Sobre el uso de cuadernos de notas

Un escritor de éxito dijo en una entrevista que él no se servía de un cuaderno para ir anotando todo aquello que se le pasaba por la cabeza. Un cuaderno de esos en la que volcamos los fogonazos de inspiración que a veces nos atacan en el momento más insospechado. Ideas que creemos que no hay que dejar escapar, que nos resultan valiosas, únicas... Por contra, este autor decía, y creo que con buen criterio, que esos cuadernos al final sólo servirían para ir haciendo acopio de todas las ideas endebles, casuales, fortuitas y azarosas que podían acabar con la solidez inicial de nuestra historia. Y prefería defender esas otras ideas, las que vuelven de forma más recurrente a nuestra conciencia, las que se pegan a nosotros sin que podamos evitarlo. Ideas, en fin, para las que no necesitamos llevar un cuaderno si queremos recordarlas, porque nacen de manera más orgánica, natural. Ideas que resultan siendo más sólidas que una simple ocurrencia.

En efecto, cada autor tiene su propio método para hacer las cosas. Hay quienes necesitan apuntarlo todo, al instante, y quienes necesitan que las ideas se posen antes de darles forma.

¿Cuál es vuestro método? ¿Por qué os parece el más apropiado?
 

Comentarios

  • cehicehi Miguel de Cervantes s.XVII


    Es conveniente te presentes al foro el apartado fijado para ello. "Presentémonos"


  • cehi dijo:


    Es conveniente te presentes al foro el apartado fijado para ello. "Presentémonos"


    Gracias cehi, aún me estoy haciendo con esto, aunque acabo de publicar mi presentación. Aprovecho para saludarte. 
  • editado 29 de septiembre
    Como ya te presentaste, procedo a responder.

    Personalmente, me gusta llevar un cuaderno de notas, o en su defecto, el celular, donde tengo una aplicación (Google Keep), en la que voy escribiendo todas las ideas que me van surgiendo y así evito que se me olviden. 

    A mi a veces me pasa, que por tantas ideas que se me vienen a la cabeza, a veces termino haciendo una mezcolanza en mis obras que podrían atentar contra su coherencia. Para evitar esto, yo siempre tengo el cuidado de mostrar mis ideas a un grupo selecto de amigos, que actúan como mis polos a tierra, y le dan cohesión a estas historias.

    Un ejemplo de como las ideas locas terminan por arruinar a un autor, lo tenemos con Masashi Kishimoto, el autor de Naruto, uno de los mangas más conocidos y famosos de la historia. Kishimoto, aunque a menudo se le ocurrían muy buenas ideas, estas tenían que ser ordenadas por otras personas. De hecho, él mismo afirmaba que el equipo creativo de Naruto lo componían cuatro personas: él mismo, su editor, y dos dibujantes, en donde cada uno se encargaba de darle forma a las ideas dispersas de Kishimoto, y a la larga, contribuyó a la fama que tuvo su obra y a él mismo lo consagró como un gran hacedor de historias, muy a pesar de sus fallos.

    Ahora, la pregunta que nos deberíamos hacer es ¿qué pasa si lo dejamos solo?

    Varios años después, a Kishimoto se le dio la oportunidad de presentar un nuevo manga llamado Samurai 8. ¿Por qué no hemos sabido nada de Samurai 8? Porque fue un rotundo fracaso. Aquí, a Kishimoto se le subió la fama a la cabeza y no buscó la ayuda de su equipo creativo, convenciéndose a sí mismo que era él y solo él, quien era la fuente de inspiración de su propio éxito. Samurai 8 terminó siendo un rotundo fracaso en ventas y la razón principal era porque, en resumidas cuentas, la historia simplemente no tenía sentido. 

    Tras este fracaso, la reputación de Kishimoto quedó arruinada y actualmente, el hombre está más vetado del mundo de los mangakas que un satanista en una reunión de evangélicos.
  • cehicehi Miguel de Cervantes s.XVII


    También yo voy anotando, con relativa frecuencia, las cosas que me parecen interesantes que escucho en algún bar, en alguna reunión o simplemente en la calle, de paso. Pero soy, digamos alérgico, a los bloc de notas convencionales y más todavía a las agendas reglamentadas; sí, esa clase de agendas comerciales con indicadores del día, de los meses e incluso de las horas. Simplemente, llevo conmigo en mi bolsillo papeles sueltos, y, sorprendente, o no tanto en mi peculiar forma de hacer estas cosas, me organizo mejor. A pesar de ser un poco maníaco del orden, en esto me hago yo mismo la excepción de la regla.





  • texastexas Garcilaso de la Vega XVI
    Imagino que ese autor que rechaza apuntar ideas habla únicamente de novelas. Yo, que escribo relatos y novelettes, anoto todo lo que se me ocurre. Tal vez, ese autor se agarra a una idea y no la suelta hasta que la desarrolla. Tal vez, no tiene muchas ideas y prefiere echar por tierra métodos que funcionan a quienes reconocen que incluso una frase suelta puede ser útil en una historia.
    Quienes también escribimos relatos, quienes no tenemos buena memoria, quienes trabajamos además de escribir, apuntamos todo lo que creemos útil porque lo olvidaríamos. Tener ideas anotadas es una posibilidad genial de hacer un puzzle y crear una historia.
    Ahora que lo pienso, no suelo anotar las ideas para una novela porque son ideas persistentes, pero anoto frases y conversaciones que puedo incluir.
  • texas dijo:
    Imagino que ese autor que rechaza apuntar ideas habla únicamente de novelas. Yo, que escribo relatos y novelettes, anoto todo lo que se me ocurre. Tal vez, ese autor se agarra a una idea y no la suelta hasta que la desarrolla. Tal vez, no tiene muchas ideas y prefiere echar por tierra métodos que funcionan a quienes reconocen que incluso una frase suelta puede ser útil en una historia.
    Quienes también escribimos relatos, quienes no tenemos buena memoria, quienes trabajamos además de escribir, apuntamos todo lo que creemos útil porque lo olvidaríamos. Tener ideas anotadas es una posibilidad genial de hacer un puzzle y crear una historia.
    Ahora que lo pienso, no suelo anotar las ideas para una novela porque son ideas persistentes, pero anoto frases y conversaciones que puedo incluir.
    En primer lugar, encantado, Texas. 
    Mi idea con este post era crear un debate. Personalmente, yo he usado cuadernos durante épocas y ahora, no sé por qué razón, no recurro a ellos. Me pareció interesante la reflexión de ese autor (Stephen King) aunque, repito, aquí cada uno tiene su método, y creo que los hay de todos los colores. Siempre he defendido que un autor debe utilizar las herramientas que le hagan sentir más cómodo y que hagan que su proceso de escritura sea más fluido. 
    La idea de fondo que me ha hecho plantearme esta cuestión es: ¿por qué unas ideas se pegan más a nosotros que otras? ¿Por qué hay ideas que no necesitamos anotar y otras que sí, ya que de otro modo se esfumarían? Afinando un poco más el tiro: no me refiero a una imagen concreta, a una frase de diálogo, a un adjetivo certero... Me refiero a la idea en sí que da sentido al relato que andemos pergeñando, ya sea más breve o tan largo como una novela. 
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