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La Mala Gente

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
editado 11 de septiembre en Narrativa


La Mala Gente
 
Una característica ineludible de la Mala Gente es que rechaza de plano todas las intenciones sanas, como también la capacidad para ponerse en el lugar de la buena gente, a la que ametralla, sin que ésta acierte a saber el porqué de tanta animadversión.
 
La Mala Gente busca encarnizadamente penetrar en las mentes ajenas, para así tratar de arrancarle todo lo que piensan. Pero, como lista que es, hay algo que sabe, pero no lo admite, que es: “nunca podrá igualar a la buena gente, ni mucho menos sus altos niveles de calidad”.
 
La Mala Gente es como una especie de virus. Puede relacionarse siempre, y de hecho se relaciona, pero siempre viendo a la buena gente como un objeto, porque con mañas y artimañas trata de desposeerla de los atributos de persona para valorarla como cosa.
 
La Mala Gente es gente perversa que siempre se refugia y se regodea en la soledad por si nota que se sienten vigiladas sus perniciosas maniobras. Además, la Mala Gente -que desgraciadamente no está en peligro de extinción- es insensible al dolor físico y moral, y, por eso mismo, no adquiere miedos condicionados, como el miedo a la desaprobación social o al de la humillación; miedos que podrían enderezar su comportamiento erróneo, y a su vez le darían un sentido real al bien y al mal.
 
La Mala Gente es ralea que no simpatiza ni empatiza con nadie en ningún momento, a no ser que se vista de cordero, porque tenga en su punto de mira a alguien a quien atacar. Pero siempre o casi siempre es a alguien, sin descartar, por supuesto, su absurda y total disconformidad con todo, por muy coherente que sea.
 
La Mala Gente no siente remordimientos por realizar sus malolientes fechorías. Usa a sus presas solo para alcanzar sus objetivos; es decir, por el placer de las malas acciones. Se fabrica ella misma sus propios códigos de conducta; por lo que únicamente siente culpa por infringir su propio reglamento. En forma de delirio, disfruta con adquirir necesidades extravagantes y unas formas atípicas de satisfacerlas, además de una autocomplacencia enfermiza.
 
Esta gentuza de la Mala Gente posee un marcado egocentrismo, que la lleva a estar en alerta permanentemente, para creerse ella misma y auto convencerse de que siempre está por encima de los demás.
 
¡Desde luego es para reír y no parar de la trabajera que se toman algunas “personas” por no obrar decentemente!



Antonio Chávez López
Sevilla julio 2004




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