Conociéndome en Conozcámonos

editado 2 de marzo en Conozcámonos
Próximamente añadiré 
el contenido, he tenido que
eliminarlo debido a incomodidad
 desde el móvil, pido disculpas.
He decidido dejar esta nota pues
  no sé cómo desactivar el hilo
hasta entonces. Gracias.

Comentarios

  • Saludos,  Aquí siguiendo el hilo.
    Es de pensar que poco pudiera importarle a alguien los esfuerzos de otro por conocerse, explicarse el mundo, orientarse en la existencia, etcétera ¡menos aun! cuando tal panorámica se inserta dentro de un camino tan variopinto y escabroso como, puede serlo, el de la literatura y, un tanto más, cuando quien lo expone es desconocido, venido a menos; pero entre los posibles lectores de este hilo que se inserta en la tan noble intención que propone “Conozcámonos”, puede haber ¡al menos uno! a quien le sea propicio ahorrarse algunas horas de trabajo al hallar atajos o sorpresas, si encontrara coincidencias con sus propias inquietudes existenciales.
    En realidad, no me mueve ningún propósito pedagógico, no estoy buscando una tribuna, aunque no deje de serlo, de hecho; lo mucho o poco que he aprendido y puedo dar como sentado de su veracidad y confiabilidad práctica en mí mismo, lo he aprendido de otros que hicieron igual. Más bien, los que nos une, a todos los llamados buscadores que encuentran, es el factor común de bastante egoísmo, porque todo lo que hacemos, lo hacemos por nosotros, para nuestro beneficio, satisfacción y agrado, no por los demás, aunque ellos, indirectamente, se beneficien. Ya les diré cómo, más adelante. Cómo es que hago y cómo es que puedan beneficiarse otros.
    Y para eso, me aplico yo a la literatura, tal como otros se aplican a tejer alfombras, otros a danzar girando en círculos u otros a cantar mantras en sánscrito. Ya aquí, casi entramos en el tema de los caminos, pero es prematuro hablar de eso ahora. De momento, hablaremos de literatura ¿qué es? ¿para qué la hacemos? ¿para qué y por qué escribimos? ¿para qué leemos? ¿cuál es el objetivo de tener una pasión por escribir o por leer? ¿qué perseguimos, qué buscamos, cuál es el objetivo de leer y escribir? ¿lo hacemos bien? o ¿no es tan así lo bien que lo hacemos o creemos que hacemos? y ¡desde luego! ¿cómo darnos cuenta darnos cuenta de la diferencia? ¡De esto! y de otras cosas afines, escribiré en mi hilo: Conociéndome en Conozcámonos.
    Continuará.
  • Sigo:
    Tal como a todo el mundo, comencé a sentir atracción por escribir debido a mis lecturas. Por querer parecerme a los autores que leía y, hacer lo que ellos. Y tal como Dios hizo el cielo y la tierra y vio Dios que era bueno, pues así leía, escribía y la verdad es que, si no era bueno al menos, grato era lo suficiente como para querer continuarlo. Y como escribir no solo es un gustazo sino, también, un trabajo del cual se puede llegar a vivir, tal como otros viven de tocar piano, pintar cuadros, jugar pelota, nadar, o hacer zapatos o cualquier otra cosa también quise vivir de eso.
    Pero si quieres ser escritor tienes primero que aclararte a tí, qué tipo vas a ser, porque para ser escritor, aparte de que hay que saber de casi todo, hay que saber qué tipo de escritor serás. En primer lugar encuentras el escollo de que en ningún sitio ¡que yo sepa! Te graduas de escritor. Se supone que los escritores estudien filología, filosofía y letras, derecho, historia del arte, licenciatura en historia, periodismo, sociología, comunicador cultural, etcétera, pero en esencia puedes tener un título de cualquiera de estas carreras universitarias no llegar a ser escritor por eso, y muchos escritores y hasta premios nobel de literatura no han tenido ningún diploma de altos estudios académicos. Siempre me llamó la atención que las primeras universidades comenzaron hace acaso trescientos años, y ¡desde mucho antes! ya había escritores importantes quienes habían sentado cátedra por derecho propio, los cuales hoy son clásicos sin haber tenido que soportar ir a la universidad. No voy a metenerme aquí en eso, pero habría mucho que decir sobre la educación académica, sobre la cultura y acerca de la misma civilización, en cuanto a al papel que desempeñan como deformadoras de la conciencia humana y de su responsabilidad con relación al sufrimiento y al deterioro emocional y ético del Homo sapiens, hay suficiente literatura escrita sobre el caso para llenar una bibilioteca.
    Voviendo a los conejos de España, ya me había dado cuenta que existen escritores para entretener, para hacerte pasar el tiempo, quienes son como buenos amigos con los que la pasas bien, te ries, te diviertes o no, pero ni te vuelves más listo, ni aprendes nada útil, ni cuando terminas de leerlo, aplicarte a la lectura, hace que tu mujer hable o gaste menos o tu suegra te estime más. Otros, parecidos, no te divierten, pero te subyugan, te atraen, te enredan, te enganchan y por curiosear en las vidas que él se inventa te lees cientos de páginas como un tonto sin lograr ser mejor persona de la que eras antes de abrir el libro y sigues arrastrando una vida que supones aburrida si no lees otro texto; una existencia con prejuicios, pensamientos tristes, miedos, postergando acciones o tomando malas decisiones. Yo, al menos, no quise ser un escritor para niños con toda la importancia que pueda reconocerles, nunca me fue atractiva la literatura infantil tipo Gato con botas, o o Jack y los frijoles mágicos; tampoco los autores de aventuras para la edad heroica de los adolescentes, como Verne o Salgari, Jack London o Walter Scoot fueron mis ídolos ni me hizo querer seguirles con todo y que los leyera en su momento y los recuerde con ese gustillo de simpatía semejante a tener una relación de complicidad sana.
    Mis lecturas de adolescencia comenzaron con Martí, Amicis, Herminio Almendros, con Ingenieros, con Vargas Vila, con Quiroga, con biografías de personajes célebres, con Dostoiesky, Zola.
    También me di cuenta que muchos narradores continuaban apegados al tradicionalismo de contar historias con un argumento lineal que ponían más enfasis en lo que dicen o sea en el contenido de lo que cuentan, más que en la forma en que lo comunican; y otros, más actuales, que siguen siendo de esos que te entretienen, pero tienen más atención sobre cómo dicen lo que dicen que en lo dicho, como Heminway, Joyce, Yeat, Faulnek, kafka o Proust.
    Y ¡catapum! Llegaron quienes tenían de mí o yo de ellos, donde encontré autores que me decían cosas que yo ya había pensado y me hicieron creerme que era como ellos o que ellos fueron como yo, porque leerlos era como conversar con personas que me decían cosas que nadie me había dicho y era como si me hicieran recordar cosas que había olvidado: Unamuno, Ortega y Gasset, Pappini… Gurjieff. Ouspenski, Nicoll

