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(LISTA) Son solo recuerdos

El agua hervía con furia en la cocina de la casa, haciendo que la tetera emitiera un chillido agudo y constante. Nadie se levantó a apagarla. 

—¿¡Quieres hacer callar esa cosa, Andrés!? ¿No ves que estoy trabajando? Después te quejas si me pongo nerviosa…

Aquella mujer se había pasado toda la mañana inmersa en sus manualidades. Solo se había detenido para gritarle a su marido. Luego, había vuelto a internarse en su mundo de cartulina, goma eva y pegamentos.

—A ti todo te pone nerviosa, Gloria, ¿por qué debería preocuparme a estas alturas? 

La voz del hombre, a diferencia de la de ella, estaba llena de pesadumbre, como si emitir cada palabra le significase un esfuerzo desmedido.

Andrés, sin embargo, decidió hacer caso a la petición de su mujer y se levantó de su sillón para apagar el fuego. Tomó un recipiente de la alacena, lo llenó hasta la mitad con la yerba que guardaba en uno de los frascos transparentes, batió en contenido para quitarle el polvillo y vertió el agua dentro. Desde la cocina, le volvió a hablar.

—¿Dulce o amargo, mujer?

—¿Qué más da? El agua ya está hervida. Si hubiese querido tomar sopa te hubiese avisado.

El hombre gruñó con irritación.

—¿¡Oye, qué te pasa hoy!? Estás más alterada de lo normal. 

Ella refunfuñó con un soplido, arrojando sus manualidades a un costado de la mesa.

—¿Ves? Siempre es igual contigo. Ahora ya me distraje y no podré acabar lo que estaba haciendo.

Andrés no solía hacer caso a los reproches de su esposa, a pesar de que estos se habían vuelto más recurrentes en los últimos años, principalmente desde que ambos habían decidido mudarse a una alejada cabaña ubicada en las afueras de la ciudad. Desde ese entonces, sus días habían sido iguales los unos con los otros. Cada uno de ellos pasaba los ratos inmersos en sus propias actividades y solo compartían el tiempo cuando un asunto los unía momentáneamente, a veces se trataba de una película, otras veces eran los noticieros, aunque en la mayoría de las ocasiones eran aquellas discusiones en donde hallaban su punto de encuentro. Se trataba de esas peleas en las cuales nadie busca ganar, solo importa pelear, como si se tratase de un remedio eficaz contra el aburrimiento. 

Con sus ya cuarenta y cinco años de casados, era normal que estos tipos de roces sucedieran de manera más frecuente que en sus tiempos de juventud. Ambos conocían los caprichos y las mañas del otro como la palma de su mano. Sin embargo, aquel día todo parecía ser diferente.

Sin responder de inmediato, él agarró el mate y la tetera, se sentó en la silla que estaba ubicada frente a ella y comenzó con el interrogatorio.

—Te noto más enojada de lo normal. ¿Acaso te he hecho algo? Podemos hablarlo si quieres.

—No tiene importancia.

Ella giró la cabeza para evitar el contacto directo con los ojos de aquel hombre.

—Claro que la tiene, si no, no te comportarías de esa manera. Vamos, toma el mate y cuéntame qué es lo que te preocupa. 

Llenó el recipiente con el agua hervida y se lo entregó a Gloria. Ella miró el ofrecimiento con cierto desprecio. Luego, encogió los hombros, lo acercó a su boca y absorbió su contenido con cuidado. Al terminar de ingerir, volvió a hablar.

—¿Qué día es hoy?

Su voz era seca y cortante, incluso él, noto cierto aire de reproche en aquella pregunta. Miró su celular sin entender realmente a donde iba la conversación, solo se limitó a contestar.

—Jueves veintitrés de julio del año dos mil diecinueve. Son las once de la mañana. Día nublado, probabilidad de lluvia del treinta por ciento. Listo, ahora dime qué es lo que te pasa.

En ese preciso instante se dio cuenta del error garrafal que había cometido. ¡Era su aniversario de casados y se había olvidado de saludarla! Sus ojos se abrieron como platos y tragó saliva buscando quitar el sabor amargo que se había apoderado de su lengua.

—Veo que ya te has dado cuenta. —dijo ella mientras cruzaba los brazos y se apoyaba en el respaldo de la silla. Ahora sí lo estaba mirando fijamente a los ojos, con una furia en su mirada que no había visto en años. Él, buscando anteponerse a lo que se venía, intentó calmar las aguas.

