(LISTA) Lluvia a Medianoche (capítulo 2)

editado 24 de febrero en Fantástica
Ante todo, debo pedir disculpas por postear el primer capítulo de la novela sin contar nada de mi. Llevo poco tiempo escribiendo en serio. He escrito muchos relatos cortos y finalmente he decidido dar el paso y escribir una novela. Si tuviera que calificarla en una categoría diría que es Fantasía urbana distópica. El principio es extremadamente dramático, pero tiene un porqué para explicar acontecimientos posteriores. El texto es bastante extenso así que os pido paciencia. Espero que os guste.

Capitulo 2

 

     El dormitorio estaba en silencio; una fría luz de luna se colaba muda alumbrando una cama de matrimonio deshecha. En un rincón entre unas viejas cortinas y un armario se agitaba nervioso un niño pequeño. Su pelo, espeso y pajizo se pegaba a su nuca húmeda y caliente. Estaba sollozando y se frotaba los ojos de manera compulsiva. Sentado en el suelo con sus pequeñas piernas colocadas en un extraño ángulo emitía de manera intermitente pequeños gemidos apenas audibles y en su tierna cabeza aturdida por la alta fiebre se sucedían de manera vertiginosa pensamientos con olor a pesadilla, rápidos y confusos coloreados de rojo y negro.

         Apartó los puños de sus mejillas dejando un cerco rojo en su piel y parpadeó deprisa para constatar una vez más la multitud de pequeñas presencias que sobrevolaban la fría habitación. El niño, que no tendría más de tres años no se sorprendió con el espectáculo visual que se desplegaba ante él. Lo cierto es que estaba acostumbrado a ver aquellas extrañas estructuras de colores estridentes y formas afiladas contrastando con la suavidad de los tonos pastel de las paredes. La fiebre solo le hacía más consciente de esos entes extraños  que él había aprendido a ignorar. Si lloraba era porque se sentía mal.

       Intentó gatear hacia la cama aunque sabía que era demasiado alta para él pero las nauseas le hicieron parar en seco, su pelo húmedo y sudoroso apuntó hacia el suelo y sus espesas pestañas se mojaron rápidas con lagrimas de angustia y frustración. Respiraba de manera entrecortada y un lejano pitido comenzó a taladrar su oído izquierdo convirtiendo la experiencia conjunta en algo doloroso. A pesar de su corta edad era consciente de que estaba solo. Papá y mamá se habían marchado hacía demasiado tiempo y aunque eso no era extraño estaba acostumbrado a estar solo.  Realmente eso no le preocupaba, pero si aquel estado extraño de frío angustioso y mareante. Consiguió llegar al borde de la enorme cama de matrimonio y con gran esfuerzo y tambaleante se puso en pie dejando descansar su cabeza en la fría y mullida colcha. Olía a mamá. 

           Tras unos minutos en esa posición y sintiéndose algo más recuperado alzo de nuevo la cabeza, lo que contempló lo dejo boquiabierto. Las extrañas criaturas -por llamarlas de algún modo- se arremolinaban rodeándolo, nunca las había visto flotando tan cerca del suelo, casi siempre las veía como manchas de luces en la retina a la altura del techo moviéndose como peces en un acuario y  aquella noche las tenía tan cerca que casi podía tocarlas. Por un momento se olvidó de su malestar y maravillado giró sobre sí mismo para intentar rozar una de ellas pero una oleada de angustia y nauseas recorrió su cuerpo y se dio cuenta de lo débil y enfermo que se encontraba y de nuevo apoyó la cara contra la cama llorando en silencio. Al final, el cansancio le fue venciendo poco a poco mezclando de nuevo con fiebre y agitados sueños.

    

       “Caleb”… —Caleb— El sonido de su nombre le obligó a abrir los ojos. Estaba sentado en una incómoda silla de hospital, miró sus vaqueros de un azul oscuro desgastado y sus antebrazos apoyados en sus rodillas. Inconscientemente su mirada se centro en las cicatrices de su mano y brazo izquierdos que el vello apenas lograba disimular; “heridas de guerra” las llamaba él cuando los curiosos le preguntaban. —Caleb— repitió de nuevo la voz de mujer. Este alzó la vista para mirar a la ceñuda doctora que lo observaba preocupada al otro lado de la mesa. Sonrió con familiaridad a aquella mujer de rostro y marcado acento sudamericano que tanto conocía.

 

— ¿Te he contado alguna vez que de niño veía “luces”? —dijo Caleb

—Te preguntaba por la universidad, ¿Luces dices? —contestó la mujer entornando los ojos.

—No sé, “luces extrañas”, parecían estar vivas—

— ¿Vivas? ¿podrías ser más claro?— La doctora lo miraba interesada.

