecía que recién entonces comenzaba a reconciliarme con el mundo y mi vida volvía a tener un poco de sentido. Ella me escuchaba atenta. Cuando algo le interesaba mucho, interrumpía sus pasos, dejaba de vigilar el agua que estaba en el fuego y me pedía que repitiera ese pasaje. Luego se sentó junto a mí, en silencio tomamos el café y hubo un instante en el que creí percibir que también aquella infusión despedía olor a incienso. En voz baja le conté el recuerdo que el aroma me traía y ella se sonrió.[/FONT]
[FONT=&quot]-Parece una persona muy sensible. Todos los que me sugirieron que lo pidiera como tutor me advirtieron sobre su mal carácter y dijeron que era una persona cerrada y sin sentimientos, pero ¡que poco lo conocen!- aseguró con voz suave[/FONT]
[FONT=&quot]-A lo mejor es culpa mía.[/FONT]
[FONT=&quot]-Somos el producto de nuestras circunstancias, nadie tiene la culpa de ser de una u otra manera.[/FONT]
[FONT=&quot]-No puedo mostrarme débil, mi profesión no me lo permite. Sólo me intereso por el sufrimiento ajeno como una excusa para aliviar el mío.[/FONT]
[FONT=&quot]-Igualmente, a mí siempre me gustaron los hombres inteligentes, racionales como usted– confesó con un susurro.[/FONT]
[FONT=&quot]-Y a mí me atraen las mujeres como usted- afirmé sin llegar a razonar mucho lo que estaba diciendo.[/FONT]
[FONT=&quot]-Eso es porque no me conoce lo suficiente- dijo poniéndose de pie para levantar las tazas vacías.[/FONT]
[FONT=&quot]Acompañé su movimiento y sin decir nada la tomé de un brazo acercándola en forma decidida contra mi pecho. Ella sonriente me dejó continuar y yo la besé intensamente disfrutando de su sabor pues en ella estaban resumidas todas las mujeres que hasta ahora habían pasado por mi vida. Dentro de mi pecho se despertaban sensaciones de pasión y sensualidad, adormecidas hace tiempo; algo nuevo, distinto, indefinido, pasó ante mi vista como una novedad. Malena tenía los ojos cerrados, y allí acurrucada en mis brazos parecía esperar la eternidad. Repetí entonces el acercamiento anhelando vivir siempre en ese estado, con intenciones de destruir los relojes del mundo para que hundidos en esa inconsciencia de no saber, dejaran de transitar las horas y los años y así nadie pudiera despertarnos del ensueño en el que nos hallábamos y llamarnos a la realidad.[/FONT]

Comentarios

  • Cambio de HabitosCambio de Habitos Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2011
    [FONT=&quot]Todos los días me explicaba sus deseos. Eran unos deseos raros, absurdos. Quería convertir todo a su tono grisáceo pero parecía no darse cuenta de que ya lo había conseguido.[/FONT]
    [FONT=&quot]-Todo el mundo debería usar el color gris- repetía una y otra vez - ¡La vida sería tan fácil! La uniformidad de conceptos destruiría divisiones inútiles y diferencias. Los otros colores no sirven para nada. Algún día conseguiré la victoria final y me imagino que usted estará de mi lado.[/FONT]
    [FONT=&quot]Al decir estas locuras, reía, reía plenamente. Yo no le respondía, ocultando mi interés por desentrañar su verdadera personalidad, por extraer de ella el secreto ya casi clarificado a través de su mirada.[/FONT]
    [FONT=&quot]-La tormenta y el dinero tienen un tono grisáceo. Nunca usaré anillos de oro, por el contrario sólo me pongo adornos de plata. [/FONT]
    [FONT=&quot]Solía leerme la línea de las manos, mirándome hondamente como si pretendiera traspasar mi piel para ver de cerca mis órganos vitales. Según sus predicciones, ella ya sabía que mi camino iba a chocarse con el suyo porque todo estaba escrito en las manos.[/FONT]