—Pero mujer, ha sido la primera vez. No me puedes crucificar por eso.

Ella bufó molesta. 

—Ustedes los hombres son tan simples. Nunca ven el panorama completo, solo se quedan con las pequeñeces. Si solo fuese eso, ¿crees que haría tanto escándalo? Pero no, es solo la punta del iceberg.

—Me vas a tener que hablar en español, sabes que tu lenguaje basado en indirectas nunca lo pude entender.

Ella le devolvió el mate con brusquedad y con expresión asqueada en su rostro. Él agarró el recipiente para llenarlo nuevamente, mientras esperaba que ella se dignara en decir algo. Sin embargo, el silencio apareció como un protagonista incómodo. Él notaba como ella apretaba sus labios en un intento por mantenerlos callados, como alguien que desea gritar a viva voz un secreto, pero que se contiene de hacerlo. Luego de un breve momento, el cual pareció eterno, ella decidió hablar.

—Odio tener que descifrarlo todo, deberías darte cuenta solo. 

—¿Darme cuenta de que, mujer?

—El hecho de que te hayas olvidado nuestro día especial dice muchas más cosas de las que crees. Es una bola de nieve que se viene acumulando hace años. Ya no salimos a ningún lado, no compartimos nada juntos, solo te limitas a sentarte todo el día en ese sillón apestoso a mirar tus partidos. Tus únicas salidas son con tus amigos al bar de la esquina a hablar de política y a fumar. Se suponía que estos años iban a ser los mejores para nosotros, lejos del ruido de la ciudad, sin los niños, sin preocupaciones. —Ella se detuvo por un segundo. Sus ojos ya no lo miraban a él, sino a un punto fijo perdido en medio de la mesa. —¿Sabes qué? Olvídate, no sé ni por qué lo intento. Lo nuestro ya murió hace años.

Él sintió como en su garganta se formaba un nudo frío y duro. Todo su mundo se le caía encima de manera precipitada y sin previo aviso. Su rostro se ensombreció y su voz se volvió poco más que un susurro apagado. 

—Vaya, no me esperaba esto. Me alegra que me lo hayas contado, no es bueno guardarse estas cosas. Ahora no sé qué decir.

—¡Y claro que no! Nunca has sabido qué decir, mientras tengas tu cerveza y tu cigarro, lo demás se puede caer a pedazos, ¿no? 

—Estás siendo demasiado injusta conmigo. No todo ha sido culpa mía, tú también has hecho tu parte…

Le costó reunir el valor para pronunciar aquellas palabras, aunque, luego de pronunciarlas, se sintió más aliviado. Ella pareció enfurecerse aún más, aunque procuró mantener la ira contenida.

—A ver, soy todo oídos.

Ella alzó su mentón y lo miró desafiante.

Comentarios

  • —No me gusta reprocharte nada, lo sabes, pero me has obligado a hacerlo. Es injusto que yo quede como el malo de la película. Siempre has intentado buscar en mí un hombre que nunca he sido. Siempre exigiendo más de lo que puedo dar. “Nunca arreglas la casa”, “no sabes administrar el dinero”, “nunca nos vamos de vacaciones”, “nunca me regalas nada”. Es como si, por cada cosa que intento hacer, me refriegas en la cara otras tres que no he hecho. Siempre has sido así, aunque, a diferencia tuya, entendí que si pretendía quererte, debía aprender a convivir con ello.

    Ella lo miró con sus ojos húmedos y con sus cachetes colorados. Parecía no tener las fuerzas suficientes para continuar con ese tono enfurecido que traía, así que comenzó hablar con una voz que sonó mortecina.

    —¿Cómo hemos llegado a esto? No lo entiendo, nos queríamos tanto, recuerdo todas las cosas que nos prometimos el uno con el otro. No hemos cumplido ni una sola. ¿En qué momento nos perdimos? ¿Cómo dejamos que esto pasara? Miro para atrás y lo único que veo es costumbre y monotonía, como si viviésemos a control remoto. No es sano vivir así.

    Él suspiró, dándose tiempo para buscar las palabras adecuadas.

    —Supongo que a todos les pasa en mayor o menor medida. Vinieron los niños, las obligaciones, la rutina, todo eso nos fue consumiendo poco a poco. ¿Tiene sentido, acaso, intentar cambiarlo ahora? ¿Podremos darnos una segunda oportunidad?