—Lo cierto es que de niño las veía a menudo, no sé bien que eran aquellas luces. Solo sé que un día deje de verlas siendo adolescente—. concluyó serio.

La doctora lo miraba dubitativa. —Los niños tienen mucha imaginación además los recuerdos son engañosos como bien sabrás—

—Sí, eso es cierto, pero también leí que los niños pequeños resultan más receptivos y abiertos a percibir… presencias—

- ¿C- ¿Crees que eran fruto de tu imaginación? ¿Te asustaban aquellas cosas?

Caleb torció el gesto un instante y continuó —Esas cosas, entes, seres o lo que fueran se presentaban a menudo. Nunca sentí miedo en su presencia más bien lo contrario.

—Nunca me habías contado nada sobre esto  —dijo la mujer con cara seria.

—No creí que fuera importante, pensé que era algo común en niños pequeños

— ¿Lo que me acabas de contar? Pues no, en mi experiencia te diré que esas experiencias no son comunes a ninguna edad- La doctora calló un momento y pensativa dijo- ¿Qué significa esto para ti? ¿Qué sentimientos te trae ese recuerdo?

Caleb cerró los ojos unos instantes y concluyó  —Supongo que me traen buenos recuerdos, sentía su presencia, de algún modo estaban vivos y me daban paz  — La luz del sol de mediodía entraba con fuerza en la pequeña sala blanca deslumbrando por momentos a Caleb que basculaba en la silla evitando el reflejo en la mesa como buenamente podía. María, su psicóloga, lo miraba curiosa esperando a que continuase. Al verle cerrarse de pronto continuó:

— ¿Te gusta la parapsicología?

—No, en realidad no

—Entonces, ¿por qué me contaste esto hoy? Preguntó María en voz baja.

—Solo… tan solo me acordé, nada más, ¿es importante?

— ¿Te preocupa el tema?

—No

—Entonces no veo problema —dijo la mujer sonriente.

 

El pabellón de salud mental era el último de la primera planta del enorme hospital provincial. Caleb salió de la consulta de su psicóloga como siempre, algo aturdido y melancólico. Avanzó por el estrecho pasillo de color blanco esquivando las sillas colocadas en el lateral y evitando mirar a otros pacientes. No quería saludar ni ser saludado por nadie, odiaba aquel lugar a pesar de su pátina luminosa y pulcra lleno de sonrisas piadosas y falsas esperanzas. A veces pensaba en detenerse delante de todo el mundo y gritar “¿No veis que aquí no se cura nadie?, somos solo locos socialmente aceptados, suficientemente cuerdos o lo bastante mansos para vivir en esta pantomima que solemos llamar sociedad moderna”. Pero claro, entonces ya no sería manso, ni lo bastante cuerdo o lo bastante hipócrita.

Comentarios

  • Aunque no toque leer y comentar este texto en la lista voy a hacerlo por amor al arte:

    “El niño, que no tendría más de tres años, no se sorprendió” ->Fíjate que he puesto una coma.

    ”Papá y mamá se habían marchado hacía demasiado tiempo y aunque eso no era extraño estaba acostumbrado a estar solo”->demasiada ausencia de signos de puntuación

    Hay un “sí” que le falta tilde. Sigues usando algún guión y no usas comillas latinas, como corresponde a los textos literarios. También deberías corregir esto:

    ” - ¿C- ¿Crees que eran fruto de tu imaginación? ¿Te asustaban aquellas cosas?”

    y quitar el espacio sobrante en las veces que lo pones entre la raya y la primera palabra de la frase.

    Sobre la historia, es interesante por el tema que toca de los sueños, las alucinaciones, y los problemas psiquiátricos, y habiendo leido el capítulo 1, el lector se pregunta en la relación de la historia de Caleb con la de Ann, aunque parece que estará relacionado con las criaturas extrañas con las que ambos se encuentran.
  • Muchas gracias por comentar mi texto. Digamos que la historia de Ann es un prefacio que tiene una doble función. La primera es empezar con algo de acción para captar la atención del lector y la segunda porque es importante conocer ese breve encuentro entre Ann y ese ser para conocer en lo sucesivo lo que desencadena su decisión.

    Abusando de tu generosidad me interesaría mucho saber si te parece que está bien escrito o mal redactado. Entenderé perfectamente que no tengas ganas ni tiempo de opinar en ese aspecto

    Un saludo afectuoso
  • Todo lo malo que he visto lo he mencionado ya, así que no te preocupes que si hubiera alguna cosa más que hubiera considerado mal hecha te lo hubiera dicho
  • muchas gracias, de corazón.
  • ¿Así que esta es la segunda parte? Me gustaría saber qué conexión tiene la historia de Ann con Caleb.

