A mi pequeña, que jamás fue. A aquella persona que jamás saboree pero que sin conocerla me hizo quererla.
En albas de certidumbre se alza magnifica una brisa procedente de un espacio lejano. Ella era virtud; ella era apoyo, pero a la vez no era nada, algo mental que acabó convirtiéndose en lo nostálgico.
Una estatua de sal llora por la perdida de lo inexistente, por la perdida del alba dorada de un mañana feliz, algo prometido y endeudado. Sin embargo aquí no estás; ni allí, ni quizás en el final...
Promesas te hice, promesas rotas desde el principio, promesas de ansia, de hambre, de ambición, con su inevitable ceguera.
Sé que es una manera extraña de pedir perdón, ¿pero como lo iba a hacer, si no? Como mejor sé, cogiendo palabras de mi actual caos y formando amor intangible de ese que sólo conocemos tú y yo.
Qué bonito es tener algo que compartir, pero que triste que nunca lo hayas podido aceptar. Allí donde estés nunca te olvidaré, aunque sepas que es mentira; aunque sepas que es verdad...
¿Verdad?
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