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Los Zuccarelli- Capítulo 4 (parte 2)

También hablan por los codos del Labour Day Weekend, que ya se aproxima en pocos días. Les pregunto qué hacen aquí en Oregon y Ava me cuenta que ella el año pasado fue a una playa a celebrarlo. He visto imágenes las playas de Oregón y yo no las considero exactamente playas. Leo el año pasado fue a hacer una excursión a la montaña, y no sé si esta idea me gusta más que la de Ava o no. Al final gana la propuesta de Ava y empiezan a hacer planes. Mencionan a mucha gente que no conozco y me invitan al instante a mí también. Leo me enseña con el móvil la que es la playa preferida de Ava desde que vive en Oregon. Se dice Cannon Beach y de nuevo, aunque tiene arena y mar, yo no la considero playa. La imagen me ofrece una sensación de frío en lugar de invitarme a zambullirme dentro del agua. Lo más bonito de la playa es una enorme roca que parece muy famosa por aquí. Decido unirme a su idea. Estoy aquí para estudiar, pero también para conocer gente nueva y una parte de mi país que desconozco. Supongo que si ellos consideran que esto es una playa yo también tendré que empezar a hacerlo.

Los planes continúan elaborándose mientras abandonamos la cafetería. Los sigo hacia fuera, aunque no sé hacia dónde nos dirigimos. De repente, Ava deja de hablar en medio de una frase y realmente me sorprendo que haya callado. De hecho, no es la única que lo ha hecho, sino que todo el mundo que está en la terraza exterior de la cafetería gradualmente baja su volumen de voz hasta que no se escucha ningún cubierto.

- ¿Qué pasa? - le pregunto en un susurro a Ava.

-Están aquí. - me contesta.

No me da tiempo a preguntar quién ha llegado. Giro todo mi cuerpo hacia la izquierda cuando escucho el motor de coche, porque no es un motor cualquiera. Y tampoco es un coche cualquiera. Es una camioneta pick-up enorme que parece un tanque del ejército, sólo que es de un color naranja neón. No puedo ver quién la conduce porque tiene los cristales tintados, pero quién está tras el volante hace un giro brusco hasta que el coche queda encajado dentro de una plaza de parking privada.

 

Junto a un enorme edificio de ladrillos marrones que preside el final de la gran avenida ajardinada que divide en dos mitades los edificios del campus, hay un parking privado. He visto muchos coches desde que he llegado y varios parkings también, pero ni los coches eran como estos ni los aparcamientos eran privados.

La puerta del conductor del coche se abre entonces y en la terraza todavía hay más silencio. El chico que sale de dentro es enorme, pero realmente enorme. Viste unos pantalones militares que enseñan a todos los grandes cuádriceps que tiene. El jersey gris de algodón que cubre su tronco es muy ajustado, y si los cuádriceps eran grandes sus bíceps son enormes. ¿La ZU tiene equipo de lucha libre? Este chico debería ser su capitán. Camina alrededor del coche dando pasos firmes. Su melena negra, que le llega por debajo de las orejas, se mueve cuando él se balancea lentamente mientras camina. Cuando está en el otro lado del coche, alarga su brazo y abre la puerta del copiloto con un golpe seco.

El chico musculado le ofrece la mano a una chica que sale del coche en estos momentos. Cuando sus botines grises de tacón de aguja tocan sobre el asfalto sufro por ella porque este no es un buen calzado en Oregón, creo. Las piernas de la chica son larguísimas, enfundadas en un pantalón negro muy ajustado, y tiene un culo muy bien trabajado, con los músculos que necesitas conseguir yendo al gimnasio cada dos días. Complementa los pantalones con una americana y jersey plateados, y enormes collares que cuelgan sobre su pecho. El cuerpo de la chica se podría definir con una palabra: curvilíneo. ¡Qué envidia! Siempre he querido tener curvas, pero ni con el gimnasio ni con batidos de proteína lo puedo conseguir. Y naturalmente, las operaciones de estética están muy descartadas. La rubia esta, parece que lo ha obtenido todo naturalmente. Es rubia, sí, con una melena de rizos que tiene retirada hacia atrás con un pasador plateado muy elegante.

Hacen una buena pareja estos dos. Aunque el chico es más alto que ella, ella supera la media de altura nacional, estoy segura, y sino con los tacones que calza ya lo hace. Es sorprendente ver cómo caminan cogidos de la mano, dirigiéndose hacia la biblioteca. Ella ni tiembla a pesar caminar con unos zapatos que deben ser incómodas para desplazarte por asfalto. Por suerte tiene a su novio para agarrarse con fuerza, ya que él le ha ofrecido su brazo derecho. Estos dos deben ser pareja sin lugar a dudas.

Caminan por su pasarela delante de nosotros y de todos los estudiantes que hay en la cafetería. Y sí, digo caminan en su propia pasarela porque parecen modelos de pasarela. Cuando llegan a la biblioteca el chico le abre una puerta a la chica y ambos desaparecen hacia dentro. Es el aviso para que todo el mundo reanude sus conversaciones.

- ¿Quiénes son? - pregunto con curiosidad.

-Brayden Occhionero y Violet Patricelli. - me cuenta Ava. - Sus padres son súper ricos, pero muy, muy, muy ricos, y ellos son novios desde hace muchos años.

-Eso no lo sabes con certeza. - le dice Leo.

-Lo sabe todo el mundo. - defiende ella.

-Nadie sabe nada de ellos. - le replica Leo. - Son un misterio. Sólo sabemos que son ricos, guapos y que sólo hablan entre ellos.

-Ella está a punto de graduarse. - continua Ava.

-No lo sabes. Hazme caso, conozco gente de Portland que los conoce y nadie sabe nada de ellos. Hace años que están aquí y ninguno de ellos se ha graduado todavía. ¿Los has visto en alguna clase?

-No, pero en alguna clase deberán ir.

-Yo creo que sólo vienen aquí para pasear sus coches. - opina Leo. - Son como la mafia.

- ¿La mafia? - pregunto sorprendida. - ¿La mafia italiana?

-Sus apellidos son todos italianos. - me explica Leo. - Y no sólo los suyos, sino de todo el grupo que tienen. Son como una secta. Siempre están por el campus, pero nadie habla con ellos, nadie sabe cuántos años tienen, nadie sabe qué estudian y nadie sabe dónde viven. Pero todos los adoran, incluso los jardineros. Y ya lo has visto, todo el mundo les teme también. - añade. - Los llamamos "La Mafia".

- ¡¿Cómo van a ser mafiosos?! - exclama en voz baja Ava.

-Yo por si acaso los ignoraría tanto como puedas ignorarles. - me recomienda Leo. - Ellos te ignoraran a ti.

-Oh, hombre, alguien tiene un coche nuevo. - le interrumpe rápidamente Ava.

Entonces el silencio de la terraza vuelve a aparecer y Leo, Ava y yo nos movemos hacia un lateral para tener mejores vistas del nuevo coche que llega. Es un deportivo de cuatro puertas plateado y que apenas se levanta unos centímetros del suelo. Sus ventanas son tan negras como las ruedas, que tienen el escudo de la casa Porsche justo en el centro.


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