Fue entonces que, dada nuestra verdadera esencia, todos decidimos dejar de ser humanos y volver a ser animales. El cambio fue de lo más natural y, por cierto, bastante aliviador.
Una vez que nos acostumbramos de nuevo a tener rabo, a ser completamente peludos y a vivir en las ramas de los árboles, las bananas adquirieron un nuevo significado.
En aquel extraño mundo al revés, los gatos atacaban a los perros, los ratones a los gatos, los patos tiraban a las escopetas, los ríos corrían cuesta arriba, las estrellas brillaban de día, los árboles florecían en invierno, los leones llevaban la caza a las leonas, las gacelas se alimentaban de cocodrilos…y tú, tú me adorabas con pasión.
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Se abre el telón y se ve un mal chiste. La audiencia ríe y aplaude. Se cierra el telón. Todo sigue igual. Como siempre. Para siempre.