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No existo

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


No existo
 
Todo empezó esta mañana. Salía de la ducha cuando llamaron a la puerta. La abrí y vi un tipo bajito, calvo y con bigote, con traje gris marengo, camisa blanca y corbata verde de seda. Sostenía una carpeta en una de sus manos.
 
—¿Don Eusebio Miranda? -preguntó.
—El mismo.
—Soy inspector de FUSIÓN y vengo a traerle una notificación.
—¿FUSIÓN? Nunca he oído hablar de esa entidad.
—Es un organismo nuevo. Se trata de la fusión de los departamentos del Censo y de Hacienda. El gobierno los ha fusionado en uno para poder solucionar, por ejemplo, casos como el suyo.
—No entiendo...
—¿Me permite pasar? Será más fácil para ambos si le entrego este comunicado y se lo leo tranquilamente sentados.
—¡Claro, por favor, pase, pase...!
¿Qué ha querido usted decir con “casos como el mío”? –le pregunté, una vez que nos encontrábamos sentados en el sofá del salón.
—Hemos comprobado que lleva años sin pagar sus impuestos. El total acumulado, junto a los intereses fijados, se eleva a una suma que seguramente no podrá pagar. Y lo sabemos porque ya lo hemos revisado. Aun vaciando sus cuentas en Bancos y vendiendo todas sus propiedades, solo cubre el 46% del total.
—¿Y qué va a hacer FUSIÓN, enviarme a la cárcel?
—No. Eso supondría que el Estado tendría que mantenerle. Y, francamente, ya nos ha costado usted demasiado dinero.
—¿Entonces...?
—Le denegaremos sus derechos como ciudadano. Ha sido eliminado del Censo y de todos los organismos con las que mantenga o haya mantenido relaciones. Y todo esto con carácter retroactivo. Oficialmente usted no existe ni ha existido nunca.
—¡Pero esto es grave! ¿No hay otra manera de solucionarlo?

El tipo me dio un papel mecanografiado que sacó de su carpeta.

—Tenga. Ese es un documento donde se le comunica la pérdida de sus derechos y las gestiones que tiene que hacer para recuperarlos.

Cogí el folio que me tendía, sin saber qué decir.

—Y ahora, si me disculpa, tengo más documentos que entregar y el tiempo se me echa encima.
 
Le acompañé hasta la puerta de mi casa y él desaparecía tras la puerta del ascensor.
 
Pasado un rato, salí a la calle y entré a un bar a tomarme un whisky, y así empezar a digerir aquella extraña visita...
 
 
Un tal Pepe Pérez estaba sentado en un taburete de la barra de un bar, bebiendo cerveza, cuando un desconocido se sentó frente a él en la silla de una mesa, con un vaso con whisky en mano; miró a Pérez y empezó a contarle su historia. Al principio, a Pérez le jodía, no podía soportar a los borrachos que se ponen a contar sus penas al primero que pillan, por lo que se mostró indiferente, pero, intrigando le estaba la historia, y fue por eso, que al ver el desconocido la expresión en su cara, se puso a mirar cómo el hielo se iba derritiendo en su vaso con whisky, le preguntó:

—¿Y qué hizo usted después?

El desconocido alzó la cabeza de golpe, como si acabase de despertar.

—Que dejé el papel que me dio sobre la mesa del salón y me marché. Era tarde para acudir a mi trabajo. Pensé que lo leería con más calma al volver a casa. Pero no me imaginaba ni remotamente el grave error que estaba cometiendo >>>

>>> Y lo primero que hice, antes de coger el autobús que me llevaría a la oficina, fue pasar por el cajero de mi Banco a sacar dinero. Y allí empezaron mis desventuras >>>

>>> Una vez introducida la tarjeta y tecleada mi contraseña, aparecía un mensaje en la pantalla que comunicaba que la tarjeta no era válida y que quedaba confiscada. Entré al Banco y me fui a la caja. Rosa, la amable cajera, me recibió con una sonrisa y me preguntó en qué podía servirme. Le dije lo que había pasado, y ella me pidió mi talonario. “No lo llevo encima”. “No se preocupe. ¿Me permite entonces su DNI?”.

