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El Galáctico

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII



El Galáctico

Viajó largamente desde el otro extremo de una impresionante galaxia ignota, en búsqueda desenfrenada de otro planeta que albergase vida pura en cualquiera de sus formas, y su radar particular de última generación, matemáticamente lo dirigió de una manera automática y precisa hacia el planeta Tierra.

Por la densidad de una vida detectada, el PC de su nave lo llevó probabilísticamente hacia el océano Atlántico, a las costas españolas, concretamente la costa de Cádiz. Ya allí fue atrapado por un inesperado ciclón y arrojado violentamente contra una salina costera. Su nave microscópica se quedó atrapada dentro de un grano de sal.

Después de dos millones de años jupiterenses (o como coño se escriba ese gentilicio), la salina empezó a ser explotada por seres humanos gaditanos Más temprano que tarde, una máquina lo recogió, y días luego se vio envasado dentro de su grano de sal, en una bolsa comercial.

No sabía realmente lo que estaba sucediendo, pero la longevidad, la paciencia y las características básicas de su especie lo iluminaron; no obstante, ahora los cambios externos iban demasiado rápidos.

Poco tiempo después se descubría a sí mismo, todavía contenido en el grano de sal dentro de un extraño recipiente, que los humanos conocemos como salero. Estaba en la mesa del comedor de una familia de la clase media, pero todo aquello le era ininteligible; anotaba en su bitácora todo lo que estaba viendo, y sus instrumentos registraban el clima, las variables externas y todo lo demás que parecía tener alguna relevancia científica.

De pronto, el salero fue agitado y el grano de sal allí contenido caía en un plato con garbanzos. Una enorme pala metálica (que el humano llama cuchara) lo trasladó a un oscuro orificio de donde fue llevado, pero fuera del disuelto grano de sal a un ducto larguísimo, y después a un depósito ácido que finalmente pudo establecer contacto con algunas extrañas formas de vida, lo que en definitiva era el objetivo último de su interminable viaje.

Y así, cuando estaba totalmente inmerso en la ciencia para la cual había nacido, un terrestre se le acercó, aparentemente en son de paz, y él –investigador infatigable hasta las últimas consecuencias- trató de establecer comunicación:

- Hola, soy Anastasio “El Picha”, del planeta Cádiz.

El galáctico viajero no entendió aquel amigable mensaje, ni la relevancia científica detrás de un habitante de un lugar tres veces milenario, por lo que, finalmente, sin ninguna clase de contemplaciones y aunque no tenía demasiada hambre, lo engulló sin piedad.



Antonio Chávez López
Sevilla octubre 2001

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