Albamar

ShaiantiShaianti Fray Luis de León XVI
editado octubre 2010 en Narrativa
Para quien tenga ganas y paciencia de leerlo todo, es bastante largo, pero cuento con vuestras opiniones. Es un trabajo importante para mi y llevo en ello mucho tiempo.
Gracias por adelantado y saludos. Shai.

A lo largo de los años, Eneida había visitado con frecuencia a sus dos tías abuelas maternas en Albamar, la vieja villa de la familia Moreno en Benalmádena, en el sur de España. La presencia inmutable de Soledad y Almudena, de cuerpo grácil pero de porte orgulloso, era para Eneida un alivio útil y necesario para la recuperación de sí misma cada vez que se sentía perdida y pisoteada por el mal vivir con Carlo.

Las tías, octogenarias, no hablaban y no hacían preguntas inútiles o embarazosas. Su acogida siempre fue cariñosa y familiar. Eran mujeres jocosas, cultas e inteligentes, para las cuales las menudenciasdel amor y del desencanto eran episodios desdeñables de la vida que en cambio debía ser vivida por más altas y nobles razones.

Eneida quedaba desconcertada ante el espíritu de sus tías que desbordaban positivismo aún doblándola en edad y que hacían cuentas distintas con el tiempo por llegar, mientras ella, en cambio, se sentía ya al final del trayecto.
- “Es demasiado corta la vida”, -decía la tía Sole en las vísperas de sus noventa años- Aún queda mucho por hacer. Y mientras, cogía los tomos de la enciclopedia y los repasaba página tras página, en tanto que sobre su mesilla se erguía como en un trono desde hacía decenios, El Otoño de la Edad Media de Huizinga, su fiel compañero en las horas insomnes, cual testigo de un tiempo cruento, parecido, según ella, al tiempo por venir. Pequeña, altiva y tenaz, Sole conservaba más que nadie la fuerza y la exultación que había prevalecido en la familia Moreno.

La tía Almudena, más esquiva y martirizada sin piedad por la artritis y otros achaques, contaba cómo cada mañana al despertar, en cuanto su mente empezaba la fatigosa subida hacia la consciencia y aún antes de mover un párpado, un dedo, en una total ausencia de dolor, su primer pensamiento era: -“¡Estoy muerta!”. Después, al primer ademán de moverse, cuando empezaba a sentir las primeras punzadas y calambres que le eran tan dolorosamente familiares, entendía y decía en voz alta –“¡Ah, entonces aún estoy viva!”.
La tía Almudena caminaba encorvada por el dolor, pero su ser, luchador y vencedor, nunca se había rendido a las inclemencias de la vida.

Otras dos hermanas, la tía Eneida –cuyo nombre ella llevaba- y la tía Lavinia, se habían ido a América junto con sus maridos, en los años cuarenta o cincuenta. Tras la muerte de Ifigenia, la mayor de las cinco hermanas, ocurrida en el 2003 a los noventa y ocho años, se había perdido el rastro de Eneida y Lavinia desde su última dirección en Pensilvania, pues Ifigenia había sido la única en mantener el contacto con sus hermanas “americanas”.

En la familia se fantaseaba que tras quedarse viudas las dos, se habían trasladado, quien decía a California, quien a Florida, en busca de un sol y de un mar que pudiesen acercarlas a la luz y a los aromas de su lejana Málaga a donde no habían vuelto nunca más.
Eneida las había visto en una foto que su abuela Ifigenia le había mostrado cuando era pequeña: recordaba aún su aspecto sonriente y bonachón, de señoras de mediana edad que vestían pantalones y blancas camisas de algodón bordadas y llevaban gafas de pesada montura negra, estilo años sesenta.

Almudena y Soledad, las más jóvenes de las cinco hermanas se habían quedado solas en la casa donde habían nacido y vivido, tras la desaparición de sus respectivos maridos a principios de los años ochenta: el marido de la tía Almudena, el tío Felipe, había sido dado por desaparecido tras una separación considerada sospechosa en aquellos tiempos y luego ratificada de oficio cuando llegó el divorcio en 1981. El tío Manuel, marido de Soledad, había muerto en aquella misma época, truncado por un aneurisma mientras jugaba a las cartas con los amigos del Círculo de Benalmádena –o por lo menos ésta fue la versión oficial publicada en su necrológico, donde se omitieron los detalles escabrosos de su fallecimiento ocurrido en el apartamento en Málaga de su amante de hacía casi veinte años, Isabel.


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Albamar había sido construida por su padre –el bisabuelo de Eneida-, Valentín Moreno, a principios de los años veinte. La casa estaba situada en la cima de una breve colina, en la ladera de levante, frente al mar de Benalmádena. Quedaba pues en lo alto y alejada del bullicio de la playa.

Construída en una sola planta, excepto la “torre” donde se encontraba la incontenible biblioteca y que también servía, enocasiones, de improvisado dormitorio con entrada aparte, al que se accedía por una escalera de caracol –usada en los viejos tiempos como tobogán por todos los niños de la familia-, la casa era muy espaciosa, de estilo andaluz, rodeada por una pequeña cascada de agua que descendía sin fin, llenando el día y la noche con su fresco tintinear.

