El anhelo por adaptarme a la rutina está arraigado en mí pero con un enmañarado suelo tropezar. De practicar la espera con disciplina hablan los sabios, pero los nudos de la propia existencia condensan el abismo de la realidad con un sin fines de palabras. Palabras que guardan la esencia de lo se me aplica a la vida. Hoy, como un tonto que intenta tapar sus tensiones con un áspero "tapete" de falsas esperanzas, imagino que quizás el hábito me aguarda y soy yo el obstáculo. El que repele. Deben comprender que si me comprendieran todo sería sencillo. Un robusto miedo impregnado en mi carne por experimentar más desafortunadas experiencias habla por si solo. Y eso no es todo, el auténtico problema es que no sé si la vida se vive sólo por mera costumbre.
Hoy olvido de manera anormal e inverosímil a mi razón. La imposibilidad de establecer contacto con lo que me sucede a lo largo de los días me acosa desde mis espaldas y clava, sobremanera, en mi pecho. Pero algo no se me escapa. La consciencia. La herramienta que me desvela la desgracia que me va sucediendo. Y no hablo disparates. Días con identidad equivalente fabrico. Con distinciones que, por contrario, los asemejan cada vez más. Desde mis más profundas entrañas, esto sólo odio me va gestando. Los días se me adelantan y más de intrincados que de lineales poseen.
Es quizás increíble, o todo lo contrario, pero obligación es para mí plasmar un texto por estos lados. He y ha de saber que por las neuronas de mi cerebro viaja la estúpida esperanza de que ella lee lo que compongo mientras le pienso y eso me causa atolondramiento. No sé si esa mujer existe o sólo vive a escondidas en las esquinas de mi cerebro pero bravía ilusión me causa pensarla. Mi cuerpo se invade de ansiedad y me embruja el placer que experimento mientras escribo imaginándola.
Hace unos días intenté creer haberla encontrado ¿eras tú? No estoy seguro. Pero vamos, que la duda no se aparenta en nada a la certeza.
Aquél día, luego de mediados de agosto, me encontraba de pie en el bus hacía no más de cinco minutos destino al trabajo. El clima ignoraba la estación del año y un calor de verano se hizo lugar en aquella Rosario tan bella. Contemplaba, por costumbre, el paisaje que se mostraba por la ventanilla mientras reflexionaba entre cejas los nudos de mi vida. De repente, el bus, por orden de algún peatón, se detuvo por completo en una de las infinitas esquinas de la ciudad. Un puñado de personas que parecían inertes postes desde lo lejos se activaron con el fin de transformar su rol a pasajero. En ese momento, ajeno a mi razón, intuí dirigir mi atención hacia aquellos nuevos compañeros de viaje. Y no en vano, grata sorpresa me abofeteó cuando noté que uno de ellos me observaba mientras abonaba su viaje. Ello me condujo a recordar a una persona que hacía, y hace, tiempo no me encuentro. Una persona con la que nunca hablé pero sí he visto cientos de veces. Una persona tan irrelevante que por cierto, no logro, sin inquietarme, recordar si se hizo presente en mi ciclo de estudios primarios. Por extrañas razones ajenas a mi inteligencia ella permanece en mis recuerdos de manera vívida.
Evité mostrar interés a su observación y mi atención se precipitó con rapidez hacia las ventanillas actuando cauteloso estudio del paisaje. Había quedado turbado. No podía quitar aquello de mi pensar. El calor comenzaba a azotar mi piel y no encontraba herramienta para conciliar el duro golpe a mi armonía. Entonces, desmejorándose la situación, advertí de reojo, que a mi lado, de pie se ubicó.
Evito, aunque lo ansío de manera considerable, iniciar una plática en transporte público con una chica con la que podría vivir increíbles momentos si todo encajase como ambiciona todo ser. Y no lo hago por cobarde, porque poco me queda de eso. Lo hago por amargo sabor de boca que me reprime. La chica que amé a la edad de quince años la conocí de este modo y poco deseo errar como lo hice.
