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(LISTA) Una historia como cualquier otra en el mundo

Una historia como cualquier otra en el mundo

A lo largo del cielo tormentoso se dibujaban venas de luminiscencia que hacían contraposición con el tono triste del día. Las nubes cubrían la ciudad como si fuese un largo manto grisáceo, ciudad que, por cierto, podría ser como cualquier otra ciudad en el mundo.

Entre medio de aquella tormenta, una nube, que podría ser como cualquier otra nube en el mundo, se desgarró de punta a punta, dejando paso a una llovizna suave aunque intermitente. En medio del aguacero, una gota, que podría ser como cualquier otra gota en el mundo, comenzó su descenso en dirección a las melancólicas calles que yacían debajo. 

Era pequeña y frágil, tan transparente que incluso la luz más leve era capaz de atravesarla sin esfuerzo. A pesar de esa sencillez, un pequeño corazón latía intermitente en su interior. Este órgano, compuesto por la misma sustancia que daba vida a todo su ser, dotaba a aquella gota de una conciencia, aunque limitada, suficiente para comprender su propia existencia y entorno.  

La caída duró solo unos segundos aunque, para ella, se trató de un viaje largo, difuso y turbulento. Fue depositada sobre una superficie de tela negra en forma de cúpula, la cual la amortiguó de un impacto mortal. Por desgracia, sí lo fue para la mayoría de sus semejantes. Las demás, nacidas de su misma fuente, cayeron directamente al suelo y se reventaron como si fuesen frutos maduros. Su nacimiento había sido marcado por la huella de la fatalidad y, a pesar de aquello, no fue capaz de sentir tristeza, ni tampoco dicha por haber sobrevivido.

Aquella superficie se trataba de un paraguas, el cual cumplía la función de cubrir las dos cabezas de la pareja que lo sostenían, pareja que podría ser como cualquier otra pareja en el mundo. 

Él, alto, delgado y de postura altiva. Ella, pequeña, pálida y lábil como una pluma. Ambos caminaban imperturbables por los bordes de la transitada calle de la ciudad. La gota oyó cómo la mujer hablaba con una voz suave y ondulante, que parecía esconder, sin embargo, un deje de inseguridad en su tono.

—¿Qué viste en mí? —preguntó. 

El hombre, quien caminaba a su lado, clavó sus ojos en los de ella, dejando entrever un gesto de extrañeza.

—¿A qué te refieres? —dijo con voz curiosa.

—Quiero decir, ¿qué viste en mí aquel día que nos conocimos? Había decenas de mujeres en esa fiesta, mujeres preciosas, ricas y con mejor posición económica que la mía, pero aun así decidiste hablar conmigo. ¿Qué fue lo que te impulsó a hacerlo?

—¿¡Estás de broma!? ¿¡Te has visto al espejo!?

El hombre señaló con una de sus manos el vestido rojo que ella llevaba puesto, vestido que hacía resaltar aún más su ya de por sí sofisticada figura. Ella le proporcionó un suave golpe en el hombro en señal de reprimenda.

—¡Estoy hablando en serio!

El otro individuo, quien inicialmente no le había dado demasiada importancia a la pregunta de su pareja, por fin comprendió que ella estaba hablando en serio. Su sonrisa se borró de su rostro y quedó allí pensativo por un momento. 

—Ahora que lo preguntas, realmente no lo sé con exactitud. Simplemente te vi allí, sola, y una voz dentro mío me indicó que debía acercarme. Tal vez fueron esos rulos rebeldes que llevabas aquella noche, tal vez fue esa mirada penetrante con la cual me observaste o tal vez fue esa sonrisa despreocupada que siempre te gusta llevar. Más bien, yo diría que fue un conjunto de todo aquello.

La mujer pareció satisfecha por la respuesta, ya que no volvió a ahondar en el tema. Él, tal vez más por diversión que por curiosidad, decidió devolverle la inquietud.

—¿Y qué hay de ti?

—¿Yo qué?

