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Galicia nos empapa

Conde WaldsteinConde Waldstein Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV


GALICIA NOS EMPAPA

I

Y trajo de Galicia,
la lluvia su tristeza,
tal vez esa hermosura que nos hace
sentir una emoción extraña y dulce,
si puede ser tan dulce la derrota,
pues uno, en la derrota,
se sabe casi un viejo,
conoce ese destino que el otoño
nos viene preparando en su camino,
que el tiempo ha de ser suyo solamente.

II

La lluvia se hace dulce,
desciende a su capricho,
y, a veces, se acelera y nos sorprende
la forma en que se lanza hacia las briznas
calladas de los parques y el asfalto,
sabiendo, como sabe,
que siento tu perfume,
que sueño tu melena ensortijada
y oscura como noches ancestrales,
mojada por el agua que nos llega.

III

Y Asturias es hermosa,
y son bellos los fuegos
que saben encender, con las auroras,
los días del otoño, sus tristezas,
la vieja bofetada que despierta,
quizás como un relámpago
el alma que renuncia,
sumida en esos sueños ilusorios,
que no serán verdad, seguramente,
pues no han de ser verdad, si son ensueño.

IV

Y vino de Galicia,
la lluvia del otoño,
la lluvia que me trajo amablemente
recuerdos del destello de tus ojos,
recuerdos de la noche en los cristales
que brillan, cuando llueve,
que lloran con la lluvia,
que miran los paraguas en las plazas,
no lejos del café, donde los bancos,
las viejas oficinas de los bancos.

V

¿Y quiero hacerte mía
soñándote de nuevo
y digo que me adueño de tu espíritu,
pues finjo que me adueño de tu espíritu,
queriendo regalarte lo que es mío?
Dirás que la locura
me arrastra al disparate,
y sueño que me fugo por las calles,
huyendo con la lluvia, liberándome
del mundo de los cuerdos y los listos.

VI

Y vienen de Galicia
las lluvias misteriosas
y sé que la locura me hace libre,
si vivo enamorado del fracaso
de amar ese silencio entre dos gotas
que deja de ser siempre
silencio en el silencio,
volviéndose tal vez un mar callado
de siglos que permiten reflexiones
en eras que no duran un segundo.

VII

Tu beso está estampado,
impreso en esa taza,
después de las semanas que se fueron,
después de que tus ojos se nos fueron,
huyendo como un loco entre la lluvia
(si acaso se atreviera
un loco entre la lluvia,
buscando ser más libre que los cuerdos
en la nación perversa del otoño
que sepa prometernos algo nuevo).

VII

Galicia trae la lluvia,
Galicia nos empapa,
y quiero que la lluvia me recuerde
la tarde del verano en que eras mía
o yo lo soñé así, si deliraba,
si pude ser delirio,
si pude ser arroyo
de toda la locura que me llena,
llorando tus ausencias, contemplando
la lluvia en las aceras de la calle.

2018 © José Ramón Muñiz Álvarez

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