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La Marea

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


La Marea

Historia imaginaria y llena a tope de fantasías inventada por mi menda, en uno de esos días en los que mi loca inspiración tenía ganas de trabajar. Y mi ilusión era que se presentase en mi localidad natal, como así ha ocurrido: la ciudad de Sevilla, guapo y legendario lugar ubicado a la margen izquierda del tan poetizado río Guadalquivir.


Tranquila estaba yo tumbada en el sofá del salón de mi casa leyendo, Atormentado, una novela escrita por un amigo mío sevillano, cuando un repentino ventarrón entraba por la ventana trayendo consigo hojas de algún árbol cercano y papeles escritos. Me agaché a recogerlos, y entonces vi que uno de ellos estaba escrito con una escritura extraña; no era en español, ni en inglés, ni en francés, ni en ningún otro idioma occidental... Eran letras con rasgos árabes. Pero, por el momento, no le daba importancia y proseguía con la lectura.

Después de un buen rato enfrascada en la novela me levanté y me fui a mi cuarto. No bien entré, vi un papel encima de mi cama, y, como el anterior, estaba escrito en el mismo idioma, pero con una diferencia; éste tenía un dibujo de una esbelta sirena, que además tenía una cara espectacular, pero su expresión encerraba pena y angustia. Miré el dibujo y sentí deseo de que ella estuviese a mi lado, para consolarla. Me asusté, pero me tranquilicé pensando: “seguramente será uno de esos papeles que han entrado del exterior”.

Pero no, no era un papel cualquiera…

Después de ducharme, cenar, cepillarme los dientes y ponerme el pijama, me senté sobre la cama con mi portátil sobre mis piernas curvadas; lo encendí y me inicié a buscar en el Google las leyendas urbanas y las leyendas reales de Sevilla. De tanto buscar y buscar, al fin hallé una que llamó mi atención: “La Marea”.

Esto que sigue a continuación decía el prólogo


En noches de luna llena, una sirena (embrujada por las mágicas aguas del Guadalquivir, un río con vocación de mar) pasaba por las casas frente al río, más concretamente las del barrio de Triana, y dejaba una nota todos los días; si no las leían y las tiraban, caían en la misma maldición que ella, pero si las leían y las ponían todas las noches en el balcón junto con un vaso con agua fría, evitaban caer en una maldición eterna. Pero no será fácil, porque cada vez que aparezca la sirena cantará una canción, y ésta los hipnotizará y los llevará al río en estado de hipnosis, y después los sumergirá en el río eternamente. Para poder liberar a la sirena, tienes que seguir los pasos escritos en un vetusto idioma, el que aparece en las notas, por lo que tienes que ingeniártelas para saber lo que dicen e interpretarlo después.


Cuando acabé de leerla, me quedé más aterrada de lo que ya estaba. Tenía que hacer algo para ayudar a esa pobre sirena, y también a mí para así no caer en la maldición eterna. Traté de relajarme, pero lo conseguía a medias. Entonces me dio por echar un vistazo a mi horóscopo, y así ver si me iban a pasar cosas malas. Cogí de la mesa del salón el periódico ABC del día y cuando entré en la página de efemérides y horóscopos, leí que la noche siguiente era de luna llena. Al leer esto me quedé helada. "Mañana vendrá la sirena y yo no estoy lista aún; todavía no he podido descifrar lo que dicen las notas. Las secuelas de todo esto han sido que no he podido pegar ojo en toda la noche", pensé.

Al otro día, decidí no salir y quedarme en casa para tratar de averiguar lo que decían las notas. Pasadas dos horas me di por vencida, no sin antes intentar de mil maneras diferentes de descifrarlas. Exhausta, salí de mi casa y me fui a una biblioteca pública de la ciudad, con la idea de conseguir mayor información. Pero antes de salir, tenía que asearme y peinarme, así que me acerqué al baño y en un banquito blanco iba a dejar las notas, pero, mientras las sacaba del bolsillo de arriba de mi bata, veía palabras escritas en el espejo:


Debes conseguir una caracola que mide 25 centímetros de largo y 12 de ancho. Pero no te será fácil. Esa caracola está en el Museo de Caracolas, situado en la Plaza del Museo de la ciudad. Debes cogerla, sin que nadie se percate, porque si no, tú y todos los que estén en el Museo en ese momento caerán bajo la maldición. Pero si cumples las normas y la consigues, tienes que ponerla en tu balcón o ventana junto con esta nota y un vaso con agua fría.


