[FONT="]10 [/FONT]
[FONT="]Llegó un día en el que me levanté y no podía mantenerme en pie, mis piernas ya no me sostenían y tenía que caminar cerca de alguna pared por si acaso me caía; recién ahí se dieron cuenta mis padres de que no la estaba pasando bien y me llevaron de urgencia al hospital. Me atendieron muy bien pero le dijeron a mi familia que lo que yo necesitaba era atención psiquiátrica, porque lo que yo tenía era un tremendo trastorno de alimentación y bastante avanzado. Recuerdo que cuando me internaron acá la primera vez hace ya como tres años, me saturaron de pastillas; empezaron a darme una dieta equilibrada y rica en vitaminas para subir de peso y yo comía pero cuando las enfermeras no se daban cuenta, me escapaba a vomitar. Provoqué y engañé a todos hasta que me dejaron salir de alta. Me devoraba todo por las noches y a veces robaba el vodka que tenían mis padres escondido en el armario y tomaba hasta perderme por completo para luego vomitar todo. Creo que de alguna manera lo hacía para vengarme de ellos por haberme ignorado todo este tiempo. Con esa actitud las internaciones se hicieron más frecuentes y llegué a estar internada mas de diez veces en un año. Sufrí como ni siquiera pueden imaginarse porque sentía que nadie me iba a aceptar por lo que yo era sino por mi apariencia. Llegué a robarles dinero a mis padres para comprar laxantes y diuréticos y si nunca llegué a intentar suicidarme fue porque mis verdaderos amigos se encargaron de evitarlo y porque creía que Dios se iba a enojar conmigo; me corté los brazos y las piernas con una navaja en varias ocasiones pero sólo para llamar la atención[/FONT]
[FONT="]Esta es la última internación, si no me mejoro ya decidí que no habrá otra oportunidad para mí.[/FONT]
[FONT="]La semana pasada la psiquiatra que me estaba atendiendo se enojó conmigo y terminé pidiéndole el cambio de profesional. Todos al final terminan abandonándome y ya no tengo ganas de soportarlo mas.[/FONT]
[FONT="] Mañana comienzo con un nuevo psicólogo. La historia vuelve a comenzar aunque sé que esta vez tendrá un trágico final, es como en esas tragedias griegas en donde antes de comenzar a leerlas uno ya sabe que todo terminaría de la peor manera.[/FONT]
[FONT="]Llegué temprano a la sesión con mi nuevo terapeuta. El único dato que tenía sobre él era el sexo, era hombre. Había tenido varios psicólogos en mi historia como paciente y la mayoría me habían resultado unos imbéciles e insensibles, el resto sólo intentó seducirme.[/FONT]
[FONT="]Cuando salí de casa el día se me impuso soleado y abierto, con una suave brisa que penas hacía mover mi pollera. Caminé junto a mi mamá las pocas cuadras que nos separaban de la clínica, casi de manera autómata, como esos caballos que siempre siguen el mismo recorrido y sin necesidad de que nadie los guíe, llegan a destino perfectamente. [/FONT]
[FONT="]Le pregunté a la secretaria si ya había llegado mi terapeuta y ella me respondió secamente: “el doctor llamó por teléfono y pidió que lo espere en el consultorio”. Me acomodé en uno de los sillones desde donde podía ver la calle y así anticiparme a la llegada del doctor, acomodé mi blusa y levanté un poco mi falda para que pudiera apreciar desde su escritorio el comienzo de mis muslos. Esperé hasta el hartazgo. A la media hora ya me sentía como un león enjaulado caminando de aquí para allá, estaba nerviosa y no sabía por qué; parecía un fumador que había dejado el vicio del cigarrillo hacía apenas algunas horas. Me tocaba el pelo insistentemente y abrochaba y desabrochaba el último botón de la camisa, tenía las manos sudadas y me temblaba el mentón. Asomé la cabeza varias veces por la puerta y observaba a mi mamá tranquila leyendo una revista, no podía entender como no estaba discutiendo ya con la secretaria el por qué de semejante tardanza. Salí del consultorio para hablar con ella y pedirle que nos fuéramos sin dudarlo pero la voz de la secretaria interrumpió mi camino: “tiene que esperar adentro señorita; el doctor está en camino y cuando llegue no puede verla dando vueltas por ahí”[/FONT]
[FONT="]Ya fueran mis nervios, mis pensamientos, mi maldito estómago o todo junto, lo cierto es que alguien drenaba veneno en mi bilis. Volví a recostar mi cuerpo en el asiento pues tenía que relajarme y considerar seriamente la situación: si esta espera me debía preocupar en la justa medida de su importancia, el asunto me tendría que resultar bastante inofensivo y entonces ¿Por qué me atormentaba tan monstruosamente sin sentido? [/FONT]