>>> Se lo di, y empezó a teclear en su ordenador >>>

—Lo siento, señor, no consta que usted tenga cuenta en este Banco.
—¡Imposible! -dije, confundido-. ¡Llevo gestionando mis transacciones a través de este Banco desde años! ¡Tú misma me ha atendido en numerosas ocasiones!
—Lo lamento, señor, pero no recuerdo haberle visto en mi vida.
—Por favor, Rosa, dile al señor Marcos si puede atenderme.
 
>>> Marcos, el director del Banco, que yo conocía desde que ocupó su puesto, años atrás, no solo confirmó lo que me había dicho Rosa, también me dijo no haberme visto jamás. Pedí, chillé, rogué... Todo inútil. Tuve que salir de allí, bajo admonición de Marcos de llamar a la policía si persistía en mi actitud >>>

>>> Al salir miré mi reloj. Era tarde ya. No llegaría a tiempo a la oficina. Eché mano del móvil para avisar que iba a llegar más tarde, pero, tras marcar, una voz grabada anunciaba que el número desde el que llamaba no constaba registrado. Entonces me acordé de lo que me dijo el inspector del FUSIÓN: “oficialmente, usted no existe ni ha existido nunca”. “¡Por qué me han hecho esto!”, grité >>>

-pasa a página 2ª y última-







Comentarios

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII

    >>> Subí al bus y al abrir mi billetera para pagar, vi que mi DNI no estaba. No podía ser, una cosa es que te hagan desaparecer administrativamente y otra físicamente. Recordé que había sacado el DNI en el Banco, y por esto pensé que lo habría dejado allí olvidado, y también pensé que estaba seguro de haberlo metido de nuevo en mi billetera >>>

    >>> Cuando me bajé del autobús, busqué una cabina de teléfono y llamé al Banco. ¡Ni siquiera recordaba Rosa que hubiese estado allí! ¡Y eso que solo había pasado escasamente media hora! >>>

    >>> No sabía qué pensar ni qué hacer, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando al entrar al edificio de mi oficina, Dani, el portero, me espetó >>>

    —Disculpe, señor. ¿A dónde va?

    —¿Y a dónde quieres que vaya? A Sampedro SA, por supuesto.

    —¿Tiene usted cita?

    —¡Por Dios, Dani, ¿es que no me reconoces?!

    —No recuerdo haberle visto nunca, señor.

    —¡Pero si llevo quince años trabajando en Sampedro SA y pasando todos los días frente a tu portería!

    —Lo siento, señor.

    >>> Se repitió el mismo episodio del Banco, y otra vez tuve que salir pitando, bajo la amenaza de policía. “¡La mano de FUSIÓN es larga con cojones”, grité de nuevo >>>

    >>> “¡Claro! El papel que me dio el hombrecillo, seguro que explicaba cómo salir de este embrollo”, me dije para mí >>>

    >>> Cuando llegué a la puerta de mi casa, vi, alucinado, que mi llave no encajaba en la cerradura. Frustrado, di puñetazos a la puerta, pero, para mi sorpresa, se abrió y me hallé, cara a cara, con un hombretón mal encarado >>>

    —¡¿Qué coño está pasando aquí?! ¡¿A qué vienen esos golpes?!

    —¿Quién es usted y que está haciendo en mi casa? –le dije yo.

    —¡¿Su casa?! ¡Esta es ¡MI CASA!, llevo viviendo aquí cinco años!