Su mirada demostraba que había comprendido perfectamente la pregunta, aun así, ambos parecían haber tomado aquella conversación como si fuese un juego para niños.

—¿Qué viste en mí? Presumo que no he sido el primer hombre que ha intentado conquistarte. ¿Por qué conmigo fue distinto?

Ella meditó unos segundos y, con una sonrisa pícara dibujada en su rostro, contestó.

—No lo sé, esa noche estaba despechada, aburrida y borracha. ¿Eso es suficiente para ti?

Él entornó los ojos hacia arriba en señal de molestia. Ella soltó una carcajada al aire, luego envolvió su cara con sus delicadas manos y ambos se entrelazaron en un beso corto aunque apasionado. Luego, se abrazaron el uno con el otro y continuaron avanzando calle arriba. 

La gota observó toda aquella escena con una curiosidad inusitada. Se preguntó si existía, acaso, alguna magia imperceptible que unía a aquellos dos seres, o a cualquier otra pareja del planeta tierra, ya sea por un instante o por toda una eternidad. Y si existía una fuerza tal, ¿cómo actuaba? ¿Era azarosa o predeterminada? ¿Era propia de la naturaleza, la misma naturaleza que la había creado a ella, o era producto de otro ser encargado de decidir los designios de los hombres? En aquel momento había comprendido, casi sin proponérselo, el significado de la pasión y del amor, dos sentimientos tan reales como enigmáticos. Sin embargo, eran sensaciones que ninguna gota era capaz de sentir. Sus corazones simplemente no estaban diseñados para ello. 

Al entender esto, una envidia potente creció en el fondo de su organismo, envidia que dirigió, casi sin querer, hacia todos los seres humanos. Se preguntaba, dentro de su limitada lógica, porque no era capaz de poder disfrutar de semejante don divino. Había nacido sola, y sabía que, irremediablemente, viviría y moriría sola también. Comprender aquello hizo que su pequeño corazón, antes puro como un diamante, se viera contaminado de una sustancia espesa y dañina, la cual recorrió sus vísceras con la furia de mil ríos.

Metros más adelante, una leve brisa la quitó de aquel sitio y la depositó suavemente sobre el ventanal de un auto, un auto que podría ser como cualquier otro auto en el mundo.

En esa zona de la ciudad, el tránsito se encontraba completamente detenido y la cuadra entera sumergida en un escenario de escándalo. El bullicio, las bocinas y las sirenas de la ambulancia ahogaban cualquier otro sonido que proviniese del exterior.

Dentro del auto, una familia compuesta por dos adultos y dos niños dialogaban preocupados sobre aquello que estaban presenciando.

—¿Qué pasa papá? ¿Por qué nos detenemos? —preguntó el más chico de ellos, con una voz aguda y temblorosa.

—No lo sé hijo, algo ha detenido el tráfico. ¿Tú ves algo, cariño? —le inquirió a su esposa, que estaba sentada en el asiento de al lado. 

La mujer sacó su cabeza por fuera de la ventanilla para poder observar mejor. Poco después, un grito suyo hizo que todos se perturbaran.

—¡Oh, dios mío, no puede ser! —dijo a los demás, con el terror impregnado en su rostro.

—¿¡Qué pasa mamá!? ¿¡Qué has visto!? —preguntó asustado el segundo niño. Los demás la miraron expectantes esperando alguna respuesta por parte de ella.

—¡Ha habido un accidente! Dos taxis acaban de chocar de frente. Al parecer, alguien ha fallecido.

Un silencio sepulcral invadió el interior del vehículo durante unos instantes. Existían momentos en la vida en los cuales, pronunciar si quiere una palabra, por más insignificante que fuese, podría llegar a ser catalogada como innecesaria, incluso de inservible, y aquel momento era uno de ellos.

