En el super
Me compré una lata de cerveza que ponía “Te regalamos el treinta y tres por ciento del contenido”. Me bebí más o menos un veinte por ciento, para asegurar…Volví al super con el ticket en una mano y en la otra la cerveza y nada más abrir la puerta le dije a la cajera, le dije, le dije…: -Tome, no la quiero, devuélvame mi dinero-. A lo que ella me respondió con un chillido insoportablemente histérico-¡Ese negro acaba de apuñalar a mi compañera!-. Vi al negraco salir disparado como una mancha adicta al crack por la puerta paralela a la que yo estaba situado. Supuse que las cajeras ya no estaban de humor para torear mi aprieto siendo que ya estaban metidas en otro de mayor envergadura... sobretodo la que estaba agonizando. Mientras la ruidosa cajera sostenía a su compañera me gritó para que llamara a la ambulancia, y yo le respondí como un auto-reflejo:
- ¿No hay nadie más?
-¡No!¡Corra!
- ¿Está segura? en la sección de congelados suele haber una viejecit..
-¡Corra!
-Lo siento… pero es que no uso móvil y tengo algunas cosas que hacer…-Seguía con el ticket y la cerveza en la mano- …Ahora al salir se lo digo al primera persona que vea.-
-¡Es usted idiota, Dios santo haga algo, por favor no se quede ahí quieto!- Tenía la cara llena de fluidos y los ríos de tinta que caían de sus ojos delataban su coeficiente intelectual. Le respondí sereno:
- Tan solo es un pequeño corte, tranquila, esos monos no saben ni como usar un cuchillo…
No se si me escuchó, no me contestó. Siguió llorando y gimiendo como una loca mientras su compañera se desangraba en sus brazos. Me canse de mirarlas y justo antes de atravesar la puerta tiré la lata al suelo y le dije: -Por cierto era pis...la había rellenado con pis…- sonreí y señalé- la lata digo-. Entonces elevó su rostro tan confusa como rabiosa con el labio inferior en tensión. Tenía la mirada llena de odio pero no dijo nada, aguantó la mirada y aguantó el llanto. Yo le miré con sentido del humor, incluso tratando inútilmente de hacerla cómplice, extendí mis brazos y le dije desde una sonrisa ladeada:
-¿Qué? …Relájate mujer
-¿¡Qué me relaje?!- explotó-.
- Se lo decía a la otra...jeje… Es broma, ¿Qué tal te caigo?
-Pero qué clase de… ¡Por dios salga aún que sea a la calle y avise a alguien, no me haga dejarla sola.!
-¿A quién a ella o a la tienda?
- Triste proyecto de hombre… loco hijo de…
- Esta bien, está bien- me apresuré a cortarle por si empezaba a señalar mis defectos físicos…-Ahora vuelvo con ayuda, pero no me vuelva a llamar ladrón.-
-¡Idiota, Pero si yo no …!
-Si lo ha hecho, indirectamente… Recuerde señorita maleducada, que no soy yo el que sostiene a una amiga moribunda…-
Y por fin salí a la calle. A primera vista no parecía haber nadie, “que demonios le pasa hoy a la gente… ¿soy el único tonto que no se ha podido escaquear o qué?” pensé. Seguí avanzando y de un portal salio un tipo grande y pelirrojo. Era un hombre de bar: rudo, con bigote y sin trabajar. Bien podría hacerse el héroe injustamente y fanfarronear en la taberna irlandesa durante toda la semana sobre como salvo a la chica del supermercado… Decidí no decirle nada. Decidí esperar a la persona adecuada. Al cabo de veinte minutos caminando, repuse fuerzas con un delicioso helado en Lugis y entonces le vi. Era un hombre chino, fuerte, parecía inteligente, parecía humilde (especialmente por las limitaciones en el lenguaje ) y muy capaz, en fin… un héroe correcto. Me acerqué a él para decírselo pero, un segundo antes de dirigirme a él, me dije –bah…¿para qué?, si seguro que la muy paleta ya ha palmado...-.
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Hasta pronto.