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Incesto. Cuarto encuentro

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


Slo escritos erticos - Pgina 6 Escri158


INCESTO
Cuarto Encuentro

Como este cuarto encuentro, igual que los tres anteriores que he narrado, no son ficción, que son reales como la mismísima coprotagonista de ellos, a la chica la voy a denominar (sin que se vea como despectivo) “la tal”, y así, de esta forma y a partir de ahora no haré ninguna referencia de parentesco con nadie.

Llegué a su casa a las nueve y diez de la noche

Como era de prever, y también por lo comprobado en encuentros anteriores, la tal me recibió en ropas menores, bueno, tan en menores que no llevaba, solamente cubría su triángulo pélvico su pelo azabache en melena larguísima estratégicamente distribuida, y la dueña de la melena mostraba una pose majestuosa de una esbelta figura.

Por contra de los otros encuentros, la tal no pasó en este directamente a la acción desde la entrada de su casa, solo me dio un acaramelado beso en los labios, y luego me cogió de la mano y me llevó al salón, en el cual (lo he dicho en dos escritos anteriores) hay dos grandes sofás y es enorme uno de ellos y en forma de ángulo recto.

Bueno, pues ya en el Gran Sofá, empezó a ir desabrochando deseos sus carnales, los que tenía abrochados en espera de esta ocasión, debido a que fallé a tres citas, precisamente por tres citas con otras tres chicas.

Lo primero que la tal hacía era soltarse el pelo de su entrepierna, y también de sus acciones (se dice que "soltarse el pelo" es hacer lo que le venga en ganas al que sea que lo haga).

Seguidamente me desposeía del polo amarillo que llevaba, y empezó a besar y lamerme las tetillas, siguiendo su joven, pero experta lengua por el torso, cuello, sobacos, barriga, y, claro, a tanto estímulo acudía mi pene, que la tal mordisqueaba por encima del corto pantalón verde que, para luego quitármelo junto con el negro slips. Y sin más, su habitual ritual de lamidas y mordidas en prepucio, glande, meato y testículos, pero pausadamente, a cámara lenta, hasta llegar a una notable erección, que, para ponérmela sobresaliente, le untaba su sabia y milagrosa crema, ávidamente lista y preparada. Y una vez untada en el glande aparecía un súbito calor que me recorría todo el aparato genital, poniéndoseme en segundos dura y erecta, cual de un adolescente.

Se la metió en la boca y comenzó a degustarla. Y el placer me vino tan rápido que no tardé en eyacular, pero a cada envite de la felación iba sintiendo algo vibrante y agradable que no sabría explicarlo, y cuando estaba a punto de estallar, la cogí a con fuerza, la tendí en el sofá y se la metí; un empuje y semilla adentro, que una vez que la tal la sintió me atenazó el pene con sus labios inferiores hasta soltar sus característicos gritos, no ocupándome yo esta vez en taparle la boca. “¡Grita, grita cuánto quieras, que igual tus gritos resucitan la lívido de alguna recatada vecina de tu lujoso edificio!”, me dije para mí.

Flácido, solo se salía de la cueva, que aprovechó para llevárselo a la boca, dándole bocaditos para que se mantuviese erecto, que no lograba tan pronto como habría querido.

Cenamos salmonetes fritos, y yo le pregunté si le gustaba los salmonetes, a lo que me dijo: “todos los pescados me gustan, pero he frito salmonetes porque sé que a ti te chiflan”. “¿Quién te dijo eso?”. ‘Tengo más información de ti de la que puedas imaginar”. Me sorprendía que no sirviese antes los salmonetes, y, adivinando mis pensamientos, me dijo algo que me hacía pensar que, efectivamente, tiene veneración por mí y mis costumbres: “no los puse antes porque sé que no te gustan recién fritos, sino medio fríos o templados”, concluyó.

Como ya estoy harto de recomendarle lo que tiene que hacer acerca de que salga y se divierta, y como “el asunto del tunante psicólogo” fue un rotundo fiasco, me limité a hablarle sobre cosas banales, y a esto, ella en tangas y yo en slip, pero en todo momento sus manos en mi bragueta alojamiento buscaban, y a veces acercaba la boca a la abertura de mi bragueta, sacaba con suavidad sus dientes y daba besitos y bocaditos. Y ya no volvía a aprisionarla de nuevo, para así tenerla sin puerta a su disposición.

