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[FONT="]Capitulo 2[/FONT]
[FONT="]12 noviembre 2011[/FONT]
Estaba sola en mi casa frente a la computadora como solía hacer todas las noches. Nunca con un propósito en mente. Toda mi familia se había ido a una fiesta familiar donde mis abuelos. A mí no se me apeteció ir, no estaba de humor. Esas fiestas solían ser demasiado alegres para mi gusto (típicas fiestas Costarricenses, las cuales ahora extraño con toda el alma). Ya no me sentía en edad para una piñata y mucho menos para ponerme a bailar al ritmo de la cimarrona (amada por mis tíos). Daban licor, si, pero siempre era un licor que elaboraban ellos en casa, tenía un sabor extraño y un solo trago emborrachaba más que cuatro cervezas seguidas. La verdad me sentía mejor sola en mi habitación.
Estaba descargando unos videos musicales cuando mi celular sonó. Una alerta de mensaje que me cambio el rostro. Mi mejor amiga (la llamaremos “Nadia”) me decía que estaba aburrida y que quería salir a divertirse a algún lado. Le dije que fuéramos a un bar donde ponían música rock (mi favorita pero no la de ella, ella prefería salir a bailar), aun así ella aceptó mi propuesta y nos quedamos de ver en una hora, ella debía tomar el autobús y nos encontraríamos en la estación. Saque mi pantalón negro al cuerpo, y una blusa negra con un lazo en el pecho, era mi ropa preferida, después de ponérmela saque de debajo de mi cama un par de zapatos negros de tacón bajo. Comencé a arreglarme lentamente frente al espejo que tenía en mi habitación. Era un cuarto pequeño, de todas formas no poseía muchas cosas. Una cama pequeña, un televisor de pequeño, un reproductor de DVD, una consola de video juegos, mi cómoda con abundantes y diferentes tipos de maquillaje y en su interior mi ropa, y mi vieja computadora portátil, la cual reposaba sobre un mueble viejo y maltratado, eran todo lo que había en mi habitación. Estaba planchando mi cabello cuando una alerta sonó en mi computador. Me asome para ver de quien se trataba. Mi rostro se volvió estresado. El chico que siempre me molestaba con cometarios groseros me mandaba un saludo a través de una conversación instantánea. Me senté para devolverle el saludo, después de todo jamás fui una persona descortés. El chico estaba extrañamente amable ese día. Me hablaba con afecto, cosa que jamás hacia. Siempre me irritaba y cada conversación la terminábamos en discusión. Nadia me pasaba reprochando el porqué lo tenía agregado como amigo si era un ser tan despreciable. La razón era obvia, tenía un físico que para mí, era irresistible. Su piel era pálida, tenía cabello largo hasta los hombros, de color oscuro, tenía los ojos café claros, su mirada era malvada y fría. Había visto unas cuantas fotos suyas por Internet y habían sido suficientes para cautivarme. Esa noche, “Sergio” me invito a un concierto de rock, me dijo que irían muchos de sus amigos y que sin duda yo me divertiría como jamás lo había hecho. Le pedí la dirección del evento y la anote en mi celular. Al transcurrir la hora, salí hacia donde debía encontrarme con Nadia. Ella al verme me saludo como siempre y emprendimos el camino. Yo no sabía cómo abordarla, ella era muy impredecible y odiaba los cambios de planes en último momento. Cuando estuvimos frente al bar, me quede congelada unos segundos en la entrada. Ella, quien ya había entrado se devolvió.
-¿Estás bien?-. Me dijo.
Yo solo asentí con la cabeza. –Lo que ocurre es que quiero ir a otro sitio-. Le dije con voz suave.
Ella me miro asustada. -¿Adonde quieres ir?-. Dijo después de un gran suspiro. No era una persona que se calificara por ser paciente.
-Nos invitaron a un concierto de rock…-. Dije tímidamente.
-¿Nos?-. Me miró con una ceja en alto.
