El sargento cadáver (fragmentos 1)

[...] Los decibelios, desplegando toda su magnitud, anunciaban la llegada inmediata del caos cuando, súbitamente, el impacto se materializó en forma de horrísona tormenta, en un ígneo diluvio que sembraba el fruto yermo de la masacre cabalgando ráfagas con sabor a fuego y pólvora. Todo a mi alrededor fue absorbido por un humo voraz, un manto grisáceo que, arropando el caprichoso vuelo de las esquirlas en su invisibilidad mortífera, teñía el éter con la húmeda contextura de la sangre. Un coro desgarrador crascitaba hasta la afonía un último auxilio que se volatilizaba entre las llamas, marcando el indómito paso de las antorchas humanas como luciérnagas rodantes que, en la desesperación de su relumbrante martirio, empapaban el aire de salvajes alaridos al despeñarse hacia ninguna parte, sin más rumbo que la congénita nada de lo inevitable. Y aun así, pese a ser testigo de tal locura, la montaña aguantó firme su pesarosa mirada, sostuvo valiente el pulso a un horror hambriento de almas...hasta que no pudo más: parte de la sierra comenzó a flaquear ante la impía cadencia de los proyectiles, derritiéndose en rocas que morían exhaustas por la ladera, arrastrando consigo a quién sabe cuántos. El suelo temblaba, el oxígeno se tornó irrespirable y un feroz pitido no paraba de ensañarse con mi cordura, todo era polvo y demencia bajo una hojarasca de hollinienta ceniza [...]
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