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La leyenda de los 7 guerreros. Caps. 9 y 10

JanoJano Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV

Bien, ya me he apuntado a la lista. Pero he decidido acabar de publicar este relato en este hilo. Dado que es la décima entrega de una saga, podría despistar a los demás participantes que no hayan leído las anteriores, así que cuando me toque el turno, me estrenaré con otro relato más corto, que nada tiene que ver con la saga de Arex y que solo tendré que dividir en dos partes.


Comentarios

  • JanoJano Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV

    IX


    Dos días después, Arex ya tenía a todos los habitantes de la aldea organizando las defensas. El y Hajib contemplaban los resultados desde un altozano.


    -Lo primero que verán esos bandidos cuando vuelvan por aquí será esa zanja -dijo el somorio.


    -Un proyecto de alcantarillado -respondió Arex.


    -Ya. Después se fijarán en que los muros que rodean la aldea son ahora un metro más altos.


    -Reformas municipales.


    -¿De verdad crees que todo eso los parará?


    -Hombre, algo ayuda. Además, mantiene a toda la aldea ocupada, no les da tiempo a tener miedo.


    -Si tú lo dices...


    -Anda, vamos a ayudar.


    ------------


    Vania y los dos aldeanos que le ayudaban a levantar uno de los muros se tomaron un descanso.


    -Son muy astutos esos bandidos -dijo.


    Vania, al igual que Asha, también creía que había algo oculto tras esa misión. No podía creer que los otros arriesgaran la vida por tan poco. Asha, finalmente se convenció de que Arex y Hajib actuaban altruísticamente, pero Vania aún no estaba convencida.


    -¿Porqué lo dice señora?


    -¿Cómo creéis que se enteraron de esa mina de oro?


    -¿Mina de oro? ¿Qué mina de oro?


    -La que hay escondida en esas montañas.


    -¿En nuestra montaña? Nunca hemos tenido minas de oro por aquí, señora.


    -Bueno, ahora que pienso... Tal vez no era de oro, tal vez era de plata o cobre.


    -No hay minas en esas montañas, señora. Nunca las hubo.


    -¿Seguro?


    -Seguro.


    Vania hizo un gesto de disgusto.


    -¿Donde ha oído eso de las minas, señora?


    -Mmmfff. Venga chicos, a trabajar, este muro no se va a levantar solo.


    -----------


    Vania dejó lo que estaba haciendo y se acercó a Arex.


    -Oye le dijo señalando disimuladamente a una colina cercana. -¿Tú crees que habrá uno de los bandidos debajo de ese sombrero?


    El vanir miró disimuladamente al punto que le señalaba su compatriota.


    -Un explorador.... y donde hay uno pueden haber dos o tres. Ve para allá y llévate a Tiberius. Y procurad coger a uno vivo.



  • JanoJano Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV

    X


    Vania y Tiberius dieron un rodeo y subieron la colina por la vertiente opuesta a la aldea. Avanzaban agachados, procurando ocultarse entre la escasa vegetación. Cuando llegaron al lugar donde vieron al observador no había nadie, pero vieron tres caballos atados a un árbol.


    Los dos guerreros intercambiaron sendas miradas interrogativas. Finalmente, Vania le hizo una seña a su compañero para que permaneciera oculto y ella se sentó en el suelo, apoyando la espalda en un árbol muy cerca de los caballos y fingió dormir.


    Pasaron un par de minutos cuando Tiberius escuchó el crujido de una rama a su espalda. En una fracción de segundo ya había desenvainado su espada y se había vuelto hacia la dirección del sonido encontrándose frente a dos hombres que ya estaban desenvainando sus armas. Atacó sin pensarlo y destripó a los dos individuos.

    Vania se levantó de un salto al oír el sonido de la lucha y desenvainó a su vez. Tiberius salió de su escondrijo haciéndole comprender a la mujer por señas que no había podido evitarlo.


    En ese momento, el tercer bandido apareció de repente, montó uno de los caballos y salió disparado.


    -Mierda, se escapa -gruñó Tiberius.


    -No -respondió la vanir.


    Cogió el arco de uno de los bandidos muertos por Tiberius, apuntó y disparó. A pesar de la gran distancia que los separaba, el hombre cayó y el caballo siguió su camino perdiéndose en la distancia.


    -Buen tiro -dijo Tiberius.


    -Malísimo -respondió Vania. -Yo apuntaba al caballo.


    Poco después, Vania y Tiberius, aparecían en la aldea montados en los caballos, traían con ellos las armas de los exploradores. Le contaron a Arex lo sucedido.


    -Está bien, no pasa nada. Si han enviado a estos tres es que aún están bastante lejos. Tenemos tiempo de terminar las defensas y entrenar a algunos aldeanos en el uso de esas armas.


    El vanir fue a hablar con Rodyr y Bérdem y les contó lo sucedido.


    -...Es probable que, al ver que no vuelven esos hombres, el jefe de esa banda se imagine algo de lo sucedido. Eso acelerará su regreso. Así que escoge a tres vecinos que sean espabilados y les enseñaremos a usar las armas de esos cerdos. Y los demás que se den prisa en levantar esos muros. El momento se acerca, avisad a todos.


    Acto seguido se reunió nuevamente con Vania y Tiberius para inspeccionar las armas que habían pertenecido a los bandidos. Todos ellos llevaban espadas de acero herconiano.


    -Supongo que si estos tres llevaban la misma arma todos los otros también la usarán.


    -Seguramente las adquirieron de alguna partida de contrabando -dijo Tiberius. -Son muy raras por estos barrios.


    -Lo que sea. Procuremos darles buen uso.







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