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[LISTA] Conozco a la bestia

Conozco a la bestia


            Uno…

            Dos…

            Tres…

            Cuatro…

            Cinco…

            El martirizante conteo de los pulcros y pulidos panteones hasta encontrar el familiar Orviz. Los acordes entremezclados en el ambiente lo aíslan de su enjambre interior. El ritmo del aire y mar con el perturbador silencio de las personas ocultas bajo las lápidas del impoluto y desolado cementerio de Luarca. Incongruencia con el heavy metal de sus reflexiones y emociones arrasando con cualquier sosiego.

            El avance de un fuerte dolor de cabeza a pasos lentos de resignación. A igual velocidad que su marcha mientras encorva los hombros e intenta ocultar su rostro. Los lentes de sol devueltos por el custodio ocultan los círculos violáceos de sus ojos teñidos de culpa y soledad.

            Aproximándose con las manos tan vacías como su corazón limpia el polvo de la lápida. Acierta a leer el epitafio redactado por su propia madre para su difunta nuera americana. La fallecida joven, esposa insuperable que adoraría el descubierto y relajante aroma a mar que la acompañará eternamente.

Carry Wilson

Selfless and loved: daughter, sister, wife and daughter-in-law

R.I.P.

            Lo demuele inmediatamente el sufrimiento de haber perdido a su único amor en infames condiciones. Para cualquier ser humano sería asociado a la culpa que arrasa con su cordura. Él deslizándose por el frío pavimento por fin comprende que el pecado no prevalece ante la pérdida.

            Fernando con su traje y gabardina negra encuentra coincidencia entre el significado de R.I.P. e introspectiva:

            «Revisión. Interna. Pensamientos / Descansa en paz».

            Vertiendo lágrimas desesperadas conjetura sobre el descansar en paz. Salir de su peor pesadilla y reencontrarse con su amada esposa.

            Pero, ¿Carry descansa en paz?

            No puede responderlo. Aun así, en su hipótesis sabe que todo sería magistralmente diferente. Si tan solo lograra devolver el tiempo con toda la sabiduría que adquirió de esta experiencia tan garrafal.

            Fernando solloza e implora como un niño pequeño ante la tumba de su esposa. Con el recuerdo del último retrato sobre ella en su memoria.

            Un par de horas más tarde, fuertes ruidos del oleaje disgustado despierta a Fernando del cabeceo tras el cansancio por su desahogo. Recordándole que la quietud del océano es similar a la tranquilidad de una bestia salvaje. La serenidad que atrae la catástrofe.

            En la distancia altas olas avivadas por la velocidad del viento que, en la altura ubicado lo colisiona. Acaricia su largo cabello castaño y el frío, en sus mejillas con lágrimas secas envía leves sacudidas.

            Se levanta estirando sus largas piernas para pormenorizar el muelle. Saciado de granos de mineral que acceden a ser manipulados por el vaivén sereno del líquido salado. Ese que reacciona al capricho de la fuerza gravitacional maniobrada por el sol y la luna.

            Acercándose al borde del mirador con el invierno reflejando su devastador estado anímico. Degusta la bilis amarga que no lo abandona desde aquella trágica tarde. El arrepentimiento dejando esa horrible sensación de desprendimiento en el corazón. La soledad de años desterrada en un viaje al vacío del estómago.

            ¡Fuuuu, chuc, plum..! ¡juuuuhh, juuuhh…!

            El sonido de las olas inmortaliza al antiguo Fernando. Su viejo carácter dominante, prepotente e indomable. Aquel incontrolable cargado de ira y con intenciones aclararlo a quien flaqueara.

            Ahora con la vergüenza calentando sus mejillas. En la actual tarde de estación triste y oscura frente al solemne Mar Cantábrico. Fernando se pregunta: «¿qué amor es destructivo?».

            Tan destructivo que mantiene una discusión hasta llegar a los porrazos.

***

Continúa...

Comentarios

  •             Discusiones… discusiones… golpe… discusiones… jarrones caídos… discusiones… otro golpe…

                Conviviendo tres años quiméricos de relación. El último había transcurrido en esa rutina diaria por el matrimonio Orviz Wilson.

                Como la historia de la dulce Carry era un cuento de hadas real.

                Fernando llegando al exuberante hotel de su padre con su elegante andar. Se presentó como el heredero de la industria manufacturera de Asturias. La atracción entre ambos fue magnética y la separación fue imposible. Con los sentimientos afianzándose a través del compartir diario.

                Entre risas y tristezas transcurrió un mes donde se conquistaron. Un romance apasionado sin esperanzas a futuro. El revés de la historia surgió con la naciente ilusión de la pareja a una familia ideal.

