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¡Nos vamos a Ibiza!

HazygnomeHazygnome Anónimo s.XI
editado abril 2011 en Narrativa
-¡Venga, Chuso! ¡Vamos, tío, anímate!
-No sé... es que dentro de dos semanas tengo examen de Termodinámica.
-Ya, tío, pero eso es dentro de dos semanas. Y el chollo es este fin de semana. ¡Fin de semana en Ibiza, colega! ¡Música, marcha, tías increíbles a mogollón!¡Fiesta sin parar!
-Bueno, la verdad es que suena bien.
-¡Claro, hombre! ¡Date un respiro, que no haces más que estudiar!
-Es que a mí las discotecas…
-¡Esas son distintas, tío! ¡Una pasada! Los mejores disc jockeys del mundo pinchan allí, es alucinante, ya lo verás.
Chuso dudaba. Era un joven tranquilo, trabajador y dedicado a sus estudios. Su padre le costeaba la Universidad con la esperanza y el orgullo de que siguiera sus pasos en el mundo de la Ingeniería Industrial, y él se aplicaba concienzudamente. Colás era su mejor amigo, compartían habitación en el Campus y le hacía gracia su alocada forma de ser, siempre de fiesta en fiesta, siempre entusiasmado ante todo menos ante los libros, siempre hablándole de sus innumerables conquistas entre las estudiantes de la facultad que, de ser ciertas, requerirían un edificio el doble de grande para contenerlas todas. Chuso se reía a carcajadas ante su vehemencia al contarle sus aventuras, y a menudo sentía una punzada de envidia. Tenía veintidós años, y era bastante tímido, especialmente frente al otro sexo. Colás siempre trataba de arrastrarle a sus locas expediciones, pero muchas de ellas coincidían con horarios de clase, y por las noches Chuso se dedicaba a estudiar el duro programa de la carrera universitaria, y con frecuencia a echar una mano a su amigo con los trabajos encargados por los profesores. Lo hacía de buen grado, a cambio de oír sus peripecias y soñar con superar el muro de la vergüenza y la timidez, y compartirlas algún día.
Tal vez había llegado el momento.
-Bueno, está bien. Iré.
Colás se puso en pie de un salto y le abrazó, palmoteándole la espalda.
-¡No te arrepentirás, tío! ¡Será el mejor fin de semana de tu vida!
Así que el viernes por la tarde, después de clase, tomaron el metro hasta la estación de Atocha, cargados con sus mochilas. Allí subieron a un tren, un poco desvencijado, que en apenas tres horas les dejó en Valencia. Tomaron un autobús al puerto y llegaron corriendo al ferry, gritando a los empleados que estaban a punto de retirar la pasarela. Lograron subir a bordo, y, apoyados en la barandilla de una de las cubiertas, gritaron y agitaron los brazos como locos, saludando a una hipotética multitud que les estuviera despidiendo con lágrimas en los ojos y pañuelos agitándose al viento.
Era una cálida noche de mayo, y Colás se sentó en una de las tumbonas, tomó una manta e inmediatamente se quedó dormido. Chuso sonrió al mirar a su amigo y se dirigió a proa, donde el barco rompía las olas en dirección al Este. La luna llena iluminaba el mar, y la nave parecía enfilar directamente hacia ella. Respiró hondo, cerrando los ojos y saboreando el olor salado. Se sintió feliz, por primera vez en mucho tiempo.
Llegaron por la mañana. Desembarcaron y fueron directos a la pequeña pensión, situada en una estrecha calle de casas blanquísimas. Todo parecía resplandecer: el mar, el cielo, las nubes, las blancas paredes. Incluso sus rostros resplandecían. Dedicaron el día a pasear, a tomar el sol, a comer en un minúsculo restaurante escondido en una bonita cala, donde una joven pelirroja de rostro pecoso les sonrió con picardía, provocando el sonrojo de Chuso mientras Colás le decía mil bobadas, intentando impresionarla. Pero la chica le sonrió a él, y él apartó la mirada, azorado.
Cayó la noche y, después de un rápido bocadillo en un bar, salieron al bullicio. Las calles estaban llenas de gente, casi todos jóvenes vestidos de forma extravagante, con gafas de sol, sombreros, pendientes, camisetas con dibujos raros… Chuso los miraba alucinado, y un poco amedrentado. En cambio Colás parecía estar en su salsa. Llegaron a la puerta de una enorme discoteca, y se pusieron a la cola de gente que esperaba para entrar. La fachada estaba cubierta de luces de neón, formado intrincados dibujos con su luz irreal. Sobre la puerta, los tubos luminosos dibujaban un par de cerezas de tamaño enorme. Colás reía al ver la cara de su amigo, y le daba codazos cada vez que localizaba una chica guapa.
-Mira, mira ésa. ¡Dios! ¿Cómo se puede estar tan buena? Y dentro hay muchas más, ya lo verás. ¡Te vas a poner las botas, colega!
Chuso no respondió. Sentía vértigo en la boca del estómago, y le entraron deseos de dar media vuelta y salir corriendo. Pero la vergüenza le contuvo. Se armó de valor e intentó alejar esos pensamientos de su mente.
Por fin entraron en el local. Tras un corto y oscuro pasillo, atravesaron una puerta que daba a unas escaleras que bajaban a la pista. Chuso se quedó boquiabierto al contemplar la escena. A un par de metros, por debajo suyo, una multitud de jóvenes bailaba y brincaba iluminados por continuos destellos de luces de todos los colores, que parecían barrerlos hacia delante y hacia atrás, en círculos, en zigzag… pero lo peor fue el impacto de la música, a todo volumen, que le golpeó el estómago como si la membrana del altavoz residiera allí. Se agarró a la barandilla, como si temiera caerse, y se sintió mareado y aturdido por una inexplicable sensación de irrealidad. Sintió como si estuviera dentro de un sueño, como si contemplara una película de la cual era a la vez espectador y protagonista.