En su interior, las habitaciones eran frescas, decoradas con muebles recios de estilo castellano, así como las puertas de roble, ornadas con hierro forjado y tachones antiguos.
En la parte posterior, el patio se asomaba a la colina donde el huerto-jardín descendía con sus gradas hacia el mar. Desde allí arriba, en los días límpidos, se podía vislumbrar el contorno brumoso de los montes Atlas, al otro lado del estrecho, en África.

En el trascurso de los años, la casa había sido frecuentada sobre todo en verano por invasiones a las que las tías llamaban “hordas”, de hijos y nietos, nueras, sobrinos y biznietos, que todos los años desarreglaban el jardín montando y desmontando camas de camping, improbables literas, mesas de picnic, sombrillas y tumbonas, y organizaban apresuradas barbacoas de las cuales, las tías después, recogían las cenizas en la fresca calma de la mañana.
Al principio de los años dos mil, la parentela había optado por otras playas más remotas y de moda, y Albamar había quedado sola y sin molestia, protegida y cuidada por las imperecederas Soledad y Almudena.

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En el dormitorio de tía Sole se encontraban varios estantes abarrotados de figurillas de madera, amuletos, objetos cotidianos elevados a santidad, copas llenas de agua para rememorar a los muertos, rosarios, símbolos propiciatorios de riqueza, fertilidad, fortuna, salud, talismanes contra el mal de ojo y la envidia, velas para los vivos y los ausentes, flores, frutas, bastoncillos de madera e incienso, plumas coloradas y crines para el vigor.
No importaba su orígen o procedencia. Los objetos eran increíblemente variados y diversos, venían de todas partes, antiguos y sin tiempo, como ella misma lo era ahora.
A Eneida llamaron la atención las numerosas copas de cristal, colmasde agua cristalina. El agua de donde venimos y de la que estamos hechos. Una copa para cada uno de sus muertos, padres, hermanos, amigos. Algunos de los cálices eran antiguos, de tallo labrado y fino, de cristal de plomo, de roca o de bohemia. El reflejo de las llamas de las cuantiosas velas encendidas alrededor, amplificaba el efecto de su transparencia y de su volúmen.

- Esa es para César, tu padre, dijo Soledad con naturalidad, entrando en la habitación, mientras indicaba una copa grande, para el agua, procedente de algun lote de familia de finales del siglo diecinueve.

Hacía quince años que el padre de Eneida había muerto demasiado pronto, de un mal fulmíneo y prematuro. Eneida quedó sorprendida al constatar que un miembro de su familia materna aún otorgaba tanto recuerdo y respeto a su padre.

- Él nunca me tragó, lo sé, me consideraba tal vez una estúpida ignorante y supersticiosa, pero yo le admiraba y me gustaban mucho sus pinturas vanguardistas y rompedoras. A papá –tu bisabuelo Valentín- nunca le gustó el arte, y como al resto de los intelecutales dentro y fuera de nuestra familia, a tu padre lo despreciaba. Tu abuelo Valente, mi cuñado, si que simpatizó con él. Le gustaban su irreverencia y ateismo, bien evidentes en el personaje y en su pintura.
- Esta otra es para tu tío abuelo Tolo, pobrecito.

La lista no terminaba, los estantes estaban repletos, y todo el amor que desprendían producía un calor benéfico que envolvía a Eneida cada vez que entraba en el cuarto de su tía, en un abrazo protector, amparándola ante la añoranza.

Comentarios

  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2009
    Te estoy leyendo Shai la historia que cuentas hecha con cariño y entrega. Mereces una lectura sosegada. Ya te diré lo que pienso.
    Adelanto que me está gustando mucho de los muchos.
  • Ariel GarcíaAriel García Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado noviembre 2009
    El paso de lo narrado me lleva a pensar que bien podría tratarse del comienzo de una novela.

    Eres una formidable escritora, Shaianti; uno de los tantos talentos que, según mi criterio, caracteriza tu trabajo es la admirable capacidad de definir, me refiero con esto a la verosimilitud de las descripciones que trazan tus cuentos, a referir una historia como quien tiene puestos los ojos en el escenario y pronuncia y no con la natural pérdida de detalles y pormenores de quien imagina (o recuerda) y escribe.

    Bonito relato; lectura distendida y aromas que podrá percibir hasta el lector más distraído.

    Hasta pronto.
  • ShaiantiShaianti Fray Luis de León XVI
    editado noviembre 2009
    Te agradezco sinceramente tu generoso comentario. No sabes cuánto me anima a seguir. Sí, es una capítulo de un trabajo más extenso que por ahora no me atrevo a llamar novela. La veracidad a la que te refieres se debe al hecho de que es todo real. Sólo he cambiado los nombres de las personas por las que siento una especie de deber de narrar sus extraordinarias vidas.
    Saludos,
    Shaianti
  • fantasyfantasy Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado noviembre 2009
    ME A GUSTADO LO ESCRITO,LA FORMA SENCILLA Y COTIDIANA ES BUENISIMA,ESPERO QUE SIGAS EL RELATO,YA QUE ME ATRAPADO Y LA ESPERA NO ES MI FUERTE,SAHIANTI.¡¡NO ME DEJES CON LA INTRIGA:o:o.

