De Laberintos

estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
editado septiembre 2015 en Literatura
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Comentarios

  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    El laberinto

    Cómo romper
    la cáscara del tiempo,
    enredada en la entraña
    del pasado...
    Cómo salir, soltar la amarra
    de ese espacio compacto
    del recuerdo...
    Soy la misma
    que refleja su imagen
    en la memoria ajada
    de los días.
    La que adopta
    una máscara idéntica
    y repite el vestuario
    de la escena.
    La que viaja y regresa
    por el mismo camino
    hasta la orilla.
    La que al cerrar los párpados
    refleja sus sueños
    en la pupila inerte
    de la noche.
    La que vive el amor y el desamor
    y repite por siempre
    la historia circular
    del laberinto.

    Cristina Maya
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    Mi laberinto es circular...

    Mi laberinto es circular
    voy cavando en el aire
    con los ojos clavados
    en la muerte
    que me bebe
    y me bebe
    en cada vuelta.

    Claribel Alegría
  • Mientras no pierdas el hilo, no estaré para sacarte de ahí:):D
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    Con destino a amparo ---> :-))



    "Dentro del laberinto" de Enrique García Trinidad


  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    Laberinto

    En mí te pierdo, aparición nocturna,
    En este bosque de engaños, en esta ausencia,
    En la neblina gris de la distancia,
    En el largo pasillo de puertas falsas.

    De todo se hace nada, y esa nada
    De un cuerpo vivo enseguida se puebla,
    Como islas del sueño que entre la bruma
    Flotan, en la memoria que regresa.

    En mí te pierdo, digo, cuando la noche
    Sobre la boca viene a colocar el sello
    Del enigma que, dicho, resucita
    Y se envuelve en los humos del secreto.

    En vueltas y revueltas que me ensombrecen,
    En el ciego palpar con los ojos abiertos,
    ¿Cuál es del laberinto la gran puerta,
    Dónde el haz de sol, los pasos justos?

    En mí te pierdo, insisto, en mí te huyo,
    En mí el cristal se funde, se hace pedazos,
    Mas cuando el cuerpo cansado se quiebra
    En ti me venzo y salvo, en ti me encuentro.

    José Saramago
  • Es un laberinto mi vida sin ti, esto da hasta para canciones, gracias por la dedicatoria:)
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    ¿Te acuerdas del laberinto?

    ¿Te acuerdas del laberinto?
    Circunstancias, condiciones,
    murallas de verde mirto,
    a la izquierda, a la derecha,
    tristemente regulares,
    encauzaban nuestra ansia
    con sus rectas inflexibles,
    nos quitaban lo infinito.
    ¡Qué ir y qué venir tan torpes!
    Las sendas del laberinto
    nos parecían caminos
    y todo era andar, doblar
    esquinas sin horizonte
    para encontrarnos, llorando,
    otra senda como aquella
    de que habíamos salido.
    Yo buscaba, tú buscabas.
    Yo corría por delante,
    te decía: “¡Por aquí!”,
    creyendo que había hallado
    en mi corazón el hilo.
    Y tú me mirabas triste,
    te soltabas de mi mano
    y tu sueño de salir
    nos separaba, aunque estábamos
    tan cerca, allí, tan unidos.
    ¿Unidos? Nunca estarás
    unida, junta, conmigo,
    en un laberinto: sólo
    puedes estar junto a mí
    cuando sientes muy abiertos,
    para irte, para quedarte,
    los rumbos y los caminos.
    ¡Cómo me dolió la vida
    cuando te vi en la mirada
    que ya te estaba pesando
    en andar así conmigo:
    que ya no eras mía, no!
    Que a mi lado te tenía
    no tu alegría gozosa,
    no, ni tu alegre albedrío,
    sino un penoso buscarle
    salidas al laberinto.

