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Andora o la pasión sublimada 7ma. entrega (Por Carlos Pereyra)

(Después de despertar del sueño con Andora...) 
Todavía me encuentro sudando, estoy muy excitado y no puedo contener el deseo que se apodera de mí, pero no hay nada que hacer ¿Cómo podré encontrar a Andora en el medio de la selva y a esta hora de la madrugada?

Para aplacar un poco este delirio he tenido que masturbarme, no es mi costumbre, pero el solo recuerdo de esa mujer me es más grato que la presencia de cualquier prostituta que viniera a calmar mis deseos en este momento. 

CAPÍTULO IV

DE RODILLAS ANTE SEBALÁ.

Esta mañana se ha producido mi cuarto encuentro con Andora, nos vimos en el lugar convenido, un poco después de  las nueve de la mañana. Algunas nubes alrededor presagiaban lluvia. Sin embargo, para nuestra fortuna, no fue así. Al observarla la noté un poco taciturna y distante, por tanto, no quise besarla al darle los buenos días.

-       Te esperaba –se limitó a decir-

    Y sin más preámbulos dimos comienzo a la sesión.

(Transcripción del 4to. registro grabado)

Dos días después de darme las revelaciones sobre Sebalá, Exnabor me despertó muy temprano en la mañana y me dijo:

-       Levántate, tienes que acompañarme.

Fuimos hasta su barco y partimos con rumbo desconocido, yo solo traía conmigo el atuendo indecoroso que me obligaba a llevar. El viaje duró algunas horas en las cuales por sus consejos y su forma de hablar pude preludiar el inminente destino que me esperaba: Iríamos al encuentro de Sebalá. El barco atracó en una costa desierta y cubierta por una densa vegetación selvática. Estaba ya en la Guayana Francesa. Sus palabras confirmaron mis temores:

-       Aquí vivirás en lo sucesivo.

-       Pero ¿dónde me quedaré? Además ¿Qué voy a vestir? No me dejas nada y lo que cargo puesto apenas me cubre.

En aquel entonces me preocupaban de sobremanera los atuendos que llevaba, pues me consideraba impúdica con aquellas fachas, hoy sólo me queda el bikini y está a punto de reventarse por el desgaste al que ha sido sometido. Todo lo que tenía encima lo he ido perdiendo poco a poco. Cada vez que una parte de mis vestiduras se rasgaba o se desprendía de mi cuerpo era como si una parte de mi ser también me abandonara.

-       Ya te dije una vez que con lo que tienes te basta. –Me respondió Exnabor- A partir de hoy serás sometida a la más absoluta brevedad de ropas. Es la única manera de que desates las pasiones más bajas de quienes te rodearán y complacer a Sabalá. Desde ahora eres su Lémbrina y como tal debes acostumbrarte a la exposición y al dolor. Asume lo sucesivo como una prueba, dura en verdad, pero de la que puedes salir victoriosa si entregas tu cuerpo y tu mente a una rígida disciplina que templará tu espíritu.

La voz del chamán sonaba cortante, pero sabía que lo hacía para tornar menos penosa la despedida. Durante el tiempo que permanecimos juntos me quiso como a la hija que nunca tuvo. Yo también lo quiero y sé que detrás de ese semblante grave y testarudo se oculta un alma noble. Él comprendió  en mi silencio la pena que me causaba su despedida y sin voltear el rostro, tal vez para que no viera sus lágrimas me dijo:

-       Yo no te abandonaré por completo, pero de ahora en adelante tienes que buscar dentro de ti las respuestas a tus problemas.

Fueron sus últimas palabras antes de dejarme. Quedé sola y llena de dudas en medio de una playa solitaria y desconocida. Me tendí en la arena sin hallar que hacer, mientras contemplaba el barco de Exnabor que se perdía en la distancia. Sabía que en lo sucesivo mi destino estaría plagado de sufrimientos e inclemencias a las que no sabría cómo afrontar. Buscar las respuestas dentro de mi no sería fácil.

Me levanté cuando el barco se perdió de mi vista y empecé a caminar por la orilla tratando de ordenar, inútilmente, mis pensamientos. En la medida que avanzaba, mi falda se levantaba y todo mi culo quedaba al descubierto. Eso me avergonzaba a pesar de creerme sola, pues aún persistía en mí aquel prejuicio que me inculcaron las religiosas sobre la propiedad del cuerpo de ser fuente de pecado. Por ello, al encontrarme estirando insistentemente la ínfima tela que me cubría las nalgas, me sentía como la más sucia de las rameras. Odiaba mi cuerpo por ser tentador y por despertar el pecado a donde quiera que fuera.

El viento arreciaba contra mi pecho, estrechándome la camiseta contra los pezones que ya se encontraban enhiestos y a punto de salirse del escote, que de por sí era dos tallas por debajo de la mía. Al fin vencida por el cansancio y la incertidumbre, me tumbé de nuevo sobre la arena al pié de un palmar que muy poca sombra me brindaba. Olvidando la compostura entreabrí las piernas sin percatarme que estaba revelando mi ropa interior. Estaba sofocada por el calor y los pezones me picaban por la arena que se había colado entre mis pechos.

Humedeciéndome los dedos con la boca comencé a frotarlos suavemente para calmar la ligera irritación que habían sufrido. Aquello me produjo un desquiciante cosquilleo que jamás había sentido, pero que me excitaba a más no poder. Casi de forma inconsciente, bajé mi otra mano y abrí más las piernas para tomar posesión de  mi sexo. Empecé a frotarme por encima del bikini, a los pocos segundos ya estaba húmeda del placer... sedienta de nuevas experiencias.

A pesar de haberme entrenado en el arte de la seducción, la esposa del Chamán jamás me había hablado de la autocomplacencia. Por eso, aquel pequeño retozo se me presentaba como algo novedoso, divino, pero a la vez desconocido. Mi dedo se abrió paso hasta la vagina y empecé a masturbarme con inusitado frenesí. Estaba a punto de rasgar el himen y experimentar en primer orgasmo de mi vida cuando una figura emergió de una cueva cercana a la playa, con su voz altiva e imponente coartó al instante mi delirio.

-       Lo has hecho muy bien para ser la primera vez, pero te ha faltado algo.

-       ¿Qué? Me atreví a preguntar, aunque en ese momento la interrogante más acertada hubiera sido ¿Quién eres?

-       Que te postres ante mí. ¡Perra infeliz! Demuéstrame que me sirves.

Se había producido mi primer encuentro con Sebalá. Era una figura en apariencia femenina, pero con una terrible mirada capaz de impactar por sí sola. En ese instante lanzó sobre mí una fuerte descarga que me empujó contra unos matorrales, haciéndome perder la conciencia por algunos segundos. Apenas recobré el sentido me tumbé antes sus pies.

 (Continuará...)


Comentarios

  • editado 27 de enero
    Tu relato se está poniendo más interesante.
    ¿Cómo será el encuentro con Sebalá? ¿Qué destino le depara a nuestro personaje principal?
    Creo que en la siguiente entrega lo sabremos.
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