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El hilo rojo

Hola, soy nueva aquí. Me gustaría que me dieran su opinión sobre mi novela. Es de fantasía, trata de brujas, vampiros, cazadores y cosas sobrenaturales. 
Me encantaría que me dieran su opinión acerca de mi primer capitulo.  :)

Capitulum 1

2025 la actualidad.

La noche estaba en su apogeo, todos los habitantes de Trasmoz descansaban en paz en sus casas resguardados del peligro que pudiera amenazarlos, menos una joven de dieciséis años, quien se quejaba y parecía sufrir dentro de una pesadilla. Los lamentos de la chica comenzaron a ser más fuertes y el silencio sepulcral fue interrumpido, pues la joven cada vez se veía más asustada, mientras un sudor frio corría por su cara.

Margaret Kedward, ese era el nombre de la pequeña pelirroja de ojos verdes, cuyos sueños no la dejaban descansar porque era perseguida por un par de extraños quienes poseían dones sobrenaturales. Por obvias razones, ella sentía un miedo atroz ante criaturas que sabía que no podía enfrentar, el terror la consumía, la asfixiaba, la estaba volviendo loca, debido a los ojos rojos penetrantes del personaje frente a ella, que la obligaba hacer cosas que no quería y a ver cosas que no deseaba.

La joven indefensa no estaba segura cuando habían comenzado sus pesadillas, bien pudieron comenzar antes o después de la llegada de la familia Silver, una familia poderosa, la cual habitaba el castillo quemado, abandonado y en ruinas de Trasmoz.  El comienzo de las pesadillas, no tenía la importancia debida por ahora, lo único transcendental en este momento era la angustia y desesperación que sufría la chica al encontrarse con aquellos seres misteriosos, a los cuales no podía hacerles frente debido a los poderes que la sometían sin esfuerzo alguno. Una noche más, Margaret se encontraba dentro de aquel sueño sin salida; no pudo contener su agonía por un segundo más y fue liberada mediante un grito de pesar que vino de lo más profundo de su garganta, el cual logró despertarla de su lamento para traerla por fin a la realidad.

La pelirroja despertó sudorosa y exaltada, su cuerpo temblaba y su garganta ardía por su grito. Margaret se incorporó y se abrazó a si misma intentando asimilar que solo había sido una vez más una pesadilla, la cual no podía lastimarla en la vida real, se convenció a si misma de que solo era su mente haciéndole pasar un mal rato. Después de varios minutos logro calmarse y volvió a intentar conciliar su descanso, con suerte lograría dormir sin ser perseguida nuevamente por aquellas visiones.

En todo caso el amanecer llego minutos después junto con un nuevo día. Margaret se levantó, se dirigió al espejo y observo su aspecto cansado y agobiado, sin prestarle mucha importancia comenzó a prepararse para ir a la escuela. A pesar de haber tenido una mala noche y no saber cuánto más resistiría no solo sus pesadillas, sino las ojeras que empezaban a apoderarse de sus bellos ojos, ella no dejaría que los problemas ni sus miedos le impidiera vivir plenamente, no señor, no se derrumbaría por tontos sueños dejando que afectaran su desempeño escolar.

Desayunó con su familia como todas las mañanas, los presentes en la mesa notaron el evidente cansancio que tenía la pelirroja, sin embargo, ninguno hizo comentario alguno, decidiendo, al igual que Margaret, ignorar las amenazas aparentemente invisibles que comenzaban a perseguirla. La chica termino su comida, se despidió de sus papás; quienes le desearon buena suerte en su día, y hermanos; quienes bromearon sobre algunos profesores y materias, dando como consejo, no tomarse tan enserio la vida escolar. La pelirroja ignoro el parloteo de sus hermanos y salió de su casa para encontrarse con su mejor amiga Laila, con la cual iba todos los días a la escuela.

—Hola, Magui —saludó su mejor amiga, mientras Margaret salía de su casa devolviéndole el saludo con un gesto de mano y se giraba para cerrar la puerta de su casa.

—Apúrate o llegaremos tarde a la escuela. —La rubia presionó a la pecosa, pero la llave no quería entrar a la puerta para cerrarse—. Voy a envejecer aquí Magui, ¿qué esperas? —Su voz solo provocó que los nervios de Margaret se salieran de control, más de lo que estaban.