    Ella, finalmente, rompió en llanto. Él, sintiendo lástima por lo que veía, se acercó para envolverla entre sus brazos.

    —Cálmate, no debes pensar solo en lo malo. Piensa en todas las cosas buenas que hicimos, en los momentos maravillosos que pasamos, en las adversidades que logramos atravesar juntos. ¿Recuerdas nuestro primer beso? ¿Nuestra luna de miel? ¿Lo felices que fuimos cuando pronunciamos ese «sí» en el altar?

    —A eso mismo me refiero. ¿Dónde quedaron esos sentimientos? ¿Dónde quedaron esas personas que se habían prometido amor eterno? ¿Esas personas que estaban ansiosas por entregar su mundo al otro? Ahora esos recuerdos son solo sombras, memorias de una vida pasada.

    —Éramos más jóvenes, cariño, más inocentes, teníamos más energía y todo un futuro por delante. Dijimos muchas cosas y, al fin y al cabo, a todas las parejas les pasa lo mismo. Creo que intentamos hacer lo mejor que nos salió, a pesar de todas las dificultades. Aún podemos hacer algo, estamos a tiempo.

    —Íbamos a ser diferentes, ¿recuerdas? —Ella no parecía escuchar sus palabras. Estaba envuelta en otro tiempo, en otro mundo, mientras las lágrimas seguían brotando de sus ojos.   —Dijimos que no caeríamos en lo mismo, que nunca dejaríamos que la vida apagara nuestras pasiones. Y míranos ahora, estamos deshechos, convertidos en lo que siempre odiamos. —Levantó la cabeza y lo miró. —No Andrés, ya es tarde, demasiado tarde... El tiempo de hacer algo ya pasó y si en su momento no buscamos cambiar, por algo fue, ¿no?

    —¿Y ahora qué quieres que haga? ¿Cómo seguimos viviendo con esta cruz sobre nuestros hombros?

    —Tal vez no haya porque seguir, tal vez debemos dejar de torturarnos y lastimarnos entre nosotros.

    —¿Qué insinúas?

    Él se separó de ella, mirándola con ojos extrañados. Ella continuó hablando.

    —Tenemos que hacer lo que debimos hacer hace tiempo: cortar por lo sano y no dejar que nuestro mal presente termine por ahogar los lindos recuerdos del pasado. Que son solo eso, recuerdos del pasado.

    Él entendió lo que ella decía, aunque no pudo evitar que la tristeza hiciera mella en su alma.

    —¿Podríamos por lo menos hoy, como última vez, pretender que aún vivimos en aquellos recuerdos? ¿Volver a ser esa pareja que alguna vez fuimos?

    Ella pareció dudar ante la propuesta, aunque luego asintió levemente. 

    Ambos se agarraron de las manos y se dirigieron lentamente al cuarto. Allí, sin mediar ni una sola palabra de por medio, empezaron a entrelazarse en un beso que resultó más forzado que apasionado. Lo intentaron varias veces, pero el resultado siempre fue el mismo.

    En ese momento, ambos comprendieron lo que aquello significaba. Las palabras sobraron nuevamente, solo bastó con un par de miradas frías, repletas de rechazo.

    Gerardo la observó por unos instantes, como hacía tiempo no lo hacía. Se preguntó, ¿en qué momento había dejado de amarla, de admirarla, de verse obnubilado por su personalidad? ¿Dónde estaba aquella niña que lo había deslumbrado tantas veces con su belleza? ¿Aquella persona a la cual había jurado proteger contra todos los males, con amarla hasta que los cielos se desvaneciesen, protegerla hasta que los mares se convirtieran en desiertos? 

    Fueron esos segundos en los que recordó aquellas noches de pasión y lujuria en algún hotel de la costa, los besos y abrazos esporádicos que tanto significado tenían, las largas caminatas por la playa, las miradas que denotaban un «estamos juntos en todo esto». Ya nada de eso quedaba. El culpable no había sido el paso de los años, ni las arrugas, ni las visitas al médico, ni el sexo cada vez menos frecuente, era algo más profundo, algo que los había destrozado gota tras gota, segundo tras segundo, hasta que de ellos solo quedó un reflejo difuso de tiempos mejores.