-Si… bueno me dijeron a mí, pero también, me dijeron que podía llevar a quien quisiera.
-¿Quién te invito?-. Seguía con la misma expresión dura en su rostro.
-Un amigo… tú no lo conoces-. Me sonroje, sin duda era mala mintiéndole a ella.
Ella no parpadeo, me escudriño el rostro como si tuviera rayos x en sus ojos.
-Bueno… ni yo, realmente-. Murmure. –Fue aquel chico… Sergio.
Al escuchar este nombre ella cambio su expresión a furiosa. –De ninguna manera iré a un lugar donde este ese engreído, sabes que no me lo soporto.
-Lo sé, pero es un concierto, es decir, habrán muchos más muchachos en el lugar.
Ella solo negaba sin escucharme.
-Vamos, por favor, solo será por un rato… es más, te prometo que si no te sientes cómoda nos regresamos de inmediato.
Ella bajo la guardia y se compadeció de mi. –Está bien… pero si no me gusta el ambiente nos venimos para acá.
-Te lo prometo-. Sonreí complacida.
Tomamos un taxi el cual nos dejo a las puertas del evento. Era un salón grande. Dos chicos altos y musculosos estaban de pie en la entrada. Había una cola pequeña. Me sorprendió ver como algunos chicos pasaban sin ningún problema mientras otros eran sumamente interrogados en la entrada. Cuando fue nuestro turno frente a ellos, ambos nos miraron sonrientes.
-¿Están cobrando entrada?-. Pregunté.
Uno de los chicos me sonrió. –A unas chicas como ustedes no les cobraríamos nada. Lo único es que esta es una fiesta privada.
Nadia me miró molesta.
-Lo sé-. Dije para sorpresa de ella. –A mi me invitó Sergio, me dijo que ustedes le decían “licántropo 56” y a ella la invito “licántropo 48”.
Nadia trató de disimular su desconcierto.
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-Lo siento-. Dije apenada.
-No hay ningún problema-. Seguidamente nos admiró como cuando vez una pizza recién sacada del horno, mi piel se escalofrió. -¿No han encontrado al chico que las invitó?
Yo lo miré con desconcierto.
-Es solo que las veo como pérdidas-. Soltó una risita. –Ya casi inicia la función y ustedes deben de estar acomodadas con los chicos que las invitaron. Si quieren yo tengo espacio en mi sillón para ustedes dos…
-No te pases 67…-. Sergio salió de atrás de nosotras. –Ellas son mis invitadas.
-Lo siento 56, no lo sabía. Solo quería que estas adorables jóvenes no se quedaran sin un sitio.
-Ya me encontraron, así que dedícate a “cazar” por otro lado.
El otro joven se alejó con una sonrisa forzada en el rostro.
-Hola-. Dije mirándolo con ojos adormecidos.
-Vamos a nuestro sofá, allá esta 48 esperándonos-. Su voz era cautivante. Caminó unos pasos delante de nosotras.
Nadia me jaló del brazo y se acercó a mi oído.
-Más te vale que ese tal “licántropo 48” sea guapo o nos iremos de aquí de volada-. Me susurró irritada.
-Te aseguro que no te será desagradable-. Dijo Sergio sin voltearnos a ver.
Lo miramos asustadas.
Después de poco andar llegamos hasta un cómodo sofá color negro, tapizado con un fino cuero. Un chico delgado, blanco, ojos azules oscuros, de cabello largo hasta la espalda, labios rojo sangre y sonrisa malvada, estaba sentado en medio de aquel sillón mirándonos.
-Siéntense por favor-. Dijo con acento extranjero.
Miré a Nadia, ella tenía la boca entreabierta. La jale del brazo para que se le sentara al lado al chico. Yo me acomode al otro lado del joven y Sergio se sentó a mi lado, en el extremo del sofá.