    Pero de pronto cantó
    libre pájaro invisible,
    por allá arriba. ¡Qué grito
    di al ver lo que nos decía!
    No andando, no, no con pies
    se le encuentra su misterio
    al amor o al laberinto.
    Se le encuentra con el vuelo,
    hacia arriba, con las alas.
    Y ahora estamos escapados
    de los sinos rectilíneos.
    Libres, sueltos. Tú te vas,
    volando, alegre. Te miro
    te pierdo de vista. Espero.
    ¿Volverás, no volverás?
    ¿No podemos estar juntos
    como están juntos dos pájaros,
    en el azul voluntario,
    mejor que en el laberinto?
    Lo que yo te ofrezco ahora
    no son caminos trazados
    entre murallas de mirtos:
    es un ámbito sin límites,
    un cielo de amanecer
    por donde tus vuelos tracen
    libres, sueltos, jubilosos
    tu destino. Mi destino.

    Pedro Salinas
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    Nunca entendí lo que es un laberinto...

    Nunca entendí lo que es un laberinto
    hasta que cara a cara con mi mismo
    perfil hurgara en el espejo matutino
    con que me lavo el polvo y me preciso.

    Porque así somos más de lo que fuimos
    a la orilla del sol alado y fino:
    de sangre reja y muro bien vestidos
    de moho y vaho y rata amados hijos.

    Roque Dalton
  • QuintiQuinti Juan Boscán s.XVI
    editado noviembre 2014
    LABERINTO


    Perdido en un laberinto
    con paredes llenas de libros,
    leer de aquí y de allá
    tranquilamente, y entretenerse
    un rato con los amigos, ir de copas, beber,
    fumar, enamorarse…
    es agradable, y placentero
    y si no fuera
    por ese mínimo hilillo de cordura
    que procuramos acallar, suavizar
    bajo la onda de una música
    amortiguada, y si no fuera
    por lo que hemos entrevisto en
    destellos y por esa constante inquietud
    que nos acompaña
    asomándose de vez en cuando
    hola! y que nos deja
    como un niño con sus juguetes
    por el suelo, absurdos, desarmados
    y pregunta en el metro
    cuando vuelves del curro
    iluminado
    y contestas que vale,
    que es aquí.



    Jorge Díaz
    es poeta cordobés (1977-)

    .
    .
    .
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    Laberinto

    Sigo caminando por este inmenso pasillo

    ¿hacia dónde me dirijo? ¡estoy perdido!

    los pasillos no dirigen a ningún lugar

    tengo mucho frío, sin embargo mi sangre...

    Mi sangre hierve, fluyendo por mis venas

    siento que van a explotar...



    Ya desesperado sin hallar la salida de este eterno

    laberinto. Las bestias me persiguen y ya comencé

    a desangrar, por aquellos zarpazos que

    desfiguraron mi rostro y mutilaron parte

    de mi cuerpo, con todas mis últimas fuerzas hallé

    una puerta, agitado, desesperado, intento llegar

    antes que ellos, con el último aliento abro la

    puerta. Sí, ya estoy fuera! Tan solitaria la inmensa

    habitación frente a mí y sin vacilar me introduje

    dentro de ella... ¡ahora sí que estoy fuera!!!



    Maximiliano Kosteki
  • BLADERUNNERBLADERUNNER Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado noviembre 2014
    ¡Felicidades!

    Me encanta cómo suena en mis oídos esa historia de amor que regresa como en espiral a un laberinto circular, es muy visual ese pasaje, así como el inicio: "romper la cáscara del tiempo"... me imagino la evolución de una idea, así embalsamada.

    Saludos
  • QuintiQuinti Juan Boscán s.XVI
    editado noviembre 2014
    LUCAS

    “La verdad está en el vino”
    Alexander Blok


    Miente el vino como mienten los besos nacidos después de la lluvia que ejerció su oficio de cuchillo durante este mes de abril tan bipolar. Miente, la noche miente cuando se despide de tu maldito vientre cruel para devorarme con su lengua de fuego inexistente. Miente como miente la sal cuando se cae al suelo. Miente la muerte, miente. Miente la vida, miente. Mienten. Miente mi preferencia de vino, el reflejo de otro que pudo haber sido aquél pero terminó siendo vos, miente mi preferencia de aquel ante la obscenidad de la televisión. Miente la veracidad del fraude y la irreversibilidad de la competencia desleal. Yo miento porque digo que miento cuando no miento y porque digo que no miento cuando miento o porque digo que no miento cuando no miento (sí, eso es una mentira) o porque digo que miento cuando miento (sí, eso es otra mentira).
    El baile de las máscaras comenzó con el desgarro adentro, justo debajo del pecho izquierdo. Desde allí la herida danza el sentido marcado por un ritmo anterior a los siglos diluidos por la nada. Una bomba de tiempo había activado la necesidad de demostrar el ser que no soy. Una broma del tiempo iniciaba mi búsqueda hacia la locura ya imposible como imposible cualquier salida de la realidad circular que nos planteó por allá Jorge Luis. El laberinto, qué bronca. -El final.