[FONT="]Me propuse aferrar la realidad con ambas manos y recuperar la lucidez con los diez dedos de la cordura; me sobraron cinco dedos.[/FONT]
[FONT="]-Tranquila, vayamos despacio, sin sobresaltarme- me dije en voz baja.[/FONT]
[FONT="]A esa altura de los acontecimientos era notorio que nadie, ni siquiera yo misma, había podido descifrar nunca el material del que estaban hechas mis necesidades. En mí todo se presentaba como novedad, las personas, el afecto, los terapeutas, las palabras; se iniciaban conmigo como si nunca nadie los hubiera conocido antes. Tal vez Dios me concibió para inaugurar una nueva historia del hombre o simplemente para pasar inadvertida, como las cosas inútiles que hacemos con ganas de matar el tiempo y guardamos celosamente hasta el momento en que descubrimos que hace un montón de años debimos tirarlas a la basura. [/FONT]
[FONT="]Lo cierto es que además de carecer de intereses tampoco me entusiasmaba alguna tarea definida y estando segura que tales personas no existen, el único medio de no complicar las cosas fue atribuirme la culpa de esta espera mas o menos coherente. Claro que no comprendía por qué debía hacerme cargo de irresponsabilidades ajenas. [/FONT]
[FONT="]¿Quién se cree que es ese doctor, psicólogo o licenciado, cualquiera fuese su profesión? ¿Acaso se piensa que yo tengo todo el día libre y que me puede tener esperando eternamente? [/FONT]
[FONT="]Me prometí que cuando llegara, iba a tener que hacerle saber que no habíamos empezado de la mejor manera porque no está bien hacerle esto a un paciente; es una falta de respeto. [/FONT]
Comentarios
[FONT="]- Me parece a mí o estamos comenzando la sesión un poco mas tarde? [/FONT]
[FONT="] No se dignó a contestarme y se puso a escribir algo en su cuaderno mientras se quitaba las gafas sin apartar la vista de lo que estaba haciendo.[/FONT]
[FONT="]-Holaa! ¿Hay alguien ahí? ¿Acaso le estoy hablando a una pared?- creo que le grité mientras movía mis brazos.[/FONT]
[FONT="]Esta vez si levantó la mirada y lentamente comenzó a cerrar su cuaderno. Con toda la furia que tenía contenida y cansada ya de esperar, volví a atacar.[/FONT]
[FONT="]-¿Sabe usted la hora que es? ¡Hace mas de una eternidad que lo estoy esperando![/FONT]
[FONT="]-Déjeme decirle solo dos cosas señorita Falcón- soltó sin inmutarse –Primero: que sé perfectamente la hora que es y segundo: que leyendo su historia usted me parece uno de los pacientes mas patéticos que he visto en toda mi vida ¿y quiere sabe por qué?[/FONT]
[FONT="]Me parece que del asombro ni siquiera atiné a cerrar mi boca y creo que él que tomó mi silencio como un sí, pues continuó hablando.[/FONT]
[FONT="]-Porque la mayoría de las personas que están acá internadas y los que vienen a atenderse a estos consultorios tienen problemas en serio y aun así, luchan por salir adelante. Pero usted sólo tiene un excesivo cuidado por su cuerpo y su apariencia física. Déjeme decirle que a muchos de estos pacientes les encantaría saber que su único problema es su aspecto exterior, y otros darían lo que fuera por cambiar sus dramas con los de usted, señorita.[/FONT]
[FONT="]No me cabe en la cabeza la idea de que a su edad le guste estar todo el día empastillada y caminando como una zombie, tomando antidepresivos y ansiolíticos como si fuesen caramelos; creo que nadie quiere eso para su vida. Tampoco entiendo como es posible que no se replantee la idea del porqué está así y si no existe la posibilidad de mejorar.[/FONT]
[FONT="]Antes de finalizar debo aclararle que si su idea es seguir en esta postura, pida nuevamente un cambio de terapeuta porque yo no estoy acá para perder el tiempo y tengo muchos pacientes esperándome que sí necesitan de mi atención y están dispuestos a salir adelante.[/FONT]
[FONT="]Lo cierto era que se llamaba Ada y que le clavé la mirada esforzándome por descifrarla como si llevara el nombre escrito en su frente y le analizara la caligrafía. De escualidez somalí, sus huesos prominentes culminaban en una atea cruz con sus omóplatos, en donde la naturaleza le había diseñado a desprecio limpio, una cabeza de nariz ganchuda y pobre cabellera. Me miró con odio y vi que su lengua arañaba algunas palabras desafiantes para recibirme, mientras me enseñaba sus encías coronadas por largos dientes incisivos como su amenazante postura. Debía ser alta pues aún acurrucada y desnutrida sobresalía en la habitación.[/FONT]
