¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

16 - Crónicas de la Retaguardia I

Marzo del año 2049.

Situada a 528 kilómetros al oeste de Bogotá y en plena costa del Pacífico, Buenaventura es una ciudad dividida en dos partes: las comunas continentales, ubicadas al oeste de la ciudad, y la isla de Cascajal —de poco más de 20 kilómetros cuadrados—, al este.

Aunque son parte de la misma ciudad y se hallan conectadas por un puente, la parte continental —donde viven tres cuartas partes de sus habitantes—tiene la apariencia de una ciudad sencilla, con edificios no muy altos, calles pequeñas y abarrotadas debido a la mala planificación urbana; mientras que en la parte insular —hogar de un cuarto de la población— es donde las huellas del progreso son mucho más evidentes, con tierras ganadas al mar, edificios altos, calles más abiertas, un crecimiento urbano mejor planificado, y donde se ubica la fuente de mayor riqueza de la ciudad: el puerto marítimo.

De hecho, Buenaventura es el puerto más transitado de Colombia, con la mitad de su tráfico comercial pasando por esta ciudad. Esto le ha permitido a esta ciudad crecer hasta convertirse, con sus quinientos mil habitantes, en el puerto más poblado de la Costa Pacífica, la segunda ciudad más grande del departamento del Valle del Cauca y, la sexta ciudad más grande del país.

A dos meses de su exitosa misión en Puerto Carreño, la presidenta del congreso de Colombia, Harriet Drake, y su novia uruguaya, Eclipse Lusinyan, fueron a descansar a Buenaventura, el fortín electoral de la senadora de origen pitcairnés. Como todos los fines de semana, ellas van a su apartamento en la isla de Cascajal, el cual cuenta con una amplia terraza que otorga una espectacular vista hacia el malecón de la ciudad, una zona turística y sitio de esparcimiento para los bonaverenses[1].

—Ama, sigo sorprendiéndome de cómo han cambiado las cosas en este país desde la primera vez que llegué aquí. Buenaventura solía ser muy violenta, pero esta mañana se me dio por vichar[2] y comprarme una nueva muda de ropa, y no se me pararon ni las moscas —relata animadamente Eclipse, quién está sentada en un sillón en la terraza de su apartamento.

La uruguaya se recuesta en el sillón y abre sus brazos, para que Harriet contemple sus nuevas adquisiciones: unos lentes de sol redondos de color violeta; una chaqueta blanca que llega hasta sus rodillas, está hecha de una lana artificial que es más fresca de lo que parece y, está adornada con pequeñas joyas de amatista incrustadas en esta, que dan la impresión de que brillara; un conjunto de top y short grises; un par de zapatos blancos de tacones cortos, con incrustaciones de amatista, que le dan un aspecto místico a su ya exótica apariencia, al ser ella una hechicera albina.

Harriet, quien viste con un traje verde oliva de inspiración militar, está de pie y en frente de ella, observa gustosa la adquisición de su novia, al tiempo que explica:

—2045. Cómo olvidar ese año, mi bella sirviente —ella se lanza de espaldas al sillón, aterrizando justo a la derecha de Eclipse—. Era un país mucho más violento y enojado. La gente quería derrocar a los evangélicos, pero nadie sabía cómo.

Durante los años finales del régimen evangélico, la situación de orden interno en Colombia era tan preocupante, que el gobierno había perdido el control de varias partes del país, sumado a la violencia política y la creciente pobreza, llevaron al pueblo a rechazarlos de forma contundente y, a que voces a favor de un viraje más democrático e inclusivo, se empezaran a escuchar con mucha más fuerza.

Eclipse hace un paréntesis y empieza a frotar sensualmente el pelo lavanda de Harriet quien, tras su ataque a la Ciudadela del Llano, ha empezado a usar el pelo corto hasta la altura de la nuca y ha dejado de ocultar sus marcas de mitegia, por lo que la uruguaya menciona:

—Por cierto, me encantó como vos te zafaste de ese juicio político. Saliste más limpia que vagina de monja.

Harriet ríe de forma siniestra:

—Mi vida, ya sabes cómo son las cosas aquí en Colombia: si tienes suficiente dinero e influencias, serás intocable. Es más, hay un dicho que nunca pasa de moda «la justicia es para los de ruana[3]».

A finales de enero, Harriet Drake fue víctima de un juicio político llevado a cabo por miembros del partido de Lázaro Gómez. Ellos querían acusarla de genocidio por la matanza en la Ciudadela del Llano, en la que cayó muerto su jefe político, junto con otras ochenta personas, así como de obstrucción a la justicia por intentar ocultar los hechos. La revelación de que ella es una hechicera, junto a otras evidencias, hicieron creer a la opinión pública de que ella sería condenada por la sala penal de la Corte Suprema de Justicia, incluso proyectándose que la votación sería de seis contra tres, lo cual dejaría a la orden sin uno de sus principales alfiles, en un país fundamental para sus planes.

—Dejáme adivinar —Eclipse formula su teoría— ¿Les pagaste a esos magistrados para que cambiaran su voto?

—Exactamente —Harriet confirma con absoluto descaro—. De hecho, ellos dos ahora deben estar en las playas de Recife con todos los gastos pagos, cortesía de la Orden del Libro Verdadero.

Sin embargo, el día de las votaciones, a principios de marzo, el resultado fue de un sorpresivo cinco contra cuatro, a favor de la senadora Drake, quedando absuelta de todos los cargos. Los acusadores, de inmediato alegaron que ella había influido en la votación, pero sin evidencias que soportaran estos hechos, todo quedó en el aire.

Mientras consiente y felicita a su novia por mantener su reputación intachable ante la opinión pública, Eclipse relata:

—Era de esperarse. Sos demasiado astuta como para caer así. Además, la gente ya no soportaba el mismo tango, de los mismos de siempre hablando de religión, castrochavismo y de combatir a la extrema izquierda, mientras el país se caía a pedazos.

—Totalmente cierto —Harriet reafirma las palabras de la uruguaya—. Más de media Colombia no quiere que los evangélicos vuelvan al poder, pero ellos aún siguen teniendo fuerza. Son una amenaza que debemos neutralizar a como dé lugar.

Los años del régimen evangélico son de amarga recordación para una parte importante del pueblo colombiano. Aunque hay personas que aun añoran los años en que el gobierno seguía una política teocrática, bajo una interpretación extremista de la Biblia, los partidos que eran parte de ese régimen gradualmente pierden apoyos, en favor de una nueva clase dirigente, que busca restaurar el orden y sanar una democracia trastocada por el fanatismo religioso y el extremismo de derechas. No obstante, estos grupos aun cuentan con mucha fuerza dentro del país, haciéndose cada vez más agresivos, radicales y... 

¿Quieres seguir leyendo? Pasa por acá y continúa la lectura: https://gary-d-crowley.blogspot.com/2020/12/16-cronicas-de-la-retaguardia-i.html

Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com