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La moraleja de la moralidad

Suara BaalSuara Baal Juan Boscán s.XVI
editado marzo 2012 en Otros
La moraleja de la moralidad


Nunca digas de este agua no beberé. Nunca afirmes ser de lo buenos o ser de los malos. No divulgues jamás tus creencias como si fueras la única persona en tener razón. A veces cuando crees tener la convicción de algo te das cuenta de que no es así. Eso es lo que he aprendido en estos últimos años. Eso, y que el instinto primario de supervivencia prioriza en todos los seres humanos. Los insta a sobrevivir, utilizando su moralidad, su religión o sus convicciones para tener la conciencia tranquila y pisar a los demás sin ningún tipo de temor ni remordimiento.

Esta es mi historia. La moraleja os la dejo a vuestra libre interpretación. Como todas las realidades que componen la vida humana.

Vuestra culpa, es mi salvación, vuestro sufrimiento es mi alegría, vuestra derrota es mi triunfo.


1 día

Mi nombre es Alison Burner, tengo 33 años, hace 5 que trabajo fija como profesora en educación infantil. Adoro los niños, me muestro cariñosa, atenta. También educo con paciencia pero también soy algo bruja a veces. Los niños me adoran, o al menos eso creo.
Aunque todos los años se me han hecho muy similares y calificaría mi vida de rutinaria no me quejo, me pagan bien, tengo mi piso, en la cual vivo sola.

Soy normalita, 1.60, varios kg de mas, poco pecho, pero de facciones agradables, redondeadas, tez sonrosada, melena cobriza lisa. Digamos que no me desagrada del todo mirarme al espejo por las mañanas.
Mi vida social es un poco desastre. No tengo familia, no tengo muchos amigos ni nadie especial, salvo mi mejor amiga Ana y su hija de 10 años, Elena.
Ambas, viven a dos calles de mi piso. El colegio esta también relativamente cerca. Es un lugar aburrido. Normal, una ciudad como otras, con sus museos, su transporte publico y su rutinario jolgorio de gente llena de estrés. No hay nada de que preocuparse, cuando salgo a la calle, es un buen barrio, un buen lugar donde vivir.
Hoy, como casi todos los días me levanto, cojo el transporte público, voy a trabajar, tengo alguna reunión, salgo de trabajar y si acaso quedo con mi amiga para tomar un café mientras Elena juega en el parque.
Tras una agradable charla sobre cómo nos va Elena insiste en que me quede a dormir. Como siempre me niego y le digo que otro día, que quizá en vacaciones o cuando sea su cumpleaños. Elena es una preciosidad de niña, alta, delgadita, tiene una melena preciosa color zanahoria, con unas pecas y una carita sonriente cargada de inocencia. Sus ojos verdes como los de su madre son la envidia de todas las niñas. Yo la he visto crecer, como al igual que crecí con Ana, así que ellas son mi único lazo afectivo importante.
Cuando llego relativamente tarde a mi humilde hogar, me doy cuenta de lo sola que me siento. No sola, más bien, notó el vacío que me dejó mi pareja cuando rompimos. Al parecer, yo no era lo suficientemente excitante. En mi opinión el que no tenía nada excitante era él, ya que no solo le faltaba hombría, si no que era un mísero cobarde que ni siquiera tenía trabajo.
Cuando termino de cenar. Me ducho y me preparo para el día siguiente. Tras lo cual, me dirijo lo más rauda posible a mi cama, leo algo, ya que una maestra a de ser siempre una persona culta, y me duermo pensando en…