Me sentía en las nubes, aquellos dos chicos emitían un olor exquisito, por un lado el cabello de Sergio olía a cereza, y el del otro joven emanaba de su cabello un suave olor a fresas. Sergio estaba absorto mirando hacia el escenario. Tenía una mano rodeando mi espalda y con la otra daba golpecitos con sus dedos sobre el brazo del sillón.
Así paso un rato durante el cual pude escuchar como Nadia y el chico, quien dijo llamarse Pierre, se conocían y conversaban amenamente sobre sus gustos y aficiones. Envidie eso, miré a Sergio, aun seguía en la misma pose. Sus ojos no se apartaban del reloj, lo miré yo también, daba las siete y cuarenta. Me acomodé en el sofá tratando de disturbar los pensamientos de Sergio. Él volteó su rostro hacia el mío y me sonrió levemente. Luego volvió su rostro de nuevo al reloj. Miré hacia mi otro costado, Nadia y Pierre se besaban apasionados. -¡Es todo!-. Pensé molesta. Todos se divertían menos yo. Le puse una mano en el rostro a Sergio y lo volteé hacia a mí. Cuando tuve su boca frente a la mía lo bese. Él no se resistió, también me besó. Fue un momento mágico, el chico era un increíble besador. De pronto un redoble de batería me hizo separar mis labios de los suyos. En el escenario, se habían parado cuatro hombres vestidos con túnicas largas y peludas, color café. Tenían el rostro maquillados como lobos, y sus instrumentos estaban cubiertos de una sustancia roja idéntica a la sangre. Se presentaron como “Los Licántropos de la media noche” y comenzaron a tocar música de rock pesado. Toda la gente se volvía loca de la felicidad y de la euforia. Sergio me miró con una cara indescriptible, lucia radiantemente feliz.
-¿Te gusta tanto esta banda?-. Pregunté.
Él solo asintió con la misma expresión que tenía hace un instante. De pronto se me lanzó encima y me besó con gran pasión. Estaba casi sobre mí, esto me hacía sentir incomoda, pero lo permití, al fin y al cabo todos estaban casi igual en el salón. La música era cada vez más fuerte. Sergio se sentó de frente a mí sobre mis piernas. Me miró malicioso. Yo miré hacia el reloj, daba las ocho en punto. Luego miré de nuevo a Sergio. El salón estaba oscuro, pero una luz roja pasaba sobre su cara cada dos segundos. Así fue como lo vi transformarse lentamente. Al primer cambio de luz vi como su boca se deformo hasta ser una mandíbula con afilados colmillos, al siguiente, estaba cubierto de pelo, y en el último instante sus manos que estaban sobre mis hombros, eran feroces garras, las cuales clavo en mi piel. No sentí dolor, supongo que estaba demasiado horrorizada como para sentirlo. El licántropo me miraba listo para atacar. Se escuchaban los rugidos de los otros hombres lobos que estaban en el salón. Miré a mi lado y lo que vi jamás lo podré sacar de mi mente. Pierre devoraba lo poco que quedaba de la cabeza de Nadia. Poco menos que su quijada era lo que había sobre su cuello. El llanto salió de mis ojos y solté un grito desesperado. El licántropo 56 me miraba hambriento, se acercó a mi suave, de pronto sentí un golpe y lo vi caer hacia un lado. De pie, frente a mi estaba quien sin duda era el licántropo 67, lo supe por sus ropas y su contextura, la cual aunque transformados no cambiaba nada. El licántropo 67 me tomó en sus brazos y me subió a sus hombros como si mi persona fuera un saco de patatas. Luego echó a correr. Pude ver como Sergio se puso en pie y nos siguió a toda prisa. Ambos corrían a una velocidad sorprendente. Trepaban muros como fieras salvajes y saltaban a grandes zancadas. Yo estaba horrorizada, sin importar en manos de cuál de los dos estuviera, mi destino sería el mismo. Veía como a ratos dejábamos atrás al 56 y a ratos nos volvía a alcanzar. El licántropo 67 entró