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Un clavo saca a otro clavo

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


Un clavo saca a otro clavo

Nunca la engañé, pero estaba tan despechado que sólo quería vengarme. Me abandonó. Mi trabajo, las tareas en mi vivienda, la necesidad de concentrarme en una relación tan tormentosa y esa mierda que disparan las mujeres cuando te quieren fuera de su vida, me tenían trastornado. No era mi primera novia, pero estaba enamorado de ella.

Pasadas dos semanas de nuestra separación, una noche de sábado me animaron unos amigos a salir, para dar una vuelta. Sí, esos amigos que nunca fallan en estas ocasiones en las que sólo bebes hasta vomitar. Me llevaron a un cabaret. Cuando entramos, se nos aproximaron tres chicas, ataviadas con unas diminutas tiras de tela que apenas cubrían los senos y el pubis. Mis penas se escondían bajo aquellas curvas que aturdían mi libido. Pedí un whisky, endulzándolo con la compañía de aquellas bellezas. Mis amigos pagaron los alternes de ellas y mi whisky, con tal de verme bien con la chica que había elegido

la chica que escogí era guapa, aunque le sobraba maquillaje que unido a su cabello rubio teñido, se convertían en una clásica de cabaret. Intentaba conversar con ella, pero la alta música y sus besos ávidos de propina me lo impedían. Así que me dejé llevar acariciando sus senos operados y su redondo y trasero; justo como me gustan a mí. No tardamos en pasar a un cuarto reservado, mientras acompasados gritos de júbilo de mis amigos, tan ebrios como yo, que ya empezaban a y manosear a sus acompañantes.

El servicio privado que pagué, ella lo ejercía en el mismo cuarto en donde vivía. No era ordenada. Había bolsos colgados y ropa por todos lados. En la parte baja del espejo de su baño, había una fotografía de un niño pequeño y una pegatina de Brad Pitt. Nunca he entrado en esos detalles, pero quizás el exceso de alcohol me llevó a preguntarle por la fotografía. Me dijo que era su hijo y que lo había parido a los 16. El padre de la criatura huyó apenas supo del embarazo, y ella sola tuvo que conseguir dinero para sí, para su hijo y para su madre, que cuidaba al niño. Una amiga suya, también cabaretera, la había llevado a aquel cabaré. Dos años llevaba ganándose la vida a costa de llenarse el buche con porcachonas bebidas y servicios privados. No sabía por qué, pero empezó a caerme bien. Quizás por lástima, o quizá por mi relación sentimental hecha añicos, la traté con cariño.

Los dos nos acostamos completamente desnudos y, calientes empezamos a besarnos apasionadamente, como novios. En absoluto se cortó y bajó a mi miembro a hacerme una felación de campeonato, apretada y húmeda. Hacía unos ruidos con la lengua que me excitaban mientras succionaba, a la vez que "acariciaba" mis testículos con sus largas y afiladas uñas. En ese momento recordé a mi ex y a lo que le costaba hacerme sexo oral, pues pasaba de ello la muy estúpida.

Y llegó mi turno: la puse boca arriba y empecé a lamer sus senos, grandes y con pezones erectos, en cuyos pechos pude ver la operación. Nunca antes había disfrutado de pechos operados. Bajé hasta su entrepierna. Ya allí sentí un olor disímil; una mezcla de la fiebre del momento y de las horas que llevaba en el cabaret. ¡Pero qué coño! Yo había pagado un buen dinero como para no degustar todo lo que me ofrecía aquel apetitoso cuerpo. Así que, lengua a destajo chupando todo. Ella arqueaba la espalda de placer. Hasta que me puso un preservativo y la penetré. Lamía ella mis tetillas mientras hacíamos el amor. Primero, perro; ¡qué lindura de culo! A pesar de las estrías era un grandioso culo, en el que pude cabalgar a mis anchas.

Sentía lástima por los chillidos que emitía, pero estaba tan enfrascado en mi faena, tan a gusto y caliente que no paré hasta ametrallarla. Pero no podía eyacular por tanto alcohol ingerido, pero resistió, estoico, mi miembro, y minutos después triunfé y luego me eché de lado en la cama.

Se pegó más a mí y nos quedamos medio dormidos. Sólo recuerdo que le pregunté si le había dolido por haberla follado por detrás, y me respondió que sí, pero que le mereció la pena porque el placer sentido no lo había tenido nunca, ni siquiera con el padre de su hijo, del que que se había desenamorado y del que creía que la satisfacía en la cama. No respondí a ese respecto, ni alardeé de macho ibérico. No es mi estilo.

Al otro día desperté trastornado en aquella cama. Miré a derecha e izquierda y estaba yo solo. Era mediodía. "¡Joder, mi negocio!", pensé, en una exclamación.

Ella se había desmaquillado, lo que la hacía más guapa. Me había preparado un copioso desayuno. Mientras daba cuenta de él, me iba contando que me quedé frito y que pensó en despertarme, pero me veía tan plácido que desistía. Añadió que yo le había contado algunos detalles de mi reciente separación y que ella lloraba durante mi relato.

Luego bajó a la sala, que igual tuvo que mentir por esconderme. Estaba libre de resaca y quería irme, pero me dijo que podía quedarme allí, con ella, que no empezaba a trabajar hasta las diez de la noche. Me gustó su oferta, así que me eché en el sofá. Se dio cuenta de que tenía frío y por eso tiró de manta y se echó junto a mí, besándome en la mejilla y, abrazados y charlando, nos quedamos unas cuantas horas...

Nos levantamos del sofá a eso de las siete. Yo no podía creerme la aventura tan loca que estaba viviendo. Pero me sentía feliz. Y ella también se veía así. Conversamos de muchas cosas; de sus sueños, de su hijo, de su ex novio, de mi ex novia. Le sugerí que cambiase de trabajo. Le prometí buscarle uno "diferente". No me aceptó dinero por sus atenciones ni por el desayuno. Su respuesta fue que ya era mi amiga, lo cual me agradó. Finalmente, nos despedimos con un tierno beso y un no menos tierno abrazo.

Ya en casa, me encontraba nervioso; no podía dejar de pensar en 'mi rubia cabaretera'. No obstante, me evadí un poco y me metí en mi correo para leer nuevos mensajes. Tan enfrascado estaba en ello que no oí el sonido de mi móvil, pero como eran reiteradas las llamadas, al fin lo oí y lo cogí. Era mi ex, quería hablar, que la perdonase...

Pasadas dos semanas de mi salida nocturna, volví con mi novia y a la vez empecé una relación con Sole que así se llama 'mi rubia cabaretera'. Pero, pocos días después, acabé con mi novia y me traje a Sole a vivir conmigo en mi casa.

En la actualidad tenemos un hijo en común, más su hijo, al que quiero y protejo como si mío fuese. Sole trabaja en su propio local de peluquería y belleza para señoras, y yo sigo con mis negocios. Estamos muy enamorados. La vida nos hace un guiñó de complicidad y nos sonríe

LA CAJA DE MSICA 3 UN RINCONCITO PARA COMPARTIR  - Pgina 2 Sissi-10

A Chávez López
Sevilla nov 2025

 

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