    AMALIA GIESCHEN (1982-)
    .
    .
    .
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    He llegado al inicio...

    He llegado al inicio,
    como quien se extravía
    bajo la rotación laberíntica
    de un bosque sin raíces.

    Y doy vueltas
    Y vueltas
    sobre mi propia herida
    tras la única gasa
    que macera el silencio y su drenaje,
    la dársena del tiempo.

    He llegado al inicio
    y mi nombre no era
    más allá de un abismo sin aliento
    y mi cuerpo sin nombre
    se llenaba de lámparas
    y niñas,
    perdía pie
    sin reservar la hierba.

    Y mi arena se oía
    crepitar hasta el fondo
    sobre el granizo muerto.

    He llegado al inicio
    sin saber hacia dónde desvivirme,
    sin creer en la muerte de las olas,
    habitando la ausencia de mí misma

    Y no encuentro
    el reloj
    que repare mi arena.

    Rosana Acquaroni
  • QuintiQuinti Juan Boscán s.XVI
    editado noviembre 2014
    Contrafuga II

    Ninguna fuerza tengo
    para alzarte sobre tantos infiernos.
    Tampoco puedo dar las coordenadas
    que desde la oscura trastienda
    a que aboca la noche,
    escapado del fuego,
    han de ponerte a salvo.


    Laberintos te ofrezco.
    Laberintos que habrás de transitar
    sin guía, sin padrinos,
    desnudo, desarmado.
    Laberintos tan solo
    donde habita esa música
    y de ronda se cuela
    esa inquilina ingrata y descarada:
    la poesía.


    TRINIDAD GAN (1960-)

    .
    .
    .
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    Teseo en el laberinto

    Dentro del aparente
    sinsentido de calles
    que enmarañan mis pasos indecisos,
    permanezco ligado
    todavía a la externa realidad
    por un fino, invisible, leve hilo.

    ¿O he de decir, mejor,
    que la oscura, huidiza irrealidad
    me conduce a su antojo en su guarida,
    y envuelve mi destino
    con su tela de araña más sutil?

    Ariadna, no me obligues
    a matar el misterio. Si lo hago
    y regreso a tu lado, victorioso,
    ¿qué quedará de ti?
    ¿qué quedará de mí?

    Lorenzo Oliván
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    El laberinto

    Ella estaba detrás del laberinto.
    Lo supe al conocerla.
    Aunque al principio, al relumbrar su cuello
    en la puerta fugaz de aquel hotel
    (creo que podía ser el Miguel Ángel,
    y había un piano-bar), jamás me habría creído
    que era posible entrar con tanta suerte
    ni en ningún otro hotel, ni en cualquier otra parte.
    Tenías que haberla visto. Tenías que habernos visto.
    Era casi imposible imaginar
    a dos seres tan frágiles,
    con un fulgor tan raramente humano.
    Y el brillo se quedó dentro del pecho,
    como un tibio dolor del corazón.
    Poco después moriste, pero ya pude ver
    que había una hebra invisible, un deseo capilar,
    en ti y en ella,
    de no tener más freno que la muerte.
    Y se lo dije entonces, quizá hasta un poco antes:
    eres como un cachorro de león asustada.
    Tú sólo tienes miedo de tener
    ese miedo más grande que la vida.
    Eres como un cachorro de león asustada,
    porque un león no se rinde,
    no cesa ni claudica,
    se encrespa en la batalla,
    apenas retrocede
    y muere de un impulso o ruge y toma aliento
    y vence a dentelladas.
    Me gustaría decirte que fue fácil.
    Me gustaría decirte que aún es fácil.
    Pero ella está detrás del laberinto
    y no hay salida fuera de sí misma:
    es un hotel costero abandonado
    donde todas las puertas nos llevan hasta el mar.

