Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!
Juan Manuel Hernansanz
Anónimo s.XI
Existe cierta discrepancia entre los investigadores para asignar el mérito en relación del documento más antiguo conservado sobre la llegada de los Gitanos a España. El que acepta la mayoría pertenece al año 1425 y es el pasaporte otorgado por Alfonso V el magnánimo, rey de Aragón a D. Juan, conde de Egipto Menor para que pudiera circular por su reino durante el tiempo de tres meses. Pero existe referencia a otro pasaporte en el año 1.415 de ese mismo rey en Barcelona y a favor de D. Tomás Saba, peregrino con su gente a Santiago de Compostela.
Después de esto se suceden los documentos que atestiguan la llegada de diversos señores gitanos: D. Andrés, duque de Egipto Menor en 1.447, D. Pedro, conde de Egipto Menor en 1.447 en Barcelona, D. Martín que aparece en diversos documentos a partir de 1.447 en varios pueblos y ciudades, D. Jacobo, D. Pablo, D. Miguel conde de Egipto Menor en 1.472 en Zaragoza, D. Juan, D. Luís...
A partir de 1.448 aparece otra clase de gitanos-rom que son los llamados "grecianos" y existen diversos documentos para concederles pasaporte. Nombres como Johanes de Grecia, Francisco de Negroponte, Francisco de Arilo. Estos y otros más se presentan como capitanes y conductores de gentes y no usan el ascendente de "Egipto Menor".
Dice Sanchez Ortega en su artículo que estos gitanos que llegaron a la península en el siglo XV son pequeños grupos de unas 50 a 100 personas entre hombres y mujeres y niños. Se calcula que, a partir de ahora, el número de gitanos en la península podría oscilar entre las 2.000 a 3.000 personas.
En el ambiente supranacional donde sucede la espectacular aparición de esas comitivas todo parece desarrollarse desde el principio, y durante un cierto periodo de tiempo de un manera normal o idílica, a pesar del aspecto paupérrimo de esas gentes nómadas y que serían así observadas por su otra forma paralela de ganarse la vida, en su innato convencimiento de que "la riqueza es de todos". Pero los conflictos surgen poco tiempo después. Como dice el artículo de la Unión Romaní: "...cuando desaparece la magia por lo desconocido los empiezan a ver -a los gitanos- como invasores, cuando no como vagabundos, delincuentes o ateos". O como dice F. M. Pabanó en su escrito: "De la noche a la mañana y cuando menos se hacía esperar, empezaron a correrse las acusaciones más graves y las inculpaciones más tremendas y absurdas contra los individuos de raza gitana...Se les culpaba de hechiceros, ladrones, incendiarios, espías, traidores, envenenadores de animales...". Y en otro lugar: "De la falta de confianza se pasó a las denuncias. Los jueces dan comienzo a la incoación de causas criminales en que resultan declaraciones gravísimas contra los gitanos".
Comienzan así, sin más, las medidas oficiales contra los grupos itinerantes para hacerles desaparecer, esconderles o reciclarles para que no molesten, para que la entropía y el desorden acumulado durante siglos por las facciones de nómadas y emigrantes no molesten el orden y el equilibrio de la sociedad.
En 1.439 se les expulsa de París. En 1.471, cincuenta años después de rodar por sus caminos y carreteras, los gitanos son expulsados de Suiza. En 1.500 se decreta su expulsión de Alemania. De Bélgica se manda su expulsión en 1.540, en Inglaterra en 1.514 y más tarde en 1.563.
Las disposiciones oficiales que se siguieron en España comienzan por una Pragmática -ley práctica o escrito real con categoría de ley, pero sin consultar las Cortes u otros órganos de gobierno- dictada por los Reyes Católicos en el año 1. 499 con el fin de regular la presencia de los grupos itinerantes: "Mandamos a los egipcianos que andan vagando...con sus mujeres e hijos, que...cada uno de ellos vivan por oficios conocidos...o tomar vivienda de señores a quien sirvan y los den lo que hubiese menester y no anden vías juntos viajando...". Que si no: "...dentro de otros 60 días salgan de nuestros reinos y no vuelvan a ellos en manera alguna so pena...".
Carlos I renueva la Pragmática en las Cortes de Toledo y en las de Madrid.
Nos cuenta F. M. Pabanó que no surtieron efecto las disposiciones durante la primera mitad del Siglo XVI y que los gitanos siguieron con sus oficios de herreros, caldereros y costumbres errantes. Cita al historiador Martinez del Río que narra un episodio ocurrido en León en el año 1.581 cuando los lugares vecinos en la ciudad estaban inundados de gitanos y que con ellos se habían juntado muchos españoles.
En tiempos de Felipe II se establecen reglas para que los gitanos viviesen asentados en villas y ciudades, se disponen formalidades de control para los individuos y familias gitanas y condena a galeras a los gitanos que no obedezcan las pragmáticas.
Felipe III en 1. 619 propone un decreto para que todos los gitanos dispersos salgan de sus reinos en tiempo de 6 meses y amenaza con la muerte a quienes volviesen y que si lo hicieran serían dispuestos en una serie de ciudades para su asimilación. Prohíbe, así mismo, las ropas típicas gitanas, el nombre de "gitano" y el idioma rom.
En tiempos de Felipe IV se publica un reglamento contra los gitanos con represión de sus costumbres y señas de identidad. Sin embargo, este rey termina con las "pragmáticas de expulsión". Durante su reinado, Carlos II se ratifica en anteriores premisas, pero puntualiza algunas cosas como las ciudades concretas en las que podían residir y el control de su número, familia y posesiones.
El rey Felipe V les manda expulsar de Madrid y les prohíbe su permanencia en los alrededores de la Corte. Pero aumenta el número de ciudades para su residencia, estas ciudades se concentran en Andalucía, Alicante, Murcia y Cataluña.
Ferando VI en el año 1749 organiza una operación de alto secreto para terminar con todos los gitanos que había en España. Es lo que se conoce como la "gran redada" o "Prisión General de Gitanos". En ello intervinieron las Fuerzas Armadas junto a la mayoría de estamentos policiales del país. Se piensa que fueron detenidos unos 9.000 gitanos entre hombres, mujeres, niños y ancianos. Pero poco después serían liberados debido a la suma complicación que ello suponía, aunque algunos permanecieron presos hasta 14 años y que serían liberados por Carlos III.
Dentro del Ilustrismo que reinaba en Europa, es con éste último rey cuando hay un cambio de dirección en las intenciones y leyes y se formulan pragmáticas a partir de 1.783 que según dice Pabanó "iniciaron una nueva era, mejorando las condiciones de la raza gitana, con carácter muy diferente a las leyes que habían prevalecido".
A partir de ahora el dispositivo legal sugiere otro aspecto para la problemática de los gitanos-rom en España, aunque durante los siguientes siglos aparece un cierto ambiente de prevención en la sociedad en su contra tanto en ambientes urbanos como rurales.