No todos los hombres saben seducir a una mujer; por contra, aunque, generalmente, alardeen de sus dotes para tal efecto, se equivocan reiteradamente. No es precisamente el dinero el único embajador privilegiado de los hombres para conseguir fácilmente una presa femenina. Existen otros factores o incentivos para tratar de lograr sus propósitos de deducción.
A continuación expongo, bajo un meditado estudio personal, algunos de los razonamientos que se deberían tener en cuenta a la hora de iniciar una seducción, que no cacería.
Hay hombres que piensan, seguro que para hacer realidad su pensamiento, que ser directos es lo más acertado pero a veces chocan y no entienden el porqué de que son rechazados, si la otra parte, la mujer, acepta su invitación, incluso ellos sienten que los miran de una manera especial.
Algunos otros hombres piensan que mostrarse irresistibles es llevar la delantera, y siempre que se citan con alguna mujer adoptan una imagen de ganador; usan todo lo que la billetera le da para cautivar, lanzando miradas incendiarias ensayadas, y lo peor que visten para impresionar, sin tener en cuenta que lo normal es usar ropa de acorde con la edad, acompañada, quizás, de algún perfume masculino, que a los ojos de ellas les hagan sentirse más atractivos.
No faltan aquellos que tienen su ego inflado, y suponen que el hacerse los interesantes, respaldados por cara y cuerpo de macho ibérico y, cómo no, una buena VISA, es la mejor forma de darse tono para decirle a la chica de turno, pero en forma insolente, despectiva y casi insultante: “oye, puedo ser tuyo cuando quieras, pero si antes pasas por mi aro”.
Pero hay una cosa que está clara, y es que cuando una mujer no quiere ser seducida... nanay. No le importa el dinero, ni la ropa, ni el look, y mucho menos la arrogancia. La mejor forma de seducir a una mujer es, sin duda, dejarse atrapar por ella, pero contando con que el deseo de los dos coincida, que esa es otra...
No es nuevo, sino desde Adán y Eva (pero la Evita no tenía sus problemas con esto porque era la única mujer para pescar al único hombre) que cuando una mujer pone el ojo en un hombre, difícilmente se le escapa. Las mujeres sí que saben seducir, arropadas por sus encantos. Sin obviar el sexo, literalmente hablando, que es entonces cuando no hay escapatoria posible.
En el arte de la seducción, los hombres tienen mucho que aprender de las mujeres. Porque ni siquiera los más guapos, ni los cachas, ni los millonarios logran de ellas lo que ellas no están dispuestas a dar.
A las mujeres les atrae, y mucho además, el dinero y su bienestar, sin olvidar, por supuesto, el grado de inteligencia, el índice cultural y el trato del hombre que se acerque a ellas, y no solo con intenciones de llevársela a la cama.
A veces las mujeres yerran en el disparo por más intentonas que hacen. A veces las mujeres dan en el blanco a la primera, pero, en cualquier caso, siempre son las mujeres las que tienen la última palabra.



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