                La aprobación de su padre originó el inmediato traslado de Carry hasta Asturias. Luego del rápido compromiso la preocupación de un error familiar sería la caída bursátil.

                La boda de la hija del magnate de la industria hotelera neoyorquina se realizó en la playa. Luego de dos meses de su llegada entre familiares y amistades afianzaron la unión de ambos apellidos. Conviviendo en la mansión Orviz placenteramente, Carry en oposición anhelaban su propio espacio.

                A los seis meses completaron la mudanza a su estancia en la provincia de Oviedo. El rebosante sentimiento irradiado en aura de felicidad. Se encontraban verdaderamente encariñados y cualquiera que intentara entrometerse era fácilmente desplazado. Los celos y la maldad de terceros no podían destruir a la pareja del año de Asturias.

                Con el transcurrir del tiempo los negocios agobiaron al auténtico y sensible joven modelo de la sociedad asturicense. Un clima tenso situándose en el ambiente natural. Aquel del que siempre aseguraban: «el amor era la fórmula secreta».

                La metamorfosis de la relación se estableció en identificables pasos. Carry aceptaba las demandas y Fernando aumentaba el arranque de presión. Cualquier rebeldía era respondida con agresividad. Resultando en apaciguamiento y reconciliación romántica.

                En un día normal, aconteció:

                —Fernando —¡Plum! Irritado lanza un golpe que aterriza en la espalda cubierta del jersey gris que usa para ocultar los moratones—. Honey no. Por favor el rostro no —¡Pum! Aumentando la energía atina en la bronceada mejilla.

                —Creo haberte dicho que no comenzarías a trabajar —interfirió las quejas de la alta joven. Con instantáneos pensamientos de molestia dirigiendo sus impulsos.

                —No es un trabajo. Tu madre me ofreció apoyarla en las actividades de la fundación para niños en mi tiempo libre. —El hormigueo en el pecho desencadenando temblores en sus brazos y manos. ¡Cataplan! ¡Plaf! ¡Clonc! Jarrón en el suelo.

                —No me interesa si mi madre te pidió ser la madre Teresa de Calcuta. Te dije que no y es ¡no! —gritó dirigiéndose a la escalera para dar por terminado el punto. Las palpitaciones aceleradas forjando opresión en su musculoso y fuerte pecho.

                —Tendréis que explicárselo a tu madre. —La mirada tenebrosa que transfirió con el lento voltear generó espasmos en todo el cuerpo de Carry. El minucioso acercamiento era sombrío. La ira carcomiéndolo de impotencia por la decisión incorrecta de su esposa.

                —No tendré que dar ninguna explicación a mi madre. Porque tú… —El suave pecho con respiraciones precipitadas de la morena, apuntado con el índice de su esposo—, tendrás que enmendar el terrible error que cometiste —masculló entre dientes. Terminando con el impulso de la mano en el abdomen de Carry. El fuerte garrotazo la hizo tropezar hasta caer de cabeza contra la moderna mesa del amplio y luminoso recibidor.

                —Lo siento mucho mi gran amor. —Jamás lograría olvidar las últimas palabras que le escuchó pronunciar.


  •             Las paredes agrandándose para Carry por el fuerte dolor del abdomen y cabeza. Su último aliento con la vista en los ojos verdes de Fernando. Mientras para él se encerraban por el silencio sepulcral de la sala y la mirada desahuciada de su mujer.

                La sangre drenaba en manantiales formando un pozo granate. Viscoso líquido de hedor metálico manchando el pantalón caqui del traje de tres piezas. Una selva tragando cualquier reacción del consumado hombre.

                Horas más tarde, paramédicos trasladaban el flácido cuerpo de Carry hasta una ambulancia. Un oficial de la policía a cambio, dirigía el abatido y condescendiente cuerpo de Fernando hasta una patrulla donde el miedo lo devoraba.

                Su cabeza transformada en un caos de ansiedad y angustia. Y ya para esas horas conocía a la bestia salvaje a la perfección. Un ente sin corazón que trabaja en su subconsciente a través de los sentimientos.

                «¿Qué he hecho a mi gran amor?»

                Un mes había pasado entre juicios y familiares de Carry culpándolo de la muerte. Sabía a base de bien que era responsable. Más no lograba responder a la terrible pregunta que alcanzaba convertirse en mantra.

                No obstante en la visita semanal de su madre obtuvo un reportaje de prensa nacional sobre el caso Orviz. El desconcertante artículo se acercaba en algo a una respuesta necesaria. Debía domar a la bestia conociéndola a profundidad.

    Heredero de la industria manufacturera de Asturias asesina con golpe magistral.