[FONT="] Tampoco yo encontré al comienzo que demonios decirle pero su actitud terminó de convencerme. En ella existía un halo oscuro que la rodeaba por completo, sus ojos eran grises, las pestañas también. La boca de labios finos, las orejas tapadas por un cabello de tono indefinido, ni rubio, ni ceniciento. Las manos transparentes parecían arrojar olor a iglesia. No era fea, pero tampoco podría definirla como hermosa.[/FONT]
[FONT="]Bajo un cielo extraído seguramente de algún nivel del infierno de Dante, llegué a mi cuarto luego de aquella reveladora visita al analista y me senté en el suelo. Arrinconada y en la posición que mas amaba (los pómulos incrustados en las rodillas) dentro de mis nervios, dentro de mi soledad, intacta, yo, Ada sin magia, me llamé y me reconocí por mi voz. [/FONT]
[FONT="]Pasé la mano por el piso tratando de dibujar mi rostro pero ya no recordaba como era, en cambio se me apareció otro, un nombre conocido, una voz familiar: Amanda. [/FONT]
[FONT="]Necesitaba soñar lo que me diera ganas, quería reavivar los sueños de mi infancia. Estaba dispuesta a cooperar pero me ponía furiosa saber que me iba quedando inútilmente dormida.[/FONT]
[FONT="]No sé cómo explicarlo pero creo que eso era realmente lo que necesitaba. Alguien que me ayudara a tomar las riendas de mi vida y que me hiciera ver lo absurdo de mi problema desde el lado mas crudo, ¿por qué no? [/FONT]
[FONT="]Me encontré dividida, cortada, como si me ubicara en tal situación siendo yo misma pero completamente ajena a mis pensamientos; me quedé dura, teatral, con aires de aficionada, algo molesta por la escena que acababa de terminar para posibilitar mi recuperación, mi rescate. A menudo padezco de esta dualidad, a menudo soy dos personas reunidas en una sola y conectadas por una voz interna que nos seduce.[/FONT]
[FONT="]Recuerdo que en la siguiente sesión me sentí un poco cohibida y además estaba cansada de hablar de mí, no podía soltarme y la actitud del terapeuta no me generaba confianza. Sólo respondía con monosílabos y me evadía en trivialidades, hasta que de repente, él cambió su postura, se acomodó el cuello de la camisa, frotó sus manos y en tono amable pero decidido me dijo:[/FONT]
[FONT="]-Está bien, por hoy vamos a dejar acá pero para la próxima necesito que armes una lista con las cosas que te gustan, pueden ser libros, música, películas, hobbies, lo que quieras; anotá y traé todo lo que se te ocurra.[/FONT]
[FONT="] ¿Sabes como hizo para hacerme hablar y ganarse mi confianza? Así, pidiéndome que le trajera cosas que para mí eran importantes; respetando mis silencios y mis tiempos yo aprendí a fiarme de él. Y comencé a involucrarme.[/FONT]
[FONT="]-Quisiera saber cómo era tu vida de pequeña [/FONT]
[FONT="]-Llegaba del colegio al que iba sin desayunar y en donde almorzaba sólo fruta; no comía y estaba feliz porque solo estudiaba y dormía, no veía la televisión ni escuchaba música como cualquier adolescente, sólo tenía ganas de dormir. En mi casa no se preocupaban si comía o nó, incluso creo que era mas fácil para ellos ignorarme que intentar hablar conmigo. [/FONT]
[FONT="]Un día me desmayé en el colegio y estuve inconsciente un largo rato, llamaron a mis padres y la enfermera del colegio les dijo que parecía estar anémica porque me veía muy débil y pálida. Ellos le creyeron sin dudar y lo tomaron como palabra santa ya que así les cerraba de manera ideal el por qué dormía todo el tiempo. Me llevaron a una clínica y al desnudarme se impactaron de verme tan flaca, pesaba un poco mas de cuarenta kilos y sin embargo seguían pensando que era como consecuencia de haber pegado un estirón propio de la adolescencia; ni siquiera se habían dado cuenta de que hacía tres meses que no menstruaba. Me quisieron dejar allí internada por un tiempo pero me puse a llorar amargamente y los pude manipular de esa manera, les prometí de rodillas que iba a comer normalmente y me creyeron; accedieron a llevarme de vuelta a casa pero cuando no había pasado ni siquiera un mes, volví a desmayarme en plena clase. Esta vez me desperté ya en un hospital llena de cables y con suero. [/FONT]
