He estado varias veces en Salamanca. Pensar que el autor anónimo del Lazarillo pensó en esa ciudad para recrear su libro más famoso me llena de emoción. Cómo pensó en el golpe sobre el toro de piedra, cómo pensó más tarde en el golpe que se da el ciego en Escalona. Era un genio el autor del Lazarillo. Un hacedor de tramas increíble y un aleccionador de la vida muy grande. Lástima que ya no se eduque a los niños como el ciego educó a Lázaro. El ciego hablaba zerigonza, sabía de los peligros de la vida, sabía que hay que estar alerta. La vida es ese camino duro por el que pasamos sin advertencias.