Todo o Nada

NeverMoreNeverMore Anónimo s.XI
editado octubre 2008 en Negra
El señor Rickman mantenía un rostro serio y compungido, su periódico se agitaba con el temblor de las manos, y sus pies se movían incesantemente en el último asiento de un tren directo a Atlanta. El vagón de clase turista estaba totalmente vacío en el mes de Enero, no habían turistas que hicieran justicia a la clase del vagón, ni siquiera Ron Rickman quien estaba lejos de ser un despreocupado visitante. La soledad del salón se marcaba en sus respiraciones agitadas, las cuales, arrugaban un poco más el costoso traje de Armani.
En este desolado paraje se hallaban cubiertas sus preocupaciones bajo un Times ya arrugado debido a los nervios incontrolados, los cuales, parecían llenar a Ron de una sensación entre comedia y tensión bastante risible. Sus ojos lejos de leer cualquier articulo se movían constantemente hacia atrás buscando algún posible intruso en su singular fortaleza. Ron estaba tenso y tenia buenas razones para estarlo. Su estado se podría explicar en solo unas cuantas palabras. Juego, Perdida, Mafia, Huida y Muerte, eran posiblemente las más significativas.

Ron era un hombre de riesgos y respuestas rápidas, el perfecto jugador de Las Vegas, la única persona capaz de ganarle a la banca. Si alguien que le conociese tuviera que describirle utilizaría una simple oración, es un triunfador, si dice rojo será rojo y si dice negro será negro. Su única ambición era poder continuar ganando dinero de forma rápida y sencilla, a través de sus éxitos, Ron había estado convencido de su don para los juegos de Azar hasta considerarse incapaz de perder, al menos, hasta ayer así parecía ser.
Ronnie Winner como le llamaban en el Santiago´s Casino había entrado como todos los días con un aire seguro de si mismo, directo a la ruleta, y tras unas 4 partidas ganadas bajo el atónito personal que confirmaba la leyenda de R.W se iba a la barra para pedir un ligero Gin Tonic.
Con el tiempo Ron había aprendido que la mejor manera de ganar era dejarse llevar por sus instintos de una manera salvaje. Este sistema parecía infalible fuera la casa que fuera, tanto es así, que los peces gordos que allí pululaban le pedían su opinión acerca del color que debían escoger, naturalmente, Ron cobraba por este servicio consejero. Todo iba bien en Las Vegas hasta que Sammy el feliz vino a pedirle consejo en una gran apuesta por parte del capo de los Santoni, como otras veces Rickman había aconsejado un color, y como tantas otras esperaba acertar. Sin embargo, el rojo que tenia que salir se convirtió en negro y pinto el destino de Ron del mismo color.

En cuanto Ron se dio cuenta de su error se fue corriendo de allí y entro en el primer tren que saliera de la ciudad. El mismo tren en el que se encuentra echando miradas paranoicas y pensando sistemáticamente en su error, su terrible error. La elección de salir huyendo había sido tomada bajo la conclusión de que posiblemente un capo de la mafia hubiera perdido gran parte de su dinero porque aquel que presumía de acertar, se había equivocado, y alguien debía de pagar el desperfecto. Ciertamente Ron no había perdido la fe en su don y pensaba que se trataba probablemente de una trampa por parte del casino para quitar a un cliente tan molesto de en medio. Alguien habría modificado la ruleta y su elección se había visto manipulada. Pero lo realmente cierto, es que ron se sentía en peligro de muerte, justo como una bola entre dos colores, o vivía para contarlo o moría antes de llegar. Si Santoni fuera tras el, algo ocurriría en este tren, seria aquí y ahora.
La puerta del vagón se abrió lentamente con un sigilo fantasmal y dejo ver a uno de los matones de Santoni, quien, se dirigía directamente hacia Ronnie. La reacción del jugador fue tremendamente rápida, toda la adrenalina segregada en aquella espera se había activado con un efecto eyector, impulsando sus piernas en un movimiento que le dejo frente al Matón. Ambos se miraron durante unos segundos bastante densos y poco después efectuaron sus movimientos. El asesino avanzo lentamente introduciendo la mano en su chaqueta, mientras que, Ronnie ya había decidido rápidamente arriesgarse entre los dos colores sobre la mesa.

El salto por la ventana fue de una gran velocidad, los cristales saltaron en pedazos sobre el suelo y el cuerpo de Ron se lanzo al vacío en un acto desesperado de huida. Durante toda la caída Ron confió en su instinto, una sensación que decía que sobreviviría a la caída y huiría del peligro, un todo o nada sin reservas.
El matón observo el cuerpo de Ron descoyuntándose por el desierto hasta acabar totalmente muerto, después de unos segundos, se asomo su mano de la chaqueta dispuesta a sacar un pequeño papel con la firma de Santoni

“Eh Ronnie, no te preocupes por lo de ayer, no perdí demasiado dinero. Ya te pediré consejo otra vez, pero ya sabes, que no puedes ganar siempre.”

El Matón rompió el papel en dos y lanzo los pedazos por la ventana.
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