Pasada como una hora de charla, de nuevo entró con más ganas en acción. Pero le advertí que bajo ningún pretexto metiese la puntita de su lengua en mi ano, y que tampoco me la besase recién descargada de orín; de hecho, tuve la necesidad de ir dos veces al cuarto de baño y enseguida me la lavé en el bidé. Eso sí, se masturbaba y los dedos que empleaba se los metía en la boca, relamiéndoselos con lujuria, y haciendo eso no solo conseguía excitarse ella, también me excitaba a mí.


-sigue-




Comentarios

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Pero yo no quería más felaciones, lo que sí quería era penetrarla. Comencé a tocármela, recibiendo lamidas de ayuda para dejármela engrasada, hasta ponérmela erecta y erguida de nuevo (según la tal, el efecto del Spedra es de unas cuatro horas). La atraje hacia mí y me la puse encima, levantándome después del sofá y sentándome en una silla; y sentado, ahondaba en su acuoso sexo mi lubrificada verga, entrando y saliendo.

    Después de unas acometidas, cogí a la tal de las caderas y nos tumbamos en la alfombra, y fue entonces cuando comencé a penetrarla con fuerza y diciéndole: “¡¿te gusta mi pene?!”. “¡Sí, me da mucho placer, métemelo, pero no eyacules pronto que quiero recordar esto cuando esté sola!”. “Siento que voy a tardar, pero también siento que no se va a aflojar”, Y así algunos minutos, hasta que, debido a la enajenación de los movimientos, nos fuimos los dos al unísono. Y todo entre besos, raíles en mi espalda y nuestras lenguas haciéndose diabluras.

    Después de la segunda corrida, por el cansancio y el sueño acumulados y también por los esfuerzos de la intensa sesión, me estaba quedando frito en el sofá. Noté que la tal había bajado un poco el aire y me arropaba con sábana. Y dormí, al menos un par de horas. A la una y media de la madrugada desperté, me duché y me dispuse a salir hacia mi casa, sin oposición por su parte, como dando por sentado que no tardaría en aparecer. Me dio un tierno beso y me dijo al oído “te quiero”, pero no insistió en que me quedase, aunque mimosa dijo “¿no te apetecería dormir conmigo y de madrugada te busque y mañana te sirvo el desayunito en la camita?”. “No, cada uno en su casita”. “Vale”.

    Y así acabó la velada sexual por hoy.

    A pesar de que en esta ocasión tampoco quise hacerle ver eso tan manido de que saliese y se divirtiese con amigos, me dijo que salía a veces con amigas, incluso con un viejo amigo, pero cuando llegaba el momento de la cama, luego de una noche de copas, le decía a su amigo que no, que la cama rompería la amistad de tantos años. Y añadía, sin reparos, que su cuerpo tenía dueño desde que era una mocosa adolescente.

    No le dijo quien era, pero le pregunté, sonriéndome, y ella me respondió: “lo sabes de sobra”, y me sacó la lengua con una mueca de burla.

    En medio de nuestra charla, me dijo que no iba a salir más con amigos porque todos pedían lo mismo: cama, y cama solo le daba a uno que quiere a muerte. Pero como a su antiguo amigo, con el que había salido varias veces, le gusta ella a rabiar, y se siente despechado por ser siempre rechazado para el sexo, la última vez que se vieron le preguntó a lo bestia que si era boyera, a lo que la tal le respondía que no, que no tenía nada en contra de las lesbianas, pero que no la atraían las mujeres, por guapas que fuesen, pero que le preguntase eso en la próxima ocasión que se viesen por si para entonces había decidido probar. Con lo cual, su amigo de toda la vida se quedó de piedra. Eso me lo contó la tal entre risas y estando los dos en la cama después de una de "nuestras sesiones".

    No, convencido estoy de que no es la tal de esa clase de féminas que se arredran frente a alguien o algo, porque, además de ser una mujer, joven, guapa y con unas sensacionales hechuras, tiene más huevos que el toro de Osborne.


    Slo escritos erticos - Pgina 6 Encuen13

    Antonio Chávez López
    Sevilla agosto 1999


  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII

    -o-

     :)
     

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