Siesta.

I



Camina despacio entre las hojas; unos ojos miran. Y la selva corre.


Detente, empieza de nuevo.


Sobre otros pasos cose el presente de futuro. Ya se ha ido y apenas a empezado.

No hay destello donde habría de ser la falta.


Arriesga el salto.


Otra vez.


Y las bestias corriendo en todas direcciones se desatan, en la frescura metálica y juvenil de un movimiento.

En la ligereza de la danza. Empieza de nuevo a caminar.


Solitario.

Emprende la marcha para volver a marcharse.

En un contenido ruido que fluye desde las entrañas , en una tos y un vómito fantasma.

La ausencia aplasta bajo el peso de la lluvia. Mira atrás, pero es tarde , siempre tarde, y todas las tardes, en el sopor de las cuatro, cierra los ojos y emprende el camino que surca y borra el sendero, que borra la estela.


Vuela.


Como de todas partes , en un infierno portátil , algo te toca y me toca: sin ser tocado, sin llegar a alcanzarse. Bendita ausencia que fundas lo divino en la alegría que llora de dolor y en la risa que duele en un instante que no existe como todos lo instantes.


Ahora caes, atrapado por la red de araña.

Y las luces de su lámpara ciegan en el cieno de su gravedad.


Siéntelo en las venas, en lo huesos. Siéntelo en la resistencia del cuerpo que se balancea y que anhela el suelo para seguir estando vivo.


Dejate, dejame contigo.


Sigamos esa estela de nada.


Tomemos prestada la huida que somos tú y yo hacia nunca. Y volvamos a empezar como si el vals moviese nuestros pies sobre arenas movedizas , en un sueño que se resbala y rebasa de un cabo a otro.


En la ligereza de la danza.


Solitarios.


Empezemos de nuevo a caminar.

Comentarios

Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com