  • Saludos.

    Me gusta comentar para compartir las ideas que he hecho mías, con otros. Pero, a veces, me apena ver a algunos creyendo ir para el norte, cuando ¡de veras! van hacia el sur, mucho más aun, cuando son tantos quienes le acompañan.

    En términos generales, cada cual va hacia donde mejor crea; pero, aunque haya frio en los dos lugares, sepa que son sitios distintos.

    En primer lugar, anoto: Vivimos en el error de creer que pensamos.

    El hecho de tener un órgano productor de pensamientos, no significa tener control consciente sobre él.

    No podemos detener el flujo de las ideas, una y otra y otra, tengan o no coherencia entre sí; incluso sabiendo que lo pensado no nos gusta como, por ejemplo: esos barrenillos sobre si tu pareja habla demasiado con el vecino nuevo, si tu hijo demora tanto del colegio, o si tu jefe no te considera, o tu suegra viene a pasarse un mes…

    Entregarse a dejar volar la mente, creyendo hacer ejercicio de imaginación es: un grave error para el creador, el artista o el intelectual.

    Mejor ser entrenarse en ejercitarla mediante una disciplina inversa, algo así como: parar de pensar.

    Pienso abrir un tema sobre esto. Exponerlo me resulta apropiado para organizar mis ideas y, si alguien se interesa, que le aproveche…

    Lo que la Psicología llama normal, para encasillar a las personas promedio, es el funcionamiento mayoritario de la humanidad. Viajar es agradable, pero requiere mucho dinero. No es necesario viajar, para conocer qué significa ser normal, observa a tu familia, a tus vecinos y a tus compañeros de trabajo y, sobre todo, a ti mismo. Todos en el planeta funcionamos igual y tenemos los mismos problemas existenciales, aunque hablemos otros idiomas: buscar agua y comida, con quien tener sexo, un techo donde vivir, asistir al deterioro y a la pérdida de los objetos de gusto y necesidad y de las personas amadas, y asistir al deterioro progresivo de sí mismo y la pérdida de la vida. Todo esto los humanos lo seguimos solucionando por las mismas vías: la magia y la violencia. Procedimientos usados desde la prehistoria. Da lo mismo un garrotazo, que un disparo. Da lo mismo el canto del brujo de la tribu, que el diagnóstico de un galeno de cualquier hospital del primer mundo. Al final: vas a morirte. Y todo esto sirve para demostrar que la humanidad no progresa ¿Cuál es el progreso? Todo lo que produce una guerra con arcos y flechas es lo mismo que produce otra con drones, y el final es el mismo: muchos muertos, muchos heridos, muchas viudas, muchos huérfanos… No encuentro el progreso ¿Crees que esto NO tiene que ver con la literatura y con querer escribir? Te equivocas. Sí lo tiene.

  • Las personas consideradas normales por la Psicología ¿quiénes son y qué características tienen? Somos nosotros mismos y las características son:

    Apreciamos la lectura, nos recreamos en conversaciones llamadas inteligentes, leemos libros de autores que otros desconocen o escuchamos música culta. Tal situación psicológica es la misma que compartimos con la humanidad y es triste; por nuestra excesiva arrogancia, al creernos mejores personas de lo que somos.

