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Taller de Escritura

SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
Nunca he creído mucho en los talleres de escritura. 


Taller de Escritura

Un relato es, al menos parcialmente, siempre una mentira. Le digo esto porque yo albergo un escrupuloso amor a la verdad. Casi diría que soy un mojigato, un ser tan púdico que haría mejor en quedarse callado y llevar su vida en sombras. Le cuento esto porque no sé como empezar. Lo que sucedió fue tan grave, tan complejo, que incluso una disposición ordenada y minuciosa (en el orden, por ejemplo, cronológico de los hechos) faltaría en cierto modo a la verdad. ¿Cuándo comenzó mi historia? ¿En qué medida es mi historia, con qué grado de profundidad real viví los hechos que aspiro a relatarle? Sólo a través de la retrospección he descubierto que viví hechos singulares, sólo el tiempo y los cambios operados en la morfología de mi psique, han podido impulsarme a acometer una empresa tan refractaria a mi naturaleza, tan contraria a mis impulsos. Le digo esto porque yo aspiro principalmente a la verdad. Creo que es la consigna a la que se anuda el trabajo literario, la premisa de la cual debe partir el novelista. Aspiro a ser un grande, a traspasar el corazón de mis lectores con la precisión de mis vocablos, a representar con el rigor de un periodista los hechos singulares de que hablo. Al mismo tiempo, temo estar cayendo en el error. En el error de la mentira, que a la larga es el vicio más común del novelista, o en el error de querer presentarle como ciertos una serie de hechos que ni siquiera yo mismo tengo constatados. Sin embargo, sucedieron. Están aquí, en mi cabeza, indisolubles para siempre de mi ser. Pero vacilo en transcribirlos. Para hacerlo tendría que entenderlos, transmutarlos al ámbito común de nuestro idioma y, con ello, inevitablemente adulterar su esencia. Porque pienso: ¿por qué hacerlo en castellano? ¿Cómo serían mis sentimientos pasados por el sutil alambique del francés, o la rotunda gravedad del italiano, con su sintaxis parecida y a la vez tan diferente? También la fonética cuenta, por fonética entiendo el placer de los sentidos, la sustancia y cuerpo del vocablo. No sé qué más decir. Quiero contar algo bello y veraz a la vez. Pero no estoy seguro de que belleza y verdad sean consustanciales a la esencia de mi historia. No estoy seguro de que no estemos hablando de un caso de antinomia insuficientemente trabajado en la teoría de la literatura. No, no me mire así. Ya le he dicho que son hechos singulares, pero esa cualidad quedaría desvirtuada por las exigencias del lenguaje. ¿O es al revés...? ¿No cree usted, como yo, que lo cotidiano puede sublimarse y...? No, no me mire así. Ya le he dicho que son circunstancias singulares las que me avengo a...No, yo no he dicho nada de una reconstrucción retrospectiva. Hablaba en términos genéricos. Divagaba sobre la verdad, sobre mi prurito y afán por la verdad en toda circunstancia. Eso no quita que pueda caer en la inconstancia. La inconstancia no es equiparable a la mentira. No, confunde usted la ética y la estética que, como le decía, son niveles refractarios entre sí a un nivel elemental. Pienso conmover los cimientos de la poesía contemporánea con una obra absolutamente personal. Le hablo ahora de poesía porque creo que es más cercana a la verdad. ¿Es esencia la VERDAD, cruda y objetiva de los hechos? ¿Es esencial el respeto a la verdad, o...? No, no me estoy embarullando, señor mío. ¿Acaso no le he mentado ya mi proverbial respeto a la verdad? Pues ciñámonos a la verdad. La verdad es que no sé cómo expresarlo. Los hechos que quiero referirle son de una inusitada gravedad, de una extrañeza tan inverosímil...Podría usted creer que mi historia peca de ciertos aditivos, y sin embargo, sería simplemente el peaje que paga cualquier escritor a las usuras del lenguaje. ¿Qué? No, yo aún no he escrito nada. Quiero decir que aún no he publicado, precisamente por mi imperativo absoluto de verdad. Sí, ya empiezo, pero deme tiempo para poner en orden mis ideas, reconocer mis sentimientos, hurgar en mis heridas (creo que esta luctuoso etapa de mi vida me dejó emocionalmente trastornado). No, no es una etapa, son unos hechos concretos en el marco histórico de... mi vida. Sí, ya le he dicho que la retrospección es necesaria, pero aún tengo que revisar mi propio análisis para concluir que los hechos estudiados son veraces, y legítimos. Digo la verdad, señor mío, no estoy para nada confuso, como usted sugiere. ¿Sabe... ? Creo que voy a apuntarme a un taller de Escritura... 


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