(Lista) Surtidores de recuerdos

texastexas Garcilaso de la Vega XVI

Mi intención era parar en la primera gasolinera que viese por el camino, pero me puse a pensar en la variedad de precios y he acabado en la de siempre, aunque eso me ha hecho desviarme de mi camino. No tengo prisa, sólo me apetece disfrutar del día y de su estupenda temperatura dando un paseo con mi vieja amiga, así que hacer un par de kilómetros más no me importa.

Al ser un día entre semana, no hay apenas cola en los surtidores y no tengo que esperar mucho. Menos mal, porque estar bajo el sol con la cazadora puesta no me hace ninguna gracia. Por pasar el rato, mientras reposto, intento calcular cuántos años llevo viniendo a esta pequeña gasolinera. Siempre ha sido la más barata, a veces con una diferencia importante, y está en el parking de un centro comercial, lo que la hace más accesible que otras y un punto de encuentro cuando quedamos en grupo.

En el surtidor de al lado se para un Citroën verde oscuro y, de pronto, los recuerdos me asaltan para ayudarme a hacer un cálculo exacto y sentimental. No me puedo creer que esté sintiendo nostalgia en una gasolinera, qué tontería. Ese coche me ha traído a la memoria las primeras veces que empecé a venir aquí con mis padres y su recién estrenado Xsara familiar a finales de los ’90. Qué contentos estaban, no dejaron de sonreír en todo el día proponiendo sitios para visitar. Era su primer coche nuevo. Los dos anteriores habían sido de segunda mano, pero éste lo sacó mi padre del concesionario. Bueno, en realidad lo sacó mi madre porque él quiso que fuese ella la que hiciese los honores. Yo tenía unos diez años, pero esos recuerdos se mantienen muy vívidos en mi “rincón de momentos que no debo ni quiero olvidar”, con sonidos y olores incluidos. El color, verde oscuro, lo había elegido mi madre y, en mi opinión, acertó. Mi padre decidió que fuese un familiar para tener un maletero grande como un armario ropero. Siempre me gustó ese coche, por amplio, fiable, cómodo, verde. Por eso yo también tengo un Xsara, aunque no tan antiguo, claro, y mis padres siguen manteniendo el suyo, que todavía está estupendo.

No tardo mucho en repostar -mi vieja amiga no tiene un depósito muy grande- y me voy hasta la cabina a pagar. Cuando venía con mis padres y su coche nuevo con olor a esfuerzo, a logros conseguidos, a satisfacción, todavía pagábamos en pesetas contándolas por miles. Ahora es en euros y no llegamos ni a 100, pero es mucho más cara. No me hago a la idea de que hayan pasado ya tantos años, unos 20, pero es lo que ocurre cuando te pones a pensar e intentar calcular qué edad tenías.

Cuando vuelvo al surtidor, el Citroën aún sigue ahí y veo a una niña de unos diez años en el asiento trasero, riendo, hablando con su madre que está delante. Su padre le pone caras raras por la ventanilla trasera mientras reposta. Se les ve contentos, como nosotros cuando estrenamos el coche. Por curiosidad, miro su matrícula mientras guardo la cartera en la maleta de mi vieja amiga, mi moto, y es un Xsara nuevo, cómo no. Al menos no es un familiar; sería mucha coincidencia.

No puedo evitar preguntarme si mis hijos se acordarán también de estos momentos con una sonrisa. Todavía son pequeños para acompañarme en dos ruedas, pero han venido ya muchas veces aquí en el coche. Supongo que, al igual que yo en su momento, no le dan importancia a una gasolinera. Es más, incluso a mí me cuesta creer que tenga la mirada húmeda en un sitio así.

Me subo a mi moto intentando que no se me empañen los ojos con las lágrimas. Con calma, me recojo un poco la melena para ponerme el casco, aunque sé que voy a acabar despeinada, como siempre. Mientras me ajusto los guantes veo que la niña me mira atentamente, me sonríe y me saluda con la mano, igual que hacía yo de pequeña. Quién sabe, tal vez también sea motera como yo en cuanto tenga ocasión.

Comentarios

  • Me gusta porque yo también tenía 10 años a finales de los 90. Me recuerda a esa nostalgia que se tiene por la mínima tontería que yo mismo siento a veces. Ya ni me acordaba de los Xsara, pero es verdad, los anunciaban por la tele hace años. Y sí, con el euro subió mucho todo. No sé si eso es malo porque aunque gastáramos más también ganamos más, pero conozco esa nostalgia de recordar cosas del pasado, y no solo con cosas como coches, establecimientos o precios. A veces recuerdas una tontería muy grande (por ejemplo, una cabecera de un programa de la tele, un anuncio, o un logotipo ya en desuso) y te vienen a la memoria un montón de recuerdos felices. Quizá porque cuando uno es joven no sabe nada de la vida y por eso es más jovial, pero la adultez es dura al ir sabiendo cómo funciona el mundo.