[FONT="]Mi hermana me había traicionado y le había contado todo a mis padres mientras estuve inconsciente, ellos supieron nuestro secreto y también internaron a Amanda por precaución. Ambas volvimos a recaer en hospitales una y otra vez sin importarnos nada de lo que nos aconsejaban. [/FONT]
[FONT="]Un día que nunca voy a poder olvidar, el corazón de mi hermana dijo basta y le jugó una mala pasada.[/FONT]
[FONT="]Eran las tres de la tarde de una hermosa tarde primaveral llena de olores nuevos, la naturaleza estaba volviendo a resurgir luego de un invierno muy crudo. Todo era luz y alegría afuera pero en el hospital una muchacha entregaba sus muñecas fláccidas y huesudas a la muerte para que ella las esposara. La agonía fue lenta y sufriente, llena de sombras y espacios a contra luz, seguramente a último momento de recuerdos lejanos y de andanzas infantiles, de toda una serie de nostalgias, como si la mano invisible de la vida le mostrara su pasado, diciéndole “acá esta todo”[/FONT]
[FONT="]Recordó a mis padres, balbuceando sus nombres y dibujando imágenes en el aire. Nombró calles que recorrimos de pequeñas junto a amigos y compañeros de colegio mientras envuelta en una oscura y húmeda alucinación, veía aparecer luces y sombras. [/FONT]
[FONT="]Ahora sé que no es una niebla la que nos envuelve cuando morimos sino una claridad reflejada en cien cristales, derramando blancura. Para sentirlo se debe abandonar la pesadez del cuerpo y liberarse de su envoltura, adquiriendo a su vez la transparencia y cristalinidad que a veces se refleja sobre el mismo cuerpo que queda reposando ahí en la tierra. Por eso muchos muertos son pálidos y fríos, porque sobre ellos recae la luminosidad del mas allá. [/FONT]
[FONT="]La muerte es buena, muy buena, digo esto porque ahora la conozco mejor que nadie.[/FONT]
[FONT="]Mi hermana repitió su nombre muchas veces. Se me antojó que alguien se lo preguntaba para identificarla, como si estuviera formada en una fila en el colegio y la maestra la llamara para dar un paso al frente. [/FONT]
[FONT="] Pido perdón por las lágrimas pero es inevitable llorar cuando recuerdo esa última mirada que me lanzó al exhalar su último suspiro. [/FONT]
[FONT="] Desde ese momento llevo años culpándome por la muerte de mi hermana y deambulando sin sentido por la vida y aunque sé que perdí demasiados momentos importantes, nada gané con esa actitud, por el contrario jugué con cosas que no tienen reparación y se gastaron en mi salud mucho dinero; mi familia se destruyó y ya nadie me recuerda.[/FONT]
[FONT="]-¿Cómo llegaste a esa conclusión?[/FONT]
[FONT="]-Porque ya nadie me nombra, por las noches cuando presto atención en la soledad de mi cuarto ¿sabe que escucho? Nada, sólo el silencio. [/FONT]
[FONT="]Lucho, sí. Aunque al principio confieso que me costaba, luego todo se fue deslizando con abrumadora lucidez, bajo lugares comunes. Tendría que haber saltado a la luz cada cambio de ánimo que tuve pero no importaba mucho porque yo estaba ahí, nunca por completo claro está, a pesar de mi cara, mi nombre, mi cuerpo y mis gestos, no hacía falta más. A pesar de que una parte siempre estuviera ausente no hizo falta mas. [/FONT]
[FONT="]Sin embargo, debo confesar que mi tiempo interior era de lo más tormentoso ya que jamás tuve esa habilidad innata en el trato humano y necesité de un largo curso introductorio para sentirme medianamente cómoda, aún con las personas por las que sentía real interés, verdadero afecto. Quizás eso me venga desde mi crianza aunque no estoy segura, sé de mucha gente que no vivió con sus padres e igualmente le ocurre. Claro que, de alguna manera, todos somos huérfanos.[/FONT]
[FONT="] Empecé a salir con un chico, y a adelgazar cada vez mas; al cabo de unos meses de cariño él se alejó de mi lado porque era muy religioso y partió en busca de Dios, pero yo me derrumbé. Dejé de salir con mis amigos y no quise saber nada mas del amor, me encerré en mi casa y lo único que quería era hacer ejercicio para no tener tiempo de pensar. [/FONT]
[FONT="]Empecé el secundario por obligación de mis padres y allí conocí gente nueva con los que pasé unos meses muy agradables, llegando incluso a olvidarme de mi obsesión por la comida. Pero al cabo de un año de tranquilidad, un nuevo fracaso sentimental desencadenó que comenzara a comer desenfrenadamente y me diese atracones constantes engordando nuevamente muchísimo. Me habían abandonado y aunque esto constituía un hecho simple y definitivo que se actualizaba desde mi origen, desde que comprendí la primera vez cual era el significado de esa palabra allá encerrada en aquel armario; la única vez y para siempre, porque la palabra abandono corresponde a una situación universal por todos padecida. [/FONT]