—¿Puedes parar? Estoy intentando cerrar la estúpida puerta y no me ayudas mucho —habló Margaret con frustración, su linda amiga se acercó a ella con una mueca, agarró la perilla de la puerta con intenciones de abrirla y rio.

—Magui, la puerta está cerrada, ¿es una broma o qué? ¡Vámonos ya! —Sus palabras sorprendieron a la pelirroja quien se acercó a abrir la puerta para confirmar lo que decía su amiga, ¡realmente estaba cerrada! Pero Margaret estaba segura de que no había podido meter la llave. Quizás su hermano Dylan le había jugado una broma, o tenía los nervios a flor de piel debido a las pesadillas y la falta de sueño que ocasionaba que imaginara cosas. Ignoró aquel hecho y se fue con Laila a la escuela.

Margaret comenzó a relajarse con las bromas y comentarios de Laila, mientras caminaban hacia la escuela ella le contaba cómo había sobrevivido a su cita con Edmund, un compañero de salón, quien no se cansaba de insistirle a la rubia de ojos azules por una cita; al final Laila decidió aceptar, pero evidentemente la cita no fue de su agrado. Sin duda alguna, Laila era el centro de atención de muchos de sus compañeros de clase gracias a sus rasgos, además, su cabello ondulado brillaba como oro ante la luz del sol, lo cual hacia que ella resplandeciera ante la vista de cualquiera.

Por su parte, había un sin fin de adjetivos para describir a Margaret menos uno: común, esa era la única palabra que no podría definirla jamás. Sus mejillas estaban cubiertas por pecas las cuales resaltaban aún más sus facciones; ella poseía un increíble cabello color rojo fuego y ojos verdes oscuro, por esta razón, ya había hechizado a uno de los hijos de la familia Silver, los vecinos dueños del castillo en ruinas.

Escrito y redactado por: V.HanaMei

Comentarios

  • —Mira quién está ahí: tu guapísimo galán —dijo con tono pícaro Laila, y Margaret volteó para ver al chico de ojos azules.

    —Buenos días preciosa —murmuró cerca del oído de la pelirroja mientras la atraía tomando su cintura con su brazo derecho y depositaba un beso en su mejilla.

    —Buenos días, Aleister. ¿Listo para el estudio? O solo vienes a perder el tiempo intentando conquistar mujeres —dijo Margaret mientras se alejaba de él con delicadeza y le dedicaba una sonrisa coqueta, dándole a entender una vez más que ella no era como las demás chicas, las cuales se veían deslumbradas ante él y caían fácilmente ante sus encantos.

    Aleister era alto, sus músculos estaban marcados ligeramente, tenía unos ojos azul profundo que incitaban hacer lo que fuera que él quisiera con una sola mirada, su cabello negro sobresaltaba mucho más en su piel blanca sin broncear y su sonrisa perversa dejaba sin aliento. Por lo contrario, el único defecto en Aleister Silver quizás era su temperamento y el hecho de no saber jamás lo que realmente estaba pensando e ideando dentro de su cabeza. De todos modos, no importaban las virtudes o defectos que pudiera tener Aleister Silver, Margaret conocía a los chicos de su clase y no caería así de fácil ante él.

    —Pensándolo bien, me has abierto los ojos y quizás he estado perdiendo mi valioso tiempo. Yo debería estar explotando el don que los dioses me han brindado, así que, ¿por qué no empezar en este momento? —preguntó Aleister levantando las cejas de manera galante con una sonrisa cautivadora. Margaret lo empujo con indignación.

    —Bien, me parece perfecto, ve a tu campo laborar lejos de mi presencia —respondió Margaret con tono hostil. Aleister la miro por unos segundos con curiosidad y le dedicó una sonrisa triunfante pues había logrado molestarla.

    —Sabes que jamás podría apartarme de tu presencia. Porque la única chica que llama mi atención en toda esta escuela eres tu —dijo con galantería, le guiño un ojo y ella se ruborizo.

    Aleister iba a tomarla de la mano cuando ella se a parto instintivamente y grito. —¡Anne! —En un intento por huir de Aleister para que no notara lo nerviosa que se había puesto por un alago, detestaba no poder ser dueña de sus emociones y controlarlas mejor.