    Joaquín Pérez Azaústre
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    El amor es un laberinto…



    Broca y otros estudiosos,
    anatomistas, alquimistas,
    buscadores de sueños, quirománticos,
    nigromantes y uno que otro necrofílico
    (porque para entrarle a la disección de un cadáver se necesita sangre fría…), se encontraron con que el corazón, la pasión
    y la vasa vasorum por la que ésta trascurre,
    eran algo así como un laberinto,
    pero en cuarta dimensión.



    Obsesivos como si los persiguiera la mismísima muerte,
    estaban afanados en saber que era el amor,
    de donde viene,
    a donde va,
    porqué duele,
    porqué a veces se convierte en silencio,
    después en escarcha y luego en olvido,
    o sea ¿qué carajos era el amor?



    ¡Había que entrar al interior de las entrañas de tan extraordinaria víscera!
    No, no a liberar al minotauro o a hacerle la malagueña a Dédalo.
    Había que develar el misterio del amor y por lo tanto del enamoramiento.



    Y entraron. A la fecha no tenemos razón de si lograron salir…



    Lo que hace a un laberinto, es el muro que delimita lo externo de lo interno.



    El amor, como el laberinto,
    no es tal si se está afuera;
    la acción se da dentro,
    el laberinto invita a la acción, a su recorrido,
    un recorrido que implica descubrimientos, pero también temor.
    Está lleno de vericuetos,
    de pasillos ciegos,
    de alternativas,
    de dudas y de posibilidades.



    Es una sierpe que nos guía, nos seduce,
    nos amedrenta, nos acompaña o nos deja solos.



    O tal vez el amor es ella misma,
    la laberíntica Ariadna que nos lanza el hilo y lo tensa,
    transformándose a sí misma en ese lugar de donde no se puede escapar…

    Lucas Matus
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    Final del laberinto

    Cuando aquellos dedos sensibles
    toquen frágiles músicas
    y lentamente vacilen
    cambiantes luces de cirios,
    sal de la fiesta. Mira
    cuánta noche, qué extrema
    soledad se te lleva,
    por la risa, al hombre
    justificado y libre
    que nace de tu silencio.

    Salvador Espriu
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    El lugar del principio

    La casa está perdida en un jardín
    o un jardín esconde en su garganta el hogar que
    vivimos,
    lenguaje elemental,
    laberinto de piedra,
    las ramas de los árboles que abrazan
    a ese mundo herido en el costado.
    A veces el jardín respira y deja ver
    esas paredes que alguna vez fueron de luz.
    A veces inventan un mundo sin saber
    que no se entra jamás,
    que hay que permanecer afuera de la Historia.

    La casa está perdida en unos ojos que nunca más veré.
    La casa está perdida en esa misma casa.
    La casa es una pérdida constante
    en cualquier jardín.

    La casa es un jardín perdido
    en el lugar de la memoria.

    Enrique Molina
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    Sobre la losa del estanque

    la nieve echa raíces, aposenta

    sus zapatos de vidrio y muerde

    con sus afilados dientes

    al frío terciopelo de la tarde.

    Protegidos bajo el palio del sol

    viaja un colegio de pájaros de invierno;

    sus sombras, carbones liberados

    del oscuro silencio de la tierra,

    quedan petrificadas sobre el hielo

    y se graban, en el marmóreo cuerpo del estanque,

    las huellas dactilares de la noche.

    Se doblega la tarde cediendo territorio

    al enemigo y el viento

    va afilando el cuchillo vidrioso

    de sus labios, borrando lentamente

    el débil maquillaje en el rostro del sol.

    Perdido en la maleza

    siente la puñalada de la noche sembrando confusión

    en el itinerario de su sangre,

    se sabe herido al sentir el cuchillo

    y se apresura a abandonar el laberinto.

    Bien sabe él que hace tiempo se cerró la salida.