[FONT="]En el día tomaba sólo agua y a veces comía algunos trozos de melón, y de noche, tomaba mas agua, y dos cucharadas de laxantes. De repente y sin poder controlarme comencé a sentir nuevamente ansiedad por comer; me veía tan asquerosa y culpable por el solo hecho de tener hambre, que llegué a cortarme las piernas y los brazos con una navaja para que el dolor me obligara a olvidarme del hambre. Me dolía mucho la cabeza porque estaba muy débil y tenía sueño todo el tiempo, lo único que quería era dormir y hacer ejercicio para no engordar, siempre tenía frío aún en verano, tenía las manos y los pies morados; estaba muerta en vida.[/FONT]
[FONT="]Y no me dolía, ni siquiera podía reconocer el gusto del alimento, me bastaba con que se diluyera en mis entrañas en lenta caminata, invadiendo mi cuerpo célula a célula, llenando los rincones olvidados, nutriéndome, calentándome hasta el límite de la razón. No mas allá. Mis fauces tragaban, mordían, se golpeaban entre sí; el estómago crujía con espasmos secos para hacerse sentir en su lugar, el lugar del hambre.[/FONT]
[FONT="]Paulatinamente me distraía y al rato una sed espantosa me abordaba; abría la canilla y metía la boca debajo del grifo directamente decidida a tragar toda el líquido que podía. Tomé, tomé, tomé hasta no aguantar mas. Enseguida el voraz encuentro de sólido y líquido se me revolvió adentro, me llegó hasta la boca y lo expulsé rabiosa. Por fortuna no me sentí peor, sino excitada y en medio de un bienestar inesperado.[/FONT]
[FONT="]Ahora sigo igual, infeliz con mi cuerpo y con mi peso, vomitando a escondidas de mi familia y las enfermeras cuando estoy internada, atorándome de comida para luego inundarme de laxantes. Me siento mal conmigo misma, no me gusto y aunque quiero, no puedo llevar una alimentación normal. Es como si cada vez que me permito un pequeño capricho, un chocolate o un helado, o lo que fuese ya no pudiese parar de comer y dejarlo.[/FONT]
[FONT="] Quisiera poder salir de este infierno, porque siento que ya no soy la misma; puedo pasar de la alegría a la depresión en cuestión de segundos y si una mañana me peso y noto que engordé, el día se arruinó para mí y nada podrá mejorarlo hasta el día siguiente en que me vuelva a pesar. [/FONT]
[FONT="]Si una de las características de la anorexia y la bulimia nerviosas (que a partir de ahora llamaremos bulimarexia) es el temor obsesivo a engordar y un particular trastorno del esquema corporal que les hace verse más gordas de lo que están, vemos que la obsesión en la cultura de la delgadez es más fuerte entre las mujeres.[/FONT]
[FONT="]Los modelos de belleza actuales y el rechazo social a la obesidad femenina hacen que las adolescentes sientan un impulso incontrolable de estar tan delgadas como las modelos que la publicidad y medios de comunicación nos presentan a diario.[/FONT]
[FONT="]No es casual que el perfil de la joven bulimaréxica sea mayormente el de una chica responsable y estudiosa, que desea se propone llevar a cabo correctamente su rol social con tendencias a un perfeccionismo exagerado.[/FONT]
[FONT="]-¿Se puede hacer algo concreto frente a esta problemática, licenciado?[/FONT]
[FONT="]-La detención precoz y un buen diagnóstico diferencial son las primeras armas para combatirla pero es necesario fomentar además, programas de prevención y promoción de la salud desde los ámbitos familiares, educativos y sociales.[/FONT]
[FONT="]Este proyecto que hoy iniciamos como grupo de seguimiento de este tipo de trastornos debe tener bien claro cuáles son los objetivos que debemos perseguir:[/FONT]
[FONT="]Es fundamental potenciar al máximo la autoestima y la aceptación, fortalecer los aspectos favorables de la personalidad, ofrecer modelos humanos no estereotipados y favorecer positivamente las diferencias estableciendo un manojo de herramientas positivas para compensar posibles situaciones de menosprecio en todos los ámbitos de la vida.[/FONT]
[FONT="]Ayudar a los pacientes a que con decisión y confianza a conozcan su propia realidad humana y psíquica, sus capacidades y limitaciones, infundiéndoles seguridad en sus propios valores, de manera que puedan sentirse a gusto consigo mismos y se reconozcan tal como son.[/FONT]