Día 2

Me duermo pensando en que no soy quien todos piensan. No, no soy asesina, ni tengo doble identidad, ni me escondo de nadie, ni soy un agente secreto.
Sencillamente trabajo para una organización para nada respetable en el mundo de la moral y la ética. Aunque, a decir verdad, para ellos, es un negocio como otro cualquiera con el que dan trabajo a unas cuantas personas. Cuando digo unas cuantas, me refiero a que es una organización mundial. Invisible, inalcanzable, implacable. Para resumirlo, trabajo en una organización que comercia con vidas humanas para venderlas como esclavas sexuales.
No, no soy prostituta, no soy un chulo. Soy una agente de reclutamiento. Nos llaman los clikers.
Hay varios estratos divididos en dos campos. Los agentes externos y los internos.
En mi caso, soy una agente externa, lo más bajo que hay, pero al mismo tiempo somos imprescindibles para que este negocio sea rentable.
El sistema es muy sencillo, al menos para mí y la información de la que dispongo. Llevo un chip implantado en alguna parte de mi cuerpo. Este esta conectado a mis retinas, y capta las imágenes que vislumbro. Cuando selecciono a mi juicio una persona candidata a ser vendida, solo tengo que guiñar el ojo derecho. Automáticamente, el chip se activa, hace un escáner completo de esa persona y envía todos los datos y la imagen al ordenador central de la sede. Unos agentes externos, del estrato más bajo, se encargan de raptar a esa persona, borrar su rastro y borrarle los recuerdos, luego la preparan para la venta y la subastan a los clientes interesados. Las subastas se realizan cada mes, y el 10% de todas las ventas que yo haya capturado se ingresan en mi cuenta en suiza.
Sí, se lo que piensas de mí. No me importa, es así como vivo. No, no me importan las personas a las que selecciono. No me importa lo más mínimo lo que hacen con ellas. El dinero no solo me ayuda a pagar las facturas si no que puedo vivir segura. Normalmente nadie puede elegirme, ningún agente puede.
Seré sincera, no tengo ningún remordimiento porque, si se quisiera cancelar una captura, solo tendría que guiñar dos veces el ojo. Se acabaría todo el proceso. Pocas veces lo he hecho. En teoría poco se sobre la asociación. El único contacto que tengo es mi jefe. El señor Rudle. Se me olvidaba, también están Marck, Stan, Lidia. Tres agentes externos, clikers como yo. Podría considerarse que son mis únicos colegas en esta doble vida.

Comentarios

  • Suara BaalSuara Baal Juan Boscán s.XVI
    editado marzo 2012
    Día 3

    Hoy me levanto con pocas ganas, es sábado. No hay clase, no hay que trabajar. No tengo familia, Ana y Elena se han ido a pasar el fin de semana al pueblo con la abuela. Así que, miro alrededor, la casa esta sucia. Siempre hay algo que hacer. Vamos allá, manos a la obra.
    Primer la aspiradora, luego los cristales y superficies, cocina, pasillo, sala, habitación y por último baño. Fin de trayecto, en una sola mañana y sin parar una sola vez.
    Y entonces suena el timbre. Es raro, no suelo tener visitas. Guardo de mala manera los trastos de la limpieza y me aproximo a la puerta.

    La persona que este fuera, sea quien sea, tiene prisa o muchas ganas de verme. Así que me apresuro a abrir aunque mi aspecto deje mucho que desear. Unas zapatillas de casa, unos culotes, camiseta de mangas caídas. Y un recogido grotesco.

    Debería haberme arreglado. Cuando abro la puerta me encuentro con Max Spenser. Uno de mis pocos colegas de mi doble vida.

    Max es atractivo, mucho, es uno de los míos. Pero también se dedica a secuestrar a las personas que se seleccionan. Gana mucho más que yo, pero tiene más metidas las narices en ese turbio asunto.
    Al verme sonríe, moreno, ojos azules, piel tersa, alto, esbelto, unos 35.
    Me mira divertido.

    Hago amago de cerrarle la puerta en las narices, es entonces cuando pone ante mi un surtido de refrescos y dulces.
    -Ocupada?-dice conteniendo la risa.
    -Tan fea soy? pues ya sabes donde esta la salida.
    -Tan a la defensiva como siempre, y respecto a la puerta, acabo de entrar, no gracias.-Cierra la puerta tras de si, ignoro como ha averiguado donde vivo.
    -No tengo por costumbre invitar a nadie.
    -Pero yo tengo pase.-Dice señalando los refrescos.
    -Cierto. Voy a cambiarme, enseguida vengo.-El me detiene, su mirada es siempre muy picarona.
    -No, quédate. Así estás guapa.
    -Cuidado, no vaya a ser que me guiñes, y la montamos parda.
    -Entonces solo tendría que llevarte conmigo y comprarte. Serías mi esclava sexual de por vida.-Dice
    Su despampanante y traviesa sonrisa me deja fuera de combate, no se que contestarle así que me limito a cogerle los refrescos y a dejarlos enfriar en la nevera, luego sirvo las chuches en varios cuencos de plástico y me siento a su lado en el sofá. Cojo una patata, la mastico, sonrío de felicidad y mientras las migas se van cayendo veo como Max se acerca a mí y me retira lo que queda de mi mejilla y boca. Me sobresalto y me dispongo a poner distancias.
    -supongo que tendrás alguna razón para estar aquí.-El parece fingir indiferencia.
    -¿Bueno que tal el día? Seguro que no tan emocionante como el mío.-Empieza a mirar el salón con detenimiento. Como si analizase mi estancia, luego cuando parece satisfecho me suelta.
    -Es un buen sitio para quedarme.
    -¡QUE DICES!-El parece muy tranquilo, de hecho su rostro se cincela levemente en reflejar la inocencia más absoluta.
    -Digo que me voy a quedar aquí, no será para siempre, hasta que encuentre algo mejor. Tuvimos problemas de los que no estoy autorizado a hablarte y mi casa ahora esta ocupada.
    -No me digas que han montando...una...
    -Es temporal, parece que han tenido problemas con...ya sabes los sabuesos.-Se refiere a la digamos la organización de policías buenos que intenta destruir la empresa para la que trabajo. Me estoy empezando a asustar de verdad.
    -Yo, solo fui contratada para ser clicker, nada más. No quiero saber nada más del asunto.
    -Lo sabemos. Pero es que tenemos un traidor entre nosotros.
    -¿Te han enviado para supervisar?
    -Bueno, no. Puede. A saber, pero lo importante es que si todo sale bien, asciendas.
    -No quiero ascender.
    -Como veas, entonces me ascenderán a mí. -Voy a la cocina, salgo a la carrera, me tiemblan las piernas. Pienso en que no pasa nada, pero si que pasa. Se a lo que me metía cuando empecé. Pero por eso evite introducirme no más de lo necesario.

