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La letenda de los 7 guerreros Caps. 3 y 4

JanoJano Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV

III



Media hora después, Arex paseaba por La Loma observando a la variopinta muchedumbre que recorría sus calles. Hajib seguía en la posada para informar a posibles candidatos de las condiciones del trabajo. Al volver una esquina vio una multitud.


”¿Otro secuestro?” -pensó y se acercó a ver que pasaba.


Se trataba de un duelo. Los contendientes eran una mujer de su propia raza y un kaurano. Ambos empuñaban sendos bastones a guisa de espada. A la señal de uno de los espectadores ambos atacaron y golpearon al rival con su bastón.


-¡Qué fastidio! Hemos empatado -dijo el kaurano.


-No -respondió la mujer. -He ganado yo.


-Lo dirás en broma. Hemos quedado empatados.


-Te equivocas.


-De acuerdo zorra, hagámoslo otra vez, pero esta vez de verdad.


-Estás loco.


-¿Tienes miedo zorra?


-Tú lo has querido, todos son testigos.


“Ese tipo es estúpido o tiene ganas de suicidarse. Es evidente que la mujer lo supera” -pensó Arex mientras observaba detenidamente a la mujer.


Era casi tan alta como el propio Arex, tenía el pelo rubio muy largo, recogido en dos trenzas. Sus ojos eran como dos esmeraldas y sus labios rojos y carnosos. Vestía una túnica que le llegaba a las rodillas y calzaba unas sandalias que llevaba atadas con unas tiras alrededor de sus pantorrillas. De su cadera izquierda, colgaba una pesada espada.


Una vez más, los contendientes se pusieron frente a frente. El mismo hombre de antes dio la señal y ambos desenvainaron. El hombre cayó al suelo decapitado antes de poder efectuar un solo golpe.


“Esta mujer nos convendría” -se dijo Arex.


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Hajib estaba en la recepción, aburriéndose como una ostra cuando apareció Bérdem a la carrera.


-Rodyr viene hacia acá con uno.


-Bien, vamos a ponerle a prueba. Coge ese bastón, escóndete tras la entrada y cuando ese tipo entre, dale en la cabeza.


-¿Que haga qué?


-Hazlo.


Bérdem hizo lo que le ordenó Hajib y se situó tras la entrada con el bastón en alto. Poco después apareció Rodyr acompañado de un keishano armado con una lanza. El hombre era de estatura media, de pecho amplio y brazos musculosos, el color de su piel delataba su procedencia. Vestía al estilo kaurano. El tipo se acercó a la entrada con paso decidido, pero a los pocos pasos se detuvo y miró al interior con aire divertido.


-¿Es una broma?


Hajib se levantó y se acercó a la entrada.


-Por favor, perdona, solo era una prueba. Pasa, te lo ruego.


--------------


Arex continuaba con su búsqueda cuando vio a una mujer armada con una espada hablando con un nativo frente a una tienda.


“¿Es quién yo creo?” -se preguntó


Se acerco a ella con sigilo, esperando sorprenderla, pero cuando estaba a solo un par de metros ella se volvió.


La fina cicatriz en su pómulo izquierdo no opacaba la belleza felina de su rostro de labios carnosos y ojos oscuros y rasgados. El tono olivaceo de su piel la delataba como hija del pueblo nómada de los zíngaros, lucía una larga cabellera castaña que llevaba recogida en una trenza. Vestía una túnica corta que permitía ver sus muslos sobre la que llevaba una cota de malla de fina factura que se adaptaba como un guante sobre sus formas generosas y calzaba unas botas altas que le llegaban justo bajo las rodillas. De su costado izquierdo pendía una espada larga y estrecha en una funda de cuero adornada con una esmeralda.


-Hola Asha. ¿Qué estás haciendo aquí?


-¡Arex! Menuda sorpresa. El mundo es un pañuelo.




Comentarios

  • JanoJano Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV

    IV


    -Digamos que tuve algunos problemitas en Opar y tuve que salir por patas.


    Arex sonrió al oír las palabras de la zingara.


    -Si, escuché algo de una valiosa joya desaparecida, ese trabajito tenía tu firma.


    -¿Y tú, qué te trae por aquí?


    -Mi amigo Hajib y yo tuvimos que dejar el lucrativo negocio de la piratería. Hemos llegado hasta aquí buscando como ganar unas monedas. ¿Tienes algo entre manos?


    -No... He oído por ahí de un trabajito, pero estaba mal pagado, así que pasé.


    -¿De qué se trataba?


    -Espantar las moscas en una aldea de las montañas. ¿Y tú, tienes algo?


    -Si... espantar las moscas en una aldea de las montañas.


    -¿Has cogido el trabajo? ¿Por esa miseria? No me lo creo.


    -Pues si.


    -¿Hay algo detrás de todo eso, verdad? ¿Qué es? ¿Oro? ¿Joyas?


    -Nada, solo que se ve.


    -Tunante... Está bien, ya me lo dirás cuando lo creas conveniente. Me apunto.


    -Asha, en serio, no hay nada más.


    -Claro, claro. Lo que tú digas. ¿Cuando salimos?


    ---------


    Arex y Asha entraron en la posada.


    -Hola Hajib, traigo un recluta, es una buena adquisición.


    Arex vio al heishano que estaba junto a su compañero y le lanzó a este una mirada interrogativa.


    -Yo también he reclutado a alguien. Te presento a Muravo.


    -Supongo que sabrás que la paga es escasa.


    -Es mejor que nada, que es lo que tengo ahora -Muravo se encogió de hombros. -Y ganancias son ganancias.


    -Pues ya somos cuatro. Encontré a otro, una mujer de mi raza, muy buena con la espada, pero no aceptó.


    -Por la escasa paga, supongo -dijo Hajib.


    -No, el dinero no le importa. Pero dice que ya está harta de esta vida y se ha retirado.


    -Vaya.



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