[FONT="] Debemos fomentar la autonomía y conceptos capaces de evitar que los sucesivos mensajes de los medios de comunicación y las publicidades mostrando una imagen falsamente perfecta, se convierta en un modelo a seguir olvidándose de los valores integrales de la persona.[/FONT]
[FONT="]Evitar que se propongan metas académicas, deportivas, o estéticas inalcanzables con relación a su capacidad mental o constitución física, ya que podría producirse una innecesaria y traumática disminución de la autoestima.[/FONT]
[FONT="] No debemos perder de vista que abordar los trastornos de la alimentación es cuestionar al fin y al cabo, nuestra cultura. [/FONT]
[FONT="]Necesitamos redefinir lo atractivo con parámetros más amplios, para que la mayoría de las personas, y no sólo una pequeña parte, pueda sentirse bien con su apariencia personal. [/FONT]
[FONT="]Hay que poner el énfasis en otras características tales como ingenio, integridad, talento, inteligencia, sentido del humor,etc, a la hora de evaluar el ”valor” de las personas y en especial de las mujeres. Hasta que nuestra cultura no cambie los mensajes que emite será difícil que las personas tengan una actitud sana respecto a su propio cuerpo, es por eso que nuestro abordaje no debe quedarse entre las cuatro paredes de nuestros consultorios.[/FONT]
[FONT="]-¿Cuál sería entonces el primer paso a seguir? [/FONT]
[FONT="]-Lo primero que hay que hacer inevitablemente es intentar restablecer el ritmo alimentario, la paciente tiene que empezar a comer normalmente. Parece una obviedad pero no es fácil lograr que se cumplan las cuatro comidas básicas, lo cual sería un buen comienzo. Esto permitiría comenzar a trabajar el aspecto psicológico propiamente dicho porque una persona que está un veinte por ciento por debajo de su peso normal no puede expresarse adecuadamente sobre lo que le ocurre, si no se compromete a replantear su conducta alimentaria no se puede continuar. Además, si se consigue esto sería una muestra de que la paciente acepta su condición y sus limitaciones y recién entonces estaríamos en condición de decir que se estableció una alianza con su equipo terapéutico.[/FONT]
[FONT="]Comenzaremos pidiéndole a los pacientes que realicen un seguimiento alimentario y vivencial semanal llevando un registro de todo lo que come, lo que hace y siente en cada momento; les diremos como sugerencia que lleven una especie de diario de su enfermedad en donde realice el seguimiento del proceso para valorar los éxitos o fracasos posteriores, cosa que en el caso de nuestra paciente Ada Falcón, sabemos que viene haciéndolo hace varios años. [/FONT]
[FONT="]En cada sesión daremos pautas a seguir para que pueda contar con herramientas suficientes como para advertir los síntomas de su enfermedad y si se le presentaran situaciones estresantes tener la capacidad de actuar o de pedir ayuda a tiempo.[/FONT]
[FONT="]Reflexionando sobre lo que me ocurre, llegué a la conclusión de que hay dos períodos en las bulimaréxicas porque primero lo fui de manera mental, imaginaria, pasando por un momento de la vida en donde me sentía triste, sola en el mundo y sin nadie que me comprenda; solo me juzgaban por mi apariencia haciéndome caer en la desesperante necesidad de ser bulimaréxica en efecto, de llegar a desearlo con todas mis fuerzas y no sé cuándo dejé de pensarlo para que se convierta en realidad. En la segunda fase real o concreta, sufrí igual que antes o quizás un poco más porque era mi cuerpo el que ahora estaba en juego, pero me consolaba ver que en la balanza y en el baño mi peso descendía cada día mas. [/FONT]
[FONT="]Es una carrera que nunca termina, en la que nunca se gana y aunque era consciente de lo que me pasaba, nunca encontré límites para la perfección y siempre necesité ser la mejor, cada día más y después de lograr una meta venía otra y otra; me entregaba a la bulimarexia como estilo de vida y hasta estaba dispuesta a morir por ella. [/FONT]
[FONT="]-La problemática de la Bulimarexia nos ha llevado a replantearnos la ética de nuestra profesión. [/FONT]