    Laberinto - Hilario Barrero
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    El oscuro laberinto

    En el centro del oscuro laberinto, yace apesadumbrado un monstruo, olfateando inútilmente el aire, escuchando sus propios latidos, ansiando a ese ser diáfano y mortal que lo libere de sí mismo. Oculto en su prisión pide la muerte o, lo que es lo mismo, una callada libertad.

    Silvia Elena Bastasini

  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    Espacio 2

    Llegas a cualquier sitio
    a través de un poema:
    el mundo viaja solo, y tú también
    en su infinita red de vanidades
    te dejas arrastrar
    por símbolos, deseos,
    buscando su sabor
    con recuerdos gastados.
    No te canses. Tampoco insistas.
    Para qué preocuparse.
    Quien más quiere avanzar más retrocede
    en este laberinto donde olvidas
    el único color de los matices,
    su frágil soledad difuminada,
    y arrojas sus palabras al vacío
    y al caos.
    Nunca el caos, camino equivocado.


    Juan Carlos Abril
  • QuintiQuinti Juan Boscán s.XVI
    editado noviembre 2014
    Y nombrarás mi cuerpo hasta crearlo todo

    Quiero crear un mundo clandestino
    de innombradas palabras.

    Y me dirás amor de una forma tan nueva
    que estrenaré primicias
    cuando tus manos sabias
    se estremezcan convulsas
    entre la suave tela de mis vestidos blancos.
    Y nombrarás mi cuerpo
    acariciando con tus dedos de dios
    rincones...laberintos
    hasta crearlo todo.

    Y al son de tus palabras
    y el perfil de tus labios
    aparecerán lugares y confines
    que nunca fueron amados
    por hombre alguno
    pues son desconocidos
    por no existir nombrados
    en ningún manual de anatomía.



    Juana Vázquez Marín

    .
    .
    .
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    ^_^


    De "La epopeya del laberinto"

    Adagio

    No me acuerdo de las calles, de los primeros fuegos.
    Tú me esperabas silencioso y azul como una ofrenda.
    Tu mano me retenía tardes enteras,
    con la claridad de los pájaros,
    recorrías la monotonía de tejados y alamedas.
    He reconocido con sorpresa y piedad
    el frío sonámbulo de una tregua.
    Reconstruyo con extrañeza
    tu delgadez de pequeño elfo.
    Tengo tierra y sangre hasta mi tranquilidad más recóndita.
    Hace tiempo que he renunciado a vaciar mi buzón,
    a recorrer los jardines invisibles de tu sexo,
    y me cubro de escalofríos desde el principio de los tiempos.



    Andante

    La noche del eclipse de luna
    bebías el cobrizo reflejo de la bruma en la marisma.
    Mil incendios palpitan en la penumbra.
    Penitencia oculta en una piel de lirio,
    albero y negro de silencio.
    Cabalgo al ritmo de mi temor,
    ruido seco de tambores,
    -el tiempo humilla con laureles-.
    En los pantanos suaves el barro
    cruje como las sienes sin luz de una muchacha.



    Lento

    Un bosque de cuchillos ciñe un traje de novia.
    Es la patria del fuego y la ignominia
    que habita en los suburbios calcáreos de la memoria.
    Los pájaros siempre son una despedida,
    silente y pálida,
    como ciertos atardeceres en el mar.
    Crece un muro con la lumbre del abandono,
    con las palabras del fango,
    -tinta de la sangre o de la piedra-.
    Las manos viven dentro del espejo,
    desatan sin asombros la crueldad del estigma
    negro, de mares de furia estéril.
    El velo está roto y en silencio.
    Los puentes se extienden como tigres
    en el ocaso.
    Pálidos musgos y pianos enredan un aire antiguo.
    En la selva cantan los muslos tristes de una muchacha.



