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La leyenda de los 7 guerreros (Arex-X) Final

JanoJano Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV

XV


Al ocaso se acercaron a la aldea, dejaron sus caballos a una distancia prudencial y continuaron a pie. Al llegar vieron a uno de los bandidos haciendo guardia frente al muro exterior.


-Yo me encargo -dijo Hajib.


Dio un rodeo acercándose al hombre por la espalda y le apuñaló. Los demás se reunieron con él y se internaron en la aldea. Vieron a varios bandidos durmiendo en el exterior y empezaron a disparar sus arcos contra ellos.

A causa del ruido consecuente, los que estaban en el interior de las viviendas empezaron a salir con las armas en la mano.

Los seis mercenarios buscaron algún parapeto y siguieron disparando.

Pero esta vez los bandidos iban a pie, por lo que tenían más movilidad. Arex se dio cuenta de que no tardarían en tener sus propias bajas.

Escuchó un ruido a su espalda y se volvió de repente para ver a uno de los bandidos que se le había acercado peligrosamente, pero antes de que pudiera reaccionar el hombre cayó con una flecha atravesada en el cuello.


-Deberías estar más atento, pelirrojo -dijo Vania apareciendo de pronto tras uno de los muros. La mujer salió a espacio descubierto para acercarse a él, pero fue alcanzada por una flecha de los bandidos.


-¡Vania!


Mientras el vanir se acercaba a la amiga caída, Tiberius, que había sido testigo del hecho, salió de su escondite y empezó a dar estocadas a diestro y siniestro acabando con la vida de varios bandidos.


-¡Malditos, lo pagaréis!


No tardó a ser alcanzado a su vez y cayó, quedando inmóvil en el suelo. Pero su acción permitió a Arex llegar junto a Vania y arrastrarla al interior de una de las viviendas. La mujer seguía viva, pero tras ver su herida, Arex comprendió que no duraría mucho.


-Sabia que no nos abandonarías -dijo.


-¡Arex! No dejes que muera como una estúpida. Dime que había algo más que esta miserable aldea.


-Tenías razón -respondió él.


-¿De qué se trata?


-Pronto pasará por aquí un convoy del ejército cargado con oro, está destinado a pagar a la patrullas que operan en la frontera.


-¿Cuanto?


-Diez mil monedas.


-¿Cuanto me habría tocado?


-A dividir entre siete...haz las cuentas.


-Maldita sea, que mala suerte.


Vania sonrió a su compatriota y murió.


Arex, levantó la mirada al cielo y de su garganta salió un terrible aullido.


----


-¿Qué ha sido eso? -preguntó Hajib.


-Vania ha muerto -respondió Asha.


-¿Vania? ¿No se había largado?


-Un vanir nunca huye de la batalla. Venguémosla.


-De acuerdo.


Salieron de su escondite sembrando muerte con sus espadas.



Comentarios

  • JanoJano Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV

    En el otro extremo de la aldea Jemal y Murabo se habían parapetado juntos.


    -¿Qué es eso? -exclamó el aristano.


    Murabo miró hacia el punto que señalaba su compañero. Un niño de unos siete años se acurrucaba tras un muro temblando de miedo.


    -¿Qué diablos hace ese crio ahí fuera? -dijo el keishano.


    Se miraron uno al otro.


    -Cúbreme -dijo Murabo.


    Salió al descubierto hacia donde estaba el crio mientras Jemal no dejaba de disparar sus flechas como un loco de un lado a otro. Cuando llegó junto a él, Murabo se dio cuenta de que el pequeño estaba paralizado por el terror. Cogió al niño en brazos y miró hacia donde estaba Jemal.


    El aristano levanto el pulgar y siguió disparando


    Murabo salió a la carrera hacia una de las viviendas. Faltaban solo unos pocos metros para llegar cuando fue alcanzado por la espalda. Cayó boca abajo, soltando al pequeño.


    -Corre -le dijo. -Métete dentro y no salgas.


    Giró sobre si mismo para quedar boca arriba.


    -¡Mierda! -dijo.

    Miró hacia donde estaba Jemal y vio que el aristano también había caído.


    -¡Mierda! -repitió antes de morir.


    --------


    Arex ya había perdido la cuenta de los bandidos a los que había liquidado. De pronto vio al jefe que salía corriendo de una de las viviendas, montaba en uno de los caballos y huía.

    Cogió otro caballo y fue tras él. Cuando salieron a campo abierto sacó su arco, apuntó, disparó y tuvo la satisfacción de ver caer al bandido. Se acercó a él y comprobó que aun seguía vivo.


    -¡Habéis vuelto! -dijo el bandido. -Os habéis jugado la vida por esos miserables... ¿Porqué?


    -Nunca lo entenderías -respondió.


    El hombre pareció que iba a decir algo, pero murió antes de pronunciar una sílaba,


    Arex miró hacia la aldea, un silencio sepulcral reinaba en el ambiente.


    Regresó al interior del poblado. Todos los bandidos estaban muertos. De su grupo, aparte de él, solo Asha y Hajib habían sobrevivido. Ambos estaban ilesos. Los tres se miraron en silencio.


    -Ahora si -dijo Arex. -Ahora, por fin, hemos terminado el trabajo.




    ---------



    EPÍLOGO


    Asha, Hajib y Arex, montados en sus caballos, estaban en un altozano desde el que se divisaba toda la aldea, se encontraban frente a las tumbas de sus compañeros.

    Permanecieron en silencio varios minutos, honrando la memoria de los caídos, después se volvieron y miraron hacia la aldea que habían protegido.


    Los aldeanos estaban saliendo de sus casas y se dirigían hacia los campos de cultivo.


    -¿Y ahora qué? -preguntó Hajib.


    -Volvamos a La Loma -respondió Arex. -Y de allí, volvamos a la civilización.


    -¿De vuelta a casa?


    -De vuelta a la aventura.


    Echaron una última mirada a la aldea. Sus habitantes habían desaparecido. Reinaba la calma después de la tormenta. Sin decir una palabra más, arrearon a los caballos y emprendieron el camino de regreso.


    FIN


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