[FONT="]-¡Pero por favor, Agustín! No seas tan extremista- El doctor Roberto Díaz estaba siempre pendiente de mis comentarios y nunca dejaba de acotar algo “políticamente incorrecto” en las reuniones de supervisión para quedar bien parado ante la consideración del director de la institución y seguir forjando su imagen de “genio transgresor” como lo habían tildado algunos colegas. -¿Quién de no es un poco chanta? ¿quién no tiene ribetes de asesino? ¿Acaso no queremos todos los que estamos aquí salvar el mundo? La ética no tiene nada que hacer en este consultorio. En los tiempos que corren, mi querido colega, es extravagante hablar de lealtad, justicia, de amor o de verdad absoluta. Son palabras de museo. Todos estamos contaminados de orgullo, todo está contaminado; es inútil hacerse mala sangre por una profesión que no tiene salvación porque está hecha por hombres imperfectos y hacemos lo que podemos.[/FONT]
[FONT="]Sentí que algo viscoso, sucio, se apoderaba de mí, como una mezcla entre vergüenza por las palabras del doctor y algo de complicidad de mi parte, la misma maldita aceptación que me impedía rebelarme del todo con la vida, la que me había desterrado de los viejos sueños, esperanzas y sentimientos, gastándolos y transformándolos en espectros. Aclaré mi garganta para no dejar deslizar mi desazón y continué justificando mi postura: [/FONT]
[FONT="]En este tipo de trastornos alimenticios siempre se presupuso que nunca se debía ayudar al paciente sin su consentimiento, se le podía inducir, apelar o intentar convencerlo para que acepte la ayuda pero nunca imponérsela argumentando que era por su bien. Pues bién, les voy a decir que hoy por hoy no nos alcanza con suprimir los síntomas de la paciente o incluso salvar su vida. La calidad de vida debe ser un valor real adquirido y no mero palabrerío de compromiso, el paciente debe poder crear durante el tratamiento, una escala de valores reales y posibles, resultado de su toma de decisiones a conciencia. Es por eso que en determinadas circunstancias extremas no sólo debemos decidir entre su seguridad y medios proporcionados o des-proporcionados de terapia sino acudir al criterio de lo extra-ordinario. [/FONT]
[FONT="]-¿Adonde quiere llegar con esto licenciado? [/FONT]
[FONT="]-A que en ciertos momentos deberíamos superar la relación ordinaria con los pacientes aún a riesgo de entrar en conflicto con su autonomía, teniendo siempre en claro su condición de persona única e irrepetible. Con el tiempo los equipos terapéuticos suelen sucumbir al síndrome de “fatiga profesional” o desgaste producto de la sensación de ser desbordados por la situación terapéutica y las exigencias insaciables y contradictorias de la paciente como le ocurrió a la doctora Simone pero adoptar un modelo integral de acción y solicitar ayuda, es un buen comienzo para no caer en este mal al contrario de la visión absolutista de antaño. [/FONT]
[FONT="]La paciente Ada Falcón parte del principio de que sus razones, sus motivos y sus ideales son lo único importante y el llevarlos a cabo, están primeros que cualquier otra cosa teniendo prioridad incluso sobre la realidad. Para ella la insatisfacción proviene de la traición o el relegamiento de estas cuestiones imperativas, si recurre a negociar circunstancialmente con su terapeuta sentirá seguramente que se traiciona a sí misma y que está perdiendo su tiempo en trivialidades en lugar de perseguir el fin real de su existencia. Es necesario que distingamos entre rechazo al terapeuta y resistencia al tratamiento ya que permanentemente se debate en una lucha interna entre la necesidad de ser amada y su aspiración a un ideal de belleza; es un tipo de muchacha a la que no le alcanza con ser buena, tiene que ser la mejor. La relación que entablemos hará posible que este rechazo inicial se modifique y se exprese sólo como resistencia a ser tratada, lo cual es un primer paso en la toma de conciencia de los motivos ocultos que generan su conflictiva. Si después accede a iniciar un tratamiento, como en este caso, comenzará el recorrido de su renovación, al marcarle sus modos de defensa, los cuales se transformarán en material de trabajo para su terapia. [/FONT]
[FONT="]-¿La que intenta decir es que el paciente debe hacer y decidir no sólo lo que quiere hacer con su vida sino también con su terapia? ¡Me vuelvo loco! Descuelgo mi título y me dedico a otra cosa entonces.[/FONT]
