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El Desamor (visto en plan humor)

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


El Desamor

Quina una tragaba si un novio golfera me tocaba, o uno que simulaba, pero me abandonaba, y el andoba pescanova ni siquiera se disculpaba. 

 Esto del amor debería ser como solicitar un “curro”; te dan un mes de prueba, y, si das la talla, te hacen un contrato. Eso sería lo normal, pero no es lo normal en las cosas del querer. Hay hombres que necesitan un porrón de años de prueba, que, luego de ese porrón, vienen un día, muy compungidos ellos, y te dicen que tienen dudas. ¿Dudas de qué, joder? 

¿Cómo puede decirte un tío después de un porrón de años que el problema no eres tú, sino él? ¿No será que se ha cansado de ti y ya empezó a catar a otra, u otras, que tú piensas que, quizás, saben “empujar” mejor en la cama? 

A mi edad, una ya se libra de esos episodios de “sufrimientos” que vivía de joven con ese coñazo del desamor, que el dolor que ocasiona no es comparable con otro dolor. No hay otro dolor igual. Nanay. Es disímil a todos. Hay que tener una edad para valorar que solo se vive una vez, como dicen las “Azúcar Moreno”. Pero, ojo, que mi menda admite consejos, que una amiga venga una tarde a tomar café a casa y me diga, sonriéndose: “¡jo tía, que no te enteras!”. 

Las estadísticas urbanas, que no oficiales, dicen que mogollón de gente vive, al menos, un desamor en su vida. Y gente que dos,  y tres. Y también hay babiecas que se van con la primera que le hace un huevo frito. ¡Manda huevo!

No sé si eso es bueno o es malo, pero toquisqui debería recibir un palito así. Es sano, te hace más humano, te acerca más a tus semejantes, te va aliviando esos terribles y constantes pellizcos de tus mariposas rebeladas.

No es solo deprimente sentirte rechazada por el hombre que amas; encima, te empecinas tú en no dejar de amarlo. Así es. Y si, además, le añades la intriga de que, si él lo duda tanto, ¿por qué regla de tres hasta hace poco estaba loco por ti? Pero hay más, que te asegura que el problema no es contigo, que tú sigues siendo para él lo mejor que le ha pasado nunca. ¡Jájá, poleá! El problema es que se ha enrollado con otra, que esa es la gran puñalá trapera, porque te da donde más linfa sale. No hay consuelo posible. Pero, si con todo eso no estabas ya bien aviada, aparecen por arte de birlibirloque dos “cositas” que se dan con bastante frecuencia y que lo complica todo más todavía:

1ª Cosita: que no está seguro de lo que hace; y te llama y te busca mil veces, y te marea y te aturde; o sea, que no le sale de sus… irse del todo. Lo que se define en el libro de los dichos como “el perro del hortelano”.

2ª Cosita: que debes “ir de pesca”, que debes ser feliz por… co…raje, y que debes pasar de todos los tíos que se acercan a ti solo para… bueno, para “eso”. 

Él puede ser el tío más mierda entre todos los tíos mierdas, pero eso no me cura, eso no hace que sufra menos, porque lo que yo quiero es que ese tío mierda me ame, me adore, me venere, me tenga y me mantenga como una Leticia. 

Y aquí está el meollo del rollo: si no te merece, si no lo ves claro, si hueles que no te va a hacer feliz, aléjate, y contra más lejos mejor. Pero no, tú sigues ahí dale que te pego, brindándole oportunidades por un tubo y a la vez pensando que todo se va a arreglar por obra y gracia del Espíritu Santo. 

Seguro que, en muchos casos, somos incapaces de verlos reflejados en el perfil que creíamos en ellos, y con esta oda al desamor no quiero decir que a veces las víctimas (nosotras) no hayamos sido verdugos para otros, que igual no se lo merecían, lo que se define en el libro de los dichos como “pagar el pato”. 

Todas hemos usado esas mentiras piadosas, que no hacen sino empeorar más el cotarro. Mentimos para no sufrir, pero, al final, con esa tendencia de trincar algo duradero, lo interpretan ellos como: “¡qué querrá esta!”. 

Yo estoy convencida de que si, en esto del amor, hay dudas no esperes a que las cosas cambien. Créeme, no cambian nunca, si acaso a peor. 

Bueno, esto es un mensaje (o aviso) para las que empiezan a remar en las aguas del dilema del enamoramiento, porque para las de mi edad, el asunto está más que superado, y no porque no te pueda decepcionar, pareja, esposo, o lo que leche sea, que también, sino porque ya no lo ves igual. ¿Será que ahora, digo yo, tenemos un sambenito a cuestas? ¿Será que ahora, digo yo, pueden ellos con nosotras? ¿Será que ahora, digo yo, no amamos igual que antes?

Veo damas de mi edad viviendo decepciones, sacando a la luz problemas que ni siquiera sabían que existían, batallando contra mil y un reveces, pero no sufren por amor. No es el amor de un hombre lo más importante para las de mi edad. Nosotras somos más del: “mejor sola que uno tirándose a la bartola”.




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