Comentarios

  • El hombre, al comprender que el embotellamiento de autos iba a permanecer durante un largo rato estancado, decidió bajar del vehículo para ver si podía ver más en detalle la situación. Unos pocos metros más adelante, un cadáver de una señora yacía tumbado en el suelo, cubierto parcialmente por una lona negra. Los paramédicos intentaban separar a un joven que buscaba alcanzar ese cuerpo al grito de «¡Madre, madre!». El muchacho intentaba sortear los brazos que lo detenían con una furia inusual. Las venas de su cuello y de su frente latían como lombrices vivas debajo de una piel a punto de rasgarse. Su garganta parecía escupir fuego y sus ojos, rojos e hinchados, expulsaban lágrimas a raudales que caían al mismo ritmo de la lluvia.

    El hombre sintió un escalofrío espeluznante que la recorrió la espalda y una tristeza inmensa que le penetró el alma. Sin embargo, de inmediato fue distraído por otro acontecimiento que ocurría cerca de allí. Los chóferes de ambos taxis, heridos, pero vivos, se enzarzaban en una pelea a puño limpio, en medio de improperios que surgían desde la rabia más pútrida de su corazón. Todo era caos y confusión.

    La gota, quien presenciaba todo aquello desde una posición privilegiada, fue capaz de captar la ira y la tristeza en sus rostros. Dos sentimientos que, de alguna manera, había logrado comprender. Era un entendimiento vago por su parte, como alguien que comprende una situación ajena a pesar de no estar viviéndola en carne propia. Pudo captar cómo ambos emociones parecían combinar perfectamente juntos, como dos piezas que se unen en una impecable armonía para formar un todo más grande. Y, a pesar de que lograba percibir como aquellos seres buscaban repeler esos pesares con todo su ímpetu, no pudo evitar sentir recelo por lo que veía. Reflexionó que, peor que sentir algo como aquello, era no sentir nada en absoluto. 

    La ira y la tristeza parecían ir acompañadas de una reacción, de un impulso interno, casi animal, violento, irracional y equívoco, pero era una reacción al fin. Ella, por el contrario, no era capaz de hacerlo. Incluso sospechaba que no sería capaz de reaccionar contra su propia muerte cuando su turno finalmente llegara. Se limitaba a existir, a aceptar lo que el destino le tenía deparado, a moverse solo a base de fuerzas ajenas. Su corazón se envenenó aún más con aquella sustancia odiosa y aborrecible.

    Un tercer viaje la llevó a perderse dentro de la cabellera de un niño, un niño que podría ser como cualquier otro niño en el mundo. 

    El chiquillo, con los cachetes colorados por el frío, jugaba con su hermano gemelo a las carreras a lo largo y ancho de la acera. A ninguno de los dos parecía importarle en lo más mínimo la lluvia ni el alboroto del accidente. Solo pensaban en correr y correr, como palomas sueltas volando a lo largo de un cielo interminable. La gota pudo observar una leve irradiación blanquecina surgía de sus rostros, producto de aquella inocencia que solo tienen los seres humanos cuando aún no han transitado los escabrosos senderos de la vida, mezclado con la exaltación propia de una diversión sin preocupaciones. Aquella luminiscencia provocaba una curiosa contraposición con el aura de tristeza que inundaba el día. Los gritos de los niños surgían y se perdían rápidamente en medio del ambiente, aunque, para ellos, era lo único que importaba en el mundo.

    La gota nuevamente, sin ser consciente de que era aquello que provocaba que los niños se viesen tan distintos al resto de los humanos, fue protagonista de dos conceptos tan ambiguos como deseados: la libertad y la felicidad. Ambos sentimientos rebosaban por los poros de los chiquillos cubriendo sus cuerpos con una capa fina, casi imperceptible, pero que, curiosamente, parecía protegerlos de todo mal. Sintió rencor y repulsión al entender que no podría tomar para sí aquel néctar. Su corazón, ya machacado, se ensombreció aún más.

