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PAN DULCE CON SABOR AMARGO

LA HISTORIA

El amor florece cuando nos tomamos el tiempo y la atención para observar y sentir el amanecer. A menudo, en nuestra rutina diaria, nos apresuramos para llegar al trabajo o llevar a los niños a la escuela, y rara vez nos detenemos a apreciar la belleza del amanecer desde la ventana de nuestra habitación. Sin embargo, llega un día en que partimos de vacaciones, subimos a nuestro automóvil y, en medio del viaje, somos testigos de un amanecer. ¡Oh, qué sorpresa! ¡Qué hermoso!

 

            Así da inicio esta historia de amor, una narrativa que jamás habría acontecido si Joaquín no hubiera decidido detenerse a contemplar el paisaje de su alma. Durante mucho tiempo, había vivido sin prestar atención a sus propios sentimientos; el amor que su alma anhelaba encontrar parecía un efímero recuerdo de su juventud. No obstante, un giro del destino y las circunstancias se alinearon aquel día de invierno para que conociera a Lourdes.

 

            Lourdes no se encontraba muy distante de la realidad de Joaquín, ya que compartían un sentimiento similar. En su caso, el amor permanecía agonisante, oculto en las rutinas de su vida actual, anhelando dejar atrás lo que pudo haber sido y no fue . Era una vida que la había llevado a contemplar el amanecer como un sueño imposible de alcanzar.

 

            En su nueva vida, el amor parecía no tener cabida. La dependencia económica y social la habían forzado a crear su propio destino, un lugar donde las emociones no tenían cabida para su independencia, opteniendo el control para decidir quién entraría y quién no a su vida. Había erigido este mundo con mucho esfuerzo y sacrificio, mientras mantenía celosamente su corazón cerrado a todo aquel que no fuera una promesa de independencia económica. Aunque sus días transcurrían en la penumbra de la distancia emocional, su anhelo seguía latiendo, esperando ver una luz que iluminara el camino hacia el amor.

 

            El amor fluia a caudales por su sonrisa, por su mirada, por su voz, por su figura, por su manera de caminar y mover sus manos, por sus hombros, por su cuello, por su cabello suelto. El amor, presa de su pasado, fluía locamente por todo su cuerpo menos por su alma. Eran los últimos intentos del amor para seguir vivo en su corazón. 

 

            Ella ignoraba los reclamos moribundos del amor, nunca en su vida pasada le habían ayudado. Incluso fueron el motivo de sus desengaños. Había aprendido a vivir sin él y ahora podía tener control de su vida. El amanecer se había vuelto un Estado en TikTok. 

 

            Joaquín siempre había tenido control de su vida. Se sentía orgulloso por ser quien era. Su vida había sido el resultado de sus decisiones. Sin embargo, no encontraba en su vida, además de sus hijos ya grandes, un propósito para amar. El trabajo, las responsabilidades, las cosas materiales no llenaban su corazón. Deseaba ver el amanecer con ojos de ensueño, con mirada perdida en el horizonte; esperando vivir el sentido de la vida. El amanecer se había vuelto una insensante búsqueda por el amor.

 

            La historia de Lourdes y Joaquín, como en muchas otras, es un reflejo de aquellos que, agobiados por la pesadez de la vida, buscan en el amor una imagen que les ayude a escapar de sus problemas. Son como actores que, en lugar de enfrentarse a sus miedos, optan por representar un papel que les permita mantener la ilusión de control y felicidad.          

 

            Lourdes y Joaquín, en sus encuentros amorosos, a menudo se sumergirán en la ilusión de un mundo mejor, un refugio temporal donde sus problemas se desvanecen, al menos por un breve momento. En medio de sus propios dilemas personales, se aferrarán a la comedia de la felicidad, sin encontrar una solución real para sus inquietudes. Al igual que el actor suicida, interpretan un papel que les hace reír y disfrutar, pero que no les proporciona una verdadera cura ni control para sus males internos.

 

            En la superficie, Lourdes y Joaquín podrán parecer una pareja feliz y enérgica, disfrutando de su tiempo juntos y compartiendo risas y momentos agradables. Sin embargo, en lo más profundo de sus corazones, cada uno carga con sus propios dilemas y preocupaciones. La vida a veces puede ser dolorosa y desafiante, y aunque se esfuercen por buscar la alegría en su relación, no podrán escapar de las sombras que los acechan.

 

            Así como nadie en las palabras y los cumplidos fíe, en la historia de Joaquín y Lourdes, nos recordará que no debemos confiar en las intenciones de los demás por sus palabras y apariencias, ya que en el interior de cada persona pueden existir luchas y tristezas que no siempre se reflejan en sus actitudes y su rostro sonriente y que, más tarde que temprano uno o los dos saldrán dañados. La vida es una compleja mezcla de sentimientos y pensamientos, donde a menudo el alma gime cuando el rostro ríe y los sentimientos se apagan cuando la necesidad material nos oprime.

 

            En su travesía, Lourdes y Joaquín se toparán con el interés y las mentiras, elementos que harán dudar de la pureza de su amor y complicarán su historia. La búsqueda de intereses personales y la falta de sinceridad en algunas etapas de su relación les enseñan que el mundo a menudo puede ser un lugar despiadado, donde las máscaras ocultan los verdaderos motivos de las personas para relacionarse.

 

            Así, como en el carnaval del mundo, Joaquín y Lourdes aprenden a reír, llorar, desconfiar y afrontar las mentiras. Descubrirán que la vida es una danza compleja entre momentos de alegría y de tristeza, y que, en última instancia, lo importante es encontrar la autenticidad, incluso en medio de las máscaras que todos llevamos en este escenario efímero.

 

            La pregunta es: ¿Ser auténticos y sufrir, o aparentar y vernos felices? Ahora les toca a Lourdes y a Joaquín decidir.
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