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El Guardian Colonial

ZilamarZilamar Gonzalo de Berceo s.XIII
editado junio 2008 en Infantil y Juvenil
Parece que fue ayer cuando tenía 9 años, en ese cumpleaños mamá trajo como regalo uno de esos pollitos de colores que venden en las ferias, lo bauticé Ernesto; lo curioso era su color plomo, no se le quitó a pesar de bañarlo con un shampoo para cabello tinturado.
El pollito fue creciendo y se transformó en un gallo señorón de cresta roja, papá molesto decía:
- Juanito, vas a matar a ese animal, por ponerle una piola y jalarlo de un lado para otro. Pero yo le respondía con una sonrisa y me escapaba a jugar con Ernesto al patio.
Mi padre cuantos dolores de cabeza le daba a mi madre, sus continuas apuestas en el juego, ganaba o perdía, sus regalos, el coche de madera y mis empinadas por la calle Sucre.
Vivíamos en una casa del centro entre las calles Móntufar y Espejo; aquella casa con sus tantos patios y vecinos; todos querían a mi gallo y yo sabía que él entendía, pero mi padre un día se llevó a Ernesto era muy niño para entender que pasaba, se lo jugó en una de sus famosas apuestas, esa noche lloré como un condenado.
Al día siguiente mi padre regresó con Ernesto y una escoba con cabeza de caballo, esa mañana mis padres tuvieron una fuerte discusión, me quedé en mi cuarto jugando con Ernesto, mi madre amenazó a mi padre con marcharse si no cambiaba de actitud, mi padre contestaba:
- Los amo, no hay nada malo en lo que hago simplemente es diversión.
Estaba en mi cuarto cuando de pronto se abrió y cerró la ventana; Ernesto habló y dijo:
- Juan, Juan, tienes que llevarme a las calles Espejo y García Moreno el 1ro de mayo a las 12 de la noche.
Pregunte: - ¿Qué tienes que hacer?
- Debo visitar a un amigo, me dijo.
Faltaba menos de un mes para el 1ero de mayo, me preguntaba como iba a salir a las 12 de la noche; seguí mis conversaciones con Ernesto, me contó que venía de un Reino mágico:
- Me decía: “La luna sale de día y el sol de noche. Allí habitan la llama, el cuy, iguanas monos, felinos, cóndores, picaflores, loros; salen de día a volar por la luna y de noche duermen en el bosque de nubes de algodón”.
Había sido enviado a cumplir una misión, a las 12 de la noche era su cita en las calles Espejo y García Moreno; se acercaban los días Ernesto estaba más intranquilo, lo apaciguaba, ¿Qué pasaría ese día? - me preguntaba.
Un día mamá me sorprendió hablando con Ernesto, éste enmudeció al sentir la presencia de ella, me preguntó:
- ¿Quién dibujó en la pared de la sala?
Fue Ernesto respondí le mostré las patas del gallo llenas de pintura
Me contestó:
- Por favor otra vez dile a Ernesto que dibuje en un papel.
Mi madre se mostró preocupada cuando ya no quise jugar con otros niños, puesto que Ernesto tendría que partir pronto, le indique un dibujo pintado por él sobre su mundo; fue la gota que derramó la paciencia de mi madre, habló con papá, se encerraron por un buen tiempo en su dormitorio y después se llevaron a Ernesto.
Lloré toda la noche y aún más cuando supe que lo obsequiaron a un gallero. “Lo va a matar” - me repetía. Se acercaba la fecha, por las vecinas supe que Ernesto quedaba campeón en todas las contiendas que peleaba. ¡Es un gladiador! – decía.
Mis padres conversaron conmigo, para tranquilizarlos les expliqué:
- Ernesto es mi amigo y pronto se irá
Me pidieron que les cuente todo, así lo hice, decidieron apoyarme y llego el gran día. Papá había prometido venir, pero pasaban las horas; ya casi las 12 de la noche una vecina de esas que no faltan golpeó nuestra puerta y dijo a mi madre:
- Tu marido está jugando a las cartas.
Mamá la despidió pronto “Ya casi es hora”, - dije con cara afligida. Tomo su chalina, me coloco un abrigo, pusimos a Ernesto en una canasta y salimos; la dirección no quedaba lejos de nuestra casa. Cuando llegamos preguntó:
- ¿Quieres hacerlo tú solo?
A lo que conteste:
- Mamá, vamos solo los dos, espera vuelvo pronto.
Note su preocupación, camine con el canasto unos pocos pasos y pregunté:
- Ernesto, ¿Qué hacemos aquí frente a la catedral?
- Mira arriba Juan, respondió.
Solo veo un gallo de metal, dije.
Juan, cierra tus ojos, ahora ábrelos.
Sorprendido exclame - ¡No está desapareció!

- Juan, esta aquí con nosotros te presento a Juvenal, el gallo de la catedral.
Hola Juvenal dije, a lo que contestó:
- Gracias Juan por traer a Ernesto, él es mi reemplazo; cada cierto tiempo del Reino Subterráneo en el que vivimos se envía un nuevo guardián, yo regreso a ese lugar y la catedral se queda en buenas manos.
Le pregunte muy triste:
- ¿No podré ver nunca más a Ernesto?
Me respondió:
- Juan cuando cierres tus ojos, en tus sueños o cuando pases por aquí lo saludas.
Abrasé a Ernesto y nos despedimos. Juvenal comenzó a hablar:
- Juan, es hora de que todos partamos, a mí me esperan en mi mundo a ti te espera tu madre y Ernesto debe ir a su lugar. ¿Hay algo que quieras pedirme?
- Una nueva mascota que sea mi amiga, respondí
Vino la niebla y pude ver a mi madre, acercarse rápidamente.
– Juan, que sucedió me preocupe y vine a buscarte.
Ernesto es el gallo de la catedral, grité.
Mi madre no me contradijo solo me abrazó y beso.
Al otro día papá estaba avergonzado, nunca más volvió a apostar; no nos dio la razón de aquello, hasta mucho después, en que nos contó: - La noche que desapareció tu mascota, un gallo enorme se apareció, me amenazó y prometí no volver a apostar.
Yo se, ese gallo era Juvenal. Esta historia se la cuento a mis nietos y con cariño cuando voy a la catedral saludo a Ernesto.



FIN
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