    También había cambiado él, pecaría de orgulloso si lo negaba. Con el tiempo se volvió un hombre más aburrido, más sedentario, menos detallista, menos cariñoso. Hubiese hecho lo que sea por contar con una máquina del tiempo que le permitiese volver a aquellos años dorados. De haber sido posible, habría elegido vivir eternamente allí, en esos instantes gloriosos en donde solo importaban ellos dos. 

    Mientras salían de aquella habitación fría y olvidada por los dioses, Gerardo entendió que no había nada más que hacer y, de haber existido alguna oportunidad de cambiar el rumbo de las cosas, esa oportunidad se había marchado hacía ya tanto tiempo. 

    Él fue el primero en hablar.

    —Así que ya es demasiado tarde…

    —Sí, parece que esto es todo. Quién lo hubiera dicho, ¿no? Nosotros, que nos creíamos tan especiales, terminamos cayendo en la misma trampa que caen todos. Será mejor que dejemos el pasado en donde está y sigamos con nuestras vidas.

    —Claro. —sentenció él, con una voz más decidida de lo que le hubiese gustado admitir.

    Ya en el salón principal, cada uno se internó nuevamente en su hábitat natural. Ella con sus manualidades, él, por su parte, se acomodó en su tradicional sofá y encendió el televisor. 

    Allí reflexionó, con la mirada perdida en las luces de la pantalla. Tal vez, aquel día sería el último día que compartirían juntos, tal vez el cielo les otorgaría la oportunidad que necesitaban para reencontrarse en el más allá y poder así amarse eternamente. Tal vez, no existía el cielo ni existía el más allá y esto era lo último que les quedaba, lo último que tenían: una memoria repleta de recuerdos imborrables, pero que eran solo eso, meros recuerdos.

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Lo que le ocurre a Andrés y a Gloria en este, bien presentado y elaborado relato, sucede en la vida, y, por supuesto que no es un caso singular, ni muchísimo menos. Cuando una unión, (matrimonial o de pareja, de esas "sin papeles") traspasa los límites del tiempo de convivencia, sin que en dicha unión ninguna de las partes se haya preocupado durante el trayecto en ahorrar o conservar, no solamente dinero para la vejez, sino también cariño, amistad y respeto, apaga, cierra y vámonos. Porque, para mí, el respeto en un engranaje sentimental es igual de importante que el amor y la amistad, si no más. ¡Qué bonito es ver por ahí a parejas amorosas amigas!

    Lucas, los diálogo que haces del matrimonio son muy de calle. Pareciera que que te has casado dos o más veces :) , o que lo has vivido en terceras personas. Efectivamente, esas cosas se dicen las parejas pasadas de años, a las que la paciencia se les agotó. Por otro lado, una convivencia prolongada, aunque con altibajos e incluso con más "bajos que altis", es encomiable. 
       
    Una pareja sentimental, capaz de soportarse mutuamente, cobijada en el amor hasta llegar a celebrar las bodas de oro, incluso las de platino, podría seguir eternamente su idílica unión. Pero, por razones desconocidas, el cerebro no se encuentra preparado para soportar la omnipresencia de una misma persona más tiempo del debido, porque ya no se soportarían, no tendrían ya nada que decirse, y cada uno buscaría la liberación del otro. Probablemente se reclamen su derecho a quedarse solo, a poder echarse de menos, a incluso derramar unas lágrimas, pero sin llegar a un día más a ver la misma sempiterna cara de la otra persona. Y menos sumidos en un encierro casi involuntario, condenados de por vida a encontrarse en cada rincón de la casa. Ya no se hacen preguntas, ya no se cuestionan sus vidas. Sus cerebros navegan más despacio, como a impulsos primarios, reteniendo, a duras penas, algunos recelos, que más tarde o más temprano salen a la luz de una manera imprevisible.

    Y en cuanto al texto, visto desde el prima gramatical, he visto algunas cosas que podrías mejorar, pero tampoco es cuestión de actuar yo como corrector, puesto que el oficio de corrector requiere de atención, concentración y preparación, y ninguna de esas tres, llamémosle virtudes, son mi fuerte, hasta el extremo de que no soy capaz de repasar debidamente mis propios escritos..

    Para tu capacidad de invención e imaginación, tienes mi sobresaliente.

    Como siempre, saludos afectuosos

     :)

     


  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII

    Kantos

    Lucas, este texto que sigue puede aclarar algunas cosas sobre la convivencia.