    Cojo una lata de cerveza y empiezo a servirla en dos vasos. Luego suspiro de miedo, pesar. Las cosas no pueden ir peor. Cuando intento relajarme Alguien toca mi hombro. Me voltea y me abraza por la cintura. Me mira con una intensidad inusual en el.
    -No permitiré que te pase nada.
    -No me pasará nada por que no tengo nada que ocultar ni a ellos, ni a ti ni a nadie...-me trabo cuando me besa en la frente. Me abraza mucho más fuerte.
    -Lo se, será mejor que me vaya, iré a por mis cosas y me instalaré. Disfruta de tu último día de libertad.-Dice medio en bromas me dio en serio. Luego se aproxima como una pantera a la puerta y la cierra con cuidado.
  • Suara BaalSuara Baal Juan Boscán s.XVI
    editado marzo 2012
    Yo continúo allí, sin decir nada sin pronunciar palabra, estática. Hasta que escucho sonar el teléfono.
    Lo que siento en ese momento cuando cojo el teléfono y me lo pego a la oreja es miedo, aún siento la presencia de la visita a mi lado. Como si su fantasma estuviera ahí. No digo nada, pero la otra voz al otro lado del teléfono me reconforta del tal manera que todo temor o mal se me pasa al instante, me dejo caer en el asiento mientras escucho su cariñoso saludo.
    -¡ALI ALI VENTE A DORMIR A CASA HOY!
    -Hola... ¿Que tal esta mi sobrina preferida?- Mi tono suena algo frío aún así. Se que no soy su tía, pero Ann y yo tenemos una amistad de muchos años, mucha confianza...más bien ella hacia mí. Siempre nos hemos ayudado. No, no sabe que vida llevo. Ellas son mi única familia y son lo único que quiero proteger. Ella fue quien insistió en que la tratara como si de su tía me tratara. Su padre no está, y están solas. Así que procuro mimarlas todo lo que puedo.
    -¿Estas bien?-Esa es la voz de Ana. No parece muy contenta.
    -¿Que pasa? ¿Como es que no estáis en el pueblo?- Ana se aclara la garganta y cuando consigue acallar a la pequeña me habla suplicante.
    -¿Puedes quedarte con Elena este fin de semana?
    -Bueno, la verdad es que me encantaría pero...-recuerdo el día que me han dado de libertad. No quiero que él la vea.
    -¿No?-Parece muy nerviosa, pasa algo grave, así que me decido.
    -Tengo la casa hecha una pocilga...pero...si me das 5 minutos Elena tendrá sitio donde hacer travesuras todo el fin de semana.-Intento que mi voz suene confidencial y consigo que Ana se ría.
    -Esta bien 5 minutos señorita.-Responde con un tono que pretende ser autoritario.

    Elena se presenta en mi casa por primera vez. Esta muy emocionada y hace alarde la curiosidad infantil, desordenando todo a su paso para hacer la exploración lo más concienzudamente posible. Ana con gesto cansado me tiende la mochila de la pequeña. Tiene ojeras, el rimel corrido, demasiado maquillaje. Intento darle dos besos pero me rechaza.
    No es normal en ella.
    -Ana, pasa.
    -Tengo que irme... vendré a buscarla...-Hace amago de irse como alma que lleva el diablo.
    -Puede quedarse todo el tiempo que quiera.-Digo de sopetón olvidándome de mi anterior visita guión futuro inquilino.

    Entiendo que pasa algo muy grave, la estrecho entre mis brazos.
    La fuerzo a permanecer junto a mí. Tiembla, de terror. Pero la poca resistencia que pone se diluye en cuestión de segundos y empieza a llorar en silencio. Percibo como se moja mi camiseta.
    La llevo al baño, le mojo la cara, retiro el maquillaje. Escuchamos el televisor y a alguien saltar en mi sofá. Elena esta más que servida.