Me limité a observarle indirectamente. Y aunque la imagen se me vuelve borrosa de a ratos, recuerdo que rehuí a fantasear buenos momentos con aquella mujer para no tropezar conmigo mismo. En un instante, quitó su teléfono celular del bolsillo para revisarlo. Amaba en ese momento como sus ojos, que se fijaban en la pantalla del electrónico, por algún indomable deseo de ella se enfilaban hacia mí en un periquete y luego intentaban ocultar la culpa mirando de forma perdida al azar. Por desgracia, yo sólo me limitaba. Me conducía a ignorarla, a mostrarme cruelmente desinteresado por ella para que huyera de mi.
Más tarde, en la hilera de cinco butacas que ocupa el fondo del bus, un pasajero desocupó su asiento para descender. En sus proximidades, de pie sólo había un despistado que ni en cinco horas se hubiese percatado de la nueva butaca disponible. Allí, luego de unos quince segundos de miradas indecisas e indomables actos, ella, con cierta celeridad, tomó curso hacia atrás y yo, por mi parte, sólo deseaba observar su movimiento, su próxima jugada de forma inconsciente. No quería perderla.
Finalmente ocupó el lugar. Mientras el viaje continuaba curso y ella ya no se hacía a mi lado mi cabeza se volvía un terremoto. Había calado en mí sobrado para un mes de excitantes recuerdos. Todo comenzaba a hacerme eco de manera incómoda. Palpaba un indomable deseo por mirarla, observarla a la cara y contemplar la belleza que la hacía. Mis fuerzas cedían de manera descontrolada y mi necesidad aumentaba de a diez veces. Arduo labor era continuar haciendo caso omiso al deseo. La miré. Y todo sucedió como esperaba, o deseaba quizás. Se encontraba observándome, mirando donde menos debía si quisiese evitar destacar deseo. En ese momento, la cobardía encontró un nuevo hogar.
Hoy, mientras escribo lo que creó un pasado recordable, mi consciencia me musita que considere dejar todo en las horas de sueño donde el vuelo de la imaginación es tan alto que ni el sol podría arrebatarle su lugar.
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Hola! Hace ya un tiempo no grabo letras por acá y tengo la esperanza de que esto sea una buena contribución.
El texto tiene algunas partes que me dejan insatisfecho pero compensa mostrarlo. Espero sea agradable y me muestren su comentario. Verán, es mejor aceptar el desastre en un grupo que solo

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Un fuerte abrazo y a seguir creando!
Comentarios
A mí no me disgusta, pero tampoco me gusta. Es decir, tiene ciertos rasgos de estilo que me agradan, pero la sintaxis en general se me hace un poco espesa, sobre todo en la primera mitad. Hay varias frases que no estoy segura de interpretar bien, y algunas que simplemente no las entiendo. Un ejemplo: "Los días se me adelantan y más de intrincados que de lineales poseen"
A ver si te dejan más opiniones, porque con la mía pocas conclusiones quitarás. Saludos.
Hola Nae! Que gusto leerte. Sí, es un texto que esquiva un poco lo que quiero expresar, pero no por accidente. Es una representación literaria y exagerada de algo que me sucedió en diez minutos y, a propósito, enlazo bruscamente temas diferentes sin irme de la temática que quiero tratar, como un tejido
Lo que noto que no puedo escribir es algún cuento o narrativo corto para publicar acá. Ansío hacerlo pero no se me viene a la mente, todavía tengo que ablandar un poco más las cosas (:
Muchas gracias por comentar! Abrazos y saludos
PD: Con la frase quise representar que se me pasan los días y me los confundo entre ellos :rolleyes:
No te desanimes y batalla con las letras :-D
Estrofa, muchas gracias por tu comentario! Entiendo perfectamente a que te referís y concuerdo íntegramente. También sé que no es agradable para nadie leer textos en los que sus oraciones se embrollan pero lo hice con un claro propósito
Un fuerte abrazo y, por cierto, la forma en la que efectuaste tu comentario me causó placer. Considero fue muy correcta. Supiste destacar lo malo sin herir. Ideal. Realmente bien elaborado. Nos leemos!