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LOS HOMBRES DEL PRESIDENTE

Bogotá, enero del 2049.

Contrario a la oficina de Edward Salazar, que está dentro de la norma para los estándares de un jefe de estado elegido democráticamente, la oficina de El Barón es toda una maravilla de la intimidación: una habitación llena de emblemas arcanos, estantes con hierbas para hechizos, frascos con pócimas, muñecos vudú con fotos de enemigos caídos del gobierno colombiano y sus aliados en el extranjero, cráneos colgando de las paredes, y en la pared detrás de su escritorio, su emblema personal: un extraño símbolo compuesto por un altar con una cruz y dos ataúdes, rodeados de símbolos mágicos. Entrar ahí, es adentrarse en la guarida del más siniestro de los médicos brujos, capaz de destruir a un enemigo, ya sea usando los artilugios sobrenaturales más sucios, o las intrigas más elaboradas. Este es un maestro de las artes de la magia y la manipulación de la gente.

Y pese a que oficialmente el presidente colombiano es su superior, él lo trata con una mezcla de respeto, camaradería, y un poco de temor reverencial. Después de todo, El Barón es uno de sus principales benefactores y, por ende, encarna uno de los mayores pilares de su régimen:

—Cuénteme, su majestad. ¿Cómo le fue en la Federación Amazónica? —pregunta Edward cordialmente.

—Las cosas van viento en popa, presidente —responde alegremente El Barón, con su característica voz nasal, mientras fuma con placer un habano—. Estuve dando instrucciones a nuestros activos en el país para que se levantaran en armas. Gracias a ello, hace unos días se formaron grupos guerrilleros que están atacando la infraestructura minera amazónica. Además, gracias a nuestros espías, descubrimos un caso de corrupción que ha provocado una purga dentro del ejército. La Federación Amazónica sigue siendo fuerte, pero estos ataques los obligarán a ralentizar el crecimiento de su poder militar. Aunque, si me lo pregunta, hubiera preferido que el hijo de Protogion hubiera tenido éxito, pero qué se le va a hacer.

El año pasado, Sebastião Kuraikame, bajo órdenes de El Barón, se reunió con dos miembros del gabinete de la Federación Amazónica. Su misión era entregarles información que les hubiera permitido tomar por sorpresa a Ecuador y Perú, ganado así una salida al Océano Pacífico. En realidad, todo era una treta organizada por El Barón para llevar al ejército amazónico a una trampa, en la cual hubieran sufrido una derrota tan catastrófica, que hubiera amenazado la propia existencia del país.

—¿Supieron al fin por qué lo descubrieron? —pregunta el presidente Salazar. Está temeroso de que los atlantes hayan plantado espías en la red de inteligencia de su país.

—Si se pregunta si infiltraron mi ministerio, no se preocupe, presidente —relata tranquilamente El Barón con un toque de ironía—. Resulta que el chico cometió una imprudencia al revelarse como hijo de Protogion. Los atlantes desconfían de todo aquel que lleve el apellido Kuraikame, y ese fue su error. Afortunadamente, la muerte de dos miembros del gabinete amazónico sirvió como premio de consolación a nuestra causa.

El burócrata y el militar que Sebastião ejecutó hace un año por tratar de traicionarlo, eran el secretario de guerra, Helder Prens, y el comandante del ejército, general Eleuterio Rojas, ambos miembros importantes del gobierno amazónico. Si bien el impacto de su muerte no pasó de ser una tragedia sin consecuencias políticas importantes —ya que fue vendida como un “trágico accidente”—. Secretamente, sirvió para enviarle un mensaje a la Federación Amazónica: Colombia no estaría dispuesta a perder otro departamento más; su política expansionista sería combatida con todos los medios posibles y hasta las últimas consecuencias.

—Phew —Edward suspira profundamente aliviado—, que bueno que no fueron espías. Bastantes problemas tengo ya dirigiendo este país. Su majestad, déjeme decirle que es todo un honor que haga parte de este gobierno. Su labor en el Ministerio de Seguridad Estatal ha sido magistral y sin usted, hace rato habría sido derrocado.

—El placer es mío, presidente —replica halagado El Barón—. Después de todo, la Orden del Libro Verdadero siempre ha sabido proteger a sus aliados, jejeje.

De 1,85mt de altura, vestido con un elegante traje y sombrero de copa negros, el cual oculta su ausencia de cabello, El Barón es un anciano de raza negra, cuyos ojos color púrpura lo delatan como uno de los pocos nephilims vivos no pertenecientes a la familia imperial de la Atlántida, a quienes aventaja en edad por más de un milenio. El Barón es, además, el segundo al mando de la Orden del Libro Verdadero, que junto a la Casa Kuraikame, constituyen el principal soporte del gobierno Salazar y de muchos otros por toda América Latina.

—Por cierto, ¿Cómo van los preparativos para el ritual? —pregunta el presidente.

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