                El reconocido playboy millonario Fernando Segundo Orviz se registró involucrado en caso de violencia doméstica. El asturicense de veintinueve años asesinó con fuerza bruta a la heredera del imperio hotelero neoyorquino Carry Wilson en su residencia oficial. La joven pareja tras dos años y medio de casados eran la idílica relación de la sociedad.

                 Según fuentes confidenciales: luego de una enérgica discusión por un embarazo no planificado, el joven atacó continuamente a su esposa hasta causar la muerte de la joven. Se desconoce si el embarazo se concibió.

                 En la audiencia final han dictaminado al primogénito Orviz culpable con cargos de homicidio preterintencional. Condenado a doce años de prisión y sesiones de terapia interdiarias para confirmar el síndrome recién diagnosticado relacionada a la ira.

                Se espera mayor información en las próximas horas sobre la situación financiera de la familia Orviz tras la fuerte caída de sus acciones en la bolsa europea.

                Greyda Fernández.

                Reportera

                Luego de aquella lectura irracional de patrañas amarillistas y pocas verdades, los meses franqueaban y se convertían en años.

                Con la desdichada ausencia de su amada esposa las reuniones interdiarias obligatorias con psiquiatras y terapeutas fueron la nueva rutina. Establecidas por la condena, le cedieron al diagnóstico definitivo. Descubrieron que el fallo en prescripción ocasionó el avance del trastorno explosivo intermitente.

                El control de la bestia comenzó a producirse conquistando el estudio interior de su soledad. Saberse único responsable de los acontecimientos le permitió quebrantar la desgracia como caudal en el renacimiento personal. Aplacar al ser destructor de vidas y construir un blindaje de perdón que aliviase las penas.

                Los especialistas le adjudicaron la perpetuación en el tiempo del dolor emocional para retener su sufrimiento. Pero lánguidamente después de muchas sesiones reconoció que sus sentimientos eran sinceros. El amor a Carry existe desde el fondo de su corazón hasta el de ella. En respuesta a esa intuición encontraría un amparo.

                La inconciencia y falta de aceptación acabó con la vida de su hermosa esposa. Doce años de prisión sin ella, la suya. Porque después de ese desgarrador período descubrió que es posible absolver e indultar. Atender y conservar bajo custodia a la bestia pero nunca olvidar a su dulce y delicada mujer.

                Los desembolsos constantes de sus familiares para mantenerlo a salvo y con vida del terror en la prisión habían funcionado. Finalmente había cumplido su condena de más de una década. Reflexionado sobre el propósito del trabajo interno y superación con expertos.

  • editado 21 de septiembre

                Ahora al presente debía pagar su mayor punición. Acercarse al sepulcro de Carry para recibir la redención ineludible. En su corazón sentía que al fin lograría su salvación.

                Físicamente lo estaba logrando. El pánico atormentando cada célula de su cuerpo con mensajeros químicos desequilibrados. Transportados a velocidad vertiginosa e impulsados por la liberación descarriada de la bestia.

                Los versados en la materia de las leyes apuntan que: un asesino es homicida, no obstante un homicida no es necesariamente asesino. Una teoría de causa y efecto con muchas interrogantes.

                Fernando en ese momento, fundamentándose en: no matar a otro ser humano. Decide al día de hoy con el puerto ante sus pies que, se condenará por suicida…



    Fin...
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    He leído tu historia "Conozco a la bestia" y, en un principio, destaco la limpieza de la redacción y las sintaxis. Sin embargo, para hacer algún comentario del contenido -que es de lo que se trata-, tendré que leerla de nuevo. Hay en tu historia americanismos sudamericanos que de algunos de ellos no pillo el significado. Una vez que esté en disposición de comentar, entraré de nuevo y lo haré. Gracias.

    Por cierto, Geraldine, me ha gustado sobremanera tu presentación al foro. Dejas entrever entre líneas que eres una mujer madre valiente. Enhorabuena.


    Esta...

    Como mi vida es una historia de novela, prefiero recomendar que lean El Duelo para que no les de pena. Me encanta leer desde niña, pero como adolescente fui una piña. Escribir fue otra historia, pero mejor no les comento la tramoya. Mi otra pasión es la cocina, si quieren pregúntenle a mi familia. Ahora soy una madre trabajadora y con regocijo venezolana de honra. Mis estudios no han terminado, pero puedo decirles que ya me he graduado. Mi trabajo es un poco rutinario, pero aun así lo completo hasta el cansancio. Mis historias son candela pura, para que no te aburras. Comienza con El Duelo, que después viene más bueno. Las otras novelas vienen en camino, no te pierdas el hilo. Gracias a todos en especial por su apoyo.

    Saludos desde Sevilla (España)

     :)

     
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