    [FONT=&quot]-Estaba tranquila, lo esperaba, sabía que llegaría de un momento a otro. Sé que luchó y sacrificó muchas cosas antes de mi hallazgo, pero ya estamos acá…juntos- y su voz se cubría de solemnidad.[/FONT]
    [FONT=&quot] Había conseguido someterme a su destino. [/FONT]
    [FONT=&quot]Cada vez que regresaba a casa, luego de estar con ella, me enjuagaba la cara en el baño y me quedaba largo rato observándome en el espejo tratando de adivinar si era realmente por mí que ella se acercaba, o por alguien que vivía detrás de mí. Nunca creí en espectros y fantasmas pero, sin embargo, en ocasiones me pareció escuchar que alguien se reía junto a mi oreja. Ayer descubrí que quien se ríe detrás, es mi propio “Yo escindido” que no entiende cómo esa muchacha quiere entrar en mi vida y que no pueda permitírselo. [/FONT]
    [FONT=&quot] Nada podrá convencerme de que una mujer buena, hermosa, joven y dulce, viene a buscarme porque me admira. ¡No! Yo sé positivamente que sólo busca aliento y empuje para su carrera, pero mi espíritu es terco y ansía su compañía. [/FONT]
    [FONT=&quot]Una tarde la encontré llorando. Salvo sus excentricidades acerca de los colores y los silencios sobre su destino, Malena mantenía alerta sus defensas para no dar una impresión demasiado acertada sobre su personalidad. Mas de una noche pasé largas horas tratando de descifrar el enigma alimentado por la mujer de gris y llegué a la conclusión de que su naturaleza, algo exótica, la obligaba a alimentar esos sueños y deseos de cambiar el mundo. ¡Aún comprendía tan poco a la humanidad! Estudiaba sus rarezas, las enfermedades y el sufrimiento, pero no me daba la oportunidad de confesarle a algún colega, aquella conquista, sus accesos de misticismo y deseos megalómanos algo irregulares, en fin, todo lo que ella era.[/FONT]
    [FONT=&quot]-¿Por qué llora? – le dije cariñosamente[/FONT]
    [FONT=&quot]-No lo sé. Hacía tiempo que no lloraba, creo que desde que era una niña; me siento angustiada y lo peor es que no le encuentro el motivo. [/FONT]
    [FONT=&quot]-Bueno, tranquila…[/FONT]
    [FONT=&quot]-No puedo tranquilizarme, sino ya lo hubiera hecho. Los hombres creen que el llanto de las mujeres es sólo cuestión de nervios, emociones encontradas, amores frustrados. ¡No! También sabemos llorar por nada…[/FONT]
    [FONT=&quot]-Pero a eso le llamamos también padecimiento…[/FONT]
    [FONT=&quot]Ella me miró furiosa, diciéndome a modo de insulto.[/FONT]
    [FONT=&quot]-Me olvidaba que era psicólogo y que yo estoy a punto de serlo también- Luego, cambiando instantáneamente de tono, añadió: -¿Usted lloró alguna vez?[/FONT]
    [FONT=&quot]-No recuerdo- mentí, mientras me acomodaba el cuello de la camisa. Ella encendió un cigarrillo y reflexionó mas calmada[/FONT]
    [FONT=&quot]-El humo también es gris[/FONT]
    [FONT=&quot]-Todo es gris- recalqué a pesar mío.[/FONT]
    [FONT=&quot]Malena se tornaba desesperante con esa manía de descubrir tonos grises en todas las cosas.[/FONT]
    [FONT=&quot]-El humo es gris pero no sirve para nada – continué.[/FONT]
    [FONT=&quot]-Tiene razón. No sirve para nada y, sin embargo, muchos creen que el cigarrillo ayuda a calmarse. Los hombres se prenden un cigarrillo ”para bajar los decibeles”-argumentó burlona. [/FONT]
    [FONT=&quot]-¿Y la mujer para que fuma? – pregunté sonriendo levemente.[/FONT]
    [FONT=&quot]-Para alardear y seducir.[/FONT]
    [FONT=&quot]-Nunca la ví alardear con nadie- seguí el tema con el sólo afán de distraerla de sus penurias –Pero… ¿a quién seducen cuando fuman solas?[/FONT]
