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La leyenda de los 7 guerreros Cps. 11 y 12

JanoJano Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV

XI


Aquella noche los aldeanos organizaron una fiesta para celebrar su pequeña victoria. Después de todo, eran tres bandidos menos de los que preocuparse. Hubo música y bailes y el aguardiente se sirvió en abundancia. En un momento dado, Tiberius se acercó a Arex.


-Oye, ¿tú conoces bien a Vania?


-No, la conocí en La Loma.


-¿Sabes porqué me mira de esa forma? No me ha quitado el ojo de encima en toda la noche.


-No tienes experiencia con mujeres vanires ¿verdad?


-Lo cierto es que no.


-Te está midiendo.


-¿Cómo dices?


-Se pregunta si aguantarías mucho rato con ella.


-¿Aguantar qué?


-En la cama.


-Bromeas.


-En absoluto. Y te advierto, una vanir nunca acepta un no por respuesta.


-¡Diablos!


-Tranquilo, si quieres, hablaré con ella, para que no sea demasiado brusca.


-¿Brusca?


-Las mujeres de mi tierra son muy pasionales. ¿Sabias que en los matrimonios vanires es de mal augurio si en la noche de bodas no hay algún hueso roto o dislocado?


-Me estás tomando el pelo.


-No, lo digo en serio. Espero que estés en buena forma amigo.


-¡En buena forma, dice!


-Y hablando del tema, creo que voy a retirarme, Asha parece impaciente por ir a la cama. ¡Suerte con Vania, amigo!


Dejando al herconiano con la boca abierta, Arex se levantó y se dirigió a su habitación siendo seguido prontamente por Asha.


Tiberius miró a Vania, que seguía observándole fijamente. Al ver que él le devolvía la mirada, la mujer se pasó la lengua por los labios de forma obscena.


“Diablos, ¿porqué no?” pensó él. Se bebió el vaso de aguardiente de un trago, le lanzó una sonrisa sugerente a la mujer y se dirigió a su habitación. Antes de abandonar el comedor vio como ella se levantaba y le seguía.


Mientras tanto, Jemal se disponía a pasar también una noche agradable con una de las jóvenes locales. El padre de la muchacha se percató de ello y se puso en pie para impedirlo, pero Muravo, que estaba al lado, le obligó a sentarse de nuevo.


-Déjalos -le dijo. -Son jóvenes y podrían morir dentro de un par de días. Se merecen disfrutar un poco.


-Pero...


-¿De qué te sirve la honra cuando corres el riesgo de perder la vida?


Comentarios

  • JanoJano Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV

    XII


    Al día siguiente, durante el desayuno, Arex sonrió al ver a Vania y Tiberius sentados juntos. La vanir parecía satisfecha, el hombre estaba un poco magullado, pero parecía seguir en buena forma. También Jemal parecía disfrutar con las atenciones de las que era objeto por parte de la jovencita que estaba sirviendo la comida y que ya llenaba su plato por tercera vez.


    -Parece que ha sido un buena noche para todos -le dijo a Asha.


    -Si -respondió ella sonriendo. -Eso parece.


    ---------


    Después del desayuno, Arex estaba dando una vuelta por la aldea, inspeccionando las reformas que habían llevado a cabo para la defensa.


    -¡Ya están aquí!


    Se volvió hacia la voz y vio a uno de los aldeanos que había puesto como vigía.


    -¡Ya están aquí! -repitió el hombre cuando llegó a la altura de Arex. -Están como a unos veinte minutos del poblado.


    -Bien, avisa a los demás y refugiaros -respondió mientras sus compañeros se reunían con él. -Y di a los hombres que tienen las armas que estén atentos por si tienen que intervenir.


    -Parece que ha llegado el momento de ganarse las habichuelas -dijo Jemal.


    -Eso parece. Id a vuestros puestos.


    Todos se movieron rápidamente para ocupar los puestos estratégicos que Arex les había asignado.


    El vanir aflojó su arma en la vaina, siendo imitado por Hajib y Jemal, que seguían a su lado. Los tres se situaron en la plaza de la aldea, de cara al camino por el que llegarían los bandidos.


    -Bien, chicos, vamos a darles una buena bienvenida.




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