    A la convivencia hay que echarle ciencia
     
    Si yo te digo que parezco feliz, tú me dices que no lo parezco, que lo soy. Ves que sonrío con cada línea de tus estúpidas frases hechas, y sin embargo no percibes mi necesidad de distanciarme. Yo no quiero contarte cosas para que no te alejes, y tú no terminas de soltarme para que no me vaya. Te coges a mi brazo como yo a tu diario inventado y nos hacemos la vida por momento más insoportable. Se ahogan mis llantos, sin siquiera salir de mi garganta, y aún vivimos juntos sabiendo que tú no eres lo que me hace falta. Finjo cada día ensayando una despedida en el espejo de mi conciencia, tan roto como nuestra historia, pero no termino de ver una salida en este bucle perfecto que me atrapa en un calendario lleno de meses que parece que nunca finalizan. Se me está yendo la vida y me da la sensación de que no me importa. Me tengo demasiado olvidado.

     :)

     

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Kantos

    Quede bien entendido que con tantos comentarios míos sobre tu texto, no pretendo erigirme en protagonista de nada, solo que, contra más opiniones, más aliciente,

     :)

     
  • Lucas,
    Gracias por tu publicación.

    ¡Que relato tan fresco y realista!
    Me acabas de trasladar a un hogar rutinario, caldeado e inestablemente emocional.
    Una historia que parece inverosímil pero, es totalmente una escena cotidiana en miles de familias.
    El tema moderno y ajustado especialmente a estos tiempos, con personajes bien diseñados y psicológicamente definidos muy bien.
    El ambiente identificado y descrito en la medida necesaria.
    Con una redacción fácil de leer, coloquial y sucesiva.
    La gramática y estructura ha sido limpia.

    ¡Felicidades!
  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado octubre 2021
    Me ha gustado el realismo psicológico, sobre todo el presente en la caracterización del protagonista principal; la apatía de la fatiga cotidiana que lleva a la sorpresa de algo en el fondo ya sabido. Los diálogos son vivos y fluidos y la prosa tiene bastante fuerza expresiva.

    Como única objeción: los límites entre lo realista cotidiano y lo tópico a veces se confunden. Por ejemplo, el cliché del olvido del aniversario como detonante, demasiado manido.
    Por lo demás, un texto logrado, convincente, bien narrado. 
  • editado octubre 2021
    Coincido con mis compañeros, redacción correcta, muy realista y convincente, personajes bien elaborados pero a mi me falta algo que me sorprenda. Esa conversación la he tenido con mi mujer muchas veces, la diferencia es que nosotros luego nos ponemos a "trabajar en la relación", es decir, darnos cariño, interesarnos por las cosas del otro, ayudarnos mas y tener detalles. Por ahora funciona.

    Quiero decir que me ha resultado monótono por intuir como continuaba. El desenlace si me intrigaba, finalmente esa pareja parece que no va a poder salvar la situación y desgraciadamente eso ocurre muy a menudo. Aquí expongo una reflexión:

    -¿Puede que si ambos tuvieran un reto o proyecto en común la cosa cambiara?
    -¿Puede que el hastío sea causado por tenerlo todo hecho?

    Saludos listeros
  • GadesGades Garcilaso de la Vega XVI
    Hola Kantos. 
     Yo también vengo a decir que coincido con los compañeros. Nada que corregirte, nada que retocar y la reflexión está hecha ya entre todos. 
    Yo también pensé que el olvido del aniversario era un lugar común que hubiese sido mejor evitar. Y también hubiera esperado algo que me sorprendiera o rompiera mi interpretación al final del texto. ¿Sabes lo que se me ocurrió que sería estupendo mientras leía? Pensé que podías no haber dado tantos detalles de que son un matrimonio, que solo lo dedujésemos de la conversación y que al final resultase que son amantes y cada cual tiene una pareja "oficial" esperando en otra casa. Yo y mi imaginación, jejej

    Coincido en que la conversación es tremendamente creíble, igual que los personajes. Felicitaciones.

    Mil besos.
    Ana


  • Lucas, los diálogo que haces del matrimonio son muy de calle. Pareciera que que te has casado dos o más veces :) , o que lo has vivido en terceras personas. Efectivamente, esas cosas se dicen las parejas pasadas de años, a las que la paciencia se les agotó. Por otro lado, una convivencia prolongada, aunque con altibajos e incluso con más "bajos que altis", es encomiable. 