    UN ABRAZO DE OSO Y BUENA VIDA:):):)
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2009
    Shai, como siempre, me dejaré llevar y remarco frases de tu relato. No sé hacer comentarios literarios, no he aprendido la fórmula, nunca he estado en un taller de los que te enseñan el método y las maneras de. Lo digo como una carencia personal. Pero me gusta leerte Shai, mucho, entiendo tu trabajo, lo respeto, y te digo lo que pienso.
    Tus tías octogenarias me gustan mucho, porque no eran cotorras, no preguntaban y sobre todo porque su sentido del humor ( dices que son mujeres jocosas) las hace entrañables e inteligentes. Aunque hay una frase en que las intelectualizas demasiado y las rebajas de humanidad. Copio ahora:
    “….mujeres jocosas, cultas e inteligentes, para las cuales las menudenciasdel amor y del desencanto eran episodios desdeñables de la vida que en cambio debía ser vivida por más altas y nobles razones.”…me hubiera gustado mucho que recordaras alguna frase de esas cotidianas como un tu vales mucho nena, o estate quieta chiquilla, o dale una vuelta a la merluza que se quema. Las quijotizas, pero la memoria de los seres queridos nos hacen esa jugarreta de enaltecer a los que queriamos tanto.

    Me vuelve loca en el mejor de los sentidos las jarras, o vasos de cristal donde veneran a los muertos de tu familia, es mi parte preferida del relato, en la que te has dejado llevar sin amarrarte a los descriptivos, aunque preciosos datos.
    Y eso nombres ficticios o reales, tan de pueblo, tan sonoros, nada que ver con los resumidos nombres con que nos minimizan en ésta generación, tan cumplidos y rotundos;
    Efigenia, Eneida, Soledad, echo de menos quizás una Dolores…

    Sin embargo me chirría la composición de ésta frase: “su fiel compañero en las horas insomnes, cual testigo de un tiempo cruento”.
    Me encanta tu tía Almudena empecinada de frase cuando se levanta y dice: “Estoy muerta” pero luego niega con el “¡Ah, pero no! ¡Aún estoy viva”. Es que he visto a Almudena pronunciando el dolor y la vida.
    Eres muy interesante escribiendo Shai, y se que me permites meterme entre tus líneas.
    Un abrazo compañera escritora.
  • ShaiantiShaianti Fray Luis de León XVI
    editado noviembre 2009
    ¡Oh Suina! Tu comentario es enriquecedor y tiene más valor porque es sincero. Estoy de acuerdo - y me ha gustado mucho la expresión "quijotizar"-, en que tiendo a idealizar la personalidad de mi parentela, sacándola del contexto cotidiano. Y menos mal que no usé los nombres reales que son (a parte Eneida que sí que existió), Isolda, Delia, Mireya, Elsa. También hubo Dolores (mi abuela paterna) y Matilde, pero ellas no están en el relato.

    Gracias Fantasy por tu entusiasmo. Ahora, después de vuestros comentarios me atreveré a publicar más...:)
  • Jack LondonJack London Garcilaso de la Vega XVI
    editado octubre 2010
    En este capítulo, conocemos a parte de la familia de la protagonista, que conforma, al fin y al cabo, una parte importante de sus recuerdos.

    Cuando he leído lo del tío fallecido en extrañas circunstancias, me ha venido a la cabeza "Noches de Ferragosto".
  • ShaiantiShaianti Fray Luis de León XVI
    editado octubre 2010
    Gracias Jack, en efecto "nulla si crea e nulla si distrugge, ma tutto si trasforma...". La historia familiar continúa en el capítulo siguiente: Valente.
  • serranaserrana Juan Boscán s.XVI
    editado octubre 2010
    Que hermoso relato Shai. Se disfruta de su fluidez y se vuelve entrañable.
    También a mi me parece maravilloso lo de las copas de agua para los muertos, transfiere una sensación de familiaridad con lo narrado.
    Me gusto muchisimo.
    Gracias por compartirlo.
  • ShaiantiShaianti Fray Luis de León XVI
    editado octubre 2010
    Y gracias a ti, Serrana, por leerlo. Me alegro que hayas disfrutado saboreando los entrañables recuerdos de la vida de E.
  • POLIXENAPOLIXENA Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado octubre 2010
    Precioso Shai. No se ni como explicarlo, pero lo que más me gusta de este texto es la atmósfera que creas a través de la descripición de los personajes y de Albamar. Vas preparando al lector llenándole de la luz mediterránea del lugar, rodeándole con la ternura y los recuerdos de las ancianas tías. El trabajo da sus frutos Shai, gracias por compartirlo.
  • ShaiantiShaianti Fray Luis de León XVI
    editado octubre 2010
    Gracias Polixena, tu comentario llega desde la perspectiva del lector que se siente en pleno en el entorno descrito y los personajes. ¡Qué mayor logro para mi!
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