    Solo una amonestación: cuando mencionas "Tras unos minutos en esa posición y sintiéndose algo más recuperado alzo de nuevo la cabeza", esa palabra tiene tilde, ya que está en tercera persona.

    Una pregunta, motivada por la curiosidad más que cualquier cosa: ¿cual es la manía de los escritores de este género de usar nombres anglosajones? Quizás yo soy el único roñoso que nada contra la corriente y usa nombres latinos en sus personajes XD.
  • cehicehi Miguel de Cervantes s.XVII
    ¿Así que esta es la segunda parte? Me gustaría saber qué conexión tiene la historia de Ann con Caleb.

    Solo una amonestación: cuando mencionas "Tras unos minutos en esa posición y sintiéndose algo más recuperado alzo de nuevo la cabeza", esa palabra tiene tilde, ya que está en tercera persona.

    Una pregunta, motivada por la curiosidad más que cualquier cosa: ¿cual es la manía de los escritores de este género de usar nombres anglosajones? Quizás yo soy el único roñoso que nada contra la corriente y usa nombres latinos en sus personajes XD.

    Hablando de tildes, dos observaciones, sin ánimo de enmendar la plana a nadie.

    "Sólo una amonestación...."
    "Cuál es la manía de los..."

    Saludos


     
  • ¿Así que esta es la segunda parte? Me gustaría saber qué conexión tiene la historia de Ann con Caleb.

    Solo una amonestación: cuando mencionas "Tras unos minutos en esa posición y sintiéndose algo más recuperado alzo de nuevo la cabeza", esa palabra tiene tilde, ya que está en tercera persona.

    Una pregunta, motivada por la curiosidad más que cualquier cosa: ¿cual es la manía de los escritores de este género de usar nombres anglosajones? Quizás yo soy el único roñoso que nada contra la corriente y usa nombres latinos en sus personajes XD.
    Llevas toda la razón en ese tilde. Por adelantar algo diré que la historia de Ann y de Caleb distan mucho en cuanto a tiempo, aunque el protagonista es Caleb. El primer capítulo podríamos llamarlo un preámbulo de lo que la decisión de Ann va a repercutir en las vidas de Caleb y secundários. 

    En lo que sefiere a los nombres no soy el tipo de escritor que le gusta poner a sus personajes: Jen, katty... etc. Cada personaje proviene de una parte del mundo distinta y su nombre irá en consonancia con su lugar de origen. 

    Por contarte una curiosidad, el sonido "An" está registrado por los linguistas como uno de los primeros sonidos para referirse a lo que podríamos llamar "los primeros nombres propios de la historia" De ahí ese Ann, con una ene de más para darle un toque exótico.

    Ya digo, todo en esta novela tiene su porque. Entiendo que al leerla tan despacio surgan muchas dudas al inicio.

    Muchas gracias por leerme, por supuesto, por tu tiempo y un gran abrazo.
  • (continúa)

         Abrió la pesada puerta y sintió el aire fresco de la mañana invernal. A veces, pensaba que la puerta era tan gruesa para evitar que los “locos” escapasen de allí o que alguien entrase por equivocación, esos pensamientos eran los que le hacían dudar de su estado mental aunque, ¿No habían dicho siempre que los dementes no eran conscientes de su locura? “Eres demasiado rumiativo”, le decía María, y seguramente llevaba razón pero no podía evitarlo, ¿Cómo se apaga el cerebro? ¿Cómo se detienen los pensamientos por negativos que estos sean?

        Cuando se dio cuenta estaba frente a la parada del autobús número uno. Llegaba tarde a clase, para variar, pero había bastante gente esperando el transporte, lo que quería decir que no tardaría en aparecer.

    El viaje en autobús le relajó un poco, era curioso como los peatones rara vez fijaban su atención en los transportes públicos lo cual le daba a veces la vergonzosa impresión de estar observando a personas sin su consentimiento. Tanto si iba de pie como sentado era como mirar desde una pecera móvil la ciudad pasar bajo sus pies. La vibración y cadencia del motor del vehículo ejercían un efecto sedante en él, lamentaba llegar a su destino la mayoría de las veces.

     

         Las clases habían empezado hacía meses y aunque Administración y Dirección de Empresas era la carrera que Caleb había elegido no le motivaba en absoluto, de hecho, de un tiempo a esta parte nada le apasionaba ni despertaba su atención lo suficiente como para emocionarle. Apenas tenía unos pocos conocidos en la universidad y se habían cansado hace tiempo de invitarle a salir por ahí debido a sus constantes negativas. Lo único que le salvaba del eterno encierro en su casa era su novia Rosa.