    El pulso de Margaret estaba acelerado y su corazón brincaba como loco, ella intento calmarse cuando los ojos de Aleister dejaron de enfocarse en ella para mirar a Anne, quien se acercaba con poca convicción hacia ellos. Laila observo con una sonrisa de burla a la pelirroja mientras Aleister recibía con una sonrisa amistosa a la otra mejor amiga de Margaret, Anne Wilson.

    —Hola, ¿qué están haciendo aquí? Es hora de ir a clases —hablo la chica de tez morena con nerviosismo sin poder mirar directamente al chico de ojos azules.

    —Conversábamos sobre el trinomio cuadrado perfecto —respondió Aleister con sarcasmo y un semblante relajado.

    —Ya veo, pero creo que sería mejor idea si ese tema lo escucháramos del profesor —admitió Anne mirando con admiración al chico.

    —Aunque no lo creas Anne, estoy seguro que puedo dar mejor el tema —sonrió con arrogancia y Margaret rodo los ojos.

    —¿Molesta? —pregunto Laila en un susurro a la pelirroja y ella le dirigió una mirada de pocos amigos —Tú fuiste la que quiso distráelo, arrojándolo a los brazos de su enamorada número uno. Ya puedo verlos juntos felizmente, mientras tu…

    —Claro todos estamos seguros de eso. —interrumpió Margaret a Laila y se hizo presente nuevamente entre sus amigos —. Anne, ignora al chico con necesidad de atención y dime ¿Qué tal tu fin de semana? —El humor de Margaret había cambiado drásticamente porque quizás y solo quizás Laila tenía razón, a Anne le gustaba Aleister y a Margaret también.

    Aleister desvió la mirada un poco ofendido, pero Margaret no podía evitar en ocasiones ser grosera o agresiva cuando se enojaba. Intentaba con todas sus fuerzas calmarse, pero los celos y la inseguridad que sentía ante una de sus mejores amigas la estaba carcomiendo. Dado que Anne era inteligente, responsable, amable y bonita, cualquier chico sería muy afortunado de tenerla como novia, en cambio ella cada día perdía más la razón a causa de sus pesadillas y las cosas extrañas que estaban pasándole sin tener una explicación lógica, todo eso la estaba agobiando. Hechos como el quemarse la boca con un café frio, que de repente ya estaba caliente entre sus manos con tan solo desearlo o la aparición repentina de objetos perdidos, frente a ella.

    —Nada que reportar —contestó con honestidad Anne —. En serio deberíamos ir a clases antes de que…

    —Vaya, se puede saber que hacen fuera de su salón en horario de clases —pregunto el profesor William; asustando a Anne, observando a Aleister con severidad y mirando a Margaret inapropiadamente. En consecuencia, Aleister le dedico una mirada desafiante.

    —Discúlpenos profesor, en este momento nos vamos a nuestras clases correspondientes —hablo Laila sosteniendo el brazo de Aleister mientras sonreía amablemente —. Vámonos, no sigamos perdiendo el tiempo.

    Laila jalo a al chico de ojos azules con fuerza como si temiera que en cualquier momento pudiera saltarle encima al maestro, y lo último que querían era un escándalo con uno de los profesores más influyentes de la institución. El profesor William era conocido por ser sumamente severo, además que era uno de los profesores con más años en la escuela por lo que prácticamente era intocable y podía hacer lo que quisiera sin consecuencia alguna, incluyendo acosar a sus alumnas.


  • editado abril 2023

    Anne y Margaret los siguieron, pero antes de que pudieran llegar lo suficientemente lejos del maestro, este las detuvo.

    —Señorita Kedward, usted no se vaya. —Margaret se detuvo y giro sobre sus pies para ver nuevamente al maestro —. Necesito hablar con usted sígame a la sala de maestros. —demandó el profesor con voz autoritaria, mirando seriamente a la chica.

    Anne la miro con disculpa y siguió su camino hacia su clase mientras Laila y Aleister dudaban en dejar ir a la pelirroja sola con el maestro. Margaret lo siguió y los dos chicos se quedaron de pie mirando cómo se alejaba. 

