Exposición pública

DukdosDukdos Pedro Abad s.XII
editado junio 2016 en Narrativa
Lainauguración de una nueva exposición ha convertido a la galería enun lugar donde encontrarse para una parte de la alta burguesíalocal; esa parte con ínfulas de apreciar e incluso saber de Arte.Con esas señoras emperifolladas que revolotean por la sala mirandolas obras expuestas mientras cuchichean entre ellas; “Hum... québonitas”. En su momento, comentarios de este tipo, ya habían dandosuficientes razones a Degas para mantener su recalcitrante solteríay por esta circunstancia adquirir injusta fama de misógino.
Tambiénsuele presentarse algún que otro pintor en busca de ampliar sucartera de clientes, aumentar sus relaciones; o simplemente dejarsever y de paso criticar lo que se expone; siempre, claro está, que nosea suyo.
Tampocosuelen faltar; el grupo de los recién licenciados de la Facultad deBellas Artes, unos genios por descubrir, que miran por encima delhombro a los pocos autodidactas que tienen la entereza depresentarse. Por otra parte, no puede faltar algún que otro conocidoarribista sin ocupación conocida. Todos ellos atraídos por su afánde progreso rápido o, quien sabe, por el catering gratuito. No esraro descubrirlos escamoteando alguna que otra vianda en susbolsillos. Siendo, por lo general, generosos en la ingesta y alabanzade los vinos que se sirven. Aportan un cierto color bohemio y dantema para conversaciones peyorativas entre las gentes de bien.
Losverdaderos aficionados son pocos, discretos y generalmentedesaparecen pronto; acuden para apoyar al artista, o eso dicen aquien amablemente les quiera escuchar. Los críticos de Arte, cuandotienen la deferencia de pasar, dejando importantes compromisospendientes, tratan de evitarlos como si fueran apestados, esquivando,de paso, una confrontación de conocimientos de la que,probablemente, saldrían escaldados.
Milagrosamente,muy de vez en cuando, acude algún que otro comprador de verdad, node esos que dicen que ya no lo hacen con sus señoras, comprar, porno tener sitio donde colgar tanto cuadro. Una locura.
Elresto del público suele ser un variopinto surtido de personas entrelas que se encuentran; hijas de, amigos de, conocidos de y curiososen general; que en el fondo no saben muy bien que hacen allí, ni aque hora entrar, ni cuando es el momento adecuado para marcharse.
Yyo; que, siendo ecléctico para el Arte y también para las mujeres,suelo demostrar con mis actos que no sería galerista, como Renuar nohabría sido pintor, si Dios no hubiera creado el pecho femenino.
Porlo tanto, una vez cumplidas las obligadas y siempre tediosasatenciones protocolarias y tras desechar a una coleccionista, muyasidua desde su reciente viudedad, decido acercarme a la desconociday atractiva mujer que juguetea con el folleto de la muestra mientrasobserva, con curiosidad no disimulada, al resto de los presentes.Luce un bonito vestido que, gracias a un escote de vértigo, pone afuncionar la imaginación y por otra parte también permite apreciarla rotundidad de sus formas; no serían del gusto de Rubens, perocasi. Aunque solo fuera por eso se merece, en principio, laproposición de una visita guiada a la exposición. Sabiendo, porsupuesto, que no tengo la más mínima posibilidad de venderle uncuadro y que me dejo arrastrar, una vez más, por mi sempiterna ydesinteresada adoración por la belleza en todas sus manifestaciones.
Bueno,allá voy... ¡todo sea por el Arte!
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