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Las pamplinas de los mandatarios andaluces

cehicehi Miguel de Cervantes s.XVII


Las pamplinas de los mandatarios andaluces

La Junta de Andalucía ha pasado a la historia del surrealismo chufla por haberse aprobado su Proyecto Ley de Protección de la Fauna Silvestre, cuya ley ve delito mirar, observar, filmar o fotografiar a animales de especies amenazadas, sin el permiso correspondiente. 

Se entienden especies amenazadas en Andalucía las que están incluidas en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas, las que están incluidas en el Catálogo de Especies Amenazadas de la Comunidad Autónoma de Andalucía, y las relacionadas con los Acuerdos Internacionales vigentes en España.

No se especifican dichas especies, pero me atrevo a aventurar algunas: el pato malvasía, la foca monje, el calamón azul, el águila imperial y el lince. Así que ya lo sabe 'el malvado ciudadano' que mira demasiado.

Si 'el malvado ciudadano' contempla el paisaje húmedo de la marisma y aparece un pato malvasía, tiene la total obligación de cerrar los ojos si no quiere convertirse en delincuente. Si un bañista ‘provocador’ se topa con una foca monje y no ha pedido el correspondiente permiso para mirarla, debe interrumpir inmediatamente su mirada y nadar a ciegas, aunque su cabeza se rompa contra una roca. Y nunca dirigir la vista al cielo, porque las águilas pueden alterarse. Y sobre todo, mucho cuidado con el lince. Gran observador el lince (de ahí el dicho: 'tienes vista de lince'), con esos ojos penetrantes, perforantes, impactantes y fosforescentes.

El lince, ese maravilloso animal protegido, puede sentirse 'alterado en su hábitat y equilibrio ecológico' si alguien lo observa sin permiso. El lince lo dice todo con una mirada. Contemplar el prodigio inesperado de un lince, sin la autorización debida, es un delito de suma gravedad en Andalucía. Pero con una autorización, no hay suma gravedad, ni siquiera gravedad. El problema está en el permiso.

Que a alguien no se le ocurra pasear por Sierra Morena o el Coto Doñana sin el salvoconducto de 'observador de linces'. Es muy difícil toparse con un ejemplar de esta especie prodigiosa, pero si la casualidad se produce, vale la pena aprovecharla. El lince se esconde y se camufla, como todos los felinos que precien de ser felinos. Coincidir con un lince y no poder mirarlo es como recibir una invitación de una morenaza de 25 años, con cara preciosa y hechuras de vértigo para pasar la noche juntos y rechazarla con justificaciones absurdas: 'no puedo, porque es el cumpleaños de Paco, primo segundo del cuñado de mi cuñado Pepe'. El permiso equivale a que Paco no cumpla años en un día tan inoportuno.

Se encuentra uno con un lince, se produce el milagro, el lince no huye, el delito amenaza, el lince provoca, el delito pesa, el lince no se mueve, el contribuyente duda, el lince se pone pesado y mira fijamente, el honrado ciudadano cierra los ojos, el lince se enfada, el hombre se decide, el lince posa, y el ejemplar excursionista desvía la mirada y mira una encina. Ya no es un delincuente. Lo malo es que en la encina ha anidado una pareja de reyezuelos, los cuales están incluidos en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas, y sin intención de delinquir, observa a la hembra dando de comer a sus polluelos, pero como carece de una autorización para ‘mirar reyezuelos', comete un grave delito y éste con el agravante de la alevosía.' Podía haber dirigido la mirada a otra encina.

La Junta de Andalucía hace bien en proteger la intimidad de los linces. Los socialistas 'tienen un respeto por la intimidad ajena digno de elogio'. Pero que se dejen de carajotadas.

Ahí están los búhos, las lechuzas y los mochuelos, que no paran de mirar a todo lo que se menea, y siempre sin permiso.
Con estos mandatarios tan memos vamos a llegar a un punto sin retorno.

Y entonces será el lince el que nos advierta: “no me mires, que soy un lince”. Y habrá que responderle: “señor lince, muchas
gracias por recordármelo”.




 :) 



Comentarios

  • editado 22 de marzo
    Sin ánimo de ser ofensivo ni echar pestes sobre la junta de Andalucía, pero solo tengo una palabra para describir esta ley: ABSURDA.

    Es ABSURDA (con mayúsculas, para hacer un buen énfasis) porque se presta para los abusos de autoridad más inverosímiles, surrealistas, y hasta (si se me permite el término), ridículos, como elocuentemente has descrito aquí.

    Si no fuera porque te creo, podría pensar que todo esto es una tomadura de pelo, o como diríamos acá:

    "Antonio, ¿me estás mamando gallo?".

     :) 
  • cehicehi Miguel de Cervantes s.XVII
    Sin ánimo de ser ofensivo ni echar pestes sobre la junta de Andalucía, pero solo tengo una palabra para describir esta ley: ABSURDA.

    Es ABSURDA (con mayúsculas, para hacer un buen énfasis) porque se presta para los abusos de autoridad más inverosímiles, surrealistas, y hasta (si se me permite el término), ridículos, como elocuentemente has descrito aquí.

    Si no fuera porque te creo, podría pensar que todo esto es una tomadura de pelo, o como diríamos acá:

    "Antonio, ¿me estás mamando gallo?".

     :) 

    Tan absurda como absurdo es quien promulgó esa ley o recomendación, que no sé exactamente qué es.

    Lo que cuento es cierto, pasa que lo exagero un poco en plan chanza, que viene a decir que la gente en general se pasa esas leyes o esas recomendaciones por el forro. El único objetivo de esto es cuidar las especies en peligro de extinción, porque hay gente cafre que solo va a lo suyo y hasta de caza y captura con arma de algún animal para llevárselo a casa como trofeo, a pesar la la férrea y sofisticada vigilancia, tanto humana como aparatos de alarmas al efecto. A quien cojan in fraganti le puede caer una buena sanción, en forma de dinero, y hasta cárcel, según la gravedad del caso.

     :)

     
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