Colás le agarró del brazo y bajaron juntos a la pista, mezclándose entre el gentío. En cuanto tuvieron espacio suficiente, empezó a mover brazos y piernas al ritmo hipnótico de la música, como poseso, al tiempo que se acercaba sin disimulo a un par de chicas de escasa indumentaria que bailaban sin hacerle el menor caso. Chuso empezó a moverse torpemente, intentando seguir el ritmo de la batería que le aturdía los tímpanos. Intentó concentrarse, mirando el movimiento de sus pies e intentando encontrar un modo de huir de allí sin ofender a su amigo.
-¡Eh, Chuso! -Le gritó Colás al oído, sobresaltándole.- ¿Qué haces, hombre? ¡Mi abuela se mueve mejor que tú, y eso que sólo conoce el chotis! Ten, toma esto, que estás haciendo el ridículo.
Colás le tendió una pequeña pastilla de color azul.
-¿Qué es esto?
-¡Un caramelo!-contestó, riendo. Y abriendo la boca le mostró una pastilla idéntica en mitad de su lengua.-¡Póntelo así, y deja que se deshaga!
Chuso obedeció. No se sentía con fuerzas de protestar. Su amigo bailaba frente a él, sonriendo y animándole a imitar sus movimientos. Lo hizo con desgana, mientras chupaba el caramelo azul que llevaba en la lengua. Tenía un sabor extraño, pero agradable, y por alguna razón, le estimulaba sobremanera la salivación. Al cabo de un par de minutos, empezó a notar la boca pastosa, y se sorprendió al darse cuenta de que estaba bailando con ganas. Sonrió ampliamente, y se atrevió a dar un giro sobre sí mismo, mientras Colás le miraba riendo a carcajadas.
-¡Muy bien, colega! Ya eres todo un Travolta, ¡vamos!
La música martilleaba machaconamente y les sumía en un estado de hipnosis colectiva, donde nada existía salvo el ritmo filtrándose en sus cuerpos, que respondían mecánicamente moviéndose al compás. Cada vez que el disc jockey anunciaba una nueva canción, la gente aullaba enloquecida y adaptaba sus movimientos al nuevo ritmo. Chuso aullaba con ellos, como si conociera las canciones, aunque no las había oído en su vida. Estaba empapado en sudor, pero ni siquiera se daba cuenta. Su corazón latía frenéticamente, y parecía seguir el ritmo también. Sus ojos brillaban con un brillo opaco, y apenas parpadeaba. Lo único que podía hacer era saltar, saltar, bailar, mover los brazos, girar la cabeza, saltar, gritar, cantar…
Atrás quedaron el examen de Termodinámica, la carrera de Ingeniería, y su padre. Colás despareció la tercera noche, y a él no le importó. Había conocido a un tipo muy simpático que le mantenía bien surtido de pastillas, aunque no siempre eran azules. Las había de todos los colores, incluso con graciosos dibujos pintados en ellas. Le gustaban especialmente las que llevaban la cara de Mickey Mouse. Desde niño, había sido su personaje favorito.
Pero cuando el saldo de su tarjeta de crédito se agotó, el tipo de las pastillas dejó de ser simpático. Como ya no le dejaban entrar porque no podía pagar la entrada, le esperaba en la puerta hasta el amanecer, tiritando de frío a pesar de que ya era verano. Entonces se acercaba a él, con la camiseta sucia y barba de varios días, el pelo largo y desgreñado, y le suplicaba que le diera una pastilla. El tipo y sus amigos se reían de él, y a veces le hacían hacer cosas ridículas a cambio, como bajarse los pantalones y orinar en público, o imitar a un mono, o tirarse pedos para mofarse de sus esfuerzos y su cara colorada al intentarlo. Entonces le tiraban una pastilla y se desternillaban al ver cómo corría a recogerla, arrastrándose por el suelo.
El juego dejó de ser gracioso al cabo de pocos días, y los tipos ya no se reían. Ahora le miraban con expresión de asco, y se alejaban de él. Su aspecto era espantoso, con una larga melena y una barba llena de piojos, los ojos enrojecidos, cubierto de ropa mugrienta, y demacrado como un cadáver. Aquella mañana de pleno agosto, el calor era sofocante y Chuso se desplomó frente a ellos. No le hicieron caso.
Le enterraron en el pequeño cementerio de San Antonio, en un nicho sin nombre, pues no hallaron documentación alguna que le identificara. El cementerio estaba sucio y descuidado, y las vallas que lo delimitaban ofrecían multitud de sitios por donde colarse. Por las noches solían reunirse allí muchos jóvenes marginales, para drogarse y fornicar. Uno de ellos vio la tentadora losa blanca de su tumba, recién colocada, y sacó de su bolsa un spray de pintura negra.
Agitó el bote, y dibujó sobre ella un retrato de Mickey Mouse, que sonreía con expresión perversa mientras se llevaba un porro a la boca.

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado abril 2011
    Un viajecito mortal:eek::cool:
    Buen cuento, de la vida real, más normal de lo que quisiéramos saber:cool::rolleyes::(
  • kevin77kevin77 Anónimo s.XI
    editado abril 2011
    Yo estube en el 2004 y fue bestial!!!! un verdadero pasote!!!

    os recomiendo el KUMARAS (ambiente chill out) ... alló leer es un verdadero placer
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