    [FONT=&quot]-En ese momento ensayamos la escena que mas tarde representaremos ante el macho que cortejamos. Se repiten frases con el recuerdo de un hombre, imaginamos el encuentro, se trastornan, se quejan. El cigarrillo es el amante efímero y mudo. [/FONT]
    [FONT=&quot]-Nunca nadie me había revelado tales secretos y jamás se me hubiera ocurrido pensarlo de esa manera- comenté[/FONT]
    [FONT=&quot]-Entonces tiene poca imaginación- terminó desafiante mientras se secaba la última lágrima y apretaba la colilla del cigarrillo bajo la suela. [/FONT]
    [FONT=&quot]Quedé impactado, en silencio. Los ojos de acero de aquella mujer estaban clavados en los míos y lentamente bajé la mirada, Malena se acercó a mí, sus pupilas verdes y llorosas comenzaron a agrandarse.[/FONT]
    [FONT=&quot]-Le voy a decir por qué lloraba, necesito decírselo- murmuró cerca de mi oído.[/FONT]
    [FONT=&quot]-Cómo usted prefiera.[/FONT]
    [FONT=&quot]-Tengo que marcharme.[/FONT]
    [FONT=&quot]-¿Adónde?- dije sin darme cuenta de que la extrañeza me había obligado a tomarla y sacudirla como si necesitara oírla negar tal cosa- Vamos, responda ¿adónde? –insistí.[/FONT]
    [FONT=&quot]-Me necesitan, me llaman y tengo que ir.[/FONT]
    [FONT=&quot]-¿La llaman, quienes?[/FONT]
    [FONT=&quot]Sus ojos se cerraron. Las paredes desaparecieron al igual que los muebles y las ventanas, a nuestro alrededor sólo había colores dando vueltas. No quería que se marchara, estaba acostumbrado a verla y justo en ese momento ínfimo, había comprendido todo lo suyo, lo estaba sintiendo y quería llegar hasta el fin para saber si era verdad lo que imaginaba.[/FONT]
    [FONT=&quot]-Mi pasado – confesó en voz baja.[/FONT]
    [FONT=&quot]Ví un arco iris frente a mí. Los colores seguían bailando y cuando ella abrió los ojos, desaparecieron. Los noté negros, esta vez; las manos blancas, los muebles marrones. Cada vez que pestañeaba, la sinfonía en colores continuaba bailando. El tono gris ya no estaba entre nosotros.[/FONT]
    [FONT=&quot] -¿Su pasado? – pregunté incrédulo.[/FONT]
    [FONT=&quot]-Sí, quise escapar de él pero me dí cuenta de que es imposible. Sabía que en algún momento me tendría que ir, mis padres están muy enfermos y me necesitan.[/FONT]
    [FONT=&quot]-Si es así ¿por qué me lo ocultó tanto tiempo?[/FONT]
    [FONT=&quot]-¿Acaso le interesaba saberlo?[/FONT]
    [FONT=&quot]-Tiene razón- confesé-. ¿Pero adónde va? ¿Puedo acompañarla?[/FONT]
    [FONT=&quot]-No lo creo, me voy lejos, muy lejos; a un lugar de donde nunca debí haber salido. No vamos a volver a vernos.[/FONT]
    [FONT=&quot]Yo aguardaba en silencio, atónito por la noticia. En torno a Malena giraban las cosas mas inverosímiles. Apareció de la nada y de un día para otro desaparece, su pasado la reclama, y además llora…[/FONT]
    [FONT=&quot]-¿Acaso no está contenta con la decisión que está tomando? [/FONT]
    [FONT=&quot]-No, y además me duele mucho dejarlo.[/FONT]
    [FONT=&quot]Todo volvió a ser gris[/FONT]
    [FONT=&quot]-Un referente, es decir, un tutor… se olvida mucho mas fácil que un sentimiento- aseguré queriendo conformarla.[/FONT]
    [FONT=&quot]-Es que yo sé que lo amo, estoy segura de lo que siento. Mi vida antes de conocerlo era algo chato, sin sobresaltos; en cambio con usted descubrí otra forma de ver las cosas. No se ría ¡por favor!- añadió casi enojada- ¡Se está volviendo cada vez mas sádico![/FONT]
  • Cambio de HabitosCambio de Habitos Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2011
    [FONT=&quot]Increíblemente esa fué la última vez que alguien me dijo algo que me halagó y me hirió a la vez, haciéndome creer que realmente yo era un hombre como los demás.[/FONT]
    [FONT=&quot]-No me río, Malena. Pero creo que estas confesiones y revelaciones deberían haber sido dichas un poco antes.[/FONT]