    La rabia inunda mi alma como jamás lo había hecho. La cara de horror en el pálido rostro de Ana se evidencia al ver como mis iris se agrandan transformando mi rostro en la representación de la ira homicida.
    Luego aprieto los puños, respiro hondo como aprendí en un curso de taichi y cojo del botiquín una crema para ese enorme cardenal que tiene en la mejilla derecha. Le desabrocho de un golpe la chaqueta azul, la camisa blanca vuela y examino su torso en busca de más. Costillas. Ninguna fractura. Un buen golpe. Pantalones fuera. Rodillas. Hinchadas. Muslo izquierdo. Presenta varias magulladuras. Pisadas. Utilizo mi botiquín para hacer lo que puedo por aliviar su dolor. Le ofrezco una pastilla y una valeriana.
    Vamos a la cocina. Elena sigue viendo la televisión como si quisiera alejarse del mundo. Ya le tocara su turno.
    -Cuando, donde, como....y si a sido el.-La interrogo modulando mi voz para que no suene muy autoritaria ni furiosa.
    -Llevaba semanas acosándome por el tema de Elena. Quiere llevársela. No estamos casados ni nada. Aparece de repente borracho después de tantos años. Me siguió hasta la casa del pueblo. Allí me...
    bueno conseguí escapar. He intentado huir, creo que le e dado esquinazo. Pero...creo que Elena estará mejor contigo.
    -Saca el parte de lesiones y pon la denuncia.-Voy a la despensa. Saco un spray antivioladores y se lo coloco en el bolsillo del pantalón.
    -Si te sujeta o te aborda así. Haz esto.-Le muestro unos trucos. Luego le digo que no se preocupe. Que vaya a casa de sus padres. que cierre bien la puerta y que este siempre bien acompañada. Que Elena se puede quedar conmigo.
    -Si....
    -Si el viene a por Elena lo mataré.-Digo muy segura. Tanto que la desconcierta. Siempre me muestro como una persona tranquila y agradable. No es nada común verme enfadada. Me comporto cuando hago mi otro trabajo. Me las he tenido que ver a veces envuelta en algún turbio asunto. Por eso aprendía a defenderme.
    Cuando se marcha, me dirijo al salón. Tres horas de televisión son demasiadas para la pequeña Elena. Se ha quedado dormida.
    Cojo a la pequeña en brazos y me la llevo a mi dormitorio, allí la recuesto entre las sábanas limpias que puse esta mañana. Dejo la mochila al lado de la puerta, visible para que la vea. Saco el pijama, le cambio la ropa. No veo nada sospechoso. Le desato el pelo y se lo revuelvo para que se oxigene y respire. No se despierta.
    Luego la tapo con las sábanas, me cambio y me meto con ella. La contemplo dormir un largo rato.

    Al cabo de un rato la veo revolverse en una pesadilla, por temor a no saber si es bueno despertarla dejo que se pelee con las sábanas y cuando grita y se despierta la abrazo. Mientras llora, angustiada, le hablo despacio.
    -No hay nada que tener estas con la tía Alison. Tu mama esta en casa de la abuela. No hay nada que temer, por que soy tu super tía Ali.

    Le provoco cosquillas para que se ría y pase el mal trago. Luego me mira.
    -Me puedo quedar aquí....
    -Todo el tiempo que quieras, todas las veces que quieras.-Le respondo enseguida. Ella sonrie aliviada
    -Es que mama tiene problemas y me a dicho que lo mejor era que yo no estuviera con ella para que no me pasara nada malo.
    -A tu mama no le pasara nada malo, por que esta con la abuela resolviendo esos problemas. Y te quedaras conmigo para que nada te pase.

    Se recuesta encima de mi pecho, y con los latidos de mi corazón se vuelve a dormir de inmediato.

    Yo por otro lado, soy incapaz de dormir. Me absorbe su carita de ángel, de muñeca.
    Soy incapaz de dejar de mirarla, de dejar de vigilar su sueño. No dejo de pensar en todo lo que esta por venir.
  • Se metió en la grande, está rebuena esta historia,:):p
  • Suara BaalSuara Baal Juan Boscán s.XVI
    editado marzo 2012
    te gusto? hacia mucho que no publicaba, al menos aquí, he estado en el blog y creando un sitio con un proposito que poco tiene que ver con la literatura.
    http://clubdelocosnormales.blogspot.com.es/
    Este sitio surgio gracias a esta novela.
  • Si, esta bien chévere, espero que coloques la continuación:)
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