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Hipotética carta a tallerista indecisa

Marcelo_ChorenMarcelo_Choren Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
Escribí esta nota a finales de 2004, a raíz de una controversia sobre la corrección de textos. Fue publicada en el portal El Aleph

Protestás, mi querida, porque, después de la corrección que hicimos juntos, tu texto no parece escrito por vos, "no nació así". Y, de paso, anunciando que no te darás por vencida, paradójicamente me pedís tolerancia. Te aclaro que no hay correcciones tolerantes ni intolerantes. Intenciones aparte, nos es necesario interpretar, de la mejor manera, lo que el propio texto pide que le hagamos.

Comprendo tu sentimiento: durante el proceso de escritura encontrás múltiples oportunidades en que el cuento quiere tomar otros rumbos. Y eso mismo sucede, muchas veces, a la hora de corregir. Lo mejor, creo, es seguir al relato discretamente y ver adónde va.

El acto creador, el momento en que no nos alcanzan los dedos para escribir lo que fluye de nosotros, es mágico, maravilloso. Parimos un hijo y nos ahoga el amor. La pregunta es: ¿dejaremos librada a esa criatura a la buena de Dios, o le daremos las mejores oportunidades? ¿Lo proveeremos -padres amorosos—, de las herramientas y los recursos para que crezca en sana fortaleza, o dejaremos que se las arregle solo, espontáneamente y como pueda? Un adulto no nace adulto. Y se parece muy poco al bebé que fue.

Un escritor como Hemingway viene a cuento: era uno de los campeones de la corrección; como Borges, Cortázar y otros miles, podía escribir y reescribir una misma frase cincuenta veces sin rendirse, sin darse por satisfecho. Ningún padre, ningún autor responsable, enamorado de su arte, descuida esta tarea. No deja las cosas "como nacieron".

Desde luego, el texto es tuyo. Sos libre de hacer con él lo que prefieras. Me parece excelente que no te des por vencida con facilidad, un escritor necesita ser tenaz.

Pero mi opinión es: dale al texto —date a vos misma— permiso para experimentar. Son incontables las ocasiones en que, de manera insospechada, aparece un cuento "dormido" dentro de otro. Y en ese desbrozar la maleza, también hay creación y gozo.

Si escribir es fundir oro en un molde, corregir es sacar las rebabas, abrillantar, engarzar las gemas. Y para eso hay técnicas que son de uso diario en todo buen taller de escritura.

Te propongo que las aprovechemos entre los tres: vos, tu cuento y yo.


Marcelo Choren


Comentarios

  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado 13 de junio
    En mi opinión, aunque la mayor parte de lo que se vierte al texto, por espontánea o "naturalmente" que te lances o te propongas lanzarte a escribir, rara vez nos es completamente ajeno, el verdadero trabajo literario es siempre consciente y meticuloso.

    Efectivamente, los textos no "nacen", se hacen (y deshacen, y rehacen). Quizás es tan importante el proceso preliminar, el de  bosquejar y planear cuidadosamente la idea, como la corrección, para evitar discurrir a trancas y barrancas y convertirlo en un trabajo en exceso caótico y fatigoso.

    Un matiz es que hablas de corrección conjunta y ahí encuentro lógico cierto sentimiento de impropiedad; aunque la literatura es en buena medida un acto de comunicación y de pluralidad, escribir es un acto solitario.

    "Un escritor necesita ser tenaz". Escribir es muy complejo (y escribir sobre escribir, también). 
    Un texto muy interesante, excelentemente redactado.
  • Marcelo_ChorenMarcelo_Choren Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    El texto siempre pertenece al autor, esto es preceptivo.
    Lo que suelo hacer en los talleres es apuntar sugerencias sobre lo que el texto dice, no sobre lo que quiere decir. Más allá de ello, será el propio autor el que decida si quiere modificar o no su escrito.
    Muchos participantes tienen ganas de escribir, pero adolecen de vicios (unos más que otros), producto de una enseñanza deficiente, tanto en la lectura como en la comprensión de textos. Ni hablemos de la redacción.
    Un ejemplo real.
    El tallerista escribió:
     "Detrás del amplio ventanal, las tristes nubes derramaban frías lágrimas que resbalaban por los relucientes cristales"
    Le sugerí reemplazar la frase por "afuera llueve"
    Me dijo que su frase sonaba más literaria, más linda (!).
    Le expliqué que no era necesario agregar un adjetivo a cada sustantivo, ni ponerlo por delante, aunque creyera que así sonaba "más literario" o "más lindo", según sus palabras. Que el ventanal era una ventana, y que quizá el Sultán de Barhéin o el Maharajá de Kapurthala tuvieran cristales en sus ventanas, pero el común de las personas sólo tenían vidrio.
    También expliqué que no existe ningún autor de fuste que no corrija ni repase sus escritos, como parte de la propia escritura. No son hechos separados sino que uno es la continuación lógica del otro.
    Quizá la carencia más evidente con que suelo encontrarme es la falta de lectura. Ya lo decía Isidoro Blaisten: un taller de escritura es un taller de lectura.
    Aquí los comentarios pueden ser alarmantes como: "no leo, pero me gusta escribir" o "no leo para no contaminarme".
    ¿La escritura es un acto solitario? Sí, hasta masturbatorio, llegado el caso. ¿La corrección de textos también lo es? Sí, si se cuenta con las herramientas apropiadas. De lo contrario, es conveniente acercarse a quienes puedan proporcionárselas.
    Te agradezco enormemente tu aporte. Creo que es un buen tema para debatir y compartir.

    Saludos cordiales,
    Marcelo
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