    [FONT=&quot]-Pensé que le daba lo mismo. Me pareció que sólo le importaba mi juventud, que se había interesado puntualmente por lo que yo podía llegar a ofrecerle en este momento de sufrimiento por el que está atravesando y no por lo que había dentro de mí.[/FONT]
    [FONT=&quot]Atrapado así de improviso y descubierto en el pecado que trataba de ocultar, no pude menos que callar. Mirando a mi alrededor descubrí que estaba aterrado ante la posibilidad de que esa mujer hubiera llegado a conocerme y aún así, enamorarse de mí. Mejor sería entonces que se marchara de mi vida.[/FONT]
    [FONT=&quot]Malena comenzó a llorar nuevamente. Esta vez no supe consolarla y mientras tanto, ella montada en cólera fue hasta donde estaban sus estantes con los libros y comenzó a tirarlos al piso.[/FONT]
    [FONT=&quot]-No hace falta que haga eso- le hablé por decir algo.[/FONT]
    [FONT=&quot]-¿Quiere que se los deje? Esta bien, al menos le van a servir para recordarme- añadió contenta- Ahora sé que algo le intereso.[/FONT]
    [FONT=&quot]Dije que sí con la cabeza.[/FONT]
    [FONT=&quot]-Estos últimos días que me quedan junto a usted tienen que ser míos y sólo para mí, ¿Qué le parece? – preguntó con una voz distante que no sabía si definirla como dulce o desvariada.[/FONT]
    [FONT=&quot]Asentí nuevamente con la cabeza pero en realidad tenía un miedo desgarrador. Cuando llegué a casa noté que las paredes siempre habían estado pintadas de gris y al día siguiente llamé a un pintor para que las cambiara a un color verde claro.[/FONT]
    [FONT=&quot]Ese fin de semana viajé a Chascomús para cambiar un poco el aire y de paso visitar la tumba de mi esposa. Era una huída cobarde ante la seguridad de que mis deducciones y sospechas se habían confirmado. Retorné al cabo de siete días y creí oportuno saber si ya Malena se había marchado. Me acerqué hasta su departamento y el encargado me confirmó que la señorita había dejado el edificio; hablamos largo rato y contrariamente a la imagen que me había armado de aquel sujeto, no me pareció una mala persona.[/FONT]
    [FONT=&quot]Me dijo que tenía una carta para mí y mientras me entregaba además una enorme caja de cartón en donde adiviné que estarían los libros de Malena, añadió algunos comentarios interesantes:[/FONT]
    [FONT=&quot]-¡Menos mal que vinieron a buscarla a la pobrecita! – me hubiese gustado preguntarle a quién se estaba refiriendo sólo por la necesidad de escuchar el nombre que estaba esperando pero no hacía falta – Imagínese, con una loca así, habitando en el edificio… todos, desde los propietarios hasta yo mismo, vivíamos con miedo. Muchas veces nos preguntábamos con mi esposa, ¿cómo es posible que ese doctor se atreva a atenderla en la casa? Perdón, a lo mejor fue usted mismo quien la hizo internar en el Moyano porque al principio creíamos que habían sido sus padres, pero después nos enteramos de que no tenía familia. Ahora estamos seguros de que fue usted, doctor– Finalizó sonriente.[/FONT]
    [FONT=&quot]Debo confesar que sentí lástima al saber que ellos me creían el carcelero de Malena; o quizás yo, que aún me faltaba aprender mucho sobre las personas, lo tomaba muy a la tremenda.[/FONT]
    [FONT=&quot]Al llegar a casa le dí soberano puntapié a una banqueta que rodó por el suelo. Era difícil amar a alguien, casi tanto como no amarlo; me arrimé con paso triste a la ventana abierta, me sobraba el cuerpo y el alma no me comprendía, bajé la cabeza mientras me quitaba la ropa y el aire frío de la tarde sacudió mi torso desnudo. Heroicamente me encontré en el balcón, había cesado el viento y el cielo goteaba estrellas como rocío; silencio, soledad y desazón acompañaron aquel momento de mi relato. Naufragué luego en la cama pensando si había actuado bien, hecho un ovillo, metí la cabeza debajo de la almohada y todo quedó reducido a la reflexión, única tarea útil desde el día de mi renacimiento. Volver a pensar me salvó la vida. [/FONT]