    Una segunda gota, de contextura más grande que la suya, cayó del cielo y fue depositada a su lado. Ella, quién no esperaba que aquello ocurriese, se sobresaltó del susto. Cuando fue capaz de recomponerse, buscó la forma de comunicarse con su par. Le gritó, le hizo gestos, hasta intentó acercarse a su posición, cosa que le fue imposible por su naturaleza tan inmóvil. Todo esto fue en vano. Aquella gota, a pesar de las semejanzas que tienen todas las gotas del mundo, no se parecía en nada a ella. Su mirada era cristalina, su piel acuosa parecía estar muerta y en su interior no latía corazón alguno. Confusa, siguió intentando llamar su atención, pero todo indicaba que sus súplicas no serían correspondidas. Luego de un rato, se rindió abatida.

    Al cabo de unos segundos, debido a un brusco movimiento de su huésped, ambas gotas salieron disparadas en direcciones opuestas. Ella, mientras caía en un vacío sin fondo, vio como su gemela se perdía en la distancia. Miró ahora hacia el suelo, consciente que, esta vez, nada la detendría de su fatídico destino. En un breve instante, su triste y corta vida pasaría ser un simple y minúsculo acontecimiento del pasado, ignorado tanto por propios como ajenos. 

    Durante el tiempo que duró la caída, reflexionó sobre lo injusto y efímero que había sido su paso por la tierra. Las dudas existenciales rondaban alrededor de su limitada conciencia como moscas que se reúnen sobre un cuerpo putrefacto. Eran varias las preguntas que pesaban sobre su cuerpo, preguntas que le hubiese gustado tener más tiempo para responder. ¿Por qué había tenido la desgracia de existir, de vivir, de ser? ¿Quién la había creado y con qué maquiavélico propósito? Se preguntó también, si acaso, había sido la única gota con esa extraña capacidad de pensar, de comprender, o si, por el contrario, había sido una gota más como las millones de gotas que existen en el mundo, todas perdidas a lo largo y ancho de la historia.

    Al llegar a destino, su cuerpo se despedazó en millones de partículas más pequeñas, dando por finalizada su existencia. No sintió dolor, solo percibió cómo su alma, si es que acaso existía algo así dentro ella, era arrancada de cuajo desde el centro de su cuerpo. Tal vez su alma era su conciencia, o era su corazón, o tal vez las tres cosas resultaban ser lo mismo.

    Y allí moría aquella gota, con el corazón endurecido y carcomido por la envidia, el recelo y el rencor. Una gota que pudo ser como tantas otras, o que quizá, por esos raros caprichos del destino, fue parte de una especie única e irrepetible dentro de su género, y que sirvió, sin proponérselo, como la musa propulsora que agitó los hilos de la pluma de este escritor. Ella, sin siquiera poder imaginarlo, fue la principal responsable de que las hojas de esta historia se vieran embadurnadas con la tristeza propia de alguien que es olvidado, de alguien que es incapaz de sentir. Historia que, por cierto, es como cualquier otra historia en el mundo. 

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    "El hombre señaló con una de sus manos el vestido rojo que ella llevaba puesto, vestido que hacía resaltar aún más su ya de por sí sofisticada figura. Ella le proporcionó un suave golpe en el hombro en señal de reprimenda".

    En lugar de sofisticada, quizá encaje mejor espectacular (o asombrosa, o sensacional o impresionante), ¿no crees? Yo entiendo por "sofisticar" una alteración la belleza; en cambio, espectacular o sus sinónimos son algo o alguien que llama poderosamente la atención. 

    "Tal vez fueron esos rulos rebeldes que llevabas aquella noche, tal vez fue esa mirada penetrante con la cual me observaste o tal vez fue esa sonrisa despreocupada que siempre te gusta llevar. Más bien, yo diría que fue un conjunto de todo aquello".

    Poéticamente encantador larga frase que cito. Te salió la vena de poeta.

    Se preguntaba, dentro de su limitada lógica, porque no era....

    Ese porque no procede, es por qué

    —¡Oh, dios mío, no puede ser! —dijo a los demás, con el terror impregnado en su rostro.

    Dios es con mayúscula, y no lo digo por ser yo creyente, sino porque es un nombre propio, como así "Satán o Satanás" .