          Caleb, tras un día de clases y prácticas, la esperaba con la carpeta de apuntes en la mano al pie de las escaleras que unían la calle con la urbanización en la que ella vivía. Era de noche y al tratarse de viviendas recién construidas, unifamiliares en su mayoría, se encontraba casi en las afueras de la pequeña ciudad y la zona no era de las más seguras.

     

        Rosa, tenía la costumbre de hacerle esperar diez o quince minutos en los cuales Caleb observaba los grafitis que adornaban los suelos y paredes de piedra grisácea del alto muro que conectaba la calle con la vieja estación de autobuses en que dormían los enormes vehículos tras su ajetreado día en la urbe. El silencio del lugar solo roto por el silbido del viento y el lejano ladrido de algún perro era habitual a esas horas lo cual parecía aumentar la sensación  de frio.

          Caleb escuchó un taconeo a lo lejos y sonrió al reconocer su familiar cadencia. A los pocos segundos una muchacha de cabellos rubios semirizados rostro redondo y ojos negros se asomó a la barandilla que rodeaba la escalera luciendo una gran sonrisa.

    —¿Llevas mucho esperando? —pregunto con fingida cara de pena.

    —Un rato. Como siempre, ¿bajas? —respondió impaciente Caleb. La chica desapareció un segundo para reaparecer bajando los escalones con rapidez a pesar de los tacones, al llegar a su lado le saludo con un rápido beso en los labios y se agarró a su brazo.

    —Demos un paseo, ¿Qué tal te fue en salud mental?

    El chico suspiro melancólicamente y contestó —bien, supongo —Rosa alzo sus ojos negros en un gesto cargado de ternura y comento en voz baja.

    — ¿Algún avance? —Tras unos segundos Caleb le contó lo que había recordado de su infancia en la consulta de la doctora. La chica lo miró con curiosidad y pregunto sorprendida.

    — ¿En serio? Qué extraño es eso. ¿Los veías a menudo?

    —Bastante. Tengo algunos recuerdos de ellos, aunque quizá fuese mi imaginación…

    —Podría ser —dijo ella ladeando un poco la cabeza — ¿Has empezado a hablarle de tus padres? —

    —Mis padres... —musitó el muchacho. —Le he contado algo, lo más importante supongo. — Caleb sintió como Rosa apretaba su cuerpo al suyo acariciándole el brazo con delicadeza.

    —Bueno, no hay prisa, lo importante es que te sientas seguro y bien. — Avanzaron por el enorme parque al que habían llegado caminando lentamente desde la estación de autobuses y a la luz de farolas negras de luz blanca se sentaron en silencio en un banco de piedra sin respaldo. Rosa se colocó con las piernas cruzadas encarada hacia Caleb y al verlo algo ensimismado hundió su dedo índice en la mejilla de su novio que apenas reaccionó.

    —¿Qué piensas?— le dijo casi al oído. Caleb giro la cabeza y sus ojos de color gris se cruzaron con los de ella. Dudó unos instantes y respondió.

    —No es nada. Nada importante, quiero decir. —Sus últimas palabras fueron silenciadas por un viento que inundó el paseo de losas plomizas, alborotó el cabello pajizo de ambos y agitó las semidesnudas ramas de los arboles de color ceniza arrastrando las ultimas hojas en pequeños remolinos. No hacía buen tiempo, desde luego, pero ni Rosa ni Caleb sentían frío, solo el calor de sus cuerpos hormigueando su piel. Comenzó a llover. Sin decir palabra la pareja se puso en pie y se perdió abrazada entre los arboles de un intrincado jardín del solitario parque.


         Tras una corta cita Caleb se despidió de Rosa con un beso y se encaminó hacia casa con paso lento, sin prisa, nunca había prisa cuando se trataba de regresar a casa. No dudaba de las buenas intenciones de su novia, sabía que le quería; precisamente por ello no quería preocupar a Rosa con sus vaivenes emocionales. Si algo había aprendido en los años que llevaba enfermo es que siempre se podía estar mejor y peor, no era necesario transmitir su negatividad a una de las pocas personas a las que parecía importarle. La lluvia caía fría  sobre la acera y en la calzada se empezaban a formar los primeros charcos.

         Caleb andaba por la parte cubierta del enlosado aunque el viento lo mojaba a menudo lanzándole agua gélida por todo el cuerpo. Sonreía. Normalmente le gente odiaba estos días, sin embargo, a él le encantaban, la noche, el frió, la lluvia, el olor a tierra mojada, la soledad… no tenía ganas de llegar a casa… lamentablemente al girar la esquina divisó a lo lejos su portal de mármol negro y puerta acristalada con motivos en dorado. Cualquiera diría que era un buen lugar ¿Por qué no iba a serlo? Sintió como su ánimo se ensombrecía a medida que se acercaba y sus pies se volvían pesados lastres ante el inevitable retorno a su infierno particular.







Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com