    —Cierre la puerta señorita Kedward. —Ordeno con mirada perversa y sonrisa triunfante.

    Margaret obedeció sintiéndose presa de la situación, sabia de primera mano que el profesor William era un ser depravado y pervertido que acosaba a las niñas de su edad y lo disfrutaba.

    —¿De qué quiere hablar conmigo? Si puedo saber —pregunto Margaret con voz trémula.

    —Quería preguntarle ¿Cómo le ha parecido la clase, fácil o difícil? Ya que he notado su bajo rendimiento en estos días, si la clase le resulta difícil puedo darle clases particulares para que recupere esa energía perdida —dijo de manera sugerente, mordió su labio inferior con sus dientes y Margaret se horrorizo.

    La pelirroja respiro profundo e intento mantener la calma, comenzaba a tener miedo pues la situación le decía que se encontraba en peligro eminente.

    —No, por supuesto que no. He tenido malas noches, pero le aseguró que mi rendimiento no se ve afectado por nada de lo que dice. Así que, si me disculpa. Debo volver a clase.

    Margaret giro y prácticamente corrió hacia la puerta, pero fue detenida por la mano de su profesor, quien la sostuvo y giro con fuerza para poder tenerla de frente. La chica lo observo con un gesto perdido y se sintió aterrada ante la mirada lasciva que su maestro estaba dedicándole.

    —Quiero que sepa que estoy aquí para usted, cuando me necesite… —Lamio sus labios interrumpiéndose, observo a su alumna indefensa en sus manos. El lenguaje corporal de Margaret le tramita lo asustada que estaba, sin embargo, su mirada era de completo desafío y valentía, esto inconscientemente hacia que William deseara poseerla.

    Margaret intento soltarse e irse de ahí, pero fue en vano. Por el contrario, el sucio sujeto la acerco a él con intenciones de poner su sucia boca en la suya.

    —¡Suélteme, me lástima! —grito Margaret con horror.

    La pelirroja tenía la esperanza de que alguien viniera ayudarla, aunque esa probabilidad era nula, pues ¿Quién podría venir y enfrentar al profesor William por ella? ¿Quién se atrevería a entrar e interrumpir dicho encuentro entre maestro y alumno? Todos se encontraban en clases, ignorantes de la conversación entre Margaret y el señor William, como buenos alumnos no se involucrarán.

    Las manos del maestro recorrieron sus muslos de forma inapropiada y apretó sus glúteos, mientras la observaba de forma sucia. Margaret lucho con todas sus fuerzas para poder liberarse de su captor, el asco se apodero de ella y él puso más fuerza en su agarre.

    —¡He dicho que me suelte! —repitió con suplica, esperanzada en que lo hiciera, sin embargo, no era posible.

    Entonces deseo lastimarlo por tal atrevimiento en contra de su voluntad, estaba aterrada y, al mismo tiempo colérica por no poder hacer nada más que resignarse debido a que su agresor le doblaba el tamaño, peso y edad. No tuvo tiempo de analizar sus pensamientos, ni el hecho de porque dijo esa palabra con fuerza, la cual logro que su maestro la soltara.

    Ignis —dijo con claridad y ferocidad, dejando que sus emociones cobraran vida.

    William la soltó aterrorizado por las llamas que cubrían sus mangas. Margaret se alejó y observó aquel fenómeno natural que había ocurrido sin ninguna explicación lógica. Aleister y Laila llegaron a su auxilio, pero se quedaron petrificados al ver la escena, Aleister se apresuró a ayudar al profesor con las llamas que comenzaban a propagarse en todo su cuerpo, mientras que Laila se acercaba a Margaret para abrazarla y consolarla.

    —¿Estas bien?, ¿Intento sobrepasarse contigo? —cuestionó la rubia. Antes de que Margaret pudiera contestar, el maestro comenzó a gritar algo que explicaba lo que había sucedido.

    —¡Bruja, eres una maldita y asquerosa bruja! ¡Tú serás la siguiente que arda en el infierno!


    Escrito y redactado por: V.HanaMei

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado abril 2023


    VanessaLBS

    Bueno sería para ti y para todos los foreros que componemos este foro que te presentes, pero en ese enlace que cito. Gracias

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    Un saludo

     :) 

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