    El hombre, al comprender que el embotellamiento de autos iba a permanecer durante un largo rato estancado, decidió bajar del vehículo para ver si podía ver más... 

    Quizás mejor "para observar si podía ver", y así evitas repetir "ver".


    Interesante relato de una gota como cualquier otra gota del mundo  :) Amigo Kantos, posees masas grises de inventiva, Esto mismo ya te lo he dicho en otras ocasiones, como también tienes buenos conocimientos del vocabulario, y ello se ve en este relato lleno de matices. 

    Hasta la próxima historia

     :)

     
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Por cierto, Kantos, me gustaría, al referirme a ti, nombrarte por tu nombre real, que ignoro. Gracias.

     :)

     
  • Buenas, listeros. Me he leído el curioso relato y me ha gustado mucho. Me da que pensar en si la gota fue la única dotada de vida o no se encontró con sus homónimas. Planteal, la historia un dilema dramático al dar vida a algo inanimado, lo mismo ocurre en Toy Story, en el que te da pena de la falta de libertad de los juguetes y sus a veces destinos fatídicos. 

    Volverá a leerlo y anotaré alguna cosilla que yo cambiaría.

    Repito, extenderé mi comentario.

    Saludos chiclaneros.
  • Este relato, no como cualquier otro del mundo, me ha gustado todavía mas la segunda vez que lo he leído. Técnicamente no he encontrado nada que corregir, en la trama se han forzado algunas cosas un poco para que la historia funcione y lo logra a la perfección. La originalidad es total...lo mire por donde lo mire me parece genial.

    Lo que yo cambiaría.

    BUFFF

    Ya me vais conociendo, yo le hubiera dado un tono humorístico que para drama ya tenemos los telediarios.

    Kantos, tienes un nuevo admirador. A mi también me gustaría conocer tu nombre, si a ti no te incomoda.

    Un saludo y enhorabuena.
  • cehi dijo:


    Por cierto, Kantos, me gustaría, al referirme a ti, nombrarte por tu nombre real, que ignoro. Gracias.

     :)

     
    Gracias Antonio por tu comentario y por tus observaciones, estoy de acuerdo con todas ellas. Me alegro que te haya gustado.

    Este relato, no como cualquier otro del mundo, me ha gustado todavía mas la segunda vez que lo he leído. Técnicamente no he encontrado nada que corregir, en la trama se han forzado algunas cosas un poco para que la historia funcione y lo logra a la perfección. La originalidad es total...lo mire por donde lo mire me parece genial.

    Lo que yo cambiaría.

    BUFFF

    Ya me vais conociendo, yo le hubiera dado un tono humorístico que para drama ya tenemos los telediarios.

    Kantos, tienes un nuevo admirador. A mi también me gustaría conocer tu nombre, si a ti no te incomoda.

    Un saludo y enhorabuena.
    Gracias a ti también, Acuarelista. Me habría gustado que hubieses sido jurado en el concurso en el cual presenté este escrito, paso sin pena ni gloria, jaja. Pero bueno, como le dije a Antonio, me alegro que les haya gustado.

    Les contesto a los dos: mi nombre real es Lucas. 


    ¡Saludos!
  • Hola Lucas.
    Gracias por esta linda historia.
    Una lírica modernista que, aunque lleva una línea bien desarrollada con las distintas tramas, tiene en falta una chispa de suspenso o comedia. Cuenta con tantas emociones discordantes que desemboca en desamparo para el lector.
    En conclusión, hermosa pero un poco pesada.
  • Hola Lucas.
    Gracias por esta linda historia.
    Una lírica modernista que, aunque lleva una línea bien desarrollada con las distintas tramas, tiene en falta una chispa de suspenso o comedia. Cuenta con tantas emociones discordantes que desemboca en desamparo para el lector.
    En conclusión, hermosa pero un poco pesada.
    Eres la segunda que me comenta sobre el tema de la "chispa", así que tendré que revisar ese aspecto para que no resulte tan densa al lector.

    ¡Gracias por la devolución!
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