[FONT="]-Esa es la primera reacción ante la resistencia, doctor Díaz. Lo que intento decir que ante esta problemática en particular debemos dejar de lado la ética de la convicción absoluta, aquella que no entiende de razones como usted, que nunca se detiene, que no tiene límites, intransigente y hasta abusiva, disfrazada con la excusa de mejorar el futuro del paciente y su calidad de vida. Planteo cambiar la convicción interior del terapeuta perfecto o “genio transgresor” frente a la humildad razonable del terapeuta responsable y comprometido.[/FONT]
[FONT="]- Quiero creer que usted orgullosamente se ubica en el segundo grupo, ¿no es así?[/FONT]
[FONT="]-Créame doctor que no es lo importante porque ambas posturas aunque parecen irreconciliables, son complementarias pues se actúa de manera responsable cuando se proponen fines racionales y coherentes a cada paciente y se buscan los medios adecuados para alcanzarlos, teniendo a la vista las circunstancias de cada paciente y considerando las consecuencias posibles. Pero para hacerse efectiva esa responsabilidad se necesita que ambas partes acepten una serie de condiciones implícitas; por un lado, considerarse ambos involucrados como interlocutores igualmente calificados e importantes y por el otro, que comparten un rasgo que les hace tener algo en común, esto es, que necesitan trabajar en conjunto para poder comunicarse libremente y llegar a comprenderse aunque al principio estén en desacuerdo. [/FONT]
[FONT="]-¿Cuándo se es responsable entonces con la paciente bulimaréxica, licenciado?[/FONT]
[FONT="]-Cuando se la respeta como ser humano individual y los logros que se persiguen en la terapia son posibles y sensatos, cuando las decisiones se toman en forma conjunta con ella y priorizando su calidad de vida, siempre que se esté abierto a la revisión de las intervenciones aún ante las aparentemente mas efectivas y definitivas.[/FONT]
[FONT="] Aquí no se trata de una enfermedad aguda de tratamiento poderoso en la que se conquista un éxito estrepitoso con el cual alardear, tampoco de defender ideales irrealizables a cualquier precio, ni de alcanzar caprichosas metas por encima de cualquier obstáculo. [/FONT]
[FONT="]Frente al distanciamiento profesional propongo una palabra humana y cercanía personal, comprensión y calidez en el marco de negociaciones estrechas en donde los involucrados intenten entregar lo mejor y recibir confirmación de apoyo, generando confianza. [/FONT]
[FONT="]Además de lo complejo de la situación se requiere una apertura mental por parte del equipo profesional que le permita deliberar y justificar de manera única los conflictos, armonizando dos órdenes terapéuticos de por sí heterogéneos como son proximidad y confianza frente a la ética de los principios y obligaciones.[/FONT]
[FONT="]-Ser bulimaréxica no es tarea fácil, ser perfecta o tratar de serlo, tampoco. [/FONT]
[FONT="]Mucha gente piensa que actuar de esta manera es estar loca, me juzgan por preocuparme de aspectos superficiales como el cuerpo o por querer estar linda y flaca sin interesarse por saber que es lo que pienso. [/FONT]
[FONT="]Vivir es un arduo trabajo de todos los días. Es despertarme a la mañana y maldecir porque empieza un nuevo día de sufrimiento, un nuevo día en el que no voy a ser lo que siempre soñé y que quizás nunca llegue a serlo. Es mirarme al espejo y no reconocer ya mi rostro tratando de esconderme de esa mascara de muerte. Es ir caminando por la calle y mirar obligatoriamente el reflejo de cada vidriera al pasar para darme cuenta de que es mentira que estoy mas flaca como todos dicen, huyéndo de las miradas para que nadie me vea caminando con ropa ajustada a un cuerpo que nunca hubiese querido llevar y que hasta me da vergüenza.[/FONT]
[FONT="]Es tratar de no perder la fuerza de voluntad cuando algún amigo te invita a comer y saber decir “No” a tiempo a un montón de tentaciones. Es contar cada caloría que entra a tu cuerpo y tratar de eliminarla porque es horrible la sensación de que “todo lo que te alimenta, te destruye”[/FONT]
[FONT="] No me preocupan demasiado las consecuencias, tampoco me interesa lo que opine la gente porque son ellos mismos los que en cierta forma me llevaron a actuar así con sus comentarios. Primero te seducen para que comas y no estar tan flaca y después se burlan de vos porque engordaste algunos kilos. [/FONT]
[FONT="]Ser bulimaréxica no es tarea fácil, es un trabajo de todos los días y quizás sea el mas doloroso y cruel que vaya a tener en toda mi vida, por eso luego de tanto sacrificios llegué a una nueva conclusión: definitivamente, vivir no es nada fácil.[/FONT]