    >>> Nueva amenaza con la policía me hizo salir de allí a todo gas, no sin antes ver, loco, que no me había confundido de edificio. Debí andar sin rumbo una hora. La cabeza me daba vueltas. “¡¿Cómo lo hacen? ¡¿Cómo pueden borrar así la existencia de una persona?!”. Me irrité de nuevo. Tenía que haber algún indicio o constancia de mi existencia en alguna parte; debía haber alguien que me recordase >>>

    >>> “¡Carmen!”, pensé de pronto >>>

     >>> Entré a una cabina y llamé a Carmen, mi novia >>>

    —¿Sí? -escuché la voz de ella.

    —Carmen, soy Eusebio.

    —Hola, cariño.

    >>> “¡Dios, me recuerda!”, dije, feliz, apartando la boca del teléfono >>>

    —Carmen, necesito verte inmediatamente. ¿Estarás en casa?

    —Sí. No pienso salir. ¿Pero qué te pasa? Te noto extraño.

    —Te lo contaré cuando llegue. No te preocupes. Estoy bien.

    >>> Colgué y salí pitando hacia la casa de Carmen. Cuando llamé a su puerta, ella la abrió con la cadena de seguridad de dentro puesta. “¿Que desea?” -preguntó, después de mirarme >>>

    >>> Eso me dijo mi novia, y a mí se me cayó el alma a los pies >>>

    —¿Es que no me reconoces?

    —¿Debería?

    —¡Carmen, que soy Eusebio, tu novio desde hace cinco años!

    —Yo nunca tuve novio.

    >>> Espantado y cabreado, salí de allí. Al llegar a la calle, vomité. Estaba mareado y todo me daba vueltas. “¿Cómo me puede pasar esto? ¿Es que nadie me recuerda? Tiene que haber alguien que... ¡Mi madre!”, pensé >>>

    >>> Llamé a mi madre. Reconocí su voz enseguida >>>

    —¿Diga?

    —Soy yo, mamá, Eusebio.

    —¿Quién?

    —Eusebio. Tu hijo.

    —¿Qué es esto? ¿Alguna broma de esas que hacen por la tele?

    —No es ninguna broma, mamá... yo...

    —Oiga -me interrumpió-. No tengo ni idea de quién es usted, pero no es mi hijo. Y eso es seguro porque yo no tengo hijos.

     >>> Y colgó. No sé cuanto estuve inmóvil dentro de la cabina, incapaz de reaccionar, hasta que un anciano dio un bastonazo al cristal, exigiéndome que dejase libre el habitáculo >>>

     >>> He estado todo el día dando vueltas por mi ciudad, caminando sin rumbo, sin prestar atención a nada y con la mirada perdida cual zombi. Hasta que he pasado por las puertas de una tienda de electrodomésticos que hay al lado de este bar >>>

     —¿Y qué pasó entonces? -preguntó Pepe Pérez al desconocido mientras se sumía de nuevo en el hielo de su vaso.

    —¿Conoce usted esa tienda? -le dije de pronto.

    —La conozco.

    —Entonces sabe que en el escaparate hay una enorme pantalla, conectada a una cámara enfocada a la calle. De modo que cualquiera que pase por delante, se ve reflejado en ella.

    —Así es.

    —Pues bien, cuando he mirado la pantalla pude ver la calle, coches y los peatones que pasaban, los árboles, los edificios. ¡Todo! Excepto a mí. Yo no aparecía. Y no he podido más, he entrado a este bar dispuesto a coger una borrachera.

    —Historia increíble esta suya, que seguro debe tener una explicación razonable para todo lo que le está pasando.

    —¿Usted cree? ¿Se le ocurre alguna?

    —En este momento no.

    —Ya.

    —Empero, le diré lo que vamos a hacer. Ahora voy al baño. Esta es mi sexta cerveza y ya no puedo aguantar más. Cuando salga, pensaremos en ello.

    —Se lo agradezco muchísimo.

    >>> Usted se levantó y se fue corriendo al servicio de caballeros. Estaría orinando un rato, porque seis cervezas dan para mucho. Cuando salió vio usted la mesa vacía y llamó al camarero >>>

    —Paco, ¿dónde se ha metido ese hombre que estaba conmigo?