    Quienes formamos la humanidad, quienes en cualquier ciudad atestamos los ómnibus en las mañanas para ir al trabajo, los que  asistimos y asisten a conciertos, los mismos que combaten en las guerras creadas por los dirigentes de sus gobiernos, los mismos que critican a los dirigentes de sus gobiernos por crear guerras o sea: usted, yo y todos los otros del mundo, quienes se nos parecen por la pretensión de querer llegar a ser personas mejores que las que fuimos ayer y, aunque sea un poco, ansiar algunas comodidades materiales ¡Siempre de más! de ser posible ¡para mañana! pero no sólo nosotros, quienes aspiramos a ser, forman este grupo; sino, también, quienes ya creen serlo; tales como los dirigentes de los gobiernos y, también, toda persona significativa, calificada, acreditada, nombrada, renombrada, prestigiosa, famosa, importante y principal.


  • El estado psicológico de las personas consideras normales por la psicología académica, es el de tener, casi, ningún contacto con la realidad.

    Somos personas enajenadas, alienadas, debido a ese escaso acercamiento, e intento argumentarlo.

    Buena parte de la raíz de casi todos los conflictos que aquejan a la humanidad, es que no sabemos nada de nada y nos comportamos como si supiéramos. Vivimos mintiendo, en el error y en el fraude; de forma tal, mentimos a diario, queriendo y sin querer porque esa es la naturaleza de nuestro entorno cultural histórico y psicológico. Vivimos en la pantalla y en el figurao, en aparentar, tan solo porque no estamos seguros de nada y todo lo que hacemos es buscar seguridad en la actividad motora y en el parloteo. Vivimos actuando un rol que ni siquiera conocemos a derechas.

    No estamos conformes con nada, de modo que: el flaco quiere engordar, los gordos quieren ser flacos; los bajitos, altos; los altos, más medianos; los solteros quieren casarse y los casados se la pasan añorando el celibato; mientras trabajamos pensamos en las vacaciones; luego, bajo una sombrilla en la playa, nos la pasamos cavilando sobre la oficina; las feas quieren ser bonitas; las bonitas, felices; y, ese es, el tema: la inconformidad con nosotros mismos.


  • Si no estás conforme contigo no podrás estar de acuerdo con otros; nunca podrás llegar a eso que buscas y nombras: felicidad, porque ni a derechas sabes qué es; cito ejemplos.

    No sabemos ¡Ni hostias! sobre las palabras que usamos, aunque creemos que sí. Lamamos sinceridad a la expresión de nuestras emociones negativas, decimos amar cuando en realidad sufrimos fuertes deseos de posesión, afán de conquista, urgencia sexual, necesidad de afecto o todo a la vez.

    Vivimos divididos: queremos una cosa u otra; nunca vemos la totalidad de nada... pero es que: tal como somos, no podemos; se necesita un aprendizaje, pero ¿Dónde te enseñan a ser feliz? ¿Dónde te enseñan a vivir una vida auténtica? La cultura te orienta a ser alguien en la vida, pero llegar a serlo, nunca ocurre ahora; pasas muchos años ¡los mejores! preparándote para lograrlo ¡en el futuro! como si ser alguien en la vida, fuera tener, en la sala, colgado un diploma universitario y luego decir: soy un profesional… (En serio, no os parece poco). Las consultas de los psicólogos de todo el mundo están llenas de profesionales, incluso de otros psicólogos… así como de otros titulados en academias y universidades sobre cursos vencidos de masterados, doctorados, post-grados…

  • Sería preferible, parafraseando a Arjona, que hubiera menos profesionales y más personas felices o, al menos, que se aprendiera a ser eficientes y ¡de veras! profesionales en la intercomunicación humana y, luego, estudiar otra profesionalidad cualquiera.

    Tal conocimiento ¡existe! está en algún lugar, y es responsabilidad de quien lee (y escribe) buscarlo y difundirlo, porque no hay otra cosa que lo merezca más. Quiero recalcar esto, repetirlo, volverlo a decir: ningún otro asunto es más importante que tu felicidad.

    CUALQUIER OTRO ASUNTO EN EL MUNDO PUEDE SER IMPORTANTE,

    PERO QUE, TÚ, SEAS FELIZ ¡LO ES MAAÁS!

    Esto debía estar escrito en todas las esquinas y que los padres lo enseñaran cada día a sus hijos y los maestros a sus alumnos, porque solo una persona feliz puede aumentar la felicidad ajena. Sólo alguien feliz puede enseñar a serlo. No se puede dar lo que no se tiene. Por eso me aterran los poetas, los novelistas, cuentistas y escritores en general, quienes se la pasan escribiendo cuartillas de sufrimiento, de amargura, de sentimientos negativos, de recelos, teorías y fantasías con nada que ver con que, usted o yo, podamos ser mejores y soi.

    Vivimos en un mundo falso por tanto irreal. ¿Por qué? porque es un mundo basado en la mentira de creer que somos mejores de lo que somos.

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