¡Oh, viejo archivo de poemas!
Que polvoriento quedas
como sauces dormidos
en la noche eterna.
¡Oh, tiempo perdido!
Que muerto te hayas
por no haber saboreado
lo que podrías haber sido.
¡Oh, testimonio tristre!
Que pusiste una roca
en medio de aquel cauce benigno
creando en mi mente precoz
aquel fatídico despiste.
¡Oh, gloriosa oportunidad!
Que gozas del día a día
mostrando tu cara de alegría
y desgarras todas mis sombras
siempre con humildad...
Por todas aquellas noches
donde mi mente se evadía
en ligeros campos de derroche,
Impidiendo enderezar
mi postura
desde la espina dorsal.
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¡Oh, tiempo perdido!
Que muerto te hayas
por no haber saboreado
lo que podrías haber sido.