    Vivo

    Una luna de alfanje corta el valle de Morna.
    La húmeda niebla envuelve
    el asiento trasero del destino.
    Una hoguera de almendros
    esclarecía el desamor.
    El viento se acerca,
    como una presencia
    infinita.
    La carretera serpea en la distancia,
    como los cuerpos olvidados que van a dar al mar.
    El fósforo de la tarde se dilata en los campos,
    y el mar hace creer en otra vida.
    Suenan, a lo lejos,
    los tambores de la playa,
    una pavana ausente,
    el agua desamparada.
    Las palabras comen de tu mano,
    como gaviotas de fuego,
    como úlceras de la madera.
    Tañedor de cuerpos,
    tu tez se ilumina en la brisa y en la pena,
    aldaba de la lluvia.
    Pero la isla se cierra, como un amante,
    sobre sí misma.
    Recordó la noche en que casi perdió la razón.


    Beatriz Hernanz Angulo
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    Laberintos

    De todos los laberintos el mejor
    es el que no conduce a nada
    y ni siquiera va sembrando indicios
    ya que aquellos otros
    esos pocos que llevan a alguna parte
    siempre terminan en la fosa común

    así que lo mejor es continuar vagando
    entre ángulos rectos y mixtilíneos
    pasadizos curvos o sinuosos
    meandros existenciales / doctrinas en zigzag
    remansos del amor / veredas del desquite
    en obstinada búsqueda de lo inhallable

    y si en algún momento se avizora
    la salida prevista o imprevista
    lo más aconsejable es retroceder
    y meterse de nuevo y de lleno
    en el dédalo que es nuestro refugio

    después de todo el laberinto es
    una forma relativamente amena
    de aplazar cualquier postrimería

    el laberinto / además de trillada metáfora
    frecuentada por borges y otros aventajados
    discípulos y acólitos del rey minos
    es simplemente eso / un laberinto /
    cortázar se quejaba / entre otras cosas /
    de que ya no hubiera laberintos
    pero qué sino un laberinto
    es su rayuela descreída y fértil

    forzado a elegir entre los más renombrados
    digamos los laberintos de creta samos y fayum
    me quedo con el de los cuentos de mi abuela
    que no dejaba vislumbrar ninguna escapatoria

    en verdad en verdad os digo que la única fórmula
    para arrendar la esquiva eternidad
    es no salir jamás del laberinto
    o sea seguir dudando y bifurcándose y titubeando

    o más bien simulando dudas bifurcaciones y titubeos
    a fin de que los leviatanes se confundan

    así y todo el laberinto es tabla de salvación
    para aquellos que tienen vocación de inmortales
    el único inconveniente es que la eternidad /
    como bien deben saberlo el padre eterno
    y su cohorte de canonizados /
    suele ser mortalmente aburrida

    Mario Benedetti
  • QuintiQuinti Juan Boscán s.XVI
    editado noviembre 2014
    FÁBULA POSMODERNA








    1
    ¿Dónde estamos? En ningún lado. En las palabras. Ni siquiera
    en su casa. Pronto cada poema es inhabitable.
    Y no se narra nada y ni uno lo pone por escrito
    a sabiendas del héroe.


    2
    El relato se sitúa en el tiempo. La fábula
    toma el hilo en el momento de la verdad, imagina
    cómo encontrar el camino en el laberinto,
    cómo engañar al monstruo.


    3
    ¡Y la moraleja del relato
    incendia la fábula!
    Entramos en imagen, sobreexpuestos.
    El monstruo instruye.


    Stefaan Van Den Bremt, (Bélgica, 1941-)


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  • QuintiQuinti Juan Boscán s.XVI
    editado noviembre 2014
    EL TIEMPO NUNCA ES EL QUE ESPERABAS


    Contemplar los minutos para el final aturde los pasos,
    sigue recto y, así el pasado,
    se manchará de nuevas huellas
    para perderse, otra vez, en el horizonte.
    Anda, no pienses más, el día marcará el tiempo
    que nunca es el que esperabas.

    Ponte una corbata roja por los ideales,
    no dudes el color de los zapatos
    el negro pega con todo;
    se mezcla con el blanco para hacerse noche
    penetra en la pupila y hace ojos de bitácora
    creando mil combinaciones únicas.

    El café te espera en las esquinas, en las plazas
    en las calles de este laberinto,
    que mueve sus aceras
    y traslada gente de un lado para otro
    mientras tú caminas por la compleja
    estructura de una ciudad fantástica.