    [FONT=&quot]Sin poder dormir y después de comer algo liviano en casa, pasé a desearle buenas noches a los niños. Tomé varios vasos de vino tinto que mi suegra atesoraba en un armario de madera y como hacía mucho que no probaba el alcohol, me sentí algo mareado; igualmente me dirigí hacia la puerta sin vacilar y con intenciones de pasar la noche en un bar. Tania, mi hija mayor, me interceptó en el umbral y como todavía no estaba del todo oscura la casa, pude darme cuenta de que estaba lagrimeando. Afuera, se oían truenos azotar la noche.[/FONT]
    [FONT=&quot]-¿Adonde vas papá?[/FONT]
    [FONT=&quot]-Voy a salir a tomar algo de aire fresco- Intenté esquivar su mirada húmeda, intransigente, adulta, pero la culpa me venció -Para serte sincero creo que voy a emborracharme por ahí; espero que algún día me perdones y por favor no le digas nada a tu hermano.[/FONT]
    [FONT=&quot]Tania se volvió a su cuarto sin decir palabra.[/FONT]
    [FONT=&quot]Al llegar al bar de siempre, me senté y antes de perder la coherencia, me dispuse a leer la carta que me había dejado Malena y que no había tenido el coraje de enfrentar.[/FONT]
    [FONT=&quot]“Querido Agustín:[/FONT]
    [FONT=&quot]Espero que entienda que mi partida es por el bien de los dos. Nada crea de las barbaridades que seguro le dirá el encargado en mi ausencia. [/FONT]
    [FONT=&quot]Quiero que sepa que nunca me sentí segura en ningún lugar y que no creo poder aceptar compromiso alguno en mi vida. Todavía no me siento decidida a abandonar mi libertad y mis sueños para quedarme siempre en un solo lugar y junto a una misma persona.[/FONT]
    [FONT=&quot]Me asustó su cinismo y su cobardía. El modo enfermizo de encarar la vida, la estrechez de su lógica, la escasez de sus emociones, la existencia esclava que lleva; siempre atento al celular y dispuesto a abandonarme a cualquier hora por alguno de sus pacientes. Me asusta la poca importancia que le presta a su futuro y el miedo terrible que tiene a vivir; el cómo me trató a mí, a todo, a todos”.[/FONT]
    [FONT=&quot]Nada de eso decía la carta y sin embargo sé que tras ese “siempre lo recordaré”, estaban escondidos los verdaderos motivos de su partida. [/FONT]
    [FONT=&quot]Ya no sufro al recordarla, pero aquella madrugada, cuando regresé a mi casa solitaria, entonces sí que comencé a extrañarla; su sofá gris, su sonrisa, el olor a incienso. De golpe, quise borrar todo sentimiento hacia ella pero supuse que no sería fácil. Esa noche, al igual que otras muchas, recordé a mi madre, la infancia sumisa junto a ella, mi propia cobardía ante cada acto de la vida. Lloré sin lágrimas, sabiendo que eso era verdaderamente llorar, como deben hacerlo los hombres, puse a quemar incienso en un pequeño hornito y me quedé dormido.[/FONT]
    [FONT=&quot]Sólo conservo en mi poder un único libro de aquella muchacha como recuerdo, se llama “El hombre en busca de sentido” de Viktor Frankl. Me lo quedé porque en la última hoja había un dibujo de dos manos entrelazadas seguramente hecho por Malena, no sé si lo hizo estando trastornada o en pleno dominio de sus facultades pero son dos manos perfectas, únicas, que parecen hablar, se retuercen, gimen. Creo que así debió ver sus propias manos.[/FONT]
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