    —Más te vale que no bebas más por hoy, Pepe.

    —¿Por qué lo dices?

    —Porque has estado solo todo el tiempo.

    —¿Quééé? ¿Entonces de quién es ese vaso de whisky a medio acabar que hay en esa mesa?

    —¡Vaya, no lo había visto! No sé de quien pueda ser.

    —Qué raro. Bueno, olvídalo y sírveme otra cerveza.

    —¿Seguro?

    —Estoy bien, tranquilo. Habré pegado un cabezadita y lo he soñado.

    >>> Usted volvió a sentarse en el mismo taburete, mientras el camarero le servía otra cerveza y retiraba la jarra de la vacía y el vaso con whisky sin acabar. Bebió un trago, frunció el entrecejo y dijo a media voz:

    Qué extraño. Parece que la cerveza se me han subido a la cabeza. Por más que me esfuerzo, no logro recordar que estaba haciendo antes de entrar al aseo <<<



    Antonio Chávez López
    Sevilla febrero 2011

     :)
     
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII





     :) 


  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV

    Es una distopía kafkiana, pero con tintes cómicos. La metáfora de la deshumanización/desintegración del personaje, del nadie a la nada, sustentada en la estructura narrativa, es irónica e ingeniosa. 

    Me gusta mucho la crítica detrás de la inventiva y el humor negro.

    "Soy inspector de Fusión y vengo a traerle una notificación" 😂

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    Sarasvati dijo:

    Es una distopía kafkiana, pero con tintes cómicos. La metáfora de la deshumanización/desintegración del personaje, del nadie a la nada, sustentada en la estructura narrativa, es irónica e ingeniosa. 

    Me gusta mucho la crítica detrás de la inventiva y el humor negro.

    "Soy inspector de Fusión y vengo a traerle una notificación" 😂


    Me basé para escribir ese relato -más de humor semi negro que de otra cosa, y sin tintes dramáticos- en un hecho real que sucedió en Sidney (Australia). No era una fusión de la recaudadora Hacienda y el Censo (eso me lo inventé para mi texto, al igual que todas las peripecias y diálogos del personaje central), sino que, por un error gubernamental, a un norteamericano, nacionalizado australiano, lo confundieron administrativamente con otro (perseguido por la ley) de igual nombre y apellido, y, para más inri, con un parecido físico tipo sosia. Hasta que aquel pobre hombre pudo salir de aquel enredo, le costó una casi crónica depresión que por poco le causa la muerte.

    :)


     
  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    Sarasvati dijo:

    Es una distopía kafkiana, pero con tintes cómicos. La metáfora de la deshumanización/desintegración del personaje, del nadie a la nada, sustentada en la estructura narrativa, es irónica e ingeniosa. 

    Me gusta mucho la crítica detrás de la inventiva y el humor negro.

    "Soy inspector de Fusión y vengo a traerle una notificación" 😂


    Me basé para escribir ese relato -más de humor semi negro que de otra cosa, y sin tintes dramáticos- en un hecho real que sucedió en Sidney (Australia). No era una fusión de la recaudadora Hacienda y el Censo (eso me lo inventé para mi texto, al igual que todas las peripecias y diálogos del personaje central), sino que, por un error gubernamental, a un norteamericano, nacionalizado australiano, lo confundieron administrativamente con otro (perseguido por la ley) de igual nombre y apellido, y, para más inri, con un parecido físico tipo sosia. Hasta que aquel pobre hombre pudo salir de aquel enredo, le costó una casi crónica depresión que por poco le causa la muerte.

    :)


     

    Es cierto, no es distopía. La deshumanización (bajo múltiples formas) es una realidad actual.

    Y doy fe de que la burocracia es puro sadismo instituido porque ayer me tocó renovarme el DNI 😂. Como tres horas claustrofóbicas de retraso, mangoneo y rapapolvo por tenerlo caducado. 

    Bromas aparte, la anécdota de base sí es dramática. 
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