    Alguien te saluda desde la cúspide
    y tú sueñas llegar rápido.






    Magdalena Salamanca es poeta madrileña (1973-)



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  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado diciembre 2014
    Principio

    La campanilla repica tres veces.

    Durante dos horas irreparables
    una fuente de luz modificó
    tus ojos delicadamente tarde.
    Sobre la mesa amontonada
    restan excusas entre nosotros.
    Hace dos horas
    el tiempo leudaba inexorable.

    ..... tres veces.

    Ahora, éste resumen de instantes;
    el de tu labio inferior
    que consecuente interroga
    la posibilidad
    y mi decisión.

    El teléfono insiste.

    Tu mano leve presiona
    mis líneas de vida y fortuna.
    Imperturbable
    acepto:
    cinco minutos luego al silencio
    del repique, el timbre será la muralla
    final de este laberinto.

    (O el principio).

    Gonzalo José Bartha (1972)
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado diciembre 2014
    No basta

    No basta con
    decidir abrirte.

    Debes hundirte los dedos
    en el ombligo, con las dos manos
    agrietarte,
    derramar los lagartos y los sapos
    las orquídeas y los girasoles,
    virar al revés el laberinto.
    Sacudirlo.

    Sin embargo, no te vacías del todo.
    Quizás una flema verde
    se esconde en tu tos.
    Tal vez no sabes que la tienes
    hasta que un nudo
    te crece en la garganta
    y se convierte en rana.

    Te cosquillea una sonrisa secreta
    en el paladar
    lleno de orgasmos diminutos.

    Pero tarde o temprano
    se revela.
    La rana verde croa sin discreción.
    Todos miran.

    No basta con abrirte
    una sola vez.
    De nuevo debes hundirte los dedos
    en el ombligo, con las dos manos
    desgarrarte,
    dejar caer ratas muertas y cucarachas
    lluvia de primavera, mazorcas en capullo.
    Virar al revés el laberinto.
    Sacudirlo.

    Esta vez debes soltarlo todo.
    Enfrentar el rostro abierto del dragón
    y dejar que el terror te trague.
    —Te disuelves en su saliva
    —nadie te reconoce hecha charco
    —nadie te extraña
    —ni siquiera te recuerdan
    y el laberinto
    tampoco es creación tuya.

    Y has cruzado.
    Y a tu alrededor espacio.
    Sola. Con la nada.

    Nadie te va a salvar.
    Nadie te va a cortar la soga,
    a cortar las gruesas espinas que te rodean.
    Nadie vendrá a asaltar
    los muros del castillo ni
    a despertar con un beso tu nacimiento,
    a bajar por tu pelo,
    ni a montarte
    en el caballo blanco.

    No hay nadie que
    te alimente el anhelo.
    Acéptalo. Tendrás que
    hacerlo, hacerlo tú misma.
    Y a tu alrededor un vasto terreno.
    Sola. Con la noche.
    Tendrás que hacerte amiga de lo oscuro
    si quieres dormir por las noches.

    No basta con
    soltar dos, tres veces,
    cien. Pronto todo es
    tedioso, insuficiente.
    El rostro abierto de la noche
    ya no te interesa.
    Y pronto, otra vez, regresas
    a tu elemento y
    como un pez al aire
    sales al descubierto
    sólo entre respiros.
    Pero ya tienes agallas
    creciéndote en los senos.

    Gloria Anzaldúa (Valle del Río Grande, Texas, EE.UU, 1942-2004)
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado diciembre 2014
    Ser fecha...

    Ser fecha y clave y laberinto,
    todo se desliza por sus ojos mágicos,
    los nombres son efímeros,
    los niños demasiado trasparentes
    y el tiempo se repite
    como una sucesión de nidos de agua.
    Aquella infancia tuya y mía,
    el ancho espacio para la última lágrima
    y sorprende el verano
    como un viejo testigo de las cosas,
    sobre ese punto de lluvia y de campana,
    de fruto y de desierto,
    somos un episodio,
    cierta historia,
    un escalón de espejos,
    donde nos inventamos.

    Beatriz Arias
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