El primer acarreo (y aparición del mismísimo)

NorteNorte Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
editado diciembre 2013 en Narrativa
El primer acarreo (y aparición del mismísimo)

Cuenta la leyenda que el pueblo de Ujumarka al interior de Arica era próspero, tranquilo y solidario entre sus pobladores, y si bien no sobrepasaba la cincuentena de habitantes, todos se conocían y nunca había un problema que no se pudiera solucionar.

Un día llegó un foráneo con un gran libro y muchos papeles, quién decía venir de la capital y tenía que preparar una votación porque el pueblo tenía que escoger a un representante de su junta de vecinos que guiara los destinos de Ujumarka. Para los pobladores aquello era extraño, puesto que en su diario vivir todos trabajaban por igual y decidían en conjunto lo que era mejor para el pueblo, fieles al sentido comunitario del Ayni (compañerismo, en Aymara). El secretario de votaciones capitalino dijo que aquella votación era Ley del Estado, a si que a la gente del pueblo no le quedó otra que hacerle caso.

Cuando el secretario preguntó por los candidatos a presidente de la junta de vecinos, la mayoría de la gente mencionó a Cordelio Huanca, uno de los pobladores más antiguos y respetados. Pero ante la insistencia del secretario, otro grupo nombró a Laureano Choque como un mejor representante. No tardaron en indicar también a Indolencio Canque como un digno candidato a la junta de vecinos, quedando inscritos los tres en el gran libro de votaciones. Cuando el secretario explicó que era un honor ser elegido por su pueblo y pasaría a la historia de Ujumarka, decidiendo los destinos de este, los tres se entusiasmaron y comenzaron a reunir votos para la elección que se realizaría dentro de un mes.

Uno a uno fueron convenciendo a los vecinos para que votaran por ellos. La ambición se fue adueñando de los candidatos, quienes le preguntaban de todo al secretario. El foráneo les contó que en las grandes ciudades se acostumbraba a escribir lo que harían en papeles con su foto y nombre y repartirlos. Laureano fue el primero en dibujarse el mismo en un papel. Para no quedarse atrás, Indolencio pinto su casa con grandes letras de color negro. Cordelio invirtió un poco más y viajo hasta Arica para sacarse una foto y hacer sus volantes. De pasada le comentó a un primo lo que estaba haciendo y lo invitó a viajar a Ujumarka para votar por él. Era el primer acarreado. De a poco fue corriendo la voz y varios familiares de los candidatos, instalados en la ciudad, se fueron anotando para viajar y votar. El secretario dijo que ante la falta de un artículo en el gran libro de votaciones que prohibiera aquella movida, todos podían votar, pero que tenían que acreditar domicilio en el pueblo. Como bastaba con que los dueños de casa dijeran que tal persona vivía ahí, no había problema.

Fue entonces cuando comenzaron las bajadas de Laureano, Cordelio e Indolencio hasta Arica para reunir más familiares y amigos que pudieran votar por ellos. En la ficción eleccionaria, ahora en Ujumarka vivian más de 300 personas. El papel aguanta todo.

Algunos no se conformaban con que les pusieran micros y algo para comer. Entonces comenzaron también los ofrecimientos de papas, choclos y carne de cordero a cambio de sus votos.

Conjuntamente, los candidatos se estaban perfeccionando en el arte de prometer de todo con tal de ser escogidos. Laureano prometía ser el pasante de los próximos carnavales. Cordelio se anotaba con hacer una escuela. Indolencio aportaba al chamullo diciendo que si era escogido buscaría la forma de detener las heladas que quemaban los cultivos de papa.

El ingenio de los candidatos daba para todo. Uno de ellos preguntó si podía inscribir a sus animales, aduciendo que los corderos, patos y gallinas también vivían en el pueblo y tenían derecho. El secretario solo atinó a indicar que difícilmente los animales podrían afirmar un lápiz para votar, así que quedaba denegada la solicitud.

La elección se veía reñida. Un grupo de simpatizantes de Indolencio rayó los carteles de Laureano y Cordelio, naciendo con esto los primeros brigadistas nocturnos de los pueblos del interior, encargados de rayar y hacer caricaturas con las fotos de sus rivales. Para contrarrestar estos daños, se crearon otros grupos para cuidar los afiches. El pueblo estaba cada vez más revolucionado por aquella inédita votación.

Hasta que llegó el día de la elección. El pueblo estaba lleno de publicidad, ninguna pared se salvó de ser empapelada o pintada con los rostros sonrientes y “arreglados” de los candidatos (el primer fotoshop). De madrugada comenzaron a llegar las micros llenas de gente. Muchos con jóvenes apunados quienes por primera vez subían a un pueblo del interior. Junto a estos venían tocando las bandas de bronce contratadas por los candidatos. Cada bando corría a recibirlos a todos con tragos y comida para los acarreados. Esto más parecía una fiesta que una elección. El secretario parecía mirar todo con satisfacción al ser el primer organizador de aquella votación en aquel distante pueblo de la capital.

Grandes filas de gente como nunca se había visto en Ujumarka se apretujaban para votar rápido. Hay gritos de uno y otro bando, los acarreados quieren irse pronto y presionan para votar ellos primero en perjuicio de los pobladores, algunos vecinos ceden el lugar, otros dicen que esperen nomás. Comienza los colados y los codazos, el desorden comienza a imperar en la pequeña sede de votación. A una señora le pisan el pié y comienzan los golpes.

Y es aquí donde la historia se vuelve increíble, puesto que dicen que de la nada aparece el mismísimo diablo quien también venía a votar, aunque no lo crean. El cornudo aduce que el vive y mora en todas partes, sobretodo en lugares donde se fomenta el egoísmo y bajas pasiones de los hombres, por lo que está automáticamente inscrito para votar. Todos se hacen a un lado para que el cachudo ponga su marca, aterrados. Pero apenas toca el papel este se comienza a quemar y al pasar cerca del libro del secretario este arde, quemándose la mesa y la sede, desatando la locura entre la gente que comienza a correr despavorida. Los pobladores escapan a sus casas, mientras los acarreados toman las micros, huyendo raudamente, dejando a los candidatos con la comida y tragos servidos, perdiéndose todo y hasta los músicos dejando sus instrumentos para correr más rápido.

Al otro día los pobladores se reúnen. Piensan que fue culpa de todos que aquel espectro de maldad apareciera en el pueblo. Están arrepentidos de tanta ambición y locura desatada por la votación. Laureano, Indolencio y Cordelio limpian el pueblo de tanto cartel y rayado y entre todos los comuneros reconstruyen la sede vecinal. Y por más que buscaron al secretario nunca lo encontraron, así que concluyeron que era el mismo diablo disfrazado de hombre quien fue a crear la discordia entre ellos. Nunca más hicieron una votación.

Así que ya saben, señoras y señores acarreados, tengan cuidado para la próxima.


(El nombre real del pueblo y los candidatos ha sido cambiado para proteger la identidad de los “inocentes”).

Comentarios

  • Debieron ser unas votaciones muy chistosas y con el diablo en primer lugar, de lujo.:eek::)
  • NorteNorte Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado diciembre 2013
    jajajaja asi es, Amparito.
  • InsomneInsomne Pedro Abad s.XII
    editado diciembre 2013
    Excelente el texto. Tu estilo me recuerda mucho a Hernán Rivera.
    ¿Hace cuánto tiempo escribes?
  • NorteNorte Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado diciembre 2013
    Tremedno honor el que me haces. Hernán Rivera es uno de mis ídolos literarios.
    De chico escribía algunas cosas locas. A partir del 2011 retomé esta afición.
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com