Tan pronto acabé de leer la nota, cogí mi abrigo y mi bolso y corrí hacia el Museo. Cuando llegué había mucha gente, pero mirando otras caracolas. Recorrí el local en busca de la gigantesca caracola. Hasta que… “¡allí, allí está!, y parece custodiada por dos guardias de seguridad, lo que me hace pensar que es importante para el Museo y para la ciudad”.

De pronto, escuché un niño llorar desconsoladamente porque quería un batido de chocolate. “Si le compro el batido, me lo agradecerá y me lo ganaré”. Pero se me ocurrió una idea mejor, que me vino a la mente al ver una cucaracha muerta sobre el suelo. Con asco la cogí, compré el batido y metí el bicho en el frasco. Apenas el niño lo viese gritaría y quizás lloraría, lo que causaría que los guardias se irían hacia él para ver qué le ocurría, y mientras yo aprovecharía para coger la preciada caracola y seguidamente me iría triunfante y feliz a mi casa.

Y, por suerte para mí, así fue como sucedió todo…


-sigue-




Comentarios

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Una vez en casa, puse la caracola en la ventana junto con las notas y un vaso con agua fría. Pero, al dejar el abrigo y el bolso sobre mi cama, vi otra nota en la mesilla. Y en ésta habían escrito…


    Debes ir a una tienda de ropa de señoras y comprar un vestido blanco largo y unos zapatos blancos del número 36 y con tacón alto. Si, por casualidad, te preguntan para quién es ese conjunto, no me menciones a mí, porque si lo haces, la chica que te atienda morirá, y las personas que estén en ese momento en la tienda pensarán que tú la has matado. El vestido, los zapatos y todo lo demás, tienes que dejarlo en el balcón antes de las 9 de la noche


    Desesperada y nerviosa corrí de nuevo y los más rápida que podía a una boutique de señoras, pues eran las ocho y media y los negocios a esa hora cerraban. Para mi suerte, vi una abierta que estaba a punto de cerrar. Pedí a la chica dependienta el vestido y los zapatos. Salté de alegría porque los dos artículos los había. Y menos mal que no me preguntó para quien era, porque no sé mentir y la sirena la mataría. Después de pagar con mi tarjeta de crédito a tope, cogí la bolsa y busqué y hallé un taxi. Ya en casa, presurosa puse en el balcón el vestido y los zapatos junto a las otras cosas. Pero, ¡joder!, rebasé en dos minutos las 9 y todo había desaparecido ya: el vaso, las notas y la caracola brillaban por su ausencia.

    En ese momento sentía un miedo y un frío irracionales. Me quedé paralizada. No podía hablar ni moverme ni respirar. Y para más inri, de pronto, una aterradora sombra se abalanzó sobre mí, a la vez que pronunciaba una frase inteligible:


    ل بيلا سيرينا بور كولبا دي أوستيد


    Después de todo aquel horror junto, con el tiempo llegué a la conclusión de que esos rasgos eran como un embrujo, porque antes de decirlos y de coger el vestido y los zapatos, la sirena huyó al Guadalquivir, quedando yo a su vez inválida de cintura para abajo, y ya no podré caminar de por vida.

    Reuniendo un dinero familiar acudí a ínclitos médicos, y ninguno de ellos se explicaba mi caso, pero me decían que no tenía cura. Y yo, por temor a no ser creída incluso a que se riesen de mí, nunca he querido nombrar “La Marea”. Es que además de no creerme nadie y de reírse de mí en mi cara, iban a pensar que estaba loca.

    Jamás podre olvidar esta angustiosa historia. Tanto la recuerdo que aún hoy me estremezco como si me estuviese pasando ahora mismo, y eso que hace ya más de mil años que sucedió…

    Y de la sirena, nunca más se supo.


    SLO ESCRITOS DE CIENCIA FICCIN Marea_10

    SLO ESCRITOS DE CIENCIA FICCIN Marea_10

    Antonio Chávez López
    Sevilla mayo 1995

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