    Al menos, esto me transmite el texto de la gasolinera. Empatizo con la prota porque he sentido lo mismo, y creo que ella siente así porque casitodos recordamos la infancia y primera adolescencia con cariño. 
  • cehicehi Miguel de Cervantes s.XVII


    Romántico escrito. ¡Sí, romántico! No digo ningún disparate. Cuando se sabe mezclar bien la ternura con los recuerdos, el resultado final es inequívocamente romántico. Me da por pensar que esa tuya no es una historia inventada, sino real.

    Efectivamente, los Citroën Xsara tenían (no sé si aún se siguen fabricando) un muy amplio maletero ("como un armario ropero" jajaja). Un familiar mío, más joven que yo, tiene uno. Y digo "tiene", porque, a pesar de contar el dueño (mi sobrino) por lo menos treinta años desde su compra, todavía lo conserva; eso sí, medio transformado en un vehículo agrícola y que lo usa como transporte de frutas y aperos en su pequeña finca de frutales. 
     
    Es verdad que la nostalgia es por algo que dejamos atrás y que no nos desprendemos de ella y ademas sin dejar de llorar. En el mismo orden de cosas, se encuentran las viejas máquinas de escribir "Olivetty", el "Seat 600", el televisor en blanco y negro... Y cientos, o quizás decenas de cientos de cosas más. 

    Ese mirar y ese sonreir de una niña de 10 años, delata reminiscencia. 

    Nos emborregaron. Nos engañaron durante la previa campaña en pro del euro, y quién si no que los de siempre: los políticos. Nos dijeron, literalmente: "no subirán los precios, sólo cambiará la moneda". ¡Mentira, mentira cochina! Que le pregunten, por jemplo, a las amas de casa: ellas afirman que antes compraban más cosas con mil duros (5.000 pesetas), que ahora con 50 euros (8.319 pesetas). Y eso por citar un detalle de calle. 

    En fin, que me ha gustado tu historia: la sencillez de la narración, lo bien y lo adecuado que encajas matices, que, sin duda, ornan con flores hasta una simple anécdota. 

    Mis felicitaciones. 



  • texastexas Garcilaso de la Vega XVI
    Me habéis ruborizado. Gracias por vuestros comentarios positivos. ¿Algo que pueda ser mejorable o que no encaje bien? Cuando llegue a casa comentaré más, que no tengo mucho tiempo ahora.
  • Sí, algo mejorable sería que es preferible el uso de comillas latinas y el uso de raya (—) en vez de guión (-) para las aclaraciones. De hecho, muchísimas veces hago esta corrección comentando textos por internet y esta vez se me ha pasado. Perdón.

    De hecho, lamento mucho haber tenido este olvido contigo, después de que hiciste una crítica tan analítica de mi texto. Debería haber sido algo recíproco. Mal por mi parte 
  • texastexas Garcilaso de la Vega XVI
    Gracias. Miraré lo que me has comentado porque, en mi camino hacia el oficio de correctora, debería saber esas cosas.

    Uso “ cuando quiero remarcar algo, no porque sepa que es correcto, sino porque creía que era válido. Debería haber sido cursiva, pero los viejos hábitos me juegan malas pasadas.

    Las comillas latinas «» las uso en pensamientos o frases habladas integradas en el párrafo. 

    El guión largo lo uso en los diálogos y pensaba que el corto era para estos paréntesis o aclaraciones.

    Lo dicho, gracias y me pongo a estudiarlo.


  • Querida Isabel, buenas tardes. ¡Muy bonito su relato! Los recuerdos afloran en cualquier momento y situación... y por lo mismo, leyéndola, trajo a mi memoria con anécdota incluida, otro coche estrenado en mi familia allá por 1994, un Renault-7 amarillo. Era el segundo, el anterior un Gourdini usado y bastante feo, pero a mi hija pequeña le parecía lo más bello del mundo, tanto que al hacer su aparición el nuevo coche, lo miró frunciendo las cejas y alejándose lo más que podía del mismo. Su padre le invitó a subir una y otra vez y ésta con lágrimas en los ojos le dijo: yo no lo quiero ni subiré a él nunca, quiero el coche viejo. Y efectivamente, no pudimos convencerla de que subiera entonces ni en mucho tiempo...

    Gracias por compartir del recuerdo tu nostálgico sentir.

    Un abrazo.

  • texastexas Garcilaso de la Vega XVI
    Muchas gracias, Fina. Me alegra que mi relato os haya despertado bonitos recuerdos. Parece una tontería, pero los coches -y las motos, en mi caso- se convierten en parte importante de nuestra vida. Nos alegra comprarlos, nos entristece venderlos, nos dan buenos momentos... Ya ves cómo tu hija se había encariñado con el coche :)
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