En lugar un obscuro de calle desierta, se escuchaba un sollozo, me asomo, me daba miedo, pensaba si era una trampa, aun así quise continuar, aun así no podía pasar sin preguntar ¡No quiero! ¡No quiero! Pero aun así es más mi duda, logro entrar, entro a esa calle, esa calle que no tiene salida, que ésta, está totalmente obscura, sólo una pequeñita luz al final, si llego a ella -pienso-, si llego a ella, quizás salga viva, volteo al piso, sólo hay basura, a los costados no encuentro nada… aún escucho el llanto, aún le escucho, sigo caminando, quiero encontrarle, quiero abrazarle, quiero decirle que todo saldrá bien, quiero decirle que tenga fe ¡Pero no le encuentro…! Voy a la mitad del callejón, sigo escuchándole, ahora maldice, está molesta y no quiere salir, le grito, cada vez mas fuerte que tenga fe, que estoy aquí, con ella, que no le dejaré morir, que ella saldrá, brillará, pero aún no me escucha, sigue escondida, maldice, grita, ahora mucho muy molesta y se pregunta por qué le pasó eso, y aún sigo entrando, cada vez más cerca de ella, cada vez le escucho, pero ella, ella aún no me quiere escuchar, ella, ella cada vez grita más… sigo caminando y le veo, veo cómo su cara está destrozada ¡Sus ojos! Sus ojos están hundidos, su boca tiene sed, sólo la miro, la miro y le digo –Sé que estás cansada, sé que quieres irte, que quieres correr y no volver, sé, sé que no te ha ido bien, se que te preguntas por qué te pasó esto a ti, pero también sé que llegará la calma, que volverás a sonreír y serás más feliz ¡No, no chiquita, no temas, aún te falta vivir más, aun necesitas conocer más, aún tendrás muchas más experiencias qué vivir y si una de ellas te trata de derribar, no mi amor, no lo permitiré, ahora estas aquí, aquí donde nadie te puede ver, pero ya puedes salir ¡Volverás a sonreír! Anímate y ven conmigo, te protegeré, te guiaré, ven y dame tu mano, limpia tu cara y sonríe, que estarás mejor mañana, que reiremos juntas, que bailaremos juntas esa danza que tanto nos gusta... ella, convencida me sonrió, me tomó de la mano, me dijo –¡Tienes razón, aquí estoy, quiero estar contigo, no me dejes ir, hazme sonreír como lo haces todas las mañanas, como lo haces cada vez que me siento mal, te amo tanto!- ¡Y yo, yo miré al frente y me alejé del espejo!