en un callejón sin salida y se detuvo en seco. Sergio redujo la velocidad y se detuvo frente a él. El 67 me lanzó sobre unas bolsas de basura que estaban en el suelo. Me fracture un brazo al caer sobre el. Tenía demasiado dolor y la sangre comenzó a correr por mi mano. Las dos criaturas comenzaron a luchar por su presa. Yo solo escuchaba rugidos y quejidos con cada golpe o mordida que se daban. Me levanté lentamente y caminé pegada a la pared del callejón esperando no ser vista ya que estaban muy atentos en su pelea. Pero cuando iba pasando al lado de Sergio, este me tomó del brazo fracturado y me dio una mordida en la herida. Su boca quedo cubierta de sangre, luego dio un aullido mirando al cielo. El licántropo 67 se lanzó sobre él y lo atacó, Sergio me lanzó nuevamente hacia las bolsas de basura. Mi brazo estaba casi destrozado, podía ver mi hueso y la sangre que brotaba me tenía cubierta. Me empecé a marear. Veía todo borroso, sin duda estaba muriendo desangrada. Los licántropos se alejaron de mí luchando ferozmente. Era mi oportunidad de huir. Me arrastre hasta una puerta en el callejón, para mi dicha estaba abierta, al entrar vi que se trataba de una fabrica vieja, sin duda tenia años de no funcionar, ya que las maquinas estaban empolvadas y herrumbradas. Me sostuve de una de esas maquinas para ponerme en pie. Camine hasta llegar a una pequeña bodega, ahí me oculte tras una cajas de cartón. Sabía que no pasaría de esa noche, pero prefería morir ahí a ser devorada viva por una de aquellas criaturas. Me empezaron a pesar los ojos, así que los cerré, sentía mucho sueño, así que me dormí. Soñé que corría por una plantación de cerezas al lado de Nadia y que ambas reíamos sin parar, luego nos aventábamos al suelo y ella comenzaba a llamarme, pero no decía mi nombre, me llama “niña”. Al despertar de aquel sueño vi a mi lado a un hombre mayor que sostenía un foco en sus manos.
-¡Niña! ¿Te encuentras bien?-. Me dijo con cara de horror viéndome toda ensangrentada.
Yo me senté de prisa, no sentía ningún dolor y para mi sorpresa mi brazo estaba intacto, sin un solo rasguño. Me puse en pie y miré con cara de asombro a aquel señor. Quien me miraba de igual forma. Me froté los ojos.
-¿Qué hora es?-. Le pregunté al señor frotando mi cabeza.
-Faltan cinco minutos para las doce media noche-. Me dijo con tono irritado. –Debes salir de aquí.
Caminé hasta la puerta de la bodega. Pero al pasar a su lado algo me recorrió la piel. Sentí un olor suave que jamás había olido en mi vida, era dulce y exquisito. Mi boca se hizo agua, las babas se salían incontrolables por mis labios. Un olor como el que emite la tierra mojada mezclado con sal acompañó el olor anterior. Mi estomago vibró unos instantes. Me sentí extrañamente hambrienta, y deseosa de comer aquello que olía tan bien. Me quede paralizada junto a aquel ser viviente. Lo miré lentamente. Él me miraba horrorizado. En mi boca sentí como varios dientes traseros y muelas que había perdido anteriormente volvía a surgir en mis encías dolorosamente. Me lancé al suelo con las manos en la cabeza. Sentí como algo me recorría de pies a cabeza, era una sensación de ardor, comezón y dolor. Me miré las manos, lentamente las vi transformarse en garras afiladas y peludas. Sentí como mi boca crecía y mi nariz se alargaba.
Alcé la vista hacia el señor, quien me puso la luz del foco justo en el rostro. Al verme dejó caer la linterna al suelo y después de contemplarme horrorizado por un segundo, echó a correr despavorido. Fue en ese instante en el que noté que el olor que apetecía provenía de ese hombre. Me puse en pie y corrí tras él como un lobo persigue a su presa.
Estas historias me encantan:)
Abrazos...
que bueno q te haya gustado