    Este relato lo escribí poco después de que mis padres se separaran. No fue un hecho traumático para mí, la verdad, fue al año pasado, así que ya era lo suficientemente "grande" para entenderlo, pero me permitió realizar algunas reflexiones con respecto a las relaciones maritales y la monogamia en general. Es por eso que intenté que los diálogos y los sucesos sean los más "cercanos" a mi experiencia que pudiese, aunque también hay parte de ficción en todo el relato.

    Para tu capacidad de invención e imaginación, tienes mi sobresaliente.

    Gracias por esas palabras, Antonio, las aprecio.

    Como siempre, saludos afectuosos

    ¡Saludos a ti también, compañero!


    Kantos

    Lucas, este texto que sigue puede aclarar algunas cosas sobre la convivencia.

    A la convivencia hay que echarle ciencia
     
    Si yo te digo que parezco feliz, tú me dices que no lo parezco, que lo soy. Ves que sonrío con cada línea de tus estúpidas frases hechas, y sin embargo no percibes mi necesidad de distanciarme. Yo no quiero contarte cosas para que no te alejes, y tú no terminas de soltarme para que no me vaya. Te coges a mi brazo como yo a tu diario inventado y nos hacemos la vida por momento más insoportable. Se ahogan mis llantos, sin siquiera salir de mi garganta, y aún vivimos juntos sabiendo que tú no eres lo que me hace falta. Finjo cada día ensayando una despedida en el espejo de mi conciencia, tan roto como nuestra historia, pero no termino de ver una salida en este bucle perfecto que me atrapa en un calendario lleno de meses que parece que nunca finalizan. Se me está yendo la vida y me da la sensación de que no me importa. Me tengo demasiado olvidado.

     :)

     ¡Me encanto ese texto! Triste, pero precioso a la vez. Estoy de acuerdo que a la convivencia hay que echarle ganas. Considero que hay veces que ha pasado tanto tiempo que ya no hay vuelta atrás, pero, de vez en cuando esa "llama" aún está vivia y es posible recuperarla.



    Kantos

    Quede bien entendido que con tantos comentarios míos sobre tu texto, no pretendo erigirme en protagonista de nada, solo que, contra más opiniones, más aliciente,

     :)

     
    ¡Para nada, mientras más comentarios y devoluciones, mejor! El resto de los comentarios no te los he contestado porque considero que no había mucho más que añadir, solamente leer las reflexiones, interiorizarlas y aprender. Al fin y al cabo, yo no me he casado ni una vez por ahora, jaja.

    Gracias nuevamente por tu devolución tan completa.
  • Lucas,
    Gracias por tu publicación.

    ¡Que relato tan fresco y realista!
    Me acabas de trasladar a un hogar rutinario, caldeado e inestablemente emocional.
    Una historia que parece inverosímil pero, es totalmente una escena cotidiana en miles de familias.
    El tema moderno y ajustado especialmente a estos tiempos, con personajes bien diseñados y psicológicamente definidos muy bien.
    El ambiente identificado y descrito en la medida necesaria.
    Con una redacción fácil de leer, coloquial y sucesiva.
    La gramática y estructura ha sido limpia.

    ¡Felicidades!
    Me alegro haber logrado trasmitir esa sensación hogareña y cercana. No estoy acostumbrado a escribir relatos de este estilo, entonces es una especie de "reto" para mí buscar que los personajes y los diálogos se vuelvan los más naturales y reales posibles.

    ¡Gracias por tu comentario tan positivo! 

    Sarasvati dijo:
    Me ha gustado el realismo psicológico, sobre todo el presente en la caracterización del protagonista principal; la apatía de la fatiga cotidiana que lleva a la sorpresa de algo en el fondo ya sabido. Los diálogos son vivos y fluidos y la prosa tiene bastante fuerza expresiva.

    Como única objeción: los límites entre lo realista cotidiano y lo tópico a veces se confunden. Por ejemplo, el cliché del olvido del aniversario como detonante, demasiado manido.
    Por lo demás, un texto logrado, convincente, bien narrado. 
    Es verdad, el cliché del aniversario es una temática muy repetida. Me acuerdo que este relato lo escribí para un concurso que participé en otro foro y poseía límite de tiempo y límite de palabras, entonces me tuve que apurar para poder terminar la última parte del relato. Pero ahora que no tengo límite, tendría que cambiarlo. Gracias por traerlo a colación.

    Me alegro de que todo lo demás te haya gustado, gracias por tu devolución.

    ¡Saludos!

    Coincido con mis compañeros, redacción correcta, muy realista y convincente, personajes bien elaborados pero a mi me falta algo que me sorprenda. Esa conversación la he tenido con mi mujer muchas veces, la diferencia es que nosotros luego nos ponemos a "trabajar en la relación", es decir, darnos cariño, interesarnos por las cosas del otro, ayudarnos mas y tener detalles. Por ahora funciona.

    Quiero decir que me ha resultado monótono por intuir como continuaba. El desenlace si me intrigaba, finalmente esa pareja parece que no va a poder salvar la situación y desgraciadamente eso ocurre muy a menudo. Aquí expongo una reflexión:

    -¿Puede que si ambos tuvieran un reto o proyecto en común la cosa cambiara?
    -¿Puede que el hastío sea causado por tenerlo todo hecho?

    Saludos listeros

    Son muy buenas preguntas. Considero que si ambos hubieran tenido un objetivo o una actividad en común, probablemente no se habrían separado, al menos hubieran intentado hacer un esfuerzo más. Desde que empecé a escribir el relato, sabía como iba a terminar, la idea era siempre terminar con la separación de ambos personajes, ya que buscaba reflejar una situación personal que me estaba pasando en ese momento y para exponer, de alguna manera, una opinión general que tengo sobre la monogamia (más allá de las excepciones, que existen).

    Voy a trabajar en el tema de la sorpresa, tratar de buscar algún acontecimiento o algún otro conflicto que pueda hacer que el relato no resulte tan tedioso. En su momento, tenía límite de palabras para terminarlo y es cierto que me apuré, pero ahora que tengo más libertad, entonces puede darle otro giro o algo que sorprendas.

    ¡Gracias por la devolución!

    Gades dijo:
    Hola Kantos. 
     Yo también vengo a decir que coincido con los compañeros. Nada que corregirte, nada que retocar y la reflexión está hecha ya entre todos. 
    Yo también pensé que el olvido del aniversario era un lugar común que hubiese sido mejor evitar. Y también hubiera esperado algo que me sorprendiera o rompiera mi interpretación al final del texto. ¿Sabes lo que se me ocurrió que sería estupendo mientras leía? Pensé que podías no haber dado tantos detalles de que son un matrimonio, que solo lo dedujésemos de la conversación y que al final resultase que son amantes y cada cual tiene una pareja "oficial" esperando en otra casa. Yo y mi imaginación, jejej

    Coincido en que la conversación es tremendamente creíble, igual que los personajes. Felicitaciones.

    Mil besos.
    Ana

    No es mala idea, podría ser más sutil a la hora de revelar que ambos son marido y mujer, eso podría agregarle más sorpresa al relato. Veo que varios coinciden con el tema de que a veces resulta tedioso, o muy predecible, así que es algo que debo rever.

    Gracias Ana por tu devolución, me alegro de que los personajes y los diálogos hayan sonado realistas, es algo que a veces me cuesta lograr.

    ¡Besos!
  • Hola, Kantos. 

    Te diré, el relato está bien hecho en el aspecto de que sabes coger algo "común" como es la discusión de una pareja y convertirla en literatura, pero te faltaría pulirlo un poco. En concreto, para mí, peca de largo, llega un momento que se hace un poco pesado, artificial por la extensión. Otra cosa que te he notado es tienes tendencia a la redundancia: "Él entendió lo que ella decía (si sólo están ellos dos, no hay posibilidad de confusión, ese "lo que ella decía" es prescindible)", "la había amado, la había deseado, la había protegido...." Vale. Uno sólo basta. "¿Dónde estaba esa mujer que le había obnubilado con su belleza, con su tal, con su cual...?". Metes tres frases en cada oración y lo haces muchísimo. Eso agota a tu lector porque no añades información, sólo das vueltas y vueltas a la misma idea. Ve al grano y tu relato será más eficaz. 

    Para resumir: donde puedas usar una palabra, no uses tres. Pero aparte de eso, usas muy bien el lenguaje